El
quinto mandamiento de
Rafael Lara
Arnulfo Valdez Oleta
Me
encontraba en Culiacán, Sinaloa cuando me invitaron a una sala del MASIN (Museo
de Artes de Sinaloa) a ver una película gratis. Cuando el nombre del filme
desbordó por una de las bocas, intuí que era una película gringa gore. Sin
embargo, para mi sorpresa, era una mexicana y del mismísimo cine nuovo mexicano. Así pues, emocionado
entré a la sala para ver y extraer de la película algo que contar hoy para esta
su querida columna 8mm.
La
película trata de un asesino serial (Víctor), que tiene problemas psicológicos
gracias a los tratos recibidos tanto en su casa como en la iglesia de su
pequeño pueblo de parte del padre. Lo que caracteriza a este asesino es que es
un feminicida, ya que quiere eliminar todo rastro de lujuria en las féminas,
puesto que le enseñaron de pequeño que el deseo sexual era malo. Para lograr su
cometido, el asesino gana la confianza de las mujeres usando el único talento
que la vida le dio, que fue el dibujar; dibujaba a sus presas y se las mostraba
para luego ya sabemos qué.
Debo
decir que la película está buena, pero no tan buena, está como diría mi colega
y amigo Martín García: dominguera. La trama es buena, las actuaciones no están
hiperbolizadas, muy buenos encuadres departe de la fotografía, la banda sonora
adecuada al tema, el maquillaje ni se diga pues hicieron un trabajo excelente.
Entonces, ¿Por qué no es tan buena? Por su predictibilidad. Fue en algunas
secuencias muy predecible. Me llamaba la atención que las personas de tercera
edad que estaban sentadas detrás, sin pena, revelaran lo que iba a pasar
después, lo cual nos causaba a todos en esa pequeña sala un poco de gracia.
En
cuanto a los personajes, sólo uno fue el que estuvo de más. El único que me
hizo ruido fue el detective. Típico personaje estereotipado de hombre malo y
duro, pero en esta ocasión domado por las riendas del alcohol a causa de la
muerte de su hermana. Un personaje totalmente inútil ¿por qué? No hizo nada en
toda la película, lo que sí hizo fue dejar la botella que por inercia todos
sabemos que estos personajes están predestinados a dejarla para un bien
(Júzguenlo ustedes mismos).
Volviendo
al filme, trata dos temas: el religioso y el psicológico. Aquí el que predomina
es el psicológico y no una demanda tal cual al pederasta religioso. Claro, el
detonante es lo que el padre le hizo de pequeño a Víctor, mas todo el desastre
es un problema mental del protagonista lo cual dejará liberar a través de una
oración y no con ayuda médica, tal cual lo hacen las personas que se niegan a
recibir de ésta porque refutan su enfermedad y se sienten más cómodos el
liberarse de culpas ante algo sobrenatural.
Aunque
“dominguera”, sí la volvería a ver en la comodidad de mi casa. Por lo general,
se las recomiendo, por algo hice esta reseña. Así que, por favor niños, ¿ya
estudiaron los 10 mandamientos?



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