El
mago (Ingmar Bergman)
Martín García López
Para Idalia, mi
compañera de películas
En las primeras escenas de
El mago, el director Ingmar Bergman
nos introduce en una atmosfera fantasmal; sus planos oscuros y largos, el
movimiento de la carroza y el escenario lúgubre del bosque (que nos remite a El séptimo sello) nos adentra en el
engaño de la magia, para darnos cuenta, en un futuro, que siempre estuvimos
dentro de un show. Y es, en dicho show, donde nos preguntamos, ¿en dónde existe
la magia?
Estrictamente hablando, la
magia, no existe, me refiero a la magia como espectáculo; todo es un juego de
espejos y de máscaras, de trucos y de engaños, que hacen a la mente creer que
ha visto o percibido algo, que no es real. La película en sí, es la
representación del show, del engaño. Un grupo de artistas liderados por el Dr.
Vogler son llevados a una pequeña mansión en donde el Dr. Vergerus, el
comisionaría y el señor Egerman (dueño de la casa), quieren poner a prueba la
magia de la que tanto se ha hablado del Dr. Vogler. Por lo que son invitados a
darles un show privados y es así, como los artistas pasan la noche en la
mansión de Egerman. Entre sus juegos hipócritas de engaños y mentiras, los
artistas ambulantes logran hacer que la servidumbre caiga ante sus encantos,
guiados por la ignorancia y la superstición de la magia, en donde ellos son
víctimas de una estafa, que queda recalcada desde la interacción de los
“artistas” con la servidumbre. Los únicos excluidos de éste engaño son las
figuras de poder dentro del hogar, que serían el doctor, el comisario, y el
dueño. Quienes intentan humillar cuanto puedan al Dr. Vogler y su compañía, con
el afán de demostrar que la magia no existe. Ellos manifiestan una fuerte
creencia en la ciencia. En especial el doctor, quien dice, “la ciencia es lo
único certero del mundo” y estipula, que de no ser así, que si la magia
existiera y la ciencia quedará opacada por elementos inexplicables, sería
entonces la fragmentación de la realidad: “he perdido la razón o estoy
soñando”.
En escenas estaremos al
lado de la creencia de que la magia no existe y en otros momentos, caeremos en
el engaño de su existencia. Porque la lucha entre magia y ciencia que llevan a
cabo el Dr. Vogler y el Dr Vergerus es la motivación de la película. Y es sólo
hasta los últimos minutos en donde podremos ver la reacción del Dr Vergueros,
un hombre de ciencia, que quiere, ser engañado por la magia. Es tal vez la
máscara que tienen el Dr Vogler y su némesis, lo que hace que entre ellos se
complementen. Mientras que Vogler manifiesta ser un mago, él mismo no cree en
la magia y no es más que un artista ambulante. Vergueros, quien se llama hombre
de ciencia, es engañado; entra al show. El hombre que acepta por unos minutos
el contrato del engaño, es un hombre deseoso de huir de su realidad. Porque el
show, se manifiesta como una salida de lo cotidiano. En este punto, ambos
“doctores”, quieren entrar en el espectáculo del otro y es sólo Ingmar Bergman,
el verdadero mago que nos adentra a nosotros en su mundo de grises que nos
demuestra que hay detrás del show de magia.


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