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sábado, agosto 03, 2013

8MM: El quinto mandamiento de Rafael Lara.


El quinto mandamiento de Rafael Lara

Arnulfo Valdez Oleta


Me encontraba en Culiacán, Sinaloa cuando me invitaron a una sala del MASIN (Museo de Artes de Sinaloa) a ver una película gratis. Cuando el nombre del filme desbordó por una de las bocas, intuí que era una película gringa gore. Sin embargo, para mi sorpresa, era una mexicana y del mismísimo cine nuovo mexicano. Así pues, emocionado entré a la sala para ver y extraer de la película algo que contar hoy para esta su querida columna 8mm.
La película trata de un asesino serial (Víctor), que tiene problemas psicológicos gracias a los tratos recibidos tanto en su casa como en la iglesia de su pequeño pueblo de parte del padre. Lo que caracteriza a este asesino es que es un feminicida, ya que quiere eliminar todo rastro de lujuria en las féminas, puesto que le enseñaron de pequeño que el deseo sexual era malo. Para lograr su cometido, el asesino gana la confianza de las mujeres usando el único talento que la vida le dio, que fue el dibujar; dibujaba a sus presas y se las mostraba para luego ya sabemos qué.
Debo decir que la película está buena, pero no tan buena, está como diría mi colega y amigo Martín García: dominguera. La trama es buena, las actuaciones no están hiperbolizadas, muy buenos encuadres departe de la fotografía, la banda sonora adecuada al tema, el maquillaje ni se diga pues hicieron un trabajo excelente. Entonces, ¿Por qué no es tan buena? Por su predictibilidad. Fue en algunas secuencias muy predecible. Me llamaba la atención que las personas de tercera edad que estaban sentadas detrás, sin pena, revelaran lo que iba a pasar después, lo cual nos causaba a todos en esa pequeña sala un poco de gracia.
En cuanto a los personajes, sólo uno fue el que estuvo de más. El único que me hizo ruido fue el detective. Típico personaje estereotipado de hombre malo y duro, pero en esta ocasión domado por las riendas del alcohol a causa de la muerte de su hermana. Un personaje totalmente inútil ¿por qué? No hizo nada en toda la película, lo que sí hizo fue dejar la botella que por inercia todos sabemos que estos personajes están predestinados a dejarla para un bien (Júzguenlo ustedes mismos).
Volviendo al filme, trata dos temas: el religioso y el psicológico. Aquí el que predomina es el psicológico y no una demanda tal cual al pederasta religioso. Claro, el detonante es lo que el padre le hizo de pequeño a Víctor, mas todo el desastre es un problema mental del protagonista lo cual dejará liberar a través de una oración y no con ayuda médica, tal cual lo hacen las personas que se niegan a recibir de ésta porque refutan su enfermedad y se sienten más cómodos el liberarse de culpas ante algo sobrenatural.
Aunque “dominguera”, sí la volvería a ver en la comodidad de mi casa. Por lo general, se las recomiendo, por algo hice esta reseña. Así que, por favor niños, ¿ya estudiaron los 10 mandamientos? 

sábado, julio 27, 2013

8MM: Holy Motors; La monotonía del trabajo.


Holy Motors; La monotonía del trabajo

Martín García López


A Epifanía, quien salvó mi verano
¡Manda a esos coreanos al diablo!

Mi amiga Epifanía lleva 6 meses trabajando en una empresa. Literalmente le vendió el alma a unos coreanos; su trabajo es el de enseñarles un español básico para que ellos sigan subiendo puestos dentro de la empresa. En su día de descanso me invitó a su casa y aprovechando, vimos la película de Holy Motors del director Leos Carax y protagonizada por Denis Lavant y Édith Scob. Ahora, que recuerdo las escenas bizarras y llenas de un apasionamiento francés, analizo, o me viajo en el intento de metaforizar la película con lo cotidiano de la sociedad, me pregunto: ¿cómo es que el hombre vende su alma en la monotonía de un eterno devenir? Porque no se sabe en qué punto uno deja de pertenecerse y le pertenece a la empresa.
Holy Motors inicia con Oscar, un hombre de mediana edad que sale de su hogar con la intención de ir a trabajar. Viste con un traje y en las afueras de su casa, se encuentra Céline, su chofer, quien espera en una limosina blanca. Oscar ingresa al auto, revisa unos archivos y es avisado por Céline, que él tiene nueve citas importantes ese día. Las primeras escenas, enfocada particularmente en la imagen de un hombre de negocio es destruida cuando de la limosina sale una vieja mendiga a pedir dinero en las calles. ¿Cuál es el trabajo de Oscar? Él tiene la oportunidad de ser varias personas; durante la película lo acompañaremos en su serie de transformaciones, nueve exactamente.
En cada caso veremos una historia y él, será un hombre completamente distinto, desde un padre que protege y cuida a su hija, hasta un loco que secuestra a una modelo. Parece ser a primera vista el mejor trabajo del mundo. Oscar hace lo que ama, actuar. Todos los días es diferentes hombres en diferentes situaciones, haciendo de esto una serie de encadenamientos para la vida de otros, quienes al parecer lo necesitan y por eso lo contratan. Sólo que Oscar no es dueño de su propia vida.
Epifanía y yo vimos la película atentos, seducidos por la intensidad francesa. Sus diálogos cargados de una melancolía casi arrolladora y su surrealismo tenue, que nos iba hundiendo dentro de lo absurdo, un hermoso absurdo que se convertía en distinto hombre al lado de Oscar. Fue asombro entender que este actor, quien interpreta a cada uno de los 9 individuos, no es en realidad ninguno, ni siquiera, él mismo. Ha perdido lo que lo hace único y se ha convertido en una herramienta para una corporación llamada Holy Motors.
Dicha compañía posee una serie de limosinas blancas que se mueven por las calles de Francia. Adentro de cada limosina se encuentra un actor que se maquilla, se viste y se convierte en el individuo necesario para cierto acontecimiento, dándole así una seriedad de causa y efecto con el fin de que la sociedad tenga, no sólo de qué sorprenderse sino también algo con qué romper la rutina. ¿Qué es de los actores que trabajan en Holy Motors? Como en Men in Black, han perdido su identidad al ingresar a su trabajo. Están rodeados de una magia que les permite sobrevivir al caos de la ciudad, la violencia y el desamor, con la finalidad de dar estos privilegios que ellos han perdido a otros. Han vendido su alma a una empresa.
Acompañé a Epifanía a su trabajo durante esta semana. Todos los días en el camión que nos llevaba a la carretera que sale a San Luis Potosí, se subían unos payasos. Ellos hacían una serie de chistes homosexuales-misóginos que la primera vez que oímos, nos causaron cierta risa, después, nos dimos cuenta al observarlos que repetían los mismo chistes, a la misma hora, en el mismo lugar. De tanto decirlo se había muerto la gracia y no sólo eso, sino que ahora al observarlos entendíamos que ni siquiera ellos gozaban de la comedia que hacían en los camiones. Se habían convertido en hombres grabadoras que repetían y repetían y repetían.
Epifanía me dijo, que esa monotonía de vida, de ir de 6 a 8 a la empresa a enseñar el odioso verbo “tener” a los coreanos, la había cansado. Recordó en ese instante a Oscar, y los dos, en el camino que nos llevaba a su trabajo entendimos. Uno se acostumbra a eso, lo hace repetidamente, como si se cepillará los dientes antes de dormir o como si se duchará antes de salir a la calle. Se vuelve cotidiano, aburrido. Oscar, tiene el mejor trabajo del mundo, tiene todos los trabajos del mundo, es todos los hombres del mundo pero está, como muchos hombres, harto de su trabajo.

sábado, julio 20, 2013

8MM: Del can can al mambo.


Del can can al mambo


Arnulfo Valdez Oleta


¿Para qué veo cine mexicano? Hace poco me interrogué. Son películas en blanco y negro, con chistes tal vez muy salados para un contexto actual, las actrices han perdido la belleza actual y los charros siguen siendo los mismos charros. Al parecer, estaba muy lejos de responder la pregunta que me planteaba al ver el canal De película con mi abuela a un lado. Verla reír de los chistes, y hasta de las situaciones que ocurrían; escucharla decir: mira, como se hacía antes; fue la ternura de escuchar a mi abuela, de que por un momento se transportó en algún lugar en los años cuarenta, que es el tiempo en que se sitúa el filme.
Es una comedia protagonizada por el clásico Juaquín Perdavé como le dice mi abuelita. Él es el director de una escuela para mujeres, dentro de un pueblo muy costumbrista y tradicional. El sobrino del director, un muchacho que estudia en la gran metrópolis de la Ciudad de México, va a ese pueblo y mete en la escuela quizá la primera televisión. A través de ésta, las niñas corrompían las reglas al reunirse a las altas horas de la noche para ver las imágenes de un nuevo México.
Un México nocturno, salvaje. El rey neón resplandecía las calles sucias de la ciudad. Los cabarets llenos de féminas sensuales. Era la Dolce Vita, pero aquí no sonaba Nino Rota, era el cubano Pérez Prado y su mambo. Las nenas en trajes de mamboleta hacen bailar sus gruesas caderas y el público se deleitaba con esos movimientos convulsivos. La aparición del mambo es la luz de un México moderno, la salvación para aquellas almas reservadas. Irónicamente, la televisión juega un papel importante por parte de las mujeres, pues éstas presenciando la grandeza de la ciudad, se animaban a pensar y planear algo en sobresalir para escapar del lugar donde estaban reprimidas.
Después de ver la película, logré responder la pregunta que me había hecho. Claro, con la ayuda de mi abuela, que reafirmaba lo que veía. Gracias al cine mexicano, se puede presenciar una evolución y el desarrollo, no sólo cinematográfico, sino histórico y social. Proyectan un México imposible de volver a vivir, un país lleno de esperanza, su época, su música, su vestimenta, hasta en las viejas costumbre de dar duelo a muerte por una joven mujer.
Así pues, en un viaje por el tiempo entre los 20’s y los 40’s Joaquín Pardavé y su estilo cómico hace vivir épocas de las cuales, nos harán pensar (como lo hizo Woody Allen en su moderna Media Noche en París) que el mejor tiempo para vivir, es el presente. Por eso les pido a ustedes, queridos lectores: Carpediem y Dolce Vita. Ahora sí como lo dijo Ricky Martin: Living la vida loca.

sábado, julio 13, 2013

8MM: La doble vida de Verónica; Dopples en el cine de Kiéslowski.


La doble vida de Verónica
Dopples en el cine de Kiéslowski

Martín García López


Se dice que todo ser vivo es único en el universo, irrepetible. No existen dos seres idénticos. La genética y el entorno es lo que provoca la personalidad de un individuo y por este hecho la existencia de otro es imposible. Kiéslowski contradice esa idea en el cine cuando logra crear una película que ronda en el misticismo y las posibilidades. Porque en un mundo de posibilidades infinitas, por qué no podrían existir dos personas idénticas.
            La primera parte del film inicia con Weronika, una chica que vive en Polonia y siente un gran amor por la música aunque tiene un fallo cardiaco. La segunda parte trata de Veronique, una chica que vive en Francia y también siente un amor inmenso por la música. ¿Cuál es la relación de ambas mujeres? Las dos son la misma. A qué se debe este hecho. La película está representada en que la dos no son sólo físicamente iguales, sino también en esencia, lo que siente Weronika influye directamente en la vida de Veronique y viceversa. Ambas son huérfanas de madre y tienen los mimos tics, mañas, lenguaje corporal, en sí, no hay una diferencia entre una y la otra. Werokina y  Veronique son la misma mujer, Verónica.
            La película es como mirar dentro de un caleidoscopio y ver una serie de primas iguales que se mueven en distintas direcciones. Kiéslowski juega con los cristales en su film: pelotas trasparentes, espejos, ventanas que abren un camino a otra dirección. El misticismo de la cinta hace que las imágenes bizarras funcionen, porque en un mundo donde las ancianas tullidas caminan kilómetros y los abogados son enanos, por qué no podrían existir dos mujeres idénticas. Así es como la lógica de los dopples (dobles) es establecida. Tiene personajes tan macabros como bellos que rondan entre la vida de las dos Verónicas. Esos personajes son el marco de la historia. Las guían por el mismo camino aunque ambas no lo sepan, porque no conocen la existencia la una de la otra. Son un espejo.
                El existencialismo es otra de las fuentes importantes dentro de la cinta. Una obra sensible que nos hace cuestionar sobre quiénes somos. El estado de la vida nos hace pensar que la singularidad es nuestra mayor virtud pero dicho elemento es desmentido. Los personajes dudan de su propia existencia sin saber la existencia del otro. La otredad como un espejo hace que haya una serie de posibilidades aunque todo termina en el mismo punto para ambas partes. La idea de compartir un “otro” hace que el camino sea significativo.
Irene Jacob, quien interpreta a las dos Verónicas. Tiene una actuación magistral. Mantiene la similitud de ambas mujeres pero a la vez las distingue en su conciencia. Ambas viven diferentes puntos de su vida, entre la búsqueda y la pérdida se encuentran las dos. Irene Jacob es quien logra atrapar la visión llena de pesadez. Un ejemplo del aura que inunda la cinta, es la música de Zbigniew Preisner quien con un réquiem va metiéndonos en lo oscuro del caleidoscopio para enfrentarnos con el espejo que es la película. La idea de la existencia del otro y no sólo el hecho de compartir la misma vida, sino que lo que le afecta a ese individuo afecta a uno directamente.
            Estamos frente un film que nos hace pensar sobre nuestra existencia, la individualidad de nuestro ser y ante todo, la idea de las posibilidades como reflejo de quienes somos o lo que podríamos llegar a ser. Weronika, Veronique, son la misma mujer, Verónica.

sábado, julio 06, 2013

8MM: Pánico de Julián Soler.


Pánico de Julián Soler

Arnulfo Valdez Oleta


Me encontraba en un cuarto de hotel en Mazatlán, Sinaloa, viendo el canal De película. Ya llevaba una serie de tres filmes de los que hablaré en otra ocasión porque fue una tríada muy interesante en cuanto a su temática y una distintiva época en el cine mexicano. La última que vi fue Pánico (1970) de Julián Soler. A este director se le aplaude por no encasillarse en un solo género, ya que podemos disfrutar de él desde un buen drama hasta una película de luchadores. En esta ocasión, Julián Soler hace algo de lo que puede ser suspenso. Digo suspenso porque necesito algo para englobar todos los géneros que abarca este filme, ya que entre éstos se encuentra el thrill, el horror, humor y hasta un toque de surrealismo.
Pánico es un filme que se divide en tres episodios: pánico, soledad y angustia (en ese orden). Cada corto narrado en su mayoría con un estilo distinto. El director define de manera variada, claro, repitiendo discretamente algunas fórmulas, cada uno de estos términos que nos llevan al borde de la desesperación. Nos regala la visión esquizofrénica, amarga, hipócrita de la sociedad. Una visión donde lo hedonista predomina en el lívido tanto del hombre como en la mujer. El egoísmo del hombre, los arrebatos de pasión,  el no arrepentirse y los escenarios como principal causante de las acciones provocadas.
El primer corto lleva por título el mismo que la película. Actúan Ana Martin y Ofelia Guilmáinen una larga persecución de lo que puede ser un intento de homicidio. El director le apuesta al melodrama antes que al diálogo. La cinésica (gestos o lenguaje del rostro) juegan un papel muy importante ya que a través de ello se logra esa comunicación entre personaje y espectador. Además, acompañado de la música, intensifica toda la trama al armar un buen contrapunto audiovisual. Julián Soler nos da la visión de una esquizofrénica que ha perdido un bebé a causa de una violación, que huye de lo que puede ser la imagen de su madre simbolizando una constante represión. Hay muchos símbolos nada complicados para entender la narración. Por ejemplo, el muñeco de porcelana que se rompe; y en otra ocasión, se ahoga en una pequeña laguna de agua roja, que nos lleva a especular sobre una pérdida de un hijo.
El segundo corto es Soledad,donde sobresalen Joaquín Cordero y José Gálvez. Un par de amigos que se pierden en un pantano tras la expansión de la peste en una aldea. Aquí repite la fórmula del melodrama, ya que hay muy poco diálogo. Pero detrás de las miradas de los personajes, conocemos los secretos que ocultan, la culpa que los consumirá llevándolos a la locura. Entre ellos hay una traición pasional, y el silencio como un refugio traicionero. Esto genera una manera de violencia interna, todo un cuestionamiento ético y moral. Finalmente, la revelación de la verdad detonará la rabia y el descontrol, lo que provocará una lucha física por la vida de los personajes. Sólo uno sobrevivirá, desgraciadamente, la soledad repercutirá en la mente de ese personaje, llevándolo a constantes alucinaciones.
Angustia es la tercera parte de la película. Carlos Ancira, protagoniza a un científico que descubre una medicina para aplicarse como anestesia en cirugías y operaciones. Para su desgracia, la toma sin saber, gracias a su gato que derrama la medicina en su café por accidente. Entra en un estado de catalepsia, el cual apaga el organismo del cuerpo, mas no pierde los sentidos; por lo que veremos al personaje nadando contra las olas de la desesperación, pues todos creen que está muerto. Este cortometraje, rompe con los demás, ya que se juega con un poco de humor negro; es un respiro para descansar de la fórmula melodramática y relajarnos, aunque no del todo, de la narración. ¿Por qué digo esto? Porque el humor de alguna manera causa horror. Se maneja el humor negro como cinismo de parte de los personajes que quieren muerto al científico, también por las impresiones que obtiene el personaje, al escuchar y al ver a las personas queridas a su alrededor.
Pánico, creo, entra bajo estándares de cine experimental. Julián Soler logra recrear en los personajes estos sentimientos nada deseables en el ser humano y quizás, la primera película hecha en tríada en México, que después llevará a realizar filmes del mismo estilo como Fe, Esperanza y Caridad (1972). Pero esa ya es otra columna.

sábado, junio 29, 2013

8MM: Argo: cuando el gobierno se mete en los Óscares.


Argo: cuando el gobierno se mete en los Óscares

Martin García López


Hace poco tuve la oportunidad de ver la película  Argo de Ben Affleck  y debo de decir que es una buena película, no una excelente película, ni siquiera una gran película, sólo una buena película. Una película para un domingo cuando uno cambia de canal buscando algo interesante y entonces ve la barba de Ben Affleck y sus carteles de guerras interestelares y uno le deja ahí, por morbo, más que por gusto. No digo que la película sea mala, es buena, está bien gastar 50 pesos en promedio y 20 en piratería para verla, una o dos veces en la vida, tal vez tres, pero considerarla la ganadora de los Óscares de este año, no es correcto.
Argo trata sobre el rescate que hubo en los años 80 cuando el gobierno de Irán mantuvo secuestrado a 50 Estadounidenses y como 6 de ellos se refugiaron en el consulado Canadiense durante más de 80 días. El gobierno de la CIA y el agente Tony Méndez (Ben Affleck) idearon un plan para rescatar a los 6 que se encontraron en el consulado. Dicho plan es crear una película de ciencia ficción llamada Argo. Tony Méndez se hará pasar por productor y con papeles falsos sacará en un vuelo comercial a los 6, quienes se harán pasar como parte de la producción de la película. La idea es tan descabellada que funciona, porque en algo tan ridículo, quién podría encontrar a un agente de la CIA y a 6 refugiados.
La trama como se ve, no es mala, es interesante, distinta e innovadora. La dirección de Affleck es buena, la ambientación, las tomas, los encuadres, el manejo de cambio de escenas para darle suspenso a la película. Degustable en muchos puntos y puede llegar a poner los pelos en punta, ante el suspenso y la tensión marcada.  Aun así, cuando en el mismo año se presentaron películas como Lincoln o Los miserables, que superaban no sólo en historia a Argo, sino también en escenografía, dirección y actuaciones, cómo es qué esta película logra ganarse un Oscar; el deseoso Oscar a mejor película. Si otras hubieran sido sus contrincantes, hubiera ganado sin duda alguna, pero compitiendo con grandes del cine como son Tom Hooper y Steven Spielberg sólo podemos pensar que fue la CIA quien metió su mano en los Óscares.
Dicha teoría de conspiración encaja en un mundo de conspiraciones como lo es Norteamérica, en donde los ovnis están escondidos en el sector 7, donde se asesina a Kennedy y donde el rescate usando la operación Argo, se mantuvo en secreto por casi 20 años. Al final de la película se escucha al presidente Carter hablar sobre la operación y como ésta se mantuvo en secreto aunque muchos de ellos quisieron revelar el secreto con la finalidad de ganar algo de crédito. Aunque suene descabellada la idea, el nacionalismo gringo está presente en los Óscares, no es por nada que en Europa existan los Cesares. Se ha dicho, los Óscares premian por taquilla, por favores, por movimientos sociales. Las películas entonces están condenadas a su marco histórico y cultural para poder ser juzgadas y en este caso, estuvo Argo.
Si de nacionalismo hablamos, es de notar que Lincoln, es una película más cercana a la historia americana. La guerra civil y la liberación de los afroamericanos, además de la vida del presidente de los billetes de 5 dólares. Lincoln ya está muerto, fue asesinado en un teatro y Carter aún vive. Darle el crédito que merece por ese acontecimiento y no sólo a él, sino a uno de los grandes en la industria, como Jhon Chambers que participó en la operación Argo y que además fue maquillista en películas como: El planeta de los simios, La isla del Dr Moreau y Matadero cinco.
La industria del cine en Estados Unidos tenía que limpiar su nombre después de ciertos escándalos en medio oriente. Carter movió sus influencias para sacar a 6 refugiados de la embajada canadiense ¿y ahora mueve sus manos para llevarse un Oscar? Otro archivo más para los expedientes secretos X.

sábado, junio 22, 2013

8MM: Las Poquianchis (1976) de Felipe Cazals.


Las Poquianchis (1976) de Felipe Cazals

Arnulfo Valdez


La gente se acumula alrededor de un hueco improvisado. Entre ellos la prensa nacional e internacional, grita por medio de los flashes de sus camarógrafos asignados la escena del crimen. Los civiles se alborotan y empiezan a calumniar a tres mujeres apodadas “Las Poquianchis”, mientras un policía desentierra a una joven carcomida por gusanos. Así es como empieza la película con la que Felipe Cazals cierra su trilogía de la violencia (Canoa 1975) (El apando 1975) (Las poquianchis 1976).
Felipe Cazals narra un suceso que cambió el periodismo en México por el alto contenido de violencia de tres mujeres que explotaban a grandes grupos del mismo sexo. Fueron bautizadas con el mote de “Las Poquianchis” por sus enormes caderas, y éstas engañaban a las familias prometiéndoles una buena vida estable para sus hijas  y otras veces se las robaban, todo con el fin de prostituirlas en estados como Guanajuato y Jalisco.
Estas madrotas obligaban a sus mujeres a abortar si les salían embarazadas y a golpearse hasta la muerte entre ellas, esto último con el fin de no volverse a embarazar y deshacerse de las más viejas, pues ya no le servían en el trabajo. Cazals nos narra cuestionando ambos lados a manera de “falso documental” como lo hizo en Canoa (1975) al exponer los testimonios tanto de las victimas como de las victimarias. También hace una denuncia social a las autoridades exponiendo el problema de los agraristas al ser violentados por la quita de tierras por la delegación agraria. 
¿Qué hace a este film uno de culto? Como se comentó en el primer párrafo del texto, es el manejo preciso para representar la violencia por parte de Cazals. A través de un buen empleo de recursos estilísticos (encuadres, planos, movimientos de cámara), este director nos regala secuencias llenas de una violencia tanto interna como una animalesca colectiva, claro, sin perder ese estilo soft-gore; pues a comparación de Tarantino, que puede mostrarnos como le quita la oreja a un policía, o mostrarnos un batazo justo en la cabeza de un Nazi, el mexicano no se excede, minuciosamente nos regala una imagen justa, sin pasar más allá del morbo y no bajarse a lo light; se mantiene, digamos, en esa imagen que nos dará un impacto al verla explícitamente bien lograda.
Lo único que puede hacer un poco pesada la película son sus constantes saltos de tiempo, ya que ésta se narra como un “documental”, va hacia atrás y adelante, y luego en medio, al final, y de nuevo al comienzo. Esto por su puesto, puede provocar confusión en el espectador en cuanto al orden de los sucesos que se proyectan.
No obstante, el producto final es una película llena de violencia. No hablo sólo de la violencia física, sino la manifestación de ésta en general. Por ejemplo, la deshumanización de “Las Poquianchis” gracias a las grandes exageraciones que arremete la prensa contra éstas, y la comercialización de las víctimas como objetos de venta para la infección social que es la comunicación global.
Felipe Cazals nos regala un aullido a cualquier forma de violencia aplicada por la gente alta, una denuncia a todas las instituciones burocráticas por la violación de los supuestos derechos del agrario y unos puntos suspensivos para abrir un cuestionamiento a la resolución del caso.

sábado, junio 15, 2013

8MM: El mago (Ingmar Bergman)


El mago (Ingmar Bergman)

Martín García López


Para Idalia, mi compañera de películas

En las primeras escenas de El mago, el director Ingmar Bergman nos introduce en una atmosfera fantasmal; sus planos oscuros y largos, el movimiento de la carroza y el escenario lúgubre del bosque (que nos remite a El séptimo sello) nos adentra en el engaño de la magia, para darnos cuenta, en un futuro, que siempre estuvimos dentro de un show. Y es, en dicho show, donde nos preguntamos, ¿en dónde existe la magia?
Estrictamente hablando, la magia, no existe, me refiero a la magia como espectáculo; todo es un juego de espejos y de máscaras, de trucos y de engaños, que hacen a la mente creer que ha visto o percibido algo, que no es real. La película en sí, es la representación del show, del engaño. Un grupo de artistas liderados por el Dr. Vogler son llevados a una pequeña mansión en donde el Dr. Vergerus, el comisionaría y el señor Egerman (dueño de la casa), quieren poner a prueba la magia de la que tanto se ha hablado del Dr. Vogler. Por lo que son invitados a darles un show privados y es así, como los artistas pasan la noche en la mansión de Egerman. Entre sus juegos hipócritas de engaños y mentiras, los artistas ambulantes logran hacer que la servidumbre caiga ante sus encantos, guiados por la ignorancia y la superstición de la magia, en donde ellos son víctimas de una estafa, que queda recalcada desde la interacción de los “artistas” con la servidumbre. Los únicos excluidos de éste engaño son las figuras de poder dentro del hogar, que serían el doctor, el comisario, y el dueño. Quienes intentan humillar cuanto puedan al Dr. Vogler y su compañía, con el afán de demostrar que la magia no existe. Ellos manifiestan una fuerte creencia en la ciencia. En especial el doctor, quien dice, “la ciencia es lo único certero del mundo” y estipula, que de no ser así, que si la magia existiera y la ciencia quedará opacada por elementos inexplicables, sería entonces la fragmentación de la realidad: “he perdido la razón o estoy soñando”.
En escenas estaremos al lado de la creencia de que la magia no existe y en otros momentos, caeremos en el engaño de su existencia. Porque la lucha entre magia y ciencia que llevan a cabo el Dr. Vogler y el Dr Vergerus es la motivación de la película. Y es sólo hasta los últimos minutos en donde podremos ver la reacción del Dr Vergueros, un hombre de ciencia, que quiere, ser engañado por la magia. Es tal vez la máscara que tienen el Dr Vogler y su némesis, lo que hace que entre ellos se complementen. Mientras que Vogler manifiesta ser un mago, él mismo no cree en la magia y no es más que un artista ambulante. Vergueros, quien se llama hombre de ciencia, es engañado; entra al show. El hombre que acepta por unos minutos el contrato del engaño, es un hombre deseoso de huir de su realidad. Porque el show, se manifiesta como una salida de lo cotidiano. En este punto, ambos “doctores”, quieren entrar en el espectáculo del otro y es sólo Ingmar Bergman, el verdadero mago que nos adentra a nosotros en su mundo de grises que nos demuestra que hay detrás del show de magia.