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lunes, abril 08, 2013

EL LIBRERO: La dualidad de Humbert Humbert, Rafael Salvador.



La dualidad de Humbert Humbert
Brevísimos apuntes sobre el más reciente poemario de Rafael Salvador

Rogelio Dueñas


Hace una semana, durante el Festival arrabalesco 2, llevado a cabo en el mítico Salón Bombay ubicado en Garibaldi, me encontré con Rafael Salvador; poeta y editor de Ediciones Yesca. Sonrientes –y con unos cuantos piquetes en los ojos por el precio de los tragos en el mencionado congal- Rafael y yo estrechamos mano y charla, pues no nos habíamos visto desde nuestros años más sanos en que no tomábamos mucho alcohol pero sí hartos talleres de poesía en la Casa del Lago “Juan José Arreola”.
Rafael tenía una buena nueva: un hijo llamado La dualidad de Humbert Humbert. Poemario dividido en tres movimientos con una musicalidad dulce y clásica, pero no por ello menos contundente y jovial. Dicha publicación vio la luz el pasado enero de este año bajo el sello editorial que Rafa dirige.  
El solo título nos remonta (sin albur, banda) a la novela Lolita (1955) del escritor ruso Vladimir Nabokov. Incluso podemos encontrarnos un poema construido por seis haikus que Rafael titula (Un haiku para Dolores Haze), personaje de quien se enamora Humbert en la novela de Nabokov.
La cuarta de forros nos dice que el lector podrá encontrar un tributo no ocasional a Vladimir Nabokov. Cierto. Sin embargo, esta obra literaria de Rafael Salvador es algo mucho más insondable. Las clarísimas alusiones a la obra del escritor ruso –incluyendo el título- me parecen algo meramente secundario. Aquí lo verdaderamente importante es la fortaleza con que los versos de Salvador obedecen a una muy buena estética de principio a fin, y no a un sencillo homenaje que no vale la pena mencionar ni en la cuarta de forros puesto que está más que implícito.
Aquí una muestra de La dualidad de Humbert Humbert:

(Soportando lo que no importa)

Esa añeja costumbre de estar solo
se sube a espaldas de éste cansado cuerpo
que se pinta de gris y sin relieve,
soportando lo que no importa de la herida que acontece.
Ya no quiero estar solo.
Se me ocurre viajar a Nueva York,
enredarme y conocer nuevos horizontes.
Si ningún recuerdo expresa mis ideas,
no quiero ver al otoño desprenderse,
ni ver a la mascota que gime y gime echada en tu balcón.
Tu mano ya no suda con mi mano,
tu cabeza ya no roza con mis labios,
tus tacones no los oigo taconear;
de veras que no te siento, no te consigo encontrar.
vencedora, renovada surgiendo a cada embate.
El tiempo se ha detenido.
Ordenaré mis pensamientos.
Las calles adyacentes, la casa vista desde afuera
son por mucho fotos de tristeza.

Definitivamente es una lástima
que no estés tú
si estoy yo.

La dualidad de Humbert Humbert lo pueden adquirir escribiéndole al autor al siguiente correo: carreyro64@yahoo.com.mx
En México existen más poetas que los que suelen antologar. Apoyemos la literatura independiente. Derrumbemos los grupos de poder pseudoculturales.

lunes, marzo 25, 2013

EL LIBRERO: Anoche caminé con un zombi, Juan Mendoza.



Nuestra vida son las fiestas

Manuel Noctis


A diferencia del realismo mágico, el realismo sucio ratifica la podredumbre, la miseria, la degradación y el espasmo en que las sociedades nos hemos sumergido, en el realismo sucio el ser humano deshumanizado y perverso se sitúa como principal protagonista de una historia enferma llena de rencores, excesos y desolaciones mundanas, en el realismo sucio todo sucede tal cual como se ve, se oye, se toca o se palpita, y los cuentos de Juan Mendoza reunidos en este libro de Anoche caminé con un zombi tienen mucho de ello en acción.
Sin pretender etiquetar este libro bajo este subgénero de la literatura, presiento que la mayoría de estos cuentos se estructuraron al calor de un espasmo bucólico aguardentoso, psicotrópico y soñoliento after party, tal vez me equivoque y solamente se hayan escrito en cada una de las encomiendas al baño mientras las heces surtían efecto demoledor, como se menciona en el primer cuento Su padre ha muerto.
Sea como esto fuere, es claro que hay un desapego a la cotidianeidad de la vida en cada una de las narraciones, los personajes o, el personaje en sí mismo, ufana un terrible desencanto por la condición social totalizante y mediadora de las conductas sociales. Es evidente que lo primero que salta a la vista es un lenguaje desbordante altamente antipoético, como dirían los puristas, pero demasiado emparentado a la condición social en que vive y se desenvuelve la población clase mediera no solamente del Distrito Federal o del Estado de México, sino de todos los suburbios, como lo mencionaba antes.
Y es en estos suburbios donde la vida mundana trasnochadora de sus personajes hacen su perfecta aparición, entre gordas, putas, travestis, polipuercos, drogas, alcohol, sexo, ruido, mucho ruido, barullo y en varias ocasiones un compás musical que acompaña las acciones o que delimitan las circunstancias, es decir, muchas veces ese soundtrack que se escucha en la narración no se complementa o es fallido y ello influye en el camino de la narración.
En algunos de los textos se muestra la indeterminación de esta condición de vida que “nos ha tocado vivir”, anteponiendo circunstancias que quizá jamás hubiésemos querido que se transformaran, la incondicionalidad desdeñánte del futuro incierto que todo lo cambia, ese paso de la juventud en éxtasis (sin que esto suene a comercial librero) hacia la madurez que no termina por completarse y entonces la realidad de un puñetazo nos lanza al sitio en el que nos encontramos, como sucede en el cuento Caminera 2.
Durante la lectura de este compendio de cuentos es inevitable la risa provocada por un humor negro y ácido, constantes, hay muchos pasajes inesperados, asuntos impensados y por ende sorpresas malditas, burlescas e indecorosas como se muestran en el cuento Lost in Hotel, en donde el bochorno y justificación ante tal situación indecorosa se disuelve ante la calentura que embarga.
Pero Juan Mendoza no solamente hace parecer que el mundo es una mierda y le importa madres lo que hay afuera o fluye a su alrededor, sino que además se da el lujo de lanzar una severa crítica a la intelectualidad contemporánea (y todas las intelectualidades), quienes no han entendido que mucho de lo que “proponen” en sus obras y discurso soslayan en la mediocridad y mamonería rampante, ya que un borrachín puede ser más contundente en sus actos que un performer de alta categoría y caché.
Todos estos elementos brindan un plus concreto a la narración, rompiendo ese viejo esquema de la estructura concreta, prosódica y lineal que marcan los caminos de la estulticia literaria, acá eso importa un comino, el libro es una gran vecindad donde cada uno de sus personajes habla de acuerdo a las peripecias que les atañen, el hilo conductor pareciera no conducir a un rumbo determinado, pero qué importa, pareciera decir el autor, puesto que el futuro es incierto y además le "vale madres".
Lo último que podría decir es que este libro es una gran fiesta, pues como dijera uno de los personajes: “todo empieza y termina en las pachangas. Nuestra vida no es una fiesta. Nuestra vida son las fiestas” y en ello nos encontramos con su lectura.


Anoche caminé con un zombi
Juan Mendoza
Ed. Verso Destierro (2011)


*Texto leído en la presentación del mismo libro el día sábado 23 de marzo en el bar La Junglería (Morelia, Mich). Evento organizado por la revista Clarimonda.

Si te interesa conseguir el libro escríbenos al mail: revistaclarimondagmail.com

lunes, febrero 11, 2013

EL LIBRERO: El equívoco cervantino, Pierre Herrera.



La escritura como negación de la realidad;
El equívoco cervantino de Pierre Herrera. 

Por Darío Zalapa Solorio


La realidad y la ficción son nuestras dos lunas
que nos hacen dar cuenta de nuestra condición mundana
cuando las observamos: estamos solos
.
Pierre Herrera

Habría que discernir primero: El equívoco cervantino es o no un libro. Pierre Herrera, imaginante, ofrece en su ópera prima la posibilidad de conocer a fondo el acto creativo tal y como él lo vive y se lo ha ido formando. Se trata de un recorrido por las lecturas que más lo han hecho cuestionarse el porqué de la literatura y cómo afrontarla; se trata también de una revisión a su razonamiento tan fetichista y un repaso de las notas que ha ido acumulando tras años de haber iniciado en su oficio como lector –o así lo dejan ver sus ensayos: uno juraría, al leerlos, que son rompecabezas armados concienzudamente y que reunir sus piezas fue una tarea de paciencia y estudio.
Cada ensayo sentencia momentos distintos del acto creativo (planteado en este libro como la formulación de una hipótesis frente a la realidad). Y, como ensayista de hueso colorado, Herrera logra, no sin sutileza, arremeter cada juicio con los argumentos necesarios para validar lo que está diciendo. El primer capítulo o ensayo, “Espejismos”, centra su atención en la duda de todo imaginante: cuál es el punto sin retorno entre la realidad y la ficción. Habría que sumar a tal cuestionamiento que la ficción para Herrera, en todas sus vertientes, es “de cierta manera un mundo aparte de éste, un mundo de posibilidades y por lo tanto la literatura en su conjunto no es más que la posibilidad cuántica de ser. Ser volviendo a encontrarnos en otros espacio y tiempos. Ser otro pero al mismo tiempo ser el mismo que pensamos que somos”.
En el tercer capítulo Herrera da un giro drástico pero bastante afortunado. Aquel lector que después de leer el segundo ensayo, “La Torre de Babel”, siga pensando que lo intangible es el tema del libro, se verá bastante perturbado cuando descubra que para Herrera realidad y ficción son sólo artilugios requeridos por la literatura, que es en sí misma sujeto y no objeto. Él afirma que la realidad es una vuelta entre la humanidad y sus ficciones, y yo apostaría a que eso le ha salido bastante caro: deambular entre lo leído, lo escrito y lo vivido –tres planos que convergen en un solo ángulo: él mismo–, sin tener razón alguna para hacerlo más que su propia búsqueda. La literatura, dice, se nutre de todo esto.
El quinto ensayo, “Crítica desde el vacío”, es el más representativo de Pierre Herrera como escritor. Quienes se han acercado a alguno de sus otros ensayos sabrán que para él la crítica es objeto de pasión y que está seguro de que se complementa con la creación sin estar nunca la una sobre la otra. El crítico habla de sí mismo, afirma; sus ideas son apenas residuos de todas sus lecturas, de su enfrentamiento con el mundo vivencial y el onírico. Acota que la crítica es en realidad un ejercicio de reconocimiento en el que quien observa un objeto se está descubriendo a sí mismo y, por tanto, termina disertando acerca de su andar hasta llegar al punto en el que coincidió con eso que estaba estudiando. “Se puede hablar de todo en una crítica, principalmente de uno mismo, porque no hay vacío más grande en el mundo que el ser humano. ¿Qué palabras no se desvanecen frente a ese vacío?”, cuestiona.
Hacia el final del volumen se encuentran “La biblioteca de Eco” y “El comienzo de la escritura”, ensayos emparentados en los que Herrera trata de redescubrir sus inicios como lector y como escritor, siendo ambos términos muy distantes entre sí. Hacer literatura, cuestionar la verdad y hacer literatura que cuestione la verdad son tareas que poco o nada tienen que ver entre sí. En “La biblioteca de Eco” se recuerdan las primeras lecturas como a los primeros amores; así descubrimos a un Herrera paseando entre sus libros, redactando frente a un librero y releyendo la poesía de Borges, todo al mismo tiempo. En “El comienzo de la escritura”, en cambio, surge la idea de un alejamiento de la creación; se cuestiona la validez propia de la escritura y, como en todo el libro, se hace presenta una de las máximas para Herrera, la cual se ha apropiado del mismo Borges: que otros se jacten de las páginas que han escrito; a él lo enorgullecen las que ha leído.
Finalmente, en “Cervantes y yo” –con un epígrafe hermoso y preciso de Fernando Pessoa–, surge la que es la idea central de su ensayística: quién valida lo que él ha escrito. Se trata de un ensayo donde la fuerza de la palabra está al margen de la de lo vivido. Si, como le sucedió a Quijano, la realidad de todo lo leído termina por ser nuestra única premisa de vida, nuestra razón y nuestro desasosiego, entonces este libro no es un libro. Será, en cambio, un álbum con recortes de todos aquellos momentos que en Herrera han influido; literatura, cine y personas; lecturas por hacer y las que nunca se harán. Como él mismo se lo pregunta: ¿Quién crea la realidad que se inserta en mi vida, si no tú, lector, mientras yo desaparezco?

Herrera, Pierre, El equívoco cervantino, SECUM, 2012.

lunes, enero 28, 2013

EL LIBRERO: El Sunset Limited, Cormac McCarthy.



El tren es más veloz que las neuronas.

Hugo Chávez Mondragón


Levantarse ya pasado el medio día, tomar algunas hojas de papel y aspirar a la redacción de una obra de teatro que tome carácter de novela corta puede bien ser el camino para lograr un texto como El Sunset Limited, obvio sólo si se es un ganador del premio Pulitzer de ficción y se ha sobrevivido a una entrevista con Oprah Winfrey sin tener que lanzarle una silla debido a las preguntas.
La historia se desarrolla en “la habitación de un bloque de pisos en algún gueto negro de Nueva York”, la misma ciudad donde Donna Summer quería encontrar sufrimiento pues estaba cansada de ver tantos rostros lindos por la calle y es que ese era su error; no saber dónde buscar.
Negro salva a Blanco de suicidarse en las vías del tren y entonces se desarrolla una trama que gira en relación a los motivos que pudieran llevar al profesor blanco de mediana edad a tomar la vía fácil para terminar con sus problemas. Negro se siente comprometido con su acto y ahora responsable de que por lo menos ese día el profesor no muera y por ello la estrategia de encerrarle en una habitación de donde saldrá sólo cuando los dos estén convencidos de que nadie corre riesgo.
Así, hay que pasar de una charla sobre verduras, a la decadencia del Imperio Romano, la Biblia y luego el tema común sobre la existencia de Dios; discutir sobre los yonquis a los que “nada les parece barato”, la importancia de aprender a cocinar mollejas, callos y sesos, café de por medio para nuevamente tratar el tema de Dios y todo porque sólo se está mirando la vida pasar sin pretensión alguna, pese a que el motivo de este encuentro es la intención frustrada de comprobar en cuerpo propio que “a ciento diez kilómetros por hora el tren es más veloz que las neuronas”.
The Sunset Limited bien puede ser la comprobación de que cualquier diálogo tiene su encanto propio en las frases célebres de quien participa en él, sin tener una red social para escapar diciendo lo que está pensando-pasando.

Cormac McCarthy, El Sunset Limited.
Editorial Mondadori

lunes, noviembre 19, 2012

EL LIBRERO: Tormenta de Sangre, Arthur Alan Gore & Chico Migraña



Unos tragos de vodka con lo más inn 
de la farándula rocanrolera



Manuel Noctis


I.
Yo soy de los que piensa (y cree con devoción) que el Rock hecho en casa (o séase a.k.a Mexicanopal) desde hace muchos años se encuentra bajo los síntomas de una rara enfermedad de la que difícilmente encontrará una cura. Motivo: bandas y rocker’s se han encargado de expandir su mal. Pero no por eso dejo de aplaudir ciertos proyectos emergentes que se descubren en el underground de las distintas urbes de este territorio –tan- manchado de sangre.
Lo que si me (re)salta a la vista (y me atrae por completo) son los múltiples performance’s y situaciones –de lo más absurdas, chistosas y hasta bochornosas- que les suceden tras bambalinas a esos exponentes del rock (igual nacional como del extranjero). Por lo cual les vengo a platicar de un librito que me rolaron vía internet (y que por fin lo tengo físicamente), titulado Tormenta de sangre y que presagia en la misma portada lo que acontecerá dentro de su maldito interior: Crónicas off record: Galletitas para Dios y 19 secretos muy bien guardados del rock y el pop.

II.
¿Chismes de farándula? ¿Crónicas de dos groupies rocanroleros? ¿Historias salvajes tras bambalinas? ¿Historias que cambiarán la faz de la tierra? Pues nooo, no que a mi entender pueda precisarse (¿o sí?). El libro Tormenta de sangre (México, DF. 2010), escrito por Chico Migraña & Arthur Alan Gore es un compendio de crónicas sobre sucesos y eventualidades –personales de los autores- tras bambalinas, en conciertos, entrevistas y borracheras con varias figuras del rock, el heavy metal y una que otra personalidad popera. Después de leerlo pensé que si estas historias fueran contadas por Paty Chapoy, serían de lo más agradables (aunque quizá atraerían nuevos públicos rockeros, lo aseguro… así es la banda) y jamás tomadas en cuenta por una persona como su humilde servidor, por el simple hecho de no resultarme ningún interés visto desde su persona. Creo que para este tipo de cosas importa mucho desde dónde, quién y cómo vienen contadas las historias –lo que le da el plus a este libraco-.
El Chico Migraña en una de sus crónicas menciona: “lo más importante de la presentación en vivo de una banda es todo lo que hay detrás de ella, tras bambalinas” –repetitivo, pero cierto-; y eso es lo que sucede y se presenta en este libro: las historias que resultan atrás de un escenario o desde la –casi- mítica personificación de un rockstar, el alumbramiento y desnudez de los mitos que los rodean y sobretodo la humanización de esos “semidioses” que a veces parecieran intocables. Uno de los elementos importantes y destacables de estas crónicas –precisamente- es quizá –indirecta o inconscientemente- poner en entredicho la “majestuosidad” de las estrellas del rock y sus derivados… por ejemplo, ver a un Rob Halford (reconocido vocalista de heavy metal) desflorarse –literalmente- por unas galletitas (bien bonitas y riquicuquis); al Alex Lora parando el monstruoso tráfico de la Ciudad de México mientras corre tras sus perros que se le escaparon de casa; al Juan Brujo (vocalista de la banda de death metal Brujería) vendiendo discos en el Chopo; o la historia que se suscitó en el Vive Latino del año 2000, donde el Marcovich escondido en un baúl, según la astucia de la ñora Marusa, “trato de estropear” una presentación de Jaguares (cuando todavía no pensaban en un regreso –económico-, perdón mítico con los Caifanes); o por ejemplo, enterarse que uno de los novios atribuidos por la televisión de espectáculos a Belinda no era más que uno de estos personajes quien se había entrevistado con ella, el cual fungió por unos minutos como el susodicho para que la niña saliera airada de la prensa, etc. Porque si bien, en lo personal, nunca me ha gustado mitificar a ciertos personajes (inflar más a las “vacas sagradas”), porque a fin de cuentas son simples mortales, de carne y hueso, igual que tú, yo y los demás (aspecto de Chico Migraña no muy de mi agrado: llamarlos “ídolos” y proclamarse “fan”).
Chico Migraña & Arthur Alan Gore
Otra de las cosas resaltables, es la que nos cuenta Arthur –desde su visión acertada como periodista (actualmente trabajando para revistas como Gótica, Marvin, entre otras, además con su nombre de mortal Arturo J. Flores en Playboy México)- sobre la banda Christian Death (banda de death-rock-gótico fundada en 1979 por el mítico Rozz Williams), porque ¿cuántos de nosotros hemos visto por ahí a chicos dark’s-góticos auto-limitándose en ciertos aspectos de la vida cotidiana? Auto-limitantes como bailar, participar socialmente activos, ir a lugares diferentes a sus gustos, etc. Y en esa crónica se deja al descubierto cómo los integrantes de dicha banda (en una de sus estadías en el DeFectuoso) participan en la marcha de los electricistas, se van a bailar salsa a una cantina y se ponen borrachos con tequila, o sea, what is the fucking problem con todo esto? Ah, pero mientras tanto acá en las Tribus siempre dilucidando torpemente por estas cuestiones (no toda la bandera oscura, claro) porque hay que llevar un lineamiento en la conducta (esto sucede en todos los ámbitos, pero hay que romper con ello). El libro tiene como agregado aliciente unas ilustraciones muy interesantes de Carlos Carapía y el prólogo es de Hugo García Michel, quien fuera director de la revista La Mosca en la Pared.
En fin, para quienes nos gusta la música y todo lo que sucede tras de esta, es muy recomendable este libro. De verdad pasarán un momento grato con su lectura, porque tiene su toque especial de humor y sarcasmo; Rogelio Villarreal (editor contraculturoso de la revista –ahora- online Replicante) menciona que es un recurso tan válido utilizar la ironía y el sarcasmo como un elemento de la crítica, y estos chicos de verdad lo hacen muy bien. Por eso no son chismes de farándula, ni historias cualquiera, son crónicas off record donde se deja ver que las “estrellas” también se echan peditos, babean la almohada cuando duermen y también les tiemblan las patitas en el escenario. Así que no esperen más, sáquenle del cochinito, róbenle unos pesos a sus padres o invéntense el negocio de la "Señorita Universitaria" y consíganse este librito que bien merece un espacio en sus lecturas. 

lunes, noviembre 12, 2012

EL LIBRERO: La contracultura a través de los tiempos, Ken Goffman.



¿Existen hoy contraculturas?


Fausto Alzati Fernández


Nuevas noticias del ex-cyberpunk y ciberdélico R.U. Sirius, que actualmente firma como Ken Goffman

La contracultura a través de los tiempos. De Abraham al acid-house, Ken Goffman y Dan Joy. Anagrama, 2006.

Analizando los movimientos contraculturales desde la Grecia antigua hasta la era digital, pasando por el sufismo y el hip hop, entre muchos otros, Ken Goffman estudia la naturaleza y los valores de estas manifestaciones sociales y plantea nuevas alternativas para interpretar la historia.

En esta breve y a la vez enciclopédica obra, Ken Goffman —alias R. U. Sirius (S. N. Serio), precursor del movimiento cyberpunk y candidato presidencial en Estados Unidos en 2000 por el Partido de la Revolución—, apoyado por Dan Joy en la documentación del trabajo, incita a considerar la historia desde sus oposiciones, presentando una profusa cronología de los movimientos contraculturales más notables de la historia.

Al principio del volumen, Goffman define contracultura como algo que “florece dondequiera y cuandoquiera que unos cuantos miembros de una sociedad eligen estilos de vida, expresiones artísticas y modos de pensar y ser que abrazan con entusiasmo el antiguo axioma de que la única constante verdadera es el cambio en sí mismo”, como un fenómeno dinámico que se manifiesta en diferentes épocas con distintos rostros. Así, descubre y entreteje hilos que vinculan al sufismo con la bohemia parisina de principios del siglo XX y el descubrimiento del LSD; la ilustración y las protestas estudiantiles de los sesenta con los trovadores del siglo XVI y el free jazz después de la bomba en Hiroshima; el budismo zen, los ciber-piratas y la música electrónica con los poetas románticos, Allen Ginsberg y el hip hop. Con un estilo emocionante y fácil de seguir, Goffman presenta la historia del rechazo al status quo, y su recurrente asimilación.
Según el autor, hay dos leyendas que informan el espíritu de la contracultura: Prometeo robando el fuego del Olimpo para dárselo a los hombres y con ello repartir los conocimientos necesarios para desestabilizar la supremacía absoluta de los dioses, y el Abraham bíblico que destroza los ídolos de cerámica de su padre para luego ser exiliado. Estas fábulas expresan dos elementos esenciales de los movimientos contraculturales: que son agentes desestabilizadores con aspiraciones de justicia, y que representan visiones que surgen desde los márgenes geográficos e ideológicos de una cultura hegemónica.
Basándose tanto en investigaciones que ha realizado como en su propia experiencia, Goffman traza ingeniosamente el flujo de estas instancias de resistencia a través del tiempo, planteando que no necesariamente son meras oposiciones a lo establecido sino expresiones que poseen valores propios que se repiten históricamente. Recorre desde la antigua Grecia hasta la era digital, situando al lector en el presente con entendimiento, escepticismo e inspiración. La contracultura a través de los tiempos. De Abraham al acid-house es una invitación a conocer esa fuerza que en cada época y lugar surge de distintas formas para alborotar, desafiar y transformar el entorno.
Revisar la historia permite vislumbrar el futuro. Esta obra concluye con un capítulo vivaz y certero en torno a la filosofía del hacker quien, como Prometeo, se dedica a la distribución justiciera de la información. Goffman pone en duda las interpretaciones de la historia que hoy conocemos y sugiere que con el tiempo y con la apertura cada vez mayor de los canales informativos se realizarán nuevas exégesis históricas que tomarán perspectivas antes marginadas.
Hoy en día es relativamente sencillo editar tu propio texto, música o video y subirlo a la red: no hacen falta las imprentas y las censuras se pueden evadir fácilmente. De este modo, crecen exponencialmente los mensajes que podemos emitir y recibir, así como sus posibles destinos. Con mayor fidelidad y velocidad, este acceso informático facilita la construcción de perspectivas múltiples para entender la cultura en la que vivimos, así como las alternativas a ésta. Nuestras creencias, hábitos y comportamientos se interrumpen y enriquecen con versiones variadas de los hechos. Al ir descubriendo alternativas a la versión oficial de la historia, al contemplarla desde varios ángulos, los lentes con que es percibido el presente y el futuro aumentan, exponiendo lo que obviamos, haciendo aparentes cosas antes ocultas.
Así es como la creatividad necesaria para solucionar los problemas globales que hoy nos acechan emergerá con una visión nítida llena de propuestas y variantes mutantes. ¿Será otra ola en la marea de la contracultura?

lunes, noviembre 05, 2012

EL LIBRERO: Los rumores del miedo, Darío Zalapa Solorio.



Sobre un sillón nocturno veo un televisor apagado, 
un rumor frío me toca la oreja y...

José Agustín Solórzano


Sí, me imagino, como el mismo Darío lo haría si yo fuera uno de los personajes de Los rumores del miedo, echado sobre un sillón desvencijado; con una playera sucia y perfumada con el sudor espeso de cuatro o cinco días. Mi trabajo, porque todos trabajamos para comer y luego descomer lo que comimos, sería uno de esas ocupaciones simplonas que se resumen en atender un negocio de renta de videos, ser cajero en un supermercado o ejercer de profesor de nivel medio superior; frustrado, porque cómo no va a frustrarse alguien en este rincón del universo al que llamamos mundo. Me imagino entonces echado sobre el sillón más frío de mi sala, mirando un televisor acortinado por una telaraña de polvo y en el que me venden una colección de relatos que bajo el eslogan de: El miedo es un lugar donde puedes decir la verdad, me prometen hacer surgir de dentro mío mis temores más profundos.
            Yo, como buen personaje de relato, me haría preguntas del tipo: pero ¿qué es el miedo?, ¿tengo miedo? Y si es así, ¿a qué le tengo miedo? ¿Por qué la gente pagaría por encontrar su miedo? Esa parte suya que es tan monstruosa que le provocaría querer arrancarse la piel para luego sacársela de sus entrañas. ¿Será el miedo realmente monstruoso?, ¿o será un ángel silencioso que nos infecta por la noche un sudor frío y una tembladera incontrolable que hace que palidezcamos como una hoja en blanco?
            No lo sé. Soy sólo un personaje atemorizado por él mismo. Un ser a la deriva que deambula entre el ser escrito y escribir su propia historia. Soy una indefensa creación que se debate entre caer en un agujero terrible o enfrentarse con su creador. ¿No es eso también la vida?
            Darío Zalapa es el demiurgo desatinado que hace de la blancura del papel una hecatombe anímica. O de qué otra manera entender a Margarita, un chico que se enfunda en el cadáver materno lleno de lentejuelas para dar luz a un relato enfermizo sobre la relación incestuosa entre él y su padre. O a Pepe, el joven aprendiz de maistro que construye una historia ladrillo sobre ladrillo, una casa inhabitable que se transforma en el hogar de los fantasmas de su madre, su padre, el abuelo (un viejo cabrón y amañado) y un par de tortugas que lentamente se nos suben al cuello y se nos cuelan por las orejas para encajarnos un mar que luego escucharemos como si fuéramos un feto estancado en su vientre, un feto lleno de un pelo siniestro e infinito; el lanugo que nos protege de una ola asesina y de todo aquello que el mar tiene de terrible. ¿Jeremías, el pezcador y gurú oceánico,  tendría la certeza de que en Pichilinguillo sólo puede darse a luz a la muerte? El miedo no es para Zalapa algo que viene de fuera; sino un espejo, un árbol de raíces profundas que nos crece adentro y deja caer cicatrices sobre nuestras entrañas, cicatrices que se pudren y quedan tatuadas en el cuerpo. El miedo es una garra de gato que araña las espaldas de Lucia y su abuela. Es la tristeza profunda y desgarradora que habita en las heridas de Augusta al pensar en la ausencia filosa que le dejaría su nieta si ésta hiciera su vida; una vida más o menos común y corriente.
            Pero en este libro no hay nada común ni corriente; si acaso un trío de adolescentes que salen de la escuela para correr a masturbarse a casa de la abuela de uno de ellos: ahí la sangre y el semen se mezclan en una historia alucinante que termina en una tortura atípica y alumbradora: el miedo no es la negrura del alma, sino una luz blanca y espesa que ciega desde dentro. Esto parecen decirnos los personajes seudoinfantiles del último relato. Para ellos, esos individuos ficticios que descubrimos o se descubren a sí mismos al abrir la puerta de los cuentos de Zalapa, el miedo es el rumor primero de un huracán que se nos echará encima y nos arrancará de los cimientos; el miedo es el vértigo de encontrarnos dentro de nosotros mismos, en la parte más alta de nuestras profundidades, y quizás por eso es el único sitio donde nos es posible decir la verdad.
            La literatura, y lo sabemos quienes tenemos el cinismo de escribirla, es el artilugio del que se sirve la mentira para vestirse de gala y entrar a la cena de las verdades trascendentales. Este libro es una fiesta donde las mentiras abundan y nos hacen la corte para invitarnos a descubrir la verdad trascendental tras sus lenguas teloneras: el juego de espejos que nos presenta Darío Zalapa nos asusta porque nos refleja fraccionados, desgarrados y echados sobre nuestro personal sillón desvencijado. Si buscara la analogía idónea: Los rumores del miedo sería para mí como esa tele empolvada en la que vemos la programación nocturna; no importa tanto lo que aparece en la pantalla, sino lo que se proyecta dentro de nosotros mismos. Mirar el televisor a solas y desde nuestra propia ruina, así como leer el libro de este joven escritor, es una suerte de exorcismo donde la página (o la pantalla) se convierte en el pretexto para contarnos nuestras propias historias, para descubrir o redescubrir nuestros propios miedos; así sea con el morbo por conocer esos márgenes de la naturaleza humana a los cuales hay que pintarles una raya para no cruzar hasta ellos.
             Así, aunque el miedo sea un lugar donde se puede decir la verdad; la mentira, incluso, puede ser más real que cualquier verdad. La verdad nos descubre en este mundo aberrante y solitario, en este mundo nihilista que nos muestra Darío en sus rumores; pero la mentira nos transforma, nos re-crea: así sus personajes han tenido, (como nosotros, entes supuestamente reales en este mundo real) que recurrir a la mentira para confeccionarse un disfraz grotesco y salir al mundo de papel que les ha creado el autor. ¿El culpable? Darío ¿las víctimas? Los lectores todos. ¿Por qué usted compraría el miedo para guardarlo en el librero de su casa? Mi recomendación: espárzalo, no se lo quede para sí; cada quién vera en ese espejo otra cara y otra persona. El televisor acortinado por polvo que es el libro de Zalapa sólo terminará de apagarse cuando el lector encuentre el control remoto debajo del sillón más frío de su sala; pero ¿tendrá las agallas de buscar entre las sombras luego de leer la programación nocturna que es este inquietante volumen?


Los rumores del miedo, Darío Zalapa Solorio
Fondo Editorial Tierra Adentro (2012)

lunes, octubre 29, 2012

EL LIBRERO: Barbarie, Carlos Martínez Rentería.



De los bárbaros que deambulan bajo una madrugada que se hace lluvia

Manuel Noctis


Cómo medir la madrugada
cómo saber cuándo es tarde o temprano
tiempo de irse o quedarse
de llegar o morir en ese mismo instante
Carlos Martínez Rentería. Madrugada I

Me encontré con Generación y, posteriormente con Carlos Martínez Rentería hace un par de años. Lo conocí en la cantina La Enramada de esta misma ciudad, durante un Homenaje a Bukowski que el buen Paco Valenzuela junto a su revista Revés realizaron. Ya hace poco le escribí, para la edición de los 22 años de Generación, un texto donde le describo mis encuentros y desencuentros con dicha publicación, por lo tanto, creo inconveniente ahondar en ello. Pero lo comento porque desde aquél momento, durante las entrañables contemplaciones de su vida, supuse que Carlos tendría bajo la manga manojos de textos escritos por él mismo; tantas noches, tantas madrugadas, tantas lluvias y tantos árboles en el camino me suponían igual cantidad de anécdotas y experiencias escritas, por lo tanto me preguntaba constantemente el por qué no tenía nada publicado.
No me sorprendió ahora, años después, el haberme encontrado con Barbarie, mucho menos el que me hayan invitado a presentarlo esta ocasión. Lo que sí me sorprendió en un principio fue el hecho de que Moho, y principalmente Guillermo Fadanelli, publicaran un libro de poesía bajo su sello. Más aún cuando Fadanelli había mostrado y comentado amplia y públicamente su desapego y nulo acercamiento por la poesía. Las razones ya las sabemos, y él mismo lo comenta en la presentación de este libro. No es que me parezca una contradicción, al contrario, da una muestra más del atrevimiento que ha mostrado Moho desde un principio. Atreverse a publicar un libro de poesía dentro de un sello editorial que no mostraba afecto por la misma, es en sí ya un acto de barbarie.
Contextualizo todo esto porque, aunque Rentería no lo sabe, he seguido esos pasos muy de cerca, involucrándome intrínsecamente con lo que ha hecho y ha dejado de hacer; entre lo que se ha dicho y no se ha dicho de una labor editorial, contra-cultural y ahora poética. Porque para quienes nos “encantan” las revistas, sin duda alguna Generación se vuelve un referente porque revivifica en cada una de sus ediciones la creación y la cultura que nos convoca. Pero ¿qué tiene que ver todo ello con Barbarie? Me parece que mucho. Varias de las historias que el libro nos muestra poéticamente, se inician, se desprenden, o vienen a representar lo que fotográficamente se muestra, edición tras edición, en las ya míticas Noches de Generación. Esta “sección de sociales”, incluida en la revista, que no es más que una serie de fotografías, nos cuenta en cada una de ellas una breve historia que simboliza la fragilidad del momento. Por ello en varios de sus poemas, como en algunas fotos, están presentes sus amigos, los que interpretan de manera complementaria la escena y situación contada. Algunos creerían que son estados de concepción bohemia simplemente, pero no es así, más bien creo ahí se manifiesta la contemplación de lo que Carlos augura como los verdaderos bárbaros, los que reniegan ante los dioses y se contraponen a ellos, los bárbaros que se mantienen a flote descubriendo verdades luminosas en la mundana destrucción de sus vidas. Y es ahí, con quienes alcanza el álgido punto de encuentro y desencuentro. Donde fluye el pensamiento concreto. Donde el bárbaro dilucida su estancia con el entorno que le permea. Donde el raciocinio puede ir de la mano con el relajo, o viceversa. Donde se puede vislumbrar el final del vacío y se contrarresta con la creación. Donde se es y no es, a semejanza del otro. Donde la complicidad y la condición humana se superlativan cuando se enfrentan ante la ausencia. Donde esa fragilidad del momento, se contrapone ante la debilidad, porque lo frágil no es igual que lo débil, lo frágil hay que tratarlo con cuidado, porque puede provocar un caos, lo débil aún no adquiere ese rango.
Pero Carlos no se queda ahí y siempre va más allá, porque después de la fiesta viene el after (muchas veces lo mejor), porque después del paraíso nocturno deviene la madrugada. Lugar donde Carlos se muestra totalmente desnudo y abierto, pero no desnudo como cuando apareció así en alguna edición de Generación, ni abierto tampoco de piernas, por ejemplo, sino lo literal, lo que ufana a la condición humana quizá como la concebía Revueltas. Por eso uno intenta llegar antes/ y la verdad de la noche siempre gana la partida, porque el bárbaro espera la madrugada y la asimila como cual madre que acoge a su hijo entre sus brazos (o ahora sí, como cual puta entre sus piernas). Porque la madrugada es el momento idóneo para resarcir al universo, pero no cualquiera llega a ello, sólo el bárbaro en su transitar por las calles, las cantinas, las botellas y la vida misma: amor, desamor, hijos, amigos (aunque parezca contradictorio a su autodestrucción) puede alcanzarlo. Cuando todo te despoja y en silencio –quizá- se contraponen las ideas. En ese punto la madrugada despierta la sensación del encuentro con el mismo, uno mismo, y de ahí deviene la desnudez.
No conforme con ello, el autor le agrega un soundtrack a sus poemas, la cadencia de la lluvia. La lluvia como motivo de reflexión. La lluvia en extremis recreando historias paralelas ante el pensamiento de lo concreto. La lluvia como síntesis del acto sexual: “la lluvia llueve como caudal entre tus piernas”. La lluvia como metáfora del acontecer diario. La lluvia como metáfora de los problemas: le llueve sobre mojado. La lluvia como alarma ante la desprotección. Porque la lluvia es proeza, la lluvia limpia y arremete las costras que nos va dejando la vida.
Y finalmente no se podía dejar de lado la contra, porque sin embargo, algo se mueve… y está ahí presente. Algo circunda la periferia, algo la trastoca. Algo está al acecho, contemplando las vicisitudes de la cultura, algo está permeando y, dentro de ello está Martínez Rentería, un autor atrevido, sutilmente romántico, honesto, desnudo, sicotrópicamente alterado. A final de cuentas, Carlos, Generación y Barbarie de aquí a 50 años (digo 50 sólo por mencionar una cantidad) serán elementos y referentes obligados de la literatura y la cultura misma, porque ahorita están en la cresta de la ola, están en movimiento constante, están revivificando la cultura… más tarde la ola llegará a tierra, y ahí se habrán concretizado todos estos hechos.

lunes, octubre 22, 2012

EL LIBRERO: Calibre .38, Rogelio Dueñas



Revólver para un duelo contra el espejo

R. Israel Miranda


Levantarlo, sentir el peso, dejarse llevar por su extraño encanto de metal, vaciar las recámaras salvo una, echar a andar la ruleta.
Halar del gatillo o no.
Es aquí donde mengua el valor de la mayoría de los hombres, y comienzan las dudas y los pretextos y las reconciliaciones. El temor a la muerte, que no es más que el temor a una vida siempre a medias, el miedo a perder lo que nunca se tuvo pero que, igualmente, nunca se buscó. Miedo disfrazado de altas expectativas.
Rogelio no duda en jalar del gatillo, tal vez porque nunca ha esperado demasiado de nada, tal vez porque se ha percatado de que este mundo es sólo una interminable colección de despedidas, tal vez porque ha entendido, a la mala, que todo es, en el fondo, una gran mentira. Jala el gatillo con la seguridad del que sabe que las despedidas, a fin de cuentas, son principio de vida y el amor, principio de muerte.
Rogelio dispara, primero, contra sí mismo, contra aquello en lo que creía, contra el joven siempre al borde del colapso epiléptico, contra el militante de las causas perdidas, contra el hombre sumido en la nostalgia de envases rotos de cerveza en las calles de la ciudad.
Pero este no es un acto suicida, no obedece a una necesidad de silencios, al contrario, busca reinventarse en la ferocidad del ruido.
Dueñas es estridente, su revólver no tiene silenciador, así que el primer disparo es sólo presagio de tormentas.
Rogelio es un altavoz con sobredosis. Un ojo a punto de salirse de su cuenca, estertores que sofocan todo excepto su canto metalero a los tendederos de azotea, a las noches de cerveza, a los toquines de rock y marihuana, a su amor azul eléctrico.
Sí, Dueñas es estridente. Arremete contra el Estado, contra el sistema, contra los falsos profetas. Contra las mujeres que mal le pagaron (o que mucho le cobraron) y las manda de puntitas bien bien lejos, eso sí, perfectamente ataviadas con zapatillas de ballet y tutú (tú tú chingas a tu madre, les dice encabronado).
El libro, el revólver, tiene distintos pulsos, seguramente por haber sido concebido en distintos tiempos. Tiene distintas voces, seguramente porque son varios los Dueñas que ahí hablan, pero eso no es raro, Rogelio, como todos sabemos, es un obsesivo compulsivo paranoico esquizofrénico de hospital, así que está bien si le sobrevivimos, por algún azar, a sus muchos yos.
Así pues, de las distintas voces del revólver me quedo, y esto es más bien por mi propio carácter, con el Dueñas citadino, y más preciso, con el del barrio salvaje, donde la sangre se confunde con la cerveza derramada, donde los orgasmos se entremezclan con el aullido de los perros y los escapes de los coches, donde el amor tiene un distorsionador furioso de fondo, donde las esperanzas se renuevan a medio día sobre sendos platos con migas, donde un adiós duele tanto pero no lo suficiente como para derrotarnos, y nos lleva a decir que, esta madrugada, Otro es el gallo que hoy me fumo y canta. Canta.
Conocí al buen Dueñas hace algunos años por accidente en el Alicia, creo que me dio sus dos únicas cervezas por un libro, obviamente salí ganando pues abandoné el lugar más ebrio de lo que esperaba y, además, con un buen amigo. 

lunes, octubre 08, 2012

EL LIBRERO: Entre Muros, Israel Alvarado Torres.



Entre Muros
Israel: Hacedor de sueños crueles y fatales

Valeria Di Cicco


"El infierno no son círculos. Hay parcelas, feudos, ciudades enteras. Y este humildísimo pedazo de infierno, este jardín con una sola flor, es el mío, es mi vida."
Abelardo Castillo

…Este libro ha reunido su trabajo con una temática común: nos habla de una cierta claustrofobia, de un encierro real o psicológico, de una inevitabilidad de los hechos; imágenes de la desesperanza más total y absoluta, momentos intolerables, insoportables, casi inhumanos. Sus protagonistas no pueden con sus vidas, carecen de las herramientas para poder idear una salida de esos abismos oscuros donde moran –como peces ciegos– de una forma obstinada y cruel, golpeándose la cabeza contra muros (quizás) inexistentes, totalmente faltos de esperanza.
Hablar de los héroes de los relatos de Israel Alvarado Torres es hablar más bien de antihéroes, seres tristes, perdidos, ciegos y sordos a cualquier realidad que los pueda sacar de su desgracia, depresivos y pesimistas, en algunos casos, ya irreversiblemente muertos en vida, quizás arrepentidos de estarlo, quizá sólo agradecidos por ello; en otros casos, vivos pero cínicos e irónicos, torturados y tortuosos, sádicos y despiadados, casi calculadores, crudos en su frialdad… Pero siempre, en todos los casos, son seres sufrientes. Israel transmite su propio sufrimiento en sus relatos, deja ver su rechazo a un mundo injusto y hostil, se resiste a las inclemencias de estos tiempos con valores cambiantes o volátiles, diferentes tal vez a los que él soñó para su vida y su entorno.
El autor recorre varios estilos literarios que van desde los (crueles) monólogos interiores hasta los (“asépticos”) interrogatorios policiales o periodísticos. Se lo percibe ligeramente más cómodo escribiendo en primera persona donde juega con la identificación completa del lector con su propia tragedia, con su dolor, con su mundo precario y gris, con su sensibilidad que queda tan expuesta en sus páginas.
El lenguaje que utiliza en sus relatos también varía de acuerdo a la estructura argumental y al estilo elegido y va desde figuras metafóricas hasta la descripción casi objetiva y simple de una crónica. Lo que no falta en ellos son los finales cortos y, si se permite, fatales (como un baldazo de agua si se quiere) que ordenan el texto resignificándolo, ordenándolo, acomodando las piezas del rompecabezas para mostrar o redescubrir el sentido que finalmente tendrían todas las frases anteriores. En general, sus narraciones son breves, algunas brevísimas, en ellas explota la precisión y la exactitud y permite al lector completar aquello que falta pero se presiente (como un mal presagio). En otros cuentos se explaya, abre un espacio visual casi fílmico, como una cámara que persiguiera continuamente al protagonista y no desperdiciara ni el más mínimo detalle de su recorrido vivencial. De sí mismo, él afirma ser muy visual, “me gusta ver a la gente, a las cosas; me gustan las historias, los momentos claves. Una manera de tener estos momentos, esas historias presentes es capturarlas, verlas una y otra vez”.
Israel transita los caminos de la fábula, del contar, del relatar, de una manera agónica y apocalíptica, su mismo título nos sumerge en una atmósfera de encierro, de impotencia, de opresión. La acción se desarrolla, en general, en espacios cerrados reales como cuartos o féretros pero también en esos estados mentales que remiten a la falta de salidas o de solución a conflictos, donde el infierno son los otros (Sartre) o uno mismo. En esos espacios reducidos, palpables y acotados, las acciones son atemporales, carentes de tiempo histórico, pueden ser de ahora, de hace diez años, de algún “cierto futuro incierto”.  De su propia obra, Israel comenta que sus cuentos “tienen que ver con límites reales o ficticios que nos inmovilizan, que no nos dejan ver, que nos aplastan, que nos devoran, tienen que ver con sueños que son más soportables que la realidad y realidades que son tan insoportables como el sueño mismo”.
No intento hacer un análisis exhaustivo de los textos de Israel, sólo un esbozo, una mera apreciación, la iluminación parcial y segmentaria de ciertos fragmentos para tentar al lector a leer su obra. No sólo una vez, varias veces, para encontrar lo que él dice tanto de la fotografía como de los libros: “los lees y los vuelves a leer y encuentras palabras nuevas, frases, imaginas diferente la historia”. Invito a los lectores a hacer lo mismo y a disfrutar del viaje una y otra vez.

Entre muros. Israel Alvarado. Ediciones del milenio. 2010. México.
Israel Alvarado Torres, México, 1978. Fotógrafo y narrador. 

lunes, octubre 01, 2012

EL LIBRERO: Metaficciones, Rafael Toriz.



Metaficciones de Rafael Toriz

Alfredo Padilla

“Más allá de lo evidente” 
Un libro atrevido, un ejercicio de cavilación sobre el proceso de la escritura, un experimento que mezcla estructuras osadas con el lenguaje popular, que juega de manera acertada con la cadencia. Metaficciones, la estructura emprende con un epígrafe, una cita que pudo haber sido deliberada por el filosofo alemán de la ilustración, Immanuel Kant, pero que encuentra sus referentes en la serie popular de los años ochentas creada por Ted Wolf, Los Felinos Cósmicos: “Espada del augurio, quiero ver más allá de lo evidente”. León-O, señor de los Thundercats.
Toriz es consciente de los componentes que definen a su generación, la “generación que se gesta con la muerte del Atari y el nacimiento del Nintendo” la “Generación GAP” una mezcla de vanguardia, heredera de la cultura kitsch define su estilo.
Este compendio de cuentos es la ficción después de la ficción, tropezamos con personajes expulsados efusivamente del cómic para ser tratados de una manera filosófica en una simulación de la simulación retórica. Presenciamos a un hombre murciélago que emerge de las historietas norteamericanas a  las calles realistas con su traje hecho andrajos, borracho. Otro texto, el concepto del reflejo, se nos presenta en escritura espejo, para que lo interpretemos, para que nos irradiemos en él y seamos por unos segundos, por dos páginas, el que escribe y el que esta descrito, un ejercicio contumaz que alterna con el lector y lo pone a prueba.
Toriz escribe para excluirse de toda intelectualidad retrograda, es contestatario y turbulento frente a toda metodología o exegesis creativa, su filosofía de la composición esgrime autenticidad: “Escribir es conjurar la mejor de las muertes; la más infame, la más corrupta, la más ridícula: la que se da en la mirada. Escribir es una actividad para temperamentos indignos, cobardes, que no merecen la horca, ni la bala” (Rafael Toriz, Metaficciones, Dirección de Literatura, UNAM, Ediciones de Punto de partida, 2009).
Rafael Toriz nació en Xalapa en 1983. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes en 2004. Fue becario de la primera generación (2003-2004) de la Fundación para las Letras Mexicanas (antes Fundación Octavio Paz) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2006-2007). Es narrador y ensayista. Estudió música y literatura en la Universidad Veracruzana. Fue distinguido con mención honorífica en el Concurso Internacional de Ensayo convocado por la ONU y la República Islámica de Irán en 2001. Publicó, con la Universidad de Guanajuato, el bestiario Animalia en 2008.


Metaficciones es una edición de la Coordinación de Difusión Cultural / Dirección de Literatura de la UNAM, de la serie Ediciones de Punto de Partida, con grabados de Mario M. Reye