sábado, julio 20, 2013

8MM: Del can can al mambo.


Del can can al mambo


Arnulfo Valdez Oleta


¿Para qué veo cine mexicano? Hace poco me interrogué. Son películas en blanco y negro, con chistes tal vez muy salados para un contexto actual, las actrices han perdido la belleza actual y los charros siguen siendo los mismos charros. Al parecer, estaba muy lejos de responder la pregunta que me planteaba al ver el canal De película con mi abuela a un lado. Verla reír de los chistes, y hasta de las situaciones que ocurrían; escucharla decir: mira, como se hacía antes; fue la ternura de escuchar a mi abuela, de que por un momento se transportó en algún lugar en los años cuarenta, que es el tiempo en que se sitúa el filme.
Es una comedia protagonizada por el clásico Juaquín Perdavé como le dice mi abuelita. Él es el director de una escuela para mujeres, dentro de un pueblo muy costumbrista y tradicional. El sobrino del director, un muchacho que estudia en la gran metrópolis de la Ciudad de México, va a ese pueblo y mete en la escuela quizá la primera televisión. A través de ésta, las niñas corrompían las reglas al reunirse a las altas horas de la noche para ver las imágenes de un nuevo México.
Un México nocturno, salvaje. El rey neón resplandecía las calles sucias de la ciudad. Los cabarets llenos de féminas sensuales. Era la Dolce Vita, pero aquí no sonaba Nino Rota, era el cubano Pérez Prado y su mambo. Las nenas en trajes de mamboleta hacen bailar sus gruesas caderas y el público se deleitaba con esos movimientos convulsivos. La aparición del mambo es la luz de un México moderno, la salvación para aquellas almas reservadas. Irónicamente, la televisión juega un papel importante por parte de las mujeres, pues éstas presenciando la grandeza de la ciudad, se animaban a pensar y planear algo en sobresalir para escapar del lugar donde estaban reprimidas.
Después de ver la película, logré responder la pregunta que me había hecho. Claro, con la ayuda de mi abuela, que reafirmaba lo que veía. Gracias al cine mexicano, se puede presenciar una evolución y el desarrollo, no sólo cinematográfico, sino histórico y social. Proyectan un México imposible de volver a vivir, un país lleno de esperanza, su época, su música, su vestimenta, hasta en las viejas costumbre de dar duelo a muerte por una joven mujer.
Así pues, en un viaje por el tiempo entre los 20’s y los 40’s Joaquín Pardavé y su estilo cómico hace vivir épocas de las cuales, nos harán pensar (como lo hizo Woody Allen en su moderna Media Noche en París) que el mejor tiempo para vivir, es el presente. Por eso les pido a ustedes, queridos lectores: Carpediem y Dolce Vita. Ahora sí como lo dijo Ricky Martin: Living la vida loca.

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