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jueves, junio 20, 2013

Cosas del ruido

Ilustración: César Castillo Carrillo


Por Esther Galindo


“Estos eran dos amigos que venían de Mapimí…”
Los Cadetes de Linares


Lo particular de los fines de semana familiares era el sonido de rancheras y norteñas que salía del patio trasero de la casa. Todos cantaban a media voz: una mujer ebria se unía al coro de “un rinconcito en el cielo”. Cuando aquella mujer decidió cambiar la cinta de Ramón Ayala por una de los Cadetes de Linares se dio cuenta de que alguno de sus hijos grabó “girls just wanna have fun”, de Cindy Lauper encima.
El quejido del acordeón y los pequeños soldados que brincan en la tarola, junto con un canto monótono definieron gran parte de mi niñez. Las historias de las canciones eran, en su mayoría, perturbadoras: El recuerdo es el esqueleto de las borracheras. La música norteña que intenté desterrar infructuosamente tras considerar que se vuelve depresiva y manipuladora regresó a mí con fuerza, cumpliendo entonces con el Hado familiar.
Mi familia se dedicó a viajar por el Estado dando clases y teniendo hijos. Llegaron a lugares que mueren de secos y en los que dudo, haya habido agua alguna vez. Cuando dejaron la docencia se convirtieron en visitantes regulares; dejaron amistades que debían mantenerse e hijos muertos de deshidratación.  
El ruido va de la mano con la festividad y con el duelo. Durante las bodas, los bautizos, y los días de los santos. El ruido de las bocas cuando mastican, de las cucharas estrellándose en el fondo de los platos ¿cuál es la diferencia? Música es silencio. La melancolía es callarse un rato mientras la obsesión regresa como una oleada de lumbre.
Los pueblos en Durango tienen la capacidad de hundir a cualquiera en cierta contemplación derivada de la tristeza.
El uso de la cerveza para apaciguar los calores jamás fue bien visto en mi familia, extrañamente no eran raras las botellas de ron, coñac, tequila José Cuervo y mezcal en la casa. Incluso el alcohol para curaciones y una botella de refresco al lado. La música que ocultaba todo el arsenal etílico venía de la XEDU. Los corridos se transmitían incansablemente, los mismos día tras día. La publicidad anunciaba gallinaza, hueseros, tractores.
Cierto día, un familiar impostado decidió casarse un día de julio, cuando el calor hace mella en la carne de cualquiera. La boda se realizó en un lugar desolado, cuya gente aprendió el arte de odiar desde temprana edad (aquí debo agregar que el odio se inocula eficazmente en lugares aislados, como este). Nos fue bien, el clima tuvo misericordia; llenó la noche de aullidos y de un frío que casi congela los adobes de las casitas. El matrimonio terminó dos años después. Murieron en la carretera tras ser acribillados.
Las noches en la sierra traen consigo una música que se aprecia mejor cuando se está dormido. Lo mismo sucede cuando la calle se vuelve insoportable a mediodía: el sonido está allí, nunca deja de estar. Lo sientes cuando recién sales al mundo una mañana desolada. Los autos continúan con su marcha, las poquísimas aves que quedan trinan esperando la muerte. Los cables de la luz se mecen y silban.

miércoles, febrero 20, 2013

Yo, me meo en Borges.



Por Pablo Paniagua

 
“El Borges hablado, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas, y también el de los ensayos y las críticas, siempre me ha parecido pobre, y más bien superficial. En Argentina me citaban a menudo como excelentes las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre sufría una decepción. Aquello sólo era literatura, y ni siquiera de la mejor.” 
Witold Gombrowicz
 

Augusto Pinochet y Jorge Luis Borges
Así de fuerte suena: “Yo, me meo en Borges”. He de reconocer que soy punk. “No hay futuro” gritaba Johnny Rotten, y estoy de acuerdo con él. Miro a mi alrededor y comprendo a la perfección Del inconveniente de haber nacido de Emile Cioran. No hay futuro, eso lo tengo claro, y para expresar dicho sentimiento me meo en Borges, en el pedestal donde le tienen como si fuera un dios, como perro callejero; y también me cago sobre su broncínea imagen, con corrosivo excremento blanco de paloma. Y es que Jorge Luis Borges encarna la tradición de una “cultura oficial” semejante a una excrecencia del sistema fracasado que nos gobierna: icono que ahora me permito derribar.
Detesto al Borges que apoyó con vehemencia a las dictaduras militares de Argentina y Chile; condeno al Borges clasista que miraba con desprecio a los obreros y trabajadores que sacaban adelante a sus familias con sueldos de miseria; censuro al Borges apegado a la élite institucional y cultural de su país; no me gusta el Borges continuador de una tradición literaria sin rupturas; maldigo al Borges incapacitado para escribir una novela; me avergüenzo del Borges sumiso ante las faldas de su madre, al Borges con complejo de Edipo; no me gusta el Borges impotente sexual, el asexuado, el que nunca supo comprobar la humedad de una vagina; rechazo al Borges formal y modesto en apariencia, el hipócrita de voz tierna, el Borges simulador que al final nos desenmascara Bioy Casares; desprecio al Borges ataviado con saco y corbata, con el atuendo de la formalidad, el que ya siendo un adulto pedía permiso a su madre para llegar tarde o salir con una mujer.
Reconozco que Jorge Luis Borges escribió cuentos maravillosos, pero en su producción no todos alcanzan dicha excelencia: en ellos se distingue la misma estrategia repetida hasta la saciedad, el truco y el artificio, la pirotecnia. Borges fue capaz de escribir los mejores cuentos pero también los peores, tanto como el mismo Aleph que lo representa: una mediocre narración con un final para asombrar a los tontos. Pero incluso, ahí, la crítica no condena ese monumento de cartón piedra: la percepción de un escritor sobrevalorado. Si la figura del intelectual contemporáneo se significa por su independencia frente al poder, cuestionar la realidad, capacidad de disentir y generar corrientes de opinión, en Borges predomina lo contrario, pues él personifica al escritor sumiso ante el poder, el que acepta los convencionalismos sociales, el cobarde que rechaza el sexo, el escritor de buena factura estilística que se vende al sistema para justificarlo, o sea, el antiintelectual perfecto. Si otros escritores miraban hacia fuera, hacia el mundo para explicarlo o analizarlo, viendo la creación literaria como un canto a la libertad, Borges, por el contrario, se canta a sí mismo, sólo especula con las ideas rechazando cualquier posición crítica, para así asumirse como el escritor de la oficialidad, razón por la cual a Borges se le ha perdonado todo: sus coqueteos y alabanzas para las dictaduras militares de derechas, las que proponía, como teórico de lo abismal, para todo el continente Americano y acaso para el mundo. A Borges, repito, se le ha perdonado todo, no como a Ferdinand Céline por su antisemitismo y muy a pesar de haber escrito un monumento literario como Viaje al fin de la noche, donde asume el papel del intelectual genuino que tanto molesta al poder.
“Yo, me meo en Borges”, insisto. Soy punk y prefiero la otra tradición, la que siempre cuestiona, la que se enfrenta al poder, la mal portada, la directa, la inconformista, la iconoclasta… Prefiero a Franz Kafka con sus novelas inacabadas, a Henry Miller durmiendo al cobijo de un puente en París, a Antonin Artaud en el manicomio, a Allen Ginsberg redactando Aullido bajo los efectos del LSD, a Jack Kerouac de viaje hacia California por la Ruta 66, a William S. Burroughs quemando en una cuchara su dosis de heroína, a Jim Morrison en éxtasis sobre el escenario, al profeta Bob Marley con sus canciones de amor y paz, a Johnny Rotten gritando “no hay futuro” y al replicante albino de Blade Runner muriendo bajo la lluvia.
Cuando te enfrentas a Borges como lector te deslumbra, pero cuando lo haces como escritor descubres sus trucos, sus debilidades de estilo, y la tan mentada “inteligencia borgiana” se transforma es una pose, una simulación bien disfrazada, pues esa inteligencia de desploma con el Borges antiintelectual que justifica, con razones míseras, superficiales y torpes, a las dictaduras militares de derechas que pisotearon la democracia y la libertad. Yo, me meo en Borges. Viajo hasta el cementerio en la ciudad Ginebra, allí donde está enterrado, y lo hago sobre su tumba. Soy punk. Prefiero mil veces a Omar Viñole con su vaca y sus escritos irreverentes, y al Witold Gombrowicz marginal con sus rupturas experimentales diciendo: “Maten a Borges”.
Con este escrito sé que importuno a las mentes convencionales, pero no voy a permanecer callado, prefiero mil veces seguir meándome en Borges una y otra vez, seguir escribiendo lo que siento y pienso, a pesar del parecer de los alienados por el sistema y su cultura oficial. “A mí, no me dan gato por liebre.”

viernes, diciembre 21, 2012

Ojalá alguien cuide de mi poni


Mauricio Orozco Vázquez


Ayer, como a eso de las 9 de la noche, estaba poniéndome una buena peda con un par de amigos en casa del Pitirijas, ya saben, había que ir entrando en calor para las fiestecitas del fin de año. Con tres caguamas encima y unos buenos tanques de mostaza ya todo comenzaba a darme vueltitas. Me levanté de mi asiento a petición de mi vejiga, encaminándome con paso tambaleante a miarbolito y, después de descargar un prolongado chorro del dorado líquido de los dioses del orinimpo, me dispuse a lavarme las manos; pedo-pedo, pero limpio. De pronto, me percaté que en el espejo del baño comenzó a formarse una figura nebulosa, y antes de que pudiera descifrar qué chingados estaba pasando, ya había un rostro nítidamente dibujado. Era como el wey del espejo de la bruja en el cuento de Blanca Nieves, pero este estaba prieto y traía en la cabeza una madre parecida a las chingaderas que se pone Alejandra Guzmán en sus conciertos. Inmediatamente se dio color de mi cara de “qué putas”, y cuando vio que iba a salir hecho la chingada, y antes de que mis patitas reaccionaran, me dijo:
-Mira, cabroncito, mírame bien, soy un pinche Maya, y de los chingones, no creas que cualquier mamada. Me dieron oportunidad de advertirles a veinte humanos que en realidad el mundo, ese pinche mundo hermoso en el que yo mismo habité, pero que ustedes han convertido en la mierda más culera del universo, efectivamente se va ir a la chingada. Al saber esto, mi plan fue avisarles a algunas personas que yo consideré que disfrutarían al máximo este último día, que estarían con sus familias y les demostrarían todo lo que las quieren. Pero ya estoy muy cansado de andar como pendejo apareciendo en todas partes, y además me parece bastante interesante saber qué hará en su último día un pinche fracasado borracho como tú. Regresaré mañana mismo, justo unos minutos antes de que todo se vaya a la chingada, para que me cuentes lo que hiciste y ver si valió la pena quemar este chance contigo. Siéntete libre de hacer lo que quieras, al fin ya nomás te queda este día. Apenas terminó de decir eso su rostro desapareció súbitamente del espejo.
“A la verga”, pensé. Salí del baño y le conté a mis amigos, pero traían una risueña de aquellas, y contándoles yo lo que me acababa de suceder se cagaban de la pinche risa hasta que se les salían las lágrimas. Los mandé a la mierda. Me chingué un buen buche de chela y salí a pensar qué iba a hacer. Un día anterior había recibido el pago de mi quincena, tenía suficiente dinero como para comprar una buena dosis de chelas, pero para qué putas quería dinero si podía hacer lo que se me ocurriera sin necesitar esa mierda que tanto daño le ha hecho a la humanidad.
Llegué a mi casa; estaba sola como siempre –como estaba yo siempre que estaba en ella-. No les contaré todo el desmadre que hice ahí porque eso es perder tiempo, sólo les diré que a las 12 de la noche exactamente, justo empezando el día de hoy, ya estaba yo bien preparado para disfrutar como nadie el último puto día del mundo. Salí de mi casa con un disfraz de payaso, uno que había utilizado el año anterior en una obrilla de teatro a la que me invitaron unos cuates. Ya bien disfrazado, como todo buen pendejo que se enfrenta a su último día de existencia, preparé una lista de las cosas que pretendía hacer.
Salí a la calle y detuve al primer taxi que pasó.
-Bájese a la chingada.
-No me haga nada, por favor. –Exclamó el taxista sin quitarle su pinche mirada aterrorizada a mi pistolita (de agua).
-Que te bajes, putito, déjate de jotadas.
El chofer descendió del vehículo cagado de miedo y yo me monté frente al volante con la pinche arrogancia más cabrona del universo. “Ja-ja, pendejo”, y presionando el gatillo de mi fusca, me aventé un chorrito de whisky en el hocico. “¿Y ahora qué?”, me dije a mí mismo. Saqué de entre mi pinche peluca de colores la listita de las cosas que iba a hacer y me quedé viéndola. La leí de principio a fin y determiné que eran puras mamadas, pero al fin qué, no creo que nadie en su último día de existencia vaya a planear quedarse a ver películas en su pinche casa o a dormirse temprano para que el apocalipsis lo agarrara bien descansadito.
Para que vean de lo que les hablo, les mostraré las acciones que más o menos contenía mi listado y que, valiéndome verga todo, realizaría para poder desaparecer feliz.
1.- Disfrazarme de payaso (tenía que estar vestido de algo que representara la alegría de saber que, junto conmigo, se iba a morir toda la pinche basura de la humanidad).
2.- Robar algo, preferiblemente un vehículo para poder hacer el desmadre.
3.- Gastarme el dinero de mi quincena en una putita bien sabrosa (esto no era nada nuevo, pero de todas maneras se me antojó hacerlo en mi pinche último día de vida, ¡ps´-qué-chin-ga-dos!).
4.- Chingarme a la zorrita en el taxi, vestido (de la mitad pa´arriba) de payaso, estacionado frente a la casa de mi ex, mientras le gritaba que chingara a su reputa madre.
5.- Pedirle matrimonio a la prosti, y si me decía que sí, decirle que era broma, que si no veía mi pinche cara de payaso. Cagarme de la risa en su cara, meterle todo el varo de mi quincena en el brassier, y acto seguido, aventarla del carro en movimiento y largarme por unas chelas (robadas).
6.- Quemar el vehículo en el estacionamiento de alguna tienda departamental, juntarme un nutrido grupo de indigentes y regalarles una buena dotación de bombones para que los asaran con el fuego del coche (no conseguí más que tres weyes; se acabaron los bombones antes de poder decirles que tenían que asarlos. Ni pedo.)
Después del punto seis, mi lista ya no era una lista como tal, sino una serie de actividades desordenadamente pendejas en las que pretendía consumir toda la mañana y la tarde de este día. Decía más o menos lo siguiente:
“Robarme un poni. Pintar el poni de rojo y dirigirme, montado en él -cual quijote de la mancha-, a la calle principal del centro de la cuidad a piropearme a cuanta mamacita se me atraviese en el camino. Largarme antes de que la policía me la haga de pedo. Dar un rol por todo el centro cantando alguna de las rolas más culeras de Amandititita. Irme a tragar como cerdo para luego vomitarlo en el atrio de la catedral. Eructar, cagar, dormir (un ratito nada más), pistear, blasfemar, fumar y hacer el resto de esas cosas deliciosas que hacemos y que se consideran como actividades negativas, de mal gusto o desagradables. Romper cristales, jugar maquinitas, hacer bromas telefónicas e improvisar el mayor número de pendejadas que puedan ocurrírseme.”
Hice la mayoría de esas cosas sin que nada ni nadie me lo impidiera y al final, ya como a eso de las 11:30 de la noche, vi una vinatería con un putero de botellas bien cabronas en el exhibidor. Era raro, ya estaba cerrada pero las luces aún estaban encendidas. Me trepé como simio por un poste, subí al techo, rompí un cristal de la parte superior y, cuando intentaba jalarme una botellita de Black Label, perdí el equilibrio y rodé hacia adentro, cayendo entre los estantes hasta estrellarme en el piso. Qué buen putazo me di, además, un chingo de botellas se cayeron y terminé bañado en una mezcla extraña de whisky, vidrios y sangre.
Y ahora estoy aquí, con una pierna rota y escuchando cómo los policías intentan forzar la cerradura para entrar por mí. Estoy tirado en el piso, disfrazado de payaso, con vidrios clavados en todo el cuerpo y sobre un charco de sangre con alcohol, pero pisteando bien a gusto y, para ser sincero, me vale verga lo que el resto de la humanidad esté haciendo en este momento. Faltan diez minutos para que sean las 12 y del pinche maya ni sus luces, creo que ese wey fue una simple alucinación provocada por toda la mierda que me metí ese día, pero al fin y al cabo, se termine el mundo o no, para mí ya todo ha acabado. Feliz fin del mundo, culeros, y si no se acaba pues… Ni pedo. Ojalá alguien cuide de mi poni. 

*Texto extraido del libro-antología "Adiós mundo cruel; las historias más bizarras antes del fin del mundo", editado por Clarimonda Drunk Ediciones, 2011.

jueves, agosto 16, 2012

Espera la primavera, Bukowski


Guillermo Fadanelli


"Bukowski 4" _ Soid Pastrana
Cuando un hombre comienza a llorar otro está secando sus lágrimas. Encontré esta idea en una obra de Beckett: las lágrimas son inmutables porque existen los hombres necesarios para hacerlas eternas. Cioran afirmó también, en uno de sus ingratos aforismos, que los hombres conocemos el mundo no a través de conceptos sino a partir de las lágrimas. En Escrito del subterráneo, Dostoievski llega a una conclusión infame: "Estoy convencido de que el hombre no renunciará jamás al verdadero sufrimiento, es decir a la destrucción y al caos. Porque el sufrimiento es la única manera de tomar conciencia de las cosas." Tenemos así, en palabras de tres escritores, la descripción de un mundo que no conoce la dicha más que de manera efímera. Por el contrario, si una constante parece imperar en la vida de los hombres es la angustiosa presencia de la muerte. Si consideramos que las palabras antes citadas contienen algo de verdad nos encontraremos ante una pregunta en sí imposible de responder: ¿tiene sentido continuar viviendo? Pese a la imposibilidad de una respuesta certera sólo un cretino o un estúpido respondería a esta pregunta de manera afirmativa. En cambio, cuando concluimos que no tiene sentido continuar vivos podemos encontrar varias maneras de afrontar este destino. Una de ellas es viviendo a la deriva como un observador curioso que si bien es pesimista con respecto a las cuestiones trascendentales, dedica su tiempo exclusivamente a sobrevivir o a explorar placeres desconocidos. Se me han ocurrido estas vaguedades a raíz de la literatura de Charles Bukowski, quizás el escritor estadounidense más vapuleado de los últimos años por la crítica que se denomina a sí misma seria. Sé que ésta será la última vez que escriba sobre un autor que me ha apasionado desde tantos años atrás (leí mi primer libro de Bukowski apenas rebasados los veinte años, cuando más indefenso se encuentra uno frente a la literatura). No tiene caso profundizar en un escritor cuando no es sencillo establecer con claridad las fronteras que debe imponerse cualquier imaginación que se respete: cuando uno transgrede estas fronteras comienzan los excesos subjetivos que llevan al escritor estudiado a la hoguera o a la coronación. Convertir a un escritor en un santón es un asunto penoso no sólo para la memoria del escritor sino también para la literatura.
"Bukowski 1" _ Soid Pastrana
El entusiasmo que me causaron los libros de Bukowski puede describirse de manera sencilla: si un relato es capaz de conmover una sensibilidad hasta el colmo de la envidia entonces la literatura es sin duda un asunto importante. Ya Philippe Sollers había escrito con sumo desparpajo que una de las características más evidentes de la literatura es la necesidad de apropiación que suscita. En el caso de Bukowski, esta necesidad de apropiación se manifiesta de manera inmediata. Uno desea ponerse a escribir relatos a la manera Bukowski hasta que cae en la cuenta de que es enteramente imposible. Se trata de una trampa para las sensibilidades más burdas: creer que la verdad se encuentra en lo evidente. Una vez que se ha entrado sin prejuicios en el desolado universo que habitan sus personajes, no existe marcha atrás. Me sucedió en los tiempos de mis primeras lecturas cuando el lector no desea lecciones formales sino una inspiración para continuar en la vida con un mínimo entusiasmo. Si bien en las obras de Bukowski las escenas tienden a repetirse o los personajes se expresan con palabras corrientes, no hay en sus libros ninguna narración prescindible: cada una de sus historias representa un instante en el que la sensibilidad se empeña en devenir, en hacerse presente, en ser. Poniéndolo en palabras menos arrogantes puede afirmarse que en las obras de Bukowski las palabras no suprimieron la vida (si entendemos como vida una pasión que no puede controlarse). Creo que ésta es una de las razones por las que es célebre entre los jóvenes o entre quienes consideran la literatura un arte esencialmente romántico. ¿Pero qué significa arte romántico? A falta de espacio para divagar hago mías las palabras de un romántico por excelencia, Federico Schlegel: "Las obras que para el artista no poseen tanta realidad y personalidad como una amante o un amigo, hubiera valido más que no se escribieran." Como en lo personal sigo creyendo que la literatura no progresa, no avanza en línea recta, no posee un fin determinado, la sentencia de Schlegel continúa siendo precisa: no tiene caso escribir libros cuando no es absolutamente necesario.
Los paisajes amorales descritos por Charles Bukowski pueden causar entra tantas otras reacciones, dos fundamentales: o una repugnancia sincera consecuencia del encuentro con un mundo desconocido, o una aceptación inmediata relacionada con la conciencia de que habitamos en un mundo sin principios morales. Esto no significa que una obra así pretenda convencernos de nada: no existe en este escritor ninguna necesidad de sermonearnos; no tañe las campanas de ninguna iglesia por más que muchos se hayan convertido en sus acólitos. Música de cañerías contiene un relato memorable en cuanto que allí se encuentra una de las más claras vocaciones de Bukowski: su desarraigo moral. La breve historia narra un día en la vida de un hombre que recién ha perdido a su padre. Este hombre se encuentra en la casa que perteneciera al difunto cuando repentinamente los vecinos comienzan a hacerse presentes. Sus mustias condolencias van acompañadas de miradas curiosas que hurgan en el mobiliario de la casa. Tal parece que el hombre no tiene interés en conservar ningún objeto pues apenas una mujer hace elogios de un cuadro se apresura a ponerlo en sus manos: "puede quedárselo", le dice. Así comienzan a desaparecer desde las sillas hasta la cubertería. Un vecino recuerda que el muerto guardaba una caja de herramientas a cambio de la que ofrece varios dólares. En unas horas la casa va quedándose vacía. El hombre no opone resistencia a la rapiña hasta que una persona se atreve a poner sus ojos en una botella de whisky. Entonces exclama: "¡Que nadie se atreva a tocar el whisky." Desde hace más de una década leo de manera esporádica este relato sin que en ningún momento la historia me haya parecido tediosa. De una manera extremadamente sencilla, Bukowski bosqueja una escena más de la soledad humana: hombres sin padres, ni hijos, ni dioses que prometan cunas celestiales: sólo los vecinos dispuestos a entrar a nuestras casas para arrebatarnos nuestras pertenencias: para comer incluso de nuestras entrañas. En las páginas escritas por Bukowski los hombres sobreviven en empleos mal pagados e inmundos o viven en minúsculos departamentos donde las paredes son tan delgadas como el cuerpo de una ostia. Esos mismos hombres involucrados en conversaciones ridículas o en riñas sin sentido pasan las horas en un bar alardeando sobre mujeres que jamás se irán con ellos a la cama. Las mujeres carecen de misterio porque son miradas como pañuelos donde arrojar el semen. Así es, en las obras de Charles Bukowski el erotismo no tiene lugar pues su espacio ha sido ocupado por un sexo bárbaro sin intenciones amorosas: las pulsiones no requieren una explicación ni mucho menos un escenario humanista para expresarse. 
"Bukowski 5" _ Soid Pastrana
Es enorme la distancia que separa a Bukowski de escritores malditos como Baudelaire o Henry Miller en cuanto estos escritores son considerados artistas: su maldad es ante todo un bien moderno. En cambio, Bukowski no parece interesado en construir una obra encaminada a minar el bien para en seguida sumarse a una tradición literaria que le es indiferente (por más que Shakespeare sea el centro de sus insultos): es sólo un animal sensible con un cuaderno en la mano. Sus narraciones austeras no son representaciones de un mundo creado en la imaginación sino descripciones a veces exageradas de una cotidianidad callejera: las putas no se encuentran en estos cuentos para mostrarnos que la prostitución es en esencia una santidad, sino porque Bukowski no se cansó jamás de acostarse con ellas: no inventó a sus personajes sino que se sirvió de la literatura para describir un mundo que habitó hasta el cansancio: "me oculté en los bares porque no quise ocultarme en las fábricas." Carente de reivindicaciones sociales sistemáticas, Bukowski no requiere teorías para saber que los obreros son esclavos modernos: no desea ser como ellos ni moverá una mano para salvar a nadie. Tiene sentido emplearse varias semanas en una fábrica sólo a condición de reunir unos dólares para sobrevivir: pagar la renta, comprar cerveza y conseguirse una puta. En El tiempo de los asesinos, Henry Miller escribió que un genio en busca de empleo es uno de los espectáculos más tristes del mundo: el genio va asociado a la ausencia de comida. Para Bukowski, los empleos no son precisamente el calvario que debe atravesar el genio para manifestarse. En todo caso son escollos que uno debe salvar para seguir respirando. No encuentro esa conciencia del genio en Bukowski por más que sus personajes espejo y él mismo sostengan que Bukowski es el escritor más importante que vive sobre la tierra, como lo afirma en un relato de Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones: se trata más bien de un alarde propio de perdedores que de una provocación común en un genio consciente de su importancia. Las novelas que escribió Bukowski son por lo general relatos extensos que contienen las mismas obsesiones afloradas en sus poemas: el menosprecio por el otro en cuanto éste se presenta siempre como un enemigo o como un aliado pasajero; un hedonismo propio de moribundos; la romántica certeza de encontrar arte en los extremos de la experiencia; el cáustico humor de los condenados a muerte; en suma, la expresión de un ser desarraigado que elige la escritura como un efímero placer para practicar en soledad. Encuentro estos rasgos en casi todos sus escritos excepto, quizás, en Pulp, una novela única en cuanto se distingue más como un juego hiperrealista o guiñolesco que como una novela autobiográfica a la manera de Cartero o Factotum.
Norman Mailer, un escritor tan distinto a Bukowski, acaba de escribir en su libro más reciente que se puede forjar una carrera con la idea que los demás se hacen de ti mismo. Cuando tu nombre se vuelve bandera para unos cuantos desgraciados —sean miles o millones— no tienes más camino que desaparecer o hacer negocio con tu fama. Bukowski fue mimado durante sus últimos años porque se lo merecía. Sin embargo, no le convencía demasiado la algazara que se provocaba a su alrededor: "La soledad jamás me ha incomodado porque siempre he sentido la necesidad de estar lejos." Hace exactamente diez años cumplió su deseo más genuino: se alejo para siempre de nosotros.

*Texto e ilustraciones del libro “Charles Bukowski Revisited, de Juchitán a Los Ángeles”, cortesía de Generación Publicaciones Periodísticas S. C.


martes, febrero 21, 2012

Los Changungas All Stars o ¿sí dí?


por Carlos Rojas (Caliche Caroma)

Foto: Raúl López Mendoza, tomada del "Cambio de Michoacán"
Habíamos acordado que nos encontraríamos en la tienda de la esquina, allá con Don Acá, quien vende las chelas tibias y los cigarros a $2.50. Ya eran tres meses desde que decidimos formar el grupo de cumbias, la chamba había salido y ahora hasta una combi chocolate nos compramos, así ya podemos hacer giras y una que otra vez sirve de cantón. Al principio nuestras jefas nos dijeron que mejor nos pusiéramos a trabajar como Dios manda, pero no hay que ser, pinches chambas jodidas, nomás puro explotar, está más chingón hacer la music pá bailar. El grupo fue un exitazo,  nuestra primera presentación a media calle, aquí en la Santa Cruz, las morras baile y baile y nosotros que nos las pelábamos pá caerle a bailar con ellas, pero luego, ¿quién tocaba? La neta es que ni tocamos tan chido esa vez, pero la banda ya andaba bien pasoneada y se movían con cualquier cosa, eso sí, se puso mejor cuando nos dimos un gallo con guamas, hasta un rock satánico les tocamos.
Si, ya tres meses, y hoy por primera vez íbamos a tocar en el Centro Histórico, por eso era  la junta en la tienda de Don Acá, teníamos que  ver qué avión con el repertorio, algo prendido y ponedor. Ensayamos cada dos días, ahí en la casa del Pitirijas, de paso nos quemamos a su jefa que está bien buena, nomás no le vayan a decir, es su jefecita.  Querían que tocáramos dos horas, ¡hijos de su puta madre!, dos horas por mil varos, pero algo es algo. Esos gueyes del ayuntamiento, nomás buscando la oportunidad para metértela de a perrito. Según que es para ayudar a las propuestas independientes, como nosotros, que pá salir adelante, ¡hijos de la chingada!, lo único que les sale por delante a esos perros es pura verga. Por mil varos, en la colonia nos pagan cuatro mil la hora, y eso que se están muriendo de hambre. En fin, ya habíamos aceptado, y es que no es lo mismo tocar acá en el barrio que en el centro histórico de la ciudad de Morelia, allí donde siempre hay un puto desmadre de turistas jotos, inspectores babosos y vendedores con permiso para estar chingando.
Todavía me acuerdo la última vez que estuvimos en el centro, cuando fuimos a San Francisco por lo del concurso de Toritos de Petate, agarramos nuestros instrumentos y le dimos al puro estilo de banda mix, junto con el apache, la maría y dos tres teporochos del barrio, éramos la pura sensación, aunque el del torito andaba bien tinaco y se le echó encima a una viejita que nomás iba pasando. El pedo del saco fue que la banda de otras colonias no querían quedarse atrás y se hicieron los madrazos, nos robaron los instrumentos, pero nosotros nos robamos otros, a mano. Esta vez no será así, pondremos a bailar a toda la raza con los puros exitosos pegajosos y no habrá competencia, bueno, los payasos cholos, la mafia de los viejitos bailadores y esos tamboreros de la cerrada de San Agustín. Acá tenemos algo más chido. Y es que aunque son tres meses, nos sabemos todas las cumbias sabrosonas: la del garrote, la de los luchadores, Simón, suavecito suavecito, quién pompo, el listón de tu pelo y un chingo más. Hasta unos regueetones nos aventamos, las de Dady Yankiee y una que otra de Calle 13 y Amandititita. Y si les cuento que nos pusimos a componer unas rolas, y que nos sale un hip hop bien chingón que lo hicimos cumbia, dice más o menos así:

Todo el cielo cae en mi espalda
Tranquilo, despacio, me forjo la calma,
No hay nada de malo con este vicio.
Son sólo los otros no entienden el ritmo.

Destapa la tella, saca las caguamas,
El bla bla de la banda no quita las ganas,
Hay mucha gente muriendo en el mundo,
Con esto del hambre yo ya no me apuro.

Mota, coca, alcohol,
Dios y las fantasías
Así es aquí afuera
Paga que nadie fía.

Cómo la ven, chida, ¿no? Así es bandita, con algo de suerte y hasta en el canal de las estrellas salimos, o mínimo en el de acá de Mugrelia. Chale, ya es bien tarde y estos gueyes no llegan, seguro se están haciendo bien pendejos en sus chantes, ese es el pedo con la banda, no se aplica. En la última tocada el de los teclados llegó bien crosti y que se guacarea en medio vals de los quince años, hijo de cinco putas, el papá casi nos corre, si no es porque la quinceañera se metió por nosotros nos hubieran corrido a la verga. Ya al final de la fiesta tuve que darle su regalito a la muchacha, qué cosas tiene la vida. Pero eso sí, ora sí les voy a decir que nada de andarse cruzando, o pedos, grifos, cocos, chemos, pastillos, chaqueteados, cogidos o lo que sea, pero nomás una cosa a la vez, porque es el Centro, la meritita Plaza de Armas. Aunque la neta siempre será mejor tocar para los tuyos, para tu raza, y no a esa bola de fresquis bon que se la pasan dando vueltas a la plaza, a ver qué hay.  ¿Cómo se llama el grupo? Los Changungas All Stars. ¿Sí dí? Y aun no han llegado, sirve que me echo otra chela.

*Texto  publicado en la edición impresa Clarimonda #22: Barrio.

miércoles, diciembre 28, 2011

Masturbada Miada


por Rocío Boliver (Congelada de Uva)

Pequeños Ajustes. Evento: Festival “Actos Extremos”. México, City. El Under. Año: 2008. Foto: Fátima Nosano

Puta…
¡Sí, puta madre! ¡Cómo me prende mear a la hora de andarme chaqueteando!
Comienzo mentalmente por negarme a orinar las pantaletas.
- No, no te vayas a mear, mamita. No, chiquita,  no te hagas de la chis en los calzones; no seas cochina, mami, no te andes escurriendo de la chis.
Ya bien caliente aprieto la panza y nomás siento como unas gotitas se deslizan por mi vulva.
- Ay nenita ya te miaste! ¡Otro poquito, tu puedes...apriétale, nena!
Y aprieto hasta sentir un chorrito que se escurre hasta las nalgas.
¡Ah! nomás me revuelco todita cuando me mojo y otra vez me digo que ya no, pero ¡cómo que no!
Mi vientre se contrae para soltar chorritos de miados.
Las pantaletas absorben los miados pero me empiezo a preocupar por que la pipí traspase mi ropa y luego las cobijas de la cama y moje el colchón.
Como sé que ya va estar cabrón detener la chaquetiza de a miados, me desvisto de la cintura para abajo,  agarro una sábana y la acomodo sobre la alfombra de tal modo que yo quede de rodillas frente a la cama, apretando mi vientre contra el ancho del colchón dejando caer mi pecho sobre la cama.
Con las nalgas al aire, bien paradas y las piernas juntas me chorreo más y más para sentir la caída de la pipí por entre mis muslos.
¡Coño! No se porqué pero que pinche vuelco de sensaciones ¡no mames, riquísimo!
Me retuerzo en la cama y me sigo meando para que la chis ahora baje en libre caída hasta mojarme las pantorrillas y los pies, para sobarlos y embarrarme todo el cuerpo.
Me pongo de pie y con las manos y brazos me masajeo las piernas empapadas y me sigo meando batiéndome el cuerpo. Quisiera caminar chorreándolo todo, pero no quiero ensuciar, me acuesto de espaldas y pongo la sábana bajo mis nalgas y ¡huelo! Respiro profundo para sentir el olor fuerte, rancio... Aprieto más fuerte y un chorro que me brinca hasta la cara, me hace gemir y sacar la lengua muy afuera hasta sentir como se jala el frenillo bajo la lengua… la espalda se me arquea.  - ¡Ya te measte, mi vida, ya estas bien mojadita chiquita! ¡Cochina, límpiate los meados, marrana, puerca, ya te ensuciaste, sucia!
Necesito limpiarme bien, lo mejor que seque la sábana mojada, para que el lubricante que me sale de la vagina esté baboso, porque si no, con la miada no resbalan mis dedos sobre el clítoris y se atora la sobada.
Tengo que estar limpie y limpie la miada porque se sigue saliendo y se mezcla con los fluidos y los dedos no deslizan bien.
Ya que no aguanto, me ensarto por el culo un desodorante ancho y largo y brincotéo sobre mis nalgas con el improvisado dildo que sale y entra con los sentones y me digo en voz bajita -¡Órale mamita, chorréate rico, mami, mójate todita, échame tus miados , suéltate un chisguete, culito rico; empápame, mi reina.
Dejo salir el chorrote de orines, me retuerzo todita mientras me vengo y el desodorante se escurre saliéndose del culo que se abre grande, grande, grande con tamaña venidota. ¡Aghhh!

*Cuento publicado en la edición impresa de Clariminda #24: Aciditos, sección "Campo Nudista".

martes, marzo 02, 2010

Soportar un mundo canalla

Foto: "Briagoberta". Francisco E. Muñóz


Por: Alfonso Morcillo

Iniciaré este texto diciendo que es de mañana y que bebo una cerveza. Abrí el refri y lo único que había era una par de cervezas. Una botella de tinto lucía vacía sobre la mesa. No tengo resaca. Creo que estoy un poco lúcido.
Luego de salir a comprar el periódico y desayunar regreso y me siento aquí y continúo la escritura. Pienso en el alcohol y en mí, en nuestra relación de ya más de 20 años.
Hace un par de días Juan Villoro hacía una apología de Bajo el Volcán, de Malcolm Lowry, a 100 años de su nacimiento.
Hace un par de meses Nexos editó un número especial sobre alcohol.
Hace un año colaboré con unos textos en una antología en homenaje a Bukowski llamada Borrachos Fest.
Hace un par de años la revista Generación editó un librito llamado Alcohol y creación en el que incluyeron una crónica mía sobre la cantina Orizaba, en el dizque barrio chino de la ciudad de México.
Hace unos días vi a un amigo, flaquísimo. Dicen por ahí que está enfermo del hígado y que quizás pronto muera. Sus padres mandaron a por él y él se gastó el dinero del vuelo en más alcohol y seguro drogas.
Hace un par de años, ya casi tres en realidad, me detectaron esteatosis. ¿Qué cosa rara es eso? La enfermedad previa a la cirrosis. También conocida como hígado graso, la esteatosis tiene tres niveles, leve moderado y severo. En los casos severos la cirrosis es inminente junto con todas sus derivaciones.
Varios de mis amigos beben hasta el hartazgo. Los miro. Yo me cuido, solo un poco.
He dejado el vodka y el tequila y el whisky y el mezcal para ocasiones excepcionales. Bebo cerveza y tinto un par de veces a la semana y no 6 de 7 días como hace unos años.
Hace poco, en la celebración por el aniversario de la editorial Alamadía dieron mezcal Pierde almas. Con eso terminé por perder la ecuanimidad que tenía. Luego de un rato en que perdí la noción regresé en mí y tuve alucinaciones. Como si me hubiera comido un peyote o metido un ácido. Veía el escenario a lo lejos, como flotando, repleto de plantas que colgaban. Una alucinación creada con mezcal.
No les cuento la resaca del otro día. Mi resistencia y tolerancia alcohólica han disminuido. Ignoro la evolución de mi enfermedad pues he dejado de comer alimentos grasos y garnachas y como más verduras y bebo más agua.
Pero si he de ser sincero debo confesar que extraño los días en que podía pasar ebrio hasta una semana manteniendo la lucidez y el paso recto. Podía escribir y leer con una cerveza en mano, ver películas, salir a caminar, ir a fiestas sin perder la compostura.
El día de hoy sigo admirando a quien puede mantenerse caminando de manera recta al salir de una cantina con 2 mil pesos menos. Admiro la lucidez de quienes escriben desde su ebriedad y la claridad de sus ideas expresadas al hablar sin que se les trabe la lengua.
Admiro la resistencia de sus hígados y páncreas y riñones. He pensado en que debería haber trasplantes de hígado por riñones en intercambio. Yo te doy un riñón sano a cambio de un hígado.
Estando sobrio he padecido las peores pesadillas. Se me han incrementado las neurosis y los padecimientos por estrés. Sobrio me alejé de muchos amigos, aunque ebrio perdí a otros tantos. No he sentido aquello de que tienes amigos sólo cuando pones los tragos y cuando estás en la miseria ni quien te invite un taco.
Si calculo vivir 70 años estoy a más de la mitad de mi vida. Será bastante tortura y castigo tener que pasar otros 32 años sobrio. Tendré que irme buscando la forma de soportar a este mundo canalla desde la sobriedad. O mejor aún. Buscar el modo en que permaneciendo ebrio y lúcido muera de manera rápida y pronta, expedita. Pero eso no lo decido yo, en todo caso. Que el alcohol guíe nuestros pasos, y no precisamente al matadero.



*El texto y la foto vienen inclúidos en el número 23-"Alcohol(icos) & Borrachos" de la revista Clarimonda -soul rebel-, la cual aparecerá próximamente.

sábado, noviembre 28, 2009

TIRANDO BARRIO ESE!

Alí Torruco
[Morelia, Michoacán]


“Nomás pica, lica y califica
¿buscas grapa, toque o arponazo?
¿o quieres un vergazo
tamaño sesenta
y nueve punto g?”


Pura obrera carnal. ¿O eres florecita de la Prados Verdes? Soy del Porvenir de los vatos locos. La aVentura Puente chingándote a pedradas. Tierra y lodo conectando, sacando y ponchando. El Punhuato sacándote la sangre del hocico. Soy el viento que se regresa en La Chole cuarta etapa. A veces cantoneo en la Molino y bailo toritos en los edificios afuera de tu casa. Mis hermanas son las putas de la Juárez. Soy Tin Tan y Don Palabras. Soy el santo pachuco padre de los cholos. Tengo una jainita en la Felícitas y otra morra en la Oviedo Mota. Organizo peleas de perros en el callejoncito de tu prima, y cuetazos en los filtros viejos. Soy de barrio hijo. Aquí cabe de todo aunque no nos lata. Cholos en la esquina. Cholos bajándote el varo. Cholos tirándote de la bicicleta. Cholos a la salida de la secu. Cholos amargándote la sopa. Piedra barata. Cristal en los baldíos. Todos salimos. Nos raspamos. Nos rajamos la madre. Trabajamos de macuarros y jugamos trompo, fut y burro flete. Almorzamos con Buñuel en el menudo de la esquina. Aquí el rey del barrio se chinga un tequila triple con la maldita, antes de que empiecen los trancazos. De Ciudad Juárez a DF. De Tijuana a La Patagonia. Putazos en Tepito. Razzias en La Lagunilla. Balazos en la Doctores. Chingadazos en el Cerro de la Campana. Trancazos en la Recoleta de Buenos Aires. Metralla en las Favelas. Parceritos muertos en Bogotá. Panas jodidos en Maracaibo. Homies caídos en Los Ángeles. Grafitti en tu pared recién pintada. El barrio somos la mayoría. Ratones de campo transformándose en ratas urbanas. La flota. La palomilla. La banda. La raza. La clica asesina. Del barrio los ojetes. Del barrio los gandallas. Del barrio los niños en la escuela rayada. Del barrio los que quieran serlo. Del barrio enjambres de taxistas. Del barrio la carne de cárcel. Del barrio los historiadores. Del barrio los actores. Del barrio los artistas gráficos. Del barrio los médicos. Del barrio las revas para la banda. Al barrio caen puercos y sorchos por todos lados. En el barrio madrizas y más madrizas. Acá aprendes o aprendes. Musiquita en el king kong. Bailongo en la chil@nga Guerrero. Sonidero nacional en la regi@ Independencia. Ya llegó su pachuchote. El barrio se mueve con todo y fiestas. Barrio bravo. Barrio podrido. Barrio pobre. Barrio parranda. Rancheras y regeeaton a todas horas. Cantinas y tienditas pa disimular. Barrio de cumbia. Cumbia poder. El pueblo al poder. Cumbia de la paz. Paz que hace falta. Poder para la paz. Paz carnalito. Paz. El barrio rifa loco.
(Texto incluido en la edición no.22 de Clarimonda 'Barrio')

sábado, mayo 30, 2009

DE TRIPEOS A DEBRAYES!!!


WHAT IS THE FUCKING PROBLEM?
Tripeos & Debrayes
Manuel Noctis
(Tortillería Editorial)
Mayo 2009.



El nuevo libro de Manuel Noctis, once relatos breves que lo conforman, entre anécdotas con tintes sexosos, disparates en torno al ser, relaciones materiales y anecdotarios pre-adolecentes. Todos manejados con un lenguaje nada rebuscado, mucho más coloquial, a veces hasta vulgar, pero ¿cuál es el jodido problema de escribir lo que escribo? Pareciera decirle al mundo nuestro autor con este libro.
Así como él mismo menciona “cuando la banda se tripea y se debraya, esto es lo que sale…”, no hay marcha atrás.
Clarissa Raaveli
LA RESACA AFTER PARTY
Manuel Noctis


Siempre lo mejor de una buena peda, pero de esas pedotas bien tripeadas, es el día siguiente. El after with after party. Cuando te despiertas después de haber dormido tan solo tres o cuatro horas, con la sensación aún entre las piernas porque te cogiste a la morra de la casa, a su prima o a una de sus amigas que andaban ya bien pasoneadas. En ese momento que la cabeza esta de puta madre y los ojos que te arden machinzote. Luego te das cuenta que tu camarada con el que llegaste ahí ya no está, que se fue tal vez pa’ no embarrarse en el rollo, por que resulta que el muy cabrón escuchó todo el coge&coge, grito&gritos, ¡Chale! Lo chido es que aún siguen dormidos los demás y aprovechas para huir de ahí, pero antes, recabrón que hasta te das el lujo de dejar bien tendida la cama, o en el otro extremo de los casos, recoger las cobijas del suelo y dejarlas bien dobladitas, o simplemente acomodar los pinches cojines del sillón.
Cuando sales de la casa se sacude más el pedo porque resulta que no sabes ni donde jodidos estás, y nuevamente dices ¡Puta madre! Pero eso sí, antes de regresarte a preguntarle a alguien de los que se quedaron que como chingaos sales de ahí, te pones tus lentes negros y te sigues caminando sin sentido, esperando encontrar un lugar reconocible o que te oriente a saber donde andas, para eso uno busca siempre en cada esquina, a lo lejos, una calle donde se vea que circulen varios carros. Cuando te empiezas o orientar y vez más o menos como está el pedo pues te lanzas a tu cantón, go home hommie! Pero en otras ocasiones uno se sienta en donde no pegue el sol, y ahí te quedas un rato(te) como pendejo, pensando en todo menos en como caerle ya pa’ la casa. Se sale uno del trance cuando las tripas te tripean y no solo eso, se deviene con ello una sensación cabrona, la sed maldita, esa que te hizo soñar -lo poco que dormiste- que te bebías las mejores aguas frescas de doña Mary (¿Quién es doña Mary?, no sé) y si traes lana ya chingaste, porque vas a la tienda y en vez de comprar precisamente un agua o una bebida rehidratante, agarras una Cocacola de lata bien fría (el mejor remedio para la sed y la cruda, según don Dionisio, un gurú de la peda severa) pero si no traes varo ¡Puta madre! Otra vez. Tan solo traes como siete ocho varos y todavía hay que agarrar chombi pal chante ¡Verga (con todo y venas)!
Pues ya de rato te subes a la combi o al camión -el pesebre perfecto para desollar el sueño un ratón- inesperadamente comienzas a sentir que te miran y te observan y lo peor, que hablan entre dientes de ti; pero pues como no habrían de hacerlo, si el pinche tufazo a cerveza, charanda, aguacrazy, cigarro, mota, sexo sin condón, perfume barato, desodorante rancio, sudor y demás madres andan recios a tu alrededor, a veces hasta a miados o vómito hueles cabrón ¿Qué no te da pena? Y todavía sínicamente dices: ¡Ah chinga! Me hubiera puesto Astringosol de perdis. Así transcurre el tour entre la bestiandad puritana que ya se imagina lo peor, y que muy seguramente lo que le dice la señora cuarentona a su viejo es: Mira nomás a los jóvenes de ahora, cómo desperdician su vida, hay dios mío, ampáralo. Eso en el mejor de los casos, porque en el peor dirían: Mira nomás ese pinche muchacho apestoso viejo, quesque tan jóvenes y ya perdidos en el vicio, de seguro anda drogado el condenado, dios mío (Aquí ya no te amparan).
Igual tú no te freekeas tanto por eso, porque como aún andas medio pedo y sayqueado te vale madre, lo culero es que de antemano sabes que ese camión en que vas no es el que te lleva a tu casa, sino el que te deja relativamente más cerca, y todavía hay que caminar un chingo; con la cabeza a reventar, el estómago retorciéndose, bajo el sol de medio día ¡No mames! Pero pues ni pedo –dijo el tapado- y le sigues en el vía crisis. Aunque en algunas otras ocasiones suele suceder que te quedas dormido y su madre, hay que regresarse caminando. En esos momentos piensas que igual lo mejor hubiera sido haberle caído a algún compa y que alivianara con unas tortas ahogadas o ya de perdis con unas de jamón con puro pan Bimbo y mayonesa –bate que bate mayonesa- o en el reputísimo caso de que recibes un mensaje en tu celphone de mierda diciéndote: ¡Qué onda chavos! ¿Por qué se fueron? ¡Acá ahorita vamos a preparar unas carnes azadas! Y tú dices otra vez, pero más recargado: ¡La reputa madre que te parió! ¡No mames! Eso pasa por pendejo.
Y bueno, ya estás a unos pasos de tu cuchitril, pero antes de entrar, así como a manera de triunfo porque has llegado, sacas de la bolsa del pantalón el cigarro que te ratiaste antes de salir de aquella casa, pero el culero está roto, le haces al médico y lo recompones o a la vale madre, te lo fumas de a farito, a pelo. Con toda la sed que te cargas y el vacío en el estómago se siente recabrón después de la tercera fumada y mejor lo tiras, o te lo chingas aunque se sienta culero.
Ya para concluir la jornada, te metes a tu chante y lo primero que haces es ir al refri a buscar comida y tomar agua o ir al baño a tirar el miedo. Y meas y comes y tomas agua y prendes la tele o pones música, y ahí estás otra vez, como buey, pensando en infinidad de cosas que cuando dejes de pensarlas se te olvidarán; que si Martita ya compraría su pastillitadeldíasiguiente, que dónde andará el cabrón de tu compa, haces cuentas porque no sabes cómo te pudiste haber gastado los trescientos varos en una noche, y por más que le buscas no das con respuestas, entonces te paras y optas por echarte la dormidita. ¡Ah cabrón, espérense, esa no! Sino que una jetita pa’ descansar, aunque tu jefa ya te esté gritando madres, ¡Queliase! Aún así lo mejor de todo esto es que ya estás a punto de caer en el sueño profundo cuando te levanta un mensaje o una llamada para decirte que la peda ya ha comenzado otra vez y que te están esperando en el centro, entonces te das un shawer o si no chingue su, como pa’ luego es tarde, nomás te cambias la playera, te desodoranteas y ya estás peinao pa’tras, bien pilas para el segundo round.
(Protegido por Creative Commons)

sábado, marzo 01, 2008

De la lectura

DE MOCHILAZO
Manuel Noctis
Esta es la unión de sentimientos.
Son verdades no son cuentos.
Papashanty

Me fui de mochilazo, como siempre me gusta hacerlo. En la mochila cargaba un montón de revistas, mi sleeping, un aparato para escuchar música, discos, varios libros, mi gorra, dos pantalones, una chamarra y tres playeras. El destino era lo importante, el trayecto era lo indistinto. No importaba si me iba por Guerrero, Veracruz o pasar por Oaxaca o Tabasco, el chiste es que llegué a San Cristóbal de las Casas, un Pueblo Mágico del estado de Chiapas. Esta vez sería la definitiva, quería establecerme allá.
Llevaba poco dinero, pero un chingo de ganas de encontrar un trabajo para poder rentar un cuarto de esos que hay allá hasta por 60 varos la noche. Anduve caminando, buscando un restauran, un bar o hasta una panadería donde solicitaran chambeadores. No era la primera vez que iba a San Cris, por eso me movía con mayor facilidad. El chiste es que ese día no encontré nada porque me decían que mi pelo y mi apariencia no me servían para la imagen del negocio y con el dinero que traía agarré uno de esos cuartos. Ese dinero así rascándole machín me alcanzaba fácil para tres días, eso solo para comidas, ya cuando quisiera sacar para las chelas me pondría a vender las revistas.
En las noches rolaba por los bares El Cirko, el Madre Tierra, el Independencia y otros chidos que están por el rumbo. Ahí cambiaba mis revistas por chelas o no faltaba que cabrón ya bien pedo me las invitaba. Un día me encontré con un camarada artesano de Morelia, le di asilo en mi guarida. Al día siguiente el morro se lanzó para Ciudad Antigua, Guatemala. Me dejo unos collares para venderlos y eso me hizo un parote porque saque la renta para otros dos días más.
Esa noche platicando en el bar con el gerente de El Cirko, me dijo que me podía dar chamba, pero que fuera al día siguiente temprano para arreglar todo el desmadre, así quedamos, ya me veía trabajando de mesero y pues me puse a pistear, chela tras chela, y que me agarra la peda, y con los toques de mota que me pongo loco, no supe ni como se armó de pronto el desmadre, el aventadero de sillas, botellas y que me da un madrazo un cabrón y que le entro. Cayó la poli y a varios morros se los cargaron, yo si le alcancé a correr. El gerente del bar me mando a la chingada y por güey ya no traía dinero. ¡Valió madre el asunto!
A la mañana siguiente la señora de la renta iba ir por el dinero. Me salí tempra con mis revistas, a ver si vendía unas aunque solo fuera para sacar los 60 varos de renta, pero esas madres ni se vendían, era más efectivo cambiarlas por chelas. Fui con un compa de ahí de San Cris, a ver si me prestaba dinero. Lo topé en su casa. Me prestó varo para la renta de tres días con la condición de que nos hiciéramos socios para vender galletas de mota. De ahí me empezó a ir de poco madre, traía el puro varo, las galletas rolaban en todos los bares, vendíamos también por encargos y hasta en el mercado. Era toda una red de vendedores y distribuidores de galletas de mota, la banda las conocía como las verdehalago.
Ya tenía como un mes allá, ya tenía banda con la que se hacían las fiestas. Traía una vieja bien buena y bonita. Chida la morra, era de monterrey, era un desmadre, le entraba duro a la mota. Con ella le bailábamos bien cabrón a las cumbiancheras en el Madre Tierra. Nos lanzábamos a los rituales del jikuri y todo el pedo. Para ese tiempo ya rentábamos una casa con otros tres compas -dos morras francesas y el otro era jalisquillo-. Una noche que teníamos fiesta en la casa, llegaron todos los camaradas, tocó la banda Bakte, se hizo un desmadre, liberación sexual, todos quemando, el reggae hasta el amanecer.
Cuando desperté andaba ahí dizque recogiendo la basura, las botellas y todo eso. Noté que el mueble donde guardé el pedido de 100 verdehalagos estaba medio abierto ¡Puta madre, se comieron las galletas! ¡No mames! Creo que hasta yo había comido en la noche y ni cuenta me di. Que pinches iba a hacer ahora, el compa iba a ir por ellas al medio día ¡Vale madre! El morro pues se encabronó, me dijo que me daba chance hasta en la noche para pagarle. Con mi vieja juntamos un varo para llevárselo. El morro se encabronó más y me dijo que en la mañana le diera el resto, si no se mancharían con los dos ¡Chale!, como se podía acabar este pedo. Le dije a mi vieja que me iba ir a Guatemala con mi compa el artesano mientras se calmaba el asunto, que si me acompañaba o que onda, y simón, nos fuimos los dos a Ciudad Antigua.
En Guatemala estuvimos como tres días, casi ni salíamos. El pedo es que allá había conectes con los galleteros y de alguna manera se enteraron que ahí estábamos, no sabíamos que hacer. Un día me topé con dos morros, ya me tenían bien checadito, me la hicieron de pedo y se armó la gresca, ya me andaban dando baje y me les desafané. Le platique a mi morra que me quería ir de ahí, nuevamente le dije que si se iba conmigo, esta vez me dijo que no. La morra se fue a Oaxaca con unas amigas que andan recios en el desmadre de los viaje hongo y yo me regresé a Morelia.
***
EL LLANTO DE LOS PERROS
Daniel Wence



Dormir sobre vidrios es poco. Aquí he conocido castigos de todos tipos.
Cuando llegué pensé que pagar culpas era como pagar cualquier deuda, desconocía el horror, la sangre en abundancia, el llanto seco, el cuerpo mutilado… y me burlé del tiempo y de los castigadores que pasaban horas eternas caminando enfrente de mi celda. Sus pasos eran como manecillas que indicaban hasta cierto punto una fracción del día; me sentía acompañado y, algunas veces, fuerte; pero todo iba disminuyendo, el sonido fue atenuando hasta el punto de volverse nulo, entonces empezó la verdadera tortura.

Hay supersticiosos que advierten que debemos tener cuidado con lo que queremos. Ésos los maté a puñados: les arranqué los ojos para que dejaran de ver más de lo ordinario; les clavé navajas y picahielos en el oído para que no oyeran al alma en pena arrastrando su desgracia en forma de cadenas por la calle; les arranqué la lengua y los obligué a tragarla para que aprendieran a no mentir sobre el infierno y, les deshice el cuerpo poco a poco, y disfruté su sufrimiento tanto, que estaría dispuesto a venderle mi alma al Diablo a cambio de torturar a otro; sólo que el alma la entregué hace mucho sin darme cuenta, lo entendí cuando vi mi cuerpo desabrido y lleno de larvas.

Yo quería que los castigadores se fueran y, hasta oré algunas veces para conseguirlo… pobre miserable como todos, deposité mi fe en la propia fe; quería escapar de aquí, correr, temía que si duraba más tiempo mi cuerpo sería insuficiente para alimentarme. Luego comenzó el crujir de las paredes, el llanto de los perros, el rasguño propio, el vómito de las serpientes y dormir entre veneno y trozos de vidrio.
Juro que traté de mantener mi mente en blanco, pero en un cuarto negro, completamente negro, aislado del resto del mundo uno es capaz de imaginar cualquier cosa, y justo ese fue el error: imaginar, porque todo se volvió cierto.

Distinguía la noche y la mañana porque siempre he sido metódica: estoy habituada a dormir de noche, y a mis víctimas siempre las maté de día; me gustaba ver sus rostros deshechos de pánico, a veces iracunda, otras, benévola, disfrutaba igual.
El castigador me preguntó una vez, mientras me violaba, si disfrutaba la penetración:
-Por supuesto que la disfruto, hijo de perra –le respondí antes de que viniera el verdadero disfrute. Por sus movimientos acelerados y sus gemidos bruscos supe que estaba a punto de eyacular, entonces clavé con fuerza mis uñas y, de un tirón le arranqué el pene, y lo abrí, le saqué las venas, hinchadas todavía del placer con que ese desgraciado me fornicaba; le corté el glande y luego lo abrí en dos:
-Para que comas despacio –le expliqué al castigador-, y no te vayas a morir ahogado con tu propio pene.
Cuando terminó de comerlo le dije que, ahora sí había tenido un orgasmo.

Los ladridos, los gritos, los rasguños, el crujir de las paredes, los vidrios, todo aumentaba, incluso mi pánico.
Si he de ser sincero, debo confesar que disfrutaba mi propia tortura y, en mis ratos de lucidez entendía penosamente que era probable que estuviera enloqueciendo; pero eso a quién le importa, el mundo está podrido de locos, negro de locos. Sólo una cosa me dolía profundamente: no poder mirar desde fuera mi cuerpo mutilado, mis huesos rotos o mi carne arrancada a mordidas, salvo cuando defecaba; hubiera sido un espectáculo por demás gracioso, ridículo, verme inofensivo, incompleto, inútil, durmiendo sobre vidrios y cadáveres, bebiendo veneno de serpiente.

Pero todo acaba. Esa fue, tal vez, la única esperanza, una esperanza sorda y gris llamada fin, una luz finalmente extinta, un muerto enterrado:
Y cuando esté del otro lado, vuelo
Voy a escapar de la muerte
Como se escaba del perro
De la mañana triste
Recordando, recordando
Hasta que todo se esfume
Y la esperanza se haga mito…

Ahora todo parece taladrarnos. Imágenes rojas y opacas se pasean por mis recuerdos, las oigo venir y luego escapan, se funden en las paredes de mi mente, se mimetizan con el sueño y duermen desordenadamente y sangran sin mesura y lloran inconsolablemente y desaparecen, igual que la oscuridad de la celda; nuestro cuerpo incompleto es vergonzoso: en lugar del pene tengo un hueco sangriento que duele como nunca había dolido nada. Ella me explica que tuvo un orgasmo, yo río, satisfecho de verla feliz porque la amo. La tomo por la cintura, la beso larga y delicadamente, acaricio lo que le queda de muslos y bajo mis labios hasta el cuello: su adrenalina me muestra una vena yugular perfecta, excitada, la beso con cariño, luego clavo mis dientes y la arranco.

Nos amamos.

Tomados de la mano nos tiramos al suelo, sobre la cama de vidrios y esperamos… ya no hay serpientes; las paredes crujen y se acercan a nosotros. Qué pequeño es todo ahora. Un enorme reloj cae sobre nuestro pecho. “Desgraciado, casi nos mata, casi nos priva de una muerte digna, poética, como la que todo hombre merece”.
Nuestros cuerpos sangran fluidamente y nos sentimos orgullosos de eso. A lo lejos logramos escuchar el llanto de los perros mientras somos ahogados por nuestra sangre.
Nos amamos.
Textos leídos durante la ceremonia del Convenio con Thiuime. Escritos especialmente para la ocasión y para la banda asistente.

lunes, diciembre 31, 2007

Clarimonda; la muerta literaria


(A propósito de sus tres años)



Manuel Noctis



“Porque la condición del hombre tiene caminos retornables
que nunca pasan por los mismos sueños”

Ramón Martínez Ocaranza



No fue un parto fácil, se complicó tu llegada pero no se tuvo que recurrir a la cesárea. Fue la noche del 25 de septiembre de 2004, lo recuerdo bien, La Mascarada te dio la bienvenida, ahí naciste, entre ruidos de papel y arbustos musicales. Elizabeth Romero fue la primera que confió en ti y quiso ser tu madrina. Nosferatu te presentó ante un público cautivo por tu presencia, Carmilla te auxilió en tu paso inaugural, qué más pudiste haber pedido a tu llegada. Eran tus primeros roces con la sociedad, con tu comunidad. La luna llena extendió su manto, aguardaba con impaciencia tu mirada, era tan esplendorosa como ahora tú lo eres. La melancolía nos invadió esa noche, los que te vimos nacer no pudimos más que admirar tu incomparable hermosura. Titubeaste en tus primeras travesías, algunos desconfiaron de tu presencia y decidieron marchar uno a uno hasta dejar el lugar en soledad, pero llegó Daniel Wence y se acerco a tu lado, te brindó su mano y quiso seguir contigo. Eras tema libre de conversación. Eras tan pequeña y ya querías echar tus alas a andar por los caminos turbios que nos da la vida, pero ello no fue motivo para detenerse y diste el paso hacia la gran ciudad.
Pasaron noches, pasaron lunas, y Saúl Ibargoyen te dedicó tu primer pañal, aunque era de papel y estaba lleno de letras. Te sentiste tan halagada de ello, luego llegó un momento en el que ya no querías continuar, te sentías sola, triste, abandonada, creías que no tenía ningún sentido continuar; preparaste tu despedida y lloramos juntos, lloramos demasiadas veces sin que nadie se diera cuenta, ¿lo recuerdas? Ante esta situación se presentó Yuritsi, esa pequeña luz que relució tu sendero, y te paraste y fuiste por más… cada vez más. Así llegó tu Primer Encuentro con otras como tú, Ciudad Lázaro Cárdenas te acogió en sus olas y Baldovinos en sus brazos. Era un Sueño Colectivo realizado, era el mar, la playa, el sol, tu primer contacto con un mundo exterior.
No contenta con lo que hasta el momento había ocurrido con tu vida te pusiste en armas con bailarinas, con poetas, con músicos, con mimos, con performanceros, y partiste al pueblo que te vio nacer para festejar la llegada de tu primer aniversario, fue un evento lleno de arte y cultura urbana. La fiesta fue en grande, se presentaron tus amigos, tus camaradas y tus primeros colaboradores. Reunida con todos ellos bebiste y gozaste de satisfacción, recibiste varios regalos del Colectivo Sangre de Erato, aunque estos solo fueron escritos.
La fiesta no paró por mucho tiempo, estabas tan orgullosa de haber logrado tanto en tan poco tiempo, una antología de recuerdos invadió tu memoria y se quedaron grabados en tu interior, en tu sangre. Le dedicaste por primera vez una edición a una gran persona, al queridísimo Martín Dozal, quién te empapó con noticias sabias de don José Revueltas, a quien después acogiste como tu maestro y guía, y querías volar, recuerdo bien que querías hacerlo… comenzaste a volar. Estabas al borde de la locura, y empezaste a ser más feliz desde ese instante. La independencia literaria te congregó nuevamente con otros, con otras, con pintores, con músicos, con gente de teatro, con gente que cree en su trabajo y que no le da miedo de-mostrarlo.
Ahí llegó tu segundo pañal dedicado, nuevamente de papel y letras, creo que aun no había de otros, ahora te lo obsequiaba Gaspar Aguilera, un acompañante de vuelo, que ha confiado en ti. En ese momento te entró también la incertidumbre, el hombre te daba miedo, creías que era el ser más despiadado del planeta, creías que era el único capaz de destruirlo todo, y aunque lo sigas pensando así, tampoco te hizo detener el vuelo, y lo confrontaste, tus sueños comenzaron a ser grandes, cada vez más grandes. Visitaste a don Ramón Martínez Ocaranza, te invitó a conocer ciertos pasajes de su vida, le dedicaste otra edición y le reconociste su gran trayectoria como persona y como poeta.
En tu persona, has creído que la muerte es la única que nos dignifica, con ello un fin y un comienzo, y se llegó tu segundo aniversario, varias personas te felicitaron y te dieron regalos, otros escribieron de ti, te tomaron fotos y brindaron contigo. Las bailarinas lo enmarcaron con finas coreografías, tus amigos poetas te recitaron versos, los camaradas de Roots Porhé te cantaron las mañanitas y le dedicaste una nueva edición a esa gran persona que tanto te quiere y te estima, a Jesús Baldovinos. Habías cumplido un sueño.
Los años han creado tu propia identidad, por eso ahora eres libre y caminas sin titubear el paso, por eso difundes y te diviertes con tu erotismo, con tu sensualidad, con tu sexo, sin tema de provocación, o quizá sí. Ahora libre, sola, insatisfecha, loca o sin sentido. Así creer que todo lo es y todo se sabe te llena de incertidumbre, creer que se es como se debiera de ser te provoca irritación, te llenas de odio ante la hipocresía y el despotismo, la banalidad y la injusticia y te levantas contra el sistema, contra la imposición y la intolerancia, para defender y dar guarida a los aguerridos, a los que sí se levantan y alzan la mano -o la voz-, para con todos ellos caminar al paso, juntos, a los lados, no al frente ni por atrás, sino al costado, donde se hace más fuerte la barrera, esa barrera que te llevará de la mano hacia el triunfo, un triunfo bien logrado, ahora que festejamos juntos un pasito más de esta jornada que es tu aniversario, el tercero: felicidades Clarimonda!

Dibujo_Gustavo Santiago López