Del
can can al mambo
Arnulfo Valdez Oleta
¿Para
qué veo cine mexicano?
Hace poco me interrogué. Son películas en blanco y negro, con chistes tal vez
muy salados para un contexto actual, las actrices han perdido la belleza actual
y los charros siguen siendo los mismos charros. Al parecer, estaba muy lejos de
responder la pregunta que me planteaba al ver el canal De película con mi abuela a un lado. Verla reír de los chistes, y
hasta de las situaciones que ocurrían; escucharla decir: mira, como se hacía antes; fue la ternura de escuchar a mi abuela,
de que por un momento se transportó en algún lugar en los años cuarenta, que es
el tiempo en que se sitúa el filme.
Es una comedia
protagonizada por el clásico Juaquín
Perdavé como le dice mi abuelita. Él es el director de una escuela para
mujeres, dentro de un pueblo muy costumbrista y tradicional. El sobrino del
director, un muchacho que estudia en la gran metrópolis de la Ciudad de México,
va a ese pueblo y mete en la escuela quizá la primera televisión. A través de
ésta, las niñas corrompían las reglas al reunirse a las altas horas de la noche
para ver las imágenes de un nuevo México.
Un México nocturno,
salvaje. El rey neón resplandecía las calles sucias de la ciudad. Los cabarets
llenos de féminas sensuales. Era la Dolce
Vita, pero aquí no sonaba Nino Rota, era el cubano Pérez Prado y su mambo.
Las nenas en trajes de mamboleta hacen bailar sus gruesas caderas y el público
se deleitaba con esos movimientos convulsivos. La aparición del mambo es la luz
de un México moderno, la salvación para aquellas almas reservadas.
Irónicamente, la televisión juega un papel importante por parte de las mujeres,
pues éstas presenciando la grandeza de la ciudad, se animaban a pensar y
planear algo en sobresalir para escapar del lugar donde estaban reprimidas.
Después de ver la
película, logré responder la pregunta que me había hecho. Claro, con la ayuda
de mi abuela, que reafirmaba lo que veía. Gracias al cine mexicano, se puede
presenciar una evolución y el desarrollo, no sólo cinematográfico, sino
histórico y social. Proyectan un México imposible de volver a vivir, un país
lleno de esperanza, su época, su música, su vestimenta, hasta en las viejas
costumbre de dar duelo a muerte por una joven mujer.
Así pues, en un viaje por
el tiempo entre los 20’s y los 40’s Joaquín Pardavé y su estilo cómico hace
vivir épocas de las cuales, nos harán pensar (como lo hizo Woody Allen en su
moderna Media Noche en París) que el
mejor tiempo para vivir, es el presente. Por eso les pido a ustedes, queridos
lectores: Carpediem y Dolce Vita. Ahora sí como lo dijo Ricky
Martin: Living la vida loca.


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