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martes, abril 23, 2013

Paseando por el 2do Festival Gastro-cervecero Morelia 2013







Por Marco Ultreras
Fotos: Kumanda Escamilla

Con éxito se realizó el segundo Festival Gastro-cervecero por segundo año consecutivo en la ciudad de Morelia, en el cual tuvimos la oportunidad de probar cervezas artesanales locales, nacionales, así como importadas mayormente de Europa. Llevado a cabo los pasados días 20 y 21 de Abril, en el Jardín del Orquidiario, el festival (promovido principalmente por The Beer Box Morelia) dio oportunidad a nano y micro productores locales y nacionales para dar a conocer sus productos y variedades.


Entre los locales destacados, pudimos probar la variedad que nos dio a conocer la cerveza Mytika de Iram Monzón quien asegura “…en el vino puedes encontrar aproximadamente 700 notas de sabor, en la cerveza puedes encontrar más de 2000…”. Otro de los emprendedores locales es Efrén Hernández y su marca prácticamente nuevo producto, la Rising Hop de la cuál su variedad de Porter fue muy requerida y gustada. Platicando con el mismo Efrén, nos comentó que su proyecto empezó como muchos, por el gusto y amor al proceso de la elaboración, misma que la llevan a cabo entre 5 personas, de los cuáles dos son químicos, y prácticamente en un proceso de prueba y error fueron buscando los sabores que nos llevan su ya marca oficial de cerveza. Entre los otros productores locales pudimos encontrar a Alan Daowz  y su cerveza Brewfus, la cerveza Demonio de Oswaldo Lucas y la cerveza Región Purépecha.


Entre los productores nacionales encontramos la marca Tijuana, de la cuál pudimos probar la refrescante cerveza tipo Lager Americano; Rosarito Long Beach, la cerveza Alquimia que nos ofrecían sus variedades traídas desde Querétaro, o la cerveza Calavera de la cuál pude probar su deliciosa Mexican Imperial Stout, cuyo 9% de alcohol noqueó a más de uno. La pintoresca cerveza Homero de Puebla, que a muchos bebedores motivó a decir la ya tradicional frase de aquel amarillo personaje “d’oh!!!”


Entre las cervezas importadas pudimos degustar la cerveza Patricia de Alejandro Marcel Corbo quién desde Uruguay nos presenta su producto como “una de las pocas marcas en el mundo en elaborar cerveza con agua mineral”. La alemana Paulaner estuvo presente, y cuya degustación iba muy de la mano con unas salchichas alemanas que se estaban vendiendo en el área gastronómica. La cerveza Eggenberg, quienes daban a degustar por 35 pesos una cerveza de 14 grados de alcohol. También disfrutamos de las cervezas importadas que distribuye The Beer Box, como la Mikkeller, De Molen, Duvel, Dogfiah Head, Carolus, London Pride, First Frontier, entre otras.


En la parte gastronómica, había todo tipo de variedad de comidas; deliciosos mariscos, salchichas alemanas, comida regional michoacana, y hasta los tradicionales platillos del bar Cactux, con su rico hummus con pollo y los famosos tacos de jamaica.
En lo musical apreciamos a bandas como Chris Sánchez Blues Band, Fil de Etis, música de tierra caliente y hasta algo de salsa con Son Iguanas en el primer día.


La parte que a mi parecer le faltó integración, fue entre los productores locales y nacionales, ya que siento que estuvieron muy alejados y hubiera sido bueno integrarlos con las marcas cerveceras para que tuvieran un poco más de presencia, cosa que con el tiempo creo irá mejorando, ya que esperamos que sea un festival que se posicione pronto a nivel nacional, ya que ahora es considerado como el 3ro en importancia dentro del país, debajo de los realizados en el DF y Guadalajara respectivamente.
Finalmente, sea Porter, Ipa, Lager, Stout, Ahumada, Bitter Ale, Doble Fermentación, Dorada, etc. El festival cumplió con cerveza para todos los gustos y todos salimos satisfechos.

Agradecemos todas las facilidades que nos dieron los de The Beer Box y Red Lab para la realización de esta nota.

Toda la galería fotográfica AQUÍ.








lunes, diciembre 10, 2012

Los Simpson y las drogas: El lado psicoactivo de Springfield *




Por Jordi Cebrian (Barcelona, España)


Os invito a explorar un aspecto poco comentado de la gente que habita Springfield y de su pasión por las drogas, legales e ilegales. Exploraremos los secretos más ocultos y psicoactivos de esta familia y los de su entorno familiar, social y laboral.
No hay serie en televisión con tantas referencias psicoactivas. Y es de rigor que empecemos comentando algunas de las muchas referencias cannábicas que contiene.

Marihuana
En Springfield la cannabis está, desde sus orígenes, muy presente. No es de extrañar, dado que el fundador del pueblo, el ilustre Jeremías Springfield, cuando llegó a los terrenos que luego constituirían la ciudad, se dirigió así a los colonos que le seguían: "En este lugar construiremos una nueva ciudad, donde podremos celebrar nuestros cultos libremente, gobernar justamente, y cultivar vastos campos de cáñamo para fabricar sogas y sábanas".
Muchas son las muestras de la tradición cannábica de Springfield. Tenemos constancia, por ejemplo, de que el alcalde Quimby, en un armario de su despacho oficial, tiene una planta de marihuana a la que hemos visto regar a escondidas. Al conductor de autobús, Otto, la chaqueta le huele permanentemente a hierba. El director del colegio, Skinner, reconoció en un episodio: "En Vietnam fume toda clase de yerbas". La policía de Springfield no se escapa de inhalar cannabis: en un episodio en el que efectúan una redada contra un ciego que consume marihuana medicinal, toda la policía, empezando por el jefe Gorgori, acaban en casa del ciego, con los otros polis, fumando porros, y bailando al son de Bob Marley. Y eso pese a que el museo de la Policía en Springfield incluye en una de sus secciones un ejemplo de fiesta hippy con figuras de cera, donde podemos ver jóvenes con melenas escuchando música, fumando hierba y metiendo bebés en el horno, conforme a una vieja leyenda urbana antidrogas.
Pero si centramos la atención en nuestra familia preferida, los Simpson, veremos que también allí está presente la afición cannábica. Vimos a Homero y a Marge, de jóvenes, en fiestas donde se usaban bongs. Incluso hay motivos más que fundados para sospechar que cultivan marihuana. En un episodio, Lisa, disgustada porque unos promotores quieren cortar un árbol centenario, se presenta un día en el comedor de casa, donde Homero, Bart y Marge están comiendo, y dice, refiriéndose a su cruzada ecologista: "¡Ya estoy harta! ¡Voy a hacer algo!", y sale de casa. Homero, asustado, le dice a Marge: "¡Va a denunciar lo de las drogas!", a lo que Marge, enfadada, le contesta: "¡Homero! ¡Nosotros no tenemos drogas!". Entonces Homero, un poco paranoico, mira a un lado y a otro y dice: "¡Ah, sí, es verdad! ¡No tenemos drogas!", con tono de disimulo. Este cultivo clandestino explicaría los viajes a Holanda que, según otro episodio, hace Homero de tanto en tanto, si bien se da a entender que en realidad su vicio secreto son los tulipanes, cuando es sorprendido por una cámara de seguridad cuando los devora compulsivamente escondido en el lavabo.
En varías ocasiones los guionistas se burlan de la pretendida nocividad del cannabis. En una ocasión, el señor Burns rememora que en su juventud se infiltró en Greenpeace para poder denunciarles a la policía. Al desenmascarar sus planes, mientras los verdes son detenidos, les muestra un bong y confiesa: "Ja, ja... Y tenéis que saber que durante todo este tiempo sólo he fumado inofensivo tabaco". En otro momento, en una película de McBain, se muestra una reunión de mafiosos, donde el capo di tutti li capi presenta a sus colegas una nueva droga de diseño, irresistible, que van a lanzar al mercado negro, y dice de ella, para estupefacción del resto de capos, que es "diez veces más adictiva que la marihuana".
Y la parodia adopta aires de profecía cuando en un capítulo de la serie vemos que, en el futuro, Lisa se ha convertido en presidenta de Estados Unidos. Bart, que se ha convertido en una especie de posthippy reciclado y bueno para nada, le pide: "Legalízala de una vez...", y Lisa concede.

Homero y los estados alterados de conciencia
No es sólo la marihuana. Homero siente atracción irresistible hacia los estados alterados de conciencia. Y no me refiero sólo a la combinación narcótica de cerveza Duff, sillón y televisión quemaneuronas, que por sí sola daría para otro artículo, sino a experiencias psicodélicas y místicas. "¡Drogas! Conocen mis debilidades", dice Homero cuando unos isleños del pacífico le preparan un té con hierbas. Es en esa misma isla donde se aficiona a lamer sapos alucinógenos, que le dilatan las pupilas y le inducen un estado contemplativo. Esos isleños, acostumbrados a vivir entre drogas, sucumbirán en cambio a las tentaciones del alcohol que Homero introduce en la isla, y que hasta entonces desconocían. Les vuelve violentos, adictos y asociales.
Por otra parte, uno de los más elaborados viajes místicos que aparecen en la serie es el que tiene lugar cuando Homero, en la Fiesta Nacional del Chile, degusta unos explosivos chiles picantes de manicomio guatemalteco. Transportado de inmediato a un paisaje psicodélico, Homero inicia un viaje chamánico. Se le aparece una tortuga, su animal totémico, que lleva escrito en el caparazón: "Sígueme". Homero se impacienta siguiendo un animal tan lento, y acaba acelerando el viaje de la tortuga con un tremendo patadón que la manda por los aires.

Homero como narcotraficante
Al margen de sus experiencias con drogas, legales e ilegales, Homero es a menudo quien, de manera activa, contribuye a difundir las sustancias psicoactivas entre los ciudadanos de Springfield. No podemos olvidar un gran invento de Homero, el "tomaco", el resultado de mezclar semillas de tomate y tabaco en una misma plantación y abonarla con residuos radioactivos. El resultado fueron unos tomates que contienen nicotina y que resultan tremendamente adictivos para quien los prueba una sola vez, tanto que las grandes multinacionales farmacéuticas pugnan por robarle la patente genética. En otro momento mezcla una cosecha de peyote que sus primos cultivaban para su autoconsumo con unos zumos de fruta que se distribuyen por la ciudad. Resultado: todo Springfield tiene experiencias alucinógenas.
Homero es también el inventor de un cóctel tremendamente adictivo, el "llamarada Moe", cuyo ingrediente secreto es "jarabe para la tos, marca Krusty". Dado que el componente tradicional de los antitusígenos no narcóticos es el dextrometorfano, lo que el célebre cóctel provoca es el conocido coloque por DXM. Aunque, dado que el jarabe es de la marca Krusty, bien conocida por su publicidad engañosa, bien podría tratarse de codeína, un opiáceo presente en jarabes para la tos. En otro episodio, Homero y su padre se convierten en distribuidores de una sustancia afrodisíaca, fabricada clandestinamente en una bañera, y que deja al Viagra en mantillas. La gente les quita de las manos la sustancia hasta que empiezan los problemas con la ley.
Pero cuando de manera más directa se enfrenta Homero a la Prohibición es cuando se convierte en traficante de bebidas alcohólicas, en el momento en que, rescatando una vieja ley del pasado, Springfield adopta la "ley seca". Homero entonces se convierte en un adalid de la libertad de emborracharse y se dedica a distribuir alcohol de contrabando, arriesgándose a sufrir la pena que la ley impone en estos casos: ser expulsado del pueblo mediante una gran catapulta, una ley no demasiado más absurda que nuestras actuales legislaciones antidroga.

Marge y sus coloques
Marge no se queda atrás en cuanto a conductas adictivas. La hemos visto beoda en varias ocasiones, así como víctima de la ludopatía cuando se legaliza el juego en Springfield. Cuando los servicios sociales se les llevan a los chicos, tras pasar un test de drogas da positivo de crack y PCP. Ella afirma que se trata de un error y afirma ser adicta sólo al amor a su hijo e hijas ("Love for my Son and Daughters", y dice: "Sí, sólo necesito un poco de LSD". Corresponde claramente a un viaje por ácido la experiencia de Marge en la cocina al beber un vaso de agua contaminada durante una pugna entre vecinos en Springfield. La cocina empieza a derretirse ante sus ojos y los electrodomésticos parecen cobrar vida. Marge, reconociendo la experiencia, exclama, entusiasmada: "¡Oh, otra vez se escurren las paredes!"

Los pequeños de la casa: Bart, Lisa y Maggie
De la pequeña Maggie sólo conocemos una adicción, su chupete. Eso sí, el episodio donde más activa se la ha visto ha sido precisamente cuando lideró una rebelión de alumnos en la hiperestricta guardería donde requisaban los chupetes a los críos, para que no dependieran de ellos.
Lisa, durante un viaje al parque de atracciones de la cerveza Duff echa un trago del agua por la que están navegando en una atracción, lo que le hace perder del todo la conciencia, entra en un estado de delirio etílico durante el que ve danzar elefantes rosas, en una parodia de la escena de Dumbo en que el elefante y el ratón se emborrachan, y se cree la reina de los lagartos. Por otra parte, sabemos que durante una experiencia en un tanque de aislamiento sensorial experimentó intensas alucinaciones.
Bart, por supuesto, no se queda corto, y en alguna ocasión ha bebido más de la cuenta. Es por culpa de que las cámaras de televisión le filman borracho que la sociedad de Springfield se ve en la obligación de restaurar la "ley seca". En otra ocasión, Bart y Milhouse se atreven a probar el "Fresisuis especial", sólo azúcar, del minisúper de Apu, y sufren una sobredosis de glucosa que los vuelve hiperactivos.

¿Es eso todo?
En absoluto, la lista de referencias es interminable. Krusty se declara por dos veces adicto al Percodan. El señor Burns está encantado con sus pastillas contra el dolor que tienen por nombre Te Daré Amor, y en otro episodio se declara adicto a la morfina. El abuelo Simpson vende las pastillas que debe tomarse a adictos necesitados. Durante todo un episodio Bart aparece bajo los efectos del Focusyn, una parodia del Ritalin, un fármaco profusamente recetado por los médicos para tratar a niños hiperactivos, pues favorece su capacidad de concentración. Barney, el borrachín del pueblo, se bebe en un episodio el contenido de dardos tranquilizadores para animales. Los doctores inhalan sus propios anestésicos. El dentista comparte el ácido nitroso con toda la familia Simpson y acaban todos con la risa tonta. Y podríamos seguir y seguir...

Conclusión
Los Simpson, es sabido, son una imagen deformada de la sociedad norteamericana y, por ende, de la nuestra. Al igual que se satirizan en sus episodios prejuicios como la homofobia, el fanatismo o la pasión por las armas de fuego, se parodian también las percepciones, los miedos y los deseos ocultos que las drogas provocan en la sociedad. Lo que hace tan real a Springfield es que las drogas y lo psicoactivo existen y, por tanto, se muestran. Por contraste con el mundo triunfante de lo políticamente correcto, donde las drogas no existen y donde nadie necesita colocarse, Los Simpson equivalen a un soplo de aire fresco. Desafío a encontrar un producto televisivo destinado al consumo familiar y ampliamente seguido por niños, jóvenes y adultos, que contenga tal cantidad de referencias al mundo de las drogas y que plantee cuestiones referidas a la Prohibición con la causticidad con que lo hace ésta. Colegas, os espero en el bar de Moe.

*Publicado anteriormente en la revista Cáñamo (España).


En el siguiente enlace podrás encontrar más textos sobre la prohibición de las drogas, las razones, reflexiones en torno a ello, reacciones y demás, del mismo autor: "Sobre drogas y libertad".

viernes, mayo 11, 2012

De artistas bohemios y alcoholesencias


Por José Eduardo Aguirre

Lo que provocó en Van Gogh tal arrepentimiento que se fue a su casa para intentar un suicidio que sólo llegó a cortarse la oreja en terrible mutilación. Gauguin le abandonaría por esto en la casa de Arles, marchándose posteriormente a pintar las bellas aborígenes de la isla de Tahití. También se dice que el famoso poema referente al cigarro nació al calor del ajenjo en conversaciones de la amistad entre Manet y Mallarmé, el poeta visitó a su entrañable amigo pintor todas los días durante una década en su estudio. Después de su clase en el liceo, Mallarmé iba a pasar la tarde en casa del pintor, y estos dos espíritus refinados que se comprendían y se compenetraban plenamente sostenían conversaciones interminables. Lo único que rompió esta amistad fue la muerte de Manet, tan sentida por el poeta que en 1884 escribía a Verlaine: “Durante los últimos diez años he visto todos los días a mi querido amigo Manet, cuya ausencia me parece ahora increíble”. Evoquemos los versos de Mallarmé: Toute l’ame resumee/Quand lente nous l’expirons/Dans plusieurs ronds de fumee/Abolis en d’autres ronds. / Atteste quelque cigare/ Brulant savamment pour peu/ Que la cendre se separe/ De son clair baiser de feu. Traduzco: Toda el alma resumida/cuando lenta la consumo/ entre cada rueda de humo/ por cada rueda abolida. / El cigarro dice luego/por poco que arda a conciencia/ la ceniza es decadencia/ del claro beso de fuego.
En México, extraordinarios literatos han defendido el alcohol; por ejemplo, Efraín Huerta, quien sentenció en uno de sus famosos poemínimos: Jamás se dirá de mí/ que nunca cumplí/ con mi beber.
Escuché alguna vez al ‘Rayo Macói’ Rafael Ramírez Heredia en una de las sesiones de su taller literario en Coyoacán que Juan Rulfo al dejar de escribir habría comenzado a beber. Quizá. No lo sabremos a ciencia cierta porque citar a Rulfo es un verdadero enigma. Lo cierto es que se encerró a piedra y lodo, se volvió hijo del silencio en su casa de Coyoacán, vecino de Fernando Benítez quien vivía enfrente y que contaba: ‘Recuerdo que cuando visitaba a Juan lo envolvía una niebla de humo de cigarro en su biblioteca’.
Han existido grandes bebedores: Francisco Elizalde, Alí Chumacero; vaya poetaza este Alí. Hace ya varios años de un homenaje que se le hizo en Morelia. Moderaba yo una de las mesas de poetas y constantemente me interrumpía bajita la voz el poeta: ¿Ya van a acabar? ‘No maestro, todavía falta.’ Luego, otra vez: ¿Ahora sí ya van a acabar?  ‘Ya mero maestro, nada más falta Marco Antonio Regalado y ya’. Cuando Marco terminó su lectura volvió a preguntarme: ¿Ahora sí ya terminamos? ‘Ahora si, maestro. ¡Acabamos!’  ¡Ah bueno, entonces ya vámonos a chupar!!- me dijo,  y estalló en sonora carcajada.
Efectivamente, aquella noche chupamos con Alí Chumacero a morir en ‘Las Mercedes’ y todavía creo que la seguimos después en la calle.
El alcohol ha sido homenajeado en el arte de tipo comercial, baste recordar la botella del Tequila Centenario diseñada por el creador de las Torres de Satélite, arquitecto Luis Barragán.
En el siglo pasado el centro de la Ciudad de México se distinguió por ser el núcleo de célebres cantinas, desde la tradicional tepachería ‘La hija de los apaches’ (Guardería de pulques finos), hasta el bar ‘La Opera’ que reunió a reconocidos literatos: Juan José Arreola, Juan Rulfo, Renato Leduc, Carlos Monsiváis, Octavio Paz, Vicente Leñero, José Agustín, Jaime Sabines. Platicar con el veterano periodista Hugo Martínez, andariego de estos lares actualmente radicado en Morelia y refugiado del Bar Casino se vuelve un homenaje al ‘Sábado Distrito Federal’. Iba de cantina en cantina auspiciado por sus amigos, quienes invitaban tragos al periodista pobre; entre ellos Arreola y su gran amigo Renato Leduc.


En Morelia fue de gran celebridad en la década de los setentas hasta principios de los ochenta, el sitio conocido como ‘La Capilla’, ubicado en las inmediaciones del templo y el mercado del Santo Niño en el centro de la ciudad. No fue cantina sino más bien lugar de esparcimiento gremial, siendo cronista de esta época el gran Rafael Gama. En su libro “La Capilla y sus bohemios”, relata que el destacado personaje fue un tipo al cual se le conocía con el mote de ‘El diablo’ pero tenía varios apodos: Chamuco, Coyote de San Jasmeo, Lucifer, Vampirín, Luzbel, etc. Se cuenta que de entre los famosos parroquianos a este recinto del dios Baco, húbo un doctor que curó a un desahuciado que había ido a Houston buscando alivio a una extraña enfermedad del hígado. Pues lo que no le hallaron en Houston con sus eminencias vino a curarle aquel médico capillense con unas “pastillitas”, lo que causó el asombro y la admiración de todos los asiduos a La Capilla.
En La Capilla era chupe oficial el Tequila Cuervo y en el patio había un busto del Dr. Ignacio Chávez, un baño y camastros para amortiguar “las pedas”. Solían curárselas en las carnitas del mercado del Sto. Niño, o la seguían allí mismo e iban a visitar las casas de los amigos “pa’ la coperacha”. Fue tan célebre con tantos personajes conocidos que en alguna ocasión enviaron patrullas reportando a la XEI ‘Micrófono Abierto’ que en ese lugar se hacían escándalos. Luego resultó que los patrulleros iban a ese lugar a beber, pues aquí se daban cita: músicos, artistas, licenciados, políticos, periodistas, profesionistas, etc.
Al Colectivo Artístico Morelia solían llamarle “Alcoholectivo” por las borracheras de sus integrantes: José Luis Rodríguez (quien hace ya unos años que se volvió abstemio), Carlos Oseguera, Carlos Arenas q.e.p.d, Juan Iriarte, Emeterio Payá Valera q.e.p.d, Heriberto Guzmán, Gilberto Ramírez q.e.p.d. y otros más quienes le entraban duro al chupe. De la época un poco posterior a la bohemia cultural festiva del colectivo me hice amigo de Emeterio Payá Valera (quien llegó a México procedente de España en los años treintas, siendo uno de los famosos ‘Niños de Morelia’ que fundaron el internado España-México). Contaba: por Lalo Aguirre “el chaval” conozco casi todas las cantinas de Morelia. Tenía razón. Lo llevé al Artista Jr., a El Oasis, a El Juguete, al Marle, al Bar Casino, a La Enramada, incluso a cantinas en los arrabales de la ciudad como El Saturno y La Iguana.
Al calor de las pedas Emeterio llegó a evocar su memoria de la España Republicana, el dolor del exilio y el sufrimiento que le provocaba su propia familia el incomprenderlo en su historia.
El poeta republicano Pedro Garfias vivió en Morelia una temporada, del cual Emeterio me contó: Pedro llegó un día a la casa de un amigo suyo a dormir, pero iba acompañado de un perro callejero que le había seguido durante el día. Su amigo viendo al compañero de marras, dijo ‘el perro no puede entrar’. A lo que el poeta respondió: ‘Entonces nos vamos porque vengo con el perro y si no hay lugar para mi amigo, no hay lugar para nadie’. Y se fue. Pedro Garfias murió de tristeza por el dolor que le provocaba el exilio. En Morelia escribía sus poemas en las servilletas de las fondas donde podía comer.
De memorable historia son ‘Los Precios de México’, lugar del que me precio haber sido su cronista en la despedida. Y es que reunió a personajes de la talla de Pito Pérez (¿ah, verdad? pa’ los que crean que fue invento de José Rubén Romero), Ramon Martínez Ocaranza y Pablo Neruda. Antes cantina funcionó como “chelería” camuflada de esquina abandonada en las calles de Abasolo y San Cristóbal Ecatepec, allá a mediados de los años ochenta durando hasta finales de los noventa. Rogelio, su dueño, a quien llamábamos ‘Roger’, fue el gran protagonista de este otróra entrañable sitio de México.
Y como el tiempo y el espacio es efímero para seguir evocando recuerdos mejor aquí le paramos, esperando que lo aquí expuesto pueda servirles de material para alguna pronta ‘convebencia etílica’.
Me despido porque ya me seco. 
¡Salud y buena fortuna! –dijera otro gran ebrio, amigo y pintor moreliano q.e.p.d : Manuel Sordo.

*Texto e imagen publicados en la edición impresa #23: Alcohol(icos) & Borrachos.