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viernes, junio 28, 2013

LA MASCARADA: Transeúnte en éxtasis.


Transeúnte en éxtasis

Manuel Noctis


* * *
"Transeúnte en éxtasis" es un proyecto personal en el que voy manifestando distintas circunstancias a manera de aforismo (o simple discurso breve) en las redes sociales que me conciernen. La idea fundamental es poner el dedo en la llaga, dejar en evidencia, ironizar y desacralizar las buenas conciencias, por ello, encontrarán aquí desde cosas tan "serias" como desparpajadas, obviamente algunos parecen haber perdido vigencia, puesto que van saliendo conforma a lo que voy transitando diario... Aquí los primeros de una serie que pareciera continuar.
* * *


#1: Cuando me preguntan las personas el por qué acepté una chamba como reportero en el área de política y no en cultura, les contesto me parece muchas veces más interesante y divertido el circo en la polaca que las vidas de creadores fanfarrones y sus obras mamonsonas.

#2: Hoy por la mañana le cedí en la combi el asiento a una señora anciana y al instante me dijo: "Te has ganado un escalón al cielo joven". Ante el comentario, amablemente le pedí me regresara mi lugar, pues no pretendo ni dispongo de mi tiempo para construirme y transitar ese camino.

#3: Lo que finalmente me saca más de onda es que quienes defienden a las "víctimas" en cualquier conflicto social conceptualicen a sus detractores como gente común, ordinaria o ignorante, solamente por no estar de su lado, como si ellos, por ser hijos del pueblo, tuvieran consciente y elevadamente la razón.

#4: Mujer, nunca lleves a tu novio a un lugar donde terminarás bailando con tu mejor amigo; y tú, hombre, nunca lleves a tu novia a un table donde te bailará alguien que se convertirá en tu mejor amiga.

#5: Finalmente aquellos días universitarios se han esfumado. Hoy la chamba es la que predomina. Pero ¡oh sorpresa! La fiesta nunca termina.

#6: Ya todos mis amigos tienen hijos o se están casando… yo solo miro como crecen sus creaturas, o disfruto de sus fiestas.

#7: Hay quienes están provechando que está el Festival Internacional de Cine en Morelia para irse a comprar una ropas hispsters e irse a sentar al Jardín de las Rosas para tomar una chela, o en su caso un café.

#8: De lo que más me irrita es que por errores de otro uno salga expuesto como "el culpable"... reconfortante es que a final de cuentas se demuestra la estupidez de quien te puso en esa situación.

#9: Uno se cansa de felicitar diariamente a 2 o 3 de los amigos facebookeros por sus cumpleaños… a final de cuentas tanta palabrería festiva para que ni inviten a sus fiestas.

#10: Todas mis amigas de Facebook deberían subir sus fotos de cuando van a la playa… digo, ya que no me invitan, por lo menos ver cómo se la pasaron.

#11: Al más puro estilo DADAÍSTA, me he dado a la tarea de re-Crear un poema erótico-cachondo con algunas frases sueltas, y escritas tal cual, de hombres que suelen plasmar sus virtudes en las fotos de chavas voluptuosas que sólo existen en el facebook, en fin, acá está el poema, al cual he titulado:
ME MIDE 22 NENA, ¿QUÉ DICES?
Que preciosa estas nena besitos
que sabrosa estas preciosa
de donde eres??
estas como para comerte mmmmmmmmmm
quiero conocerte y saber mas de ti estas hermosa
kiero perderme en tu triangulito d las bermudas linda k dises siii???
tienes un pedaso de cola para comerla con majancru
No te ofendas, pero te quiero contratar, para toda una noche de sexo, vino espumoso, tinto, te preparo un salmon espectacular, todas caen con mis atenciones, que dices ?
me mide 22
uuuffff kiero todito eso todito todito muak

#12: En algún momento en mi chamba de reportero me tocó cubrir todas las actividades realizadas por Semana Santa: misa crismal, bendición de palmas, meditación ecuménica, misa de la última cena, vigilia pascual, viacrucis, saetas, procesión del silencio (que si me impactó un poco), más misas de resurrección y de gloria, entre otras. Pero la verdad, sigo pensando lo que un di Nietzsche me recitó al oído: Yo solamente creería en un Dios que sepa bailar. ¡Amén!

#13: Me resulta un poco vergonzoso destapar mi caguama, tomarle unos tragos, mientras a unos cuantos metros de mi oficina las personas de la AA aplauden al que termina de contar su triste historia.

#14: Salgo del restaurante y me dirijo a un OXXO. A mitad del camino me intercepta una señora que promocionaba su fondita. Me dice: "Joven pásale a com..." -interrumpe su discurso y reinicia- "Ah no si usté ya comió". "¿Por qué lo dice'", le pregunto. "Pues porque se le nota a leguas joven", me contesta. Inmediatamente le digo: "¿Qué, me ve usted muy satisfecho?". Y me dice: "No joven, es que todavía trae usté pintadas las boqueras, ¡Límpiece! Y me pasó una servilleta. Fin.

#15: Hay quienes se creen poseedores de la verdad y hay quienes discutimos todas las posibilidades.

#16: Poco a poco voy entendiendo lo que algunos masters me decían: "La diferencia asusta a unos cuantos y aleja a otros tantos".

#17: Todo aquel que no se precie de haber sido censurado o bloqueado en Facebook es un tremendo gilipollas.

#18: Me chocan (sí, me chocan) aquellos editores que ponen en boca de los colaboradores palabras que no son. Sí, cuando en tus artículos exaltan una moción en la que tú precisamente haces lo contrario. Fuck!

#19: No se puede, ni se debe, fingir un orgasmo en un performance, es más, nada se puede fingir, he ahí la gran diferencia con una puesta en escena.

#20: Cuando publico algo que atenta "contra el sistema" o los "poderes fácticos de la imposición", llámese Peña Nieto, Calderón, Televisa o cualquier índole politiquera, muchísimos de mis contactos en Facebook dan like al por mayor y hasta se atreven a complementar la denuncia con un comentario; pero, cuando publico y evidenció las tranzas de la "izquierda" y sus marrullerías o me atrevo a puntualizar un desperfecto de los íconos revolucionarios, pareciera que nadie se pasea siquiera por mi muro. Qué cosas.

#21: Una caguama nunca alcanza para todo lo que uno quiere decir...

#22: La fiesta no es sinónimo de chelas y buen desmadre, aunque mantienen una relación intrínseca, la fiesta es un espacio, un momento de relajación bien cabrón de toda la mierda que se respira en la vida diaria.

#23: Lo que más me gusta es la poesía rompe madres, sórdida; la que te revienta el hocico de un madrazo...

#24: Palabras de un joven preparatoriano escuchadas en la combi: "Algún día tendré un carro, algún día... Algún día también tendré una novia, y la dejaré por el carro".

#25: He escuchado a Los Ángeles Azules desde que tenía cinco años, en mi adolescencia casi me agarro a golpes con un metalero tras cuestionarme porque me gustaban... ahora los niños bien hasta los traen en sus iPods y los jovenzuelos, reporteros musicales, hablan al por mayor de ellos como si se tratase de una banda en ciernes.

#26: Lo mejor de una fiesta de 15 años, ajena a tus familiares, no son las rolas infaltables de Caballo Dorado, ni las morritas destrampadas en pleno desarrollo (como dice una amiga de mi generación); lo mejor de estas fiestas es sin duda el incansable favor que te hacen los meseros cada vez que les pides una copa más. Que así sea por los siglos de los siglos. Amén.

#27: Por mis estudios muchas personas pensarán que soy un ratón de biblioteca, pero no, quienes me conocen saben que en realidad soy una rata de alcantarilla que le gusta pasearse por la urbe.

#28: Aquel niño modosito y bien portado se quedó guardado en la caja de mis primeros Converse.

#29: Uno voltea a ver el último tarro de cerveza de la noche, con esa fragancia y espesor que le caracterizan, de antemano sabes que no hay más, no habrá más allá de lo que pensabas; bebes hasta el último trago y comienzas a pensar que todo ha terminado.

#30: Una caguama servida en vaso no es caguama, es un simple trago que atiende a cualquier mortal.

#31: En mi casa recibí valores. En la escuela recibí valores. En la calle aprendí de valores. Pero de la bolsa de valores no he recibido hasta el momento ni madres.

#32: Uno ve los comentarios que la gente publica al pie de las notas de los diarios y se da cuenta del grado de estupidez que permea en ellos (no en los diarios, en las personas).

#33: Qué chistoso es ver a algunos de mis amigos-contactos hablando de valores humanos, jóvenes encarrilados por la cultura y alejados de los vicios, la mala vida y la delincuencia al mismo tiempo que le dan like a páginas de boobs-pics, nude girls y cosas por el estilo.

#34: En la tele hay fútbol y ya están comentando que lo odian, sale Peña Nieto a decir una pendejada y ya están comentando algo al respecto, los policías madrean a manifestantes y son los primeros en postear su repudio... Ah, pero eso sí, jamás los he visto en la presentación de un libro, en alguna lectura poética, en el concierto de una banda local, en la proyección de algún documental o colaborando con los proyectos alternativos de la ciudad. Qué cosas no.

viernes, mayo 17, 2013

LA MASCARADA: Breve acercamiento y especulación con la música.



Breve acercamiento y especulación con la música

(O de cómo nunca supe tocar un instrumento)


Manuel Noctis



Tenía 14 años cuando recién me mudé a esta ciudad tan puritana y mocha de la cantera rosa –que se jacta de su Patrimonio Histórico y su sentido intrínseco cosmopolita-. Bandas como Metallica, Megadeth, Iron Maiden, Therion, Cradle Of Filth, Slayer, Sepultura, Pantera, A.N.I.M.A.L., Moonspell, Dimmu Borgir y muchas otras más corrían por mis venas. Solía escuchar a diario el programa Decibel de Juan Carlos Trejo (ahora un buen amigo), y digo solía porque ahora no puedo por razones de trabajo y horario. Regresaba cada fin de semana al rancho que me vio crecer (Téjaro) para tomar caguamas Indio (en ese entonces muy sabrosas) en la casa de mi amigo Gera o en la azotea del buen Vitocho, acompañados siempre de buena música con amigos como Juan Manuel, con quienes discutíamos, conversábamos y compartíamos las novedades musicales y discográficas del momento.

Mi vida pre-adolecente terminaba y también el ciclo escolar secundariano. El desmadre con los amigos de la escuela (la Secundaria Federal #4, J. Guadalupe Salto), la altanería, el cinismo y el orgullo propio de quien se decía popular aquel entonces me llevaron a perder un año posterior a mi salida de la secundaria. Español e inglés las materias reprobadas, motivo de burlas y humillaciones, como cuando un amigo me dijo: Si reprobaste inglés y español es porque no sabes ¿entonces qué idioma hablas? (obviamente me lo dijo en otras palabras y con otra carga semántica). Yo me ruboricé y no hice más que seguir la carrilla.

Un año perdido, ¿qué había sido de aquel hijo de papá que en todo lo que se le presentaba había destacado? ¿A qué se dedicaría entonces un joven imberbe como yo en un espacio-paradigma al cual mis padres, hermanos y familiares no se habían enfrentado jamás? Sin duda se trataba de un rotundo fracaso inexplicable por la carga metódica y persuasiva que cargaba yo a cuestas y eso, era difícil de entender en un entorno académico consagrado (mi papá maestro, ahora con más de 38 años de carrera, y 5 o 6 tíos dedicados a la docencia, aunado a la excelsa carrera académica con promedio de 10 de mis hermanas).

Pues músico y estrella de rock quiero ser, me dije hacia mis entrañas. Me vestí un pantalón negro de pana entallado, una camiseta de manga larga de Metallica y sobre puesta una playera de Nirvana, tomé la guitarra de palo escrito que mi padre solía tocar en sus fiestas más representativas con amigos y desconocidos y me dirigí a la Casa de la Cultura. Curso de guitarra para principiantes con un costo de 150 pesos era lo que tenía en puerta. Me aprendí el círculo de sol, canciones como las mañanitas, Wendoly y otras más que apunté en una libreta que aún conservo. Hasta el requinto de Nothing else matters de Metallica (que todo joven con guitarra practica) estaba aprendiendo en esos días. Pero la maestra, de cuyo nombre no recuerdo pero que después supe tocaba en una banda llamada Tupac Amaru, se dio cuenta que mi ritmo era otro, a mí me gustaba “la música del vómito”, como solía decirme (por aquello de lo gutural). Y me retiré muy pronto de esos ambientes, aunque no se me olvida del todo la figura de una mozuela que diariamente (el curso lo tomaba todos los días) se paseaba por mi salón y al verme me lanzaba una leve sonrisilla curiosa (¿qué habrá sido de ella?).

Nostálgico, melancólico, abatido y damnificado por lo que a mi alrededor se comentaba sobre mi situación, decidí refugiarme en mi cuarto, el cual compartía con mi hermano Erick. Teníamos una litera. Yo dormía arriba y él abajo. Pero ese es otro asunto (hasta parece que lo extraño al cabrón). Y en esos trances que muchas veces mantenía en solitario (cuando no se encontraba mi hermano) opté por la investigación musical de bandas, disqueras, festivales y demás –en torno a la música, valga la redundancia- que me movía en aquel entonces (y que aún me sigue poniendo machín). Fue así como llegué al disco Cruelty and the beast de Cradle Of Filth, el cual, en sus canciones, hace una remembranza a la figura de Elizabeth Bathory, condesa sangrienta con parentesco cercano a Vlad Tepes, emperador/empalador del cual Bram Stoker se basó ampliamente para escribir su multicitada obra de Drácula.

Leyendo la biografía de esta banda descubrí que sus letras se basan en textos de autores como Baudelaire, Nietzsche, Sade y otros más. En una visita al pueblo, recordando que mi padre tenía una pequeña biblioteca –la cual destrocé ante mis encantos-, me dispuse a buscar entre su repertorio libresco algunas obras de interés. Ahí encontré libros como El crepúsculo de los ídolos y La genealogía de la moral de Nietzsche, los cuales me devoré rápidamente y a mi manera (una vez un master me dijo, cuando le confesé mis primeras lecturas, que mis locuras se debían precisamente a ello, al haberme adentrado en obras que “para mi edad”, estaban cargadas de supuestos y aseveraciones que me contrariarían toda mi vida… no se equivocó) y de ahí me adentré a otros como las Narraciones extraordinarias de Allan Poe (en su honor la oficina Clarimondiana lleva su nombre) y otros más.

Me decidí a escribir. Pero como yo pretendía ser músico, mi intención era crear canciones, entonces en alguna ocasión, lo recuerdo bien, me acerqué a mi padre (espero lo recuerde) y le dije (mi padre es músico, tiene más de 35 años como cantautor y compositor): Oye papá, ¿para hacer una canción primero escribes la letra y después le pones la música, o primero haces la música y después le pones la letra? Él me dijo que podía ser de ambas maneras, entonces corrí de nuevo a mi cuarto (mi guarida) y con una sonrisa en el rostro reinterpreté una canción de una banda que se llamaba Oxido, de la cual no recuerdo de dónde era ni nada al respecto (pero era de metal). Contento porque había escrito mi primera rola llamaba a distintas estaciones de radio y comentaba mi afición por la creación de rolas, cosa que seguramente a los titulares de aquellas estaciones les provocaba algo de risa.

Seguí escribiendo durante ese año, pero había un problema, no aprendía por ningún lado a tocar siquiera la flauta (alguna vez le comenté a alguien que fui parte de la banda de guerra de mi escuela, pero no, ni siquiera el tambor sabía tocar, hasta la fecha). Entonces decidí que lo que hacía, por las lecturas de libros de autores como Ramón Martínez Ocaranza, Baudelaire y otros, era algo emparentado con la poesía y sí, me hice “poeta” (poeto, o puto mal versado). Un diez de mayo, atrevido y confrontado con mi realidad le escribí un poema a mi madre, el cual conserva en un cuadro maltrecho (pero con todo su amor de madre). Después le escribí a mis amoríos preparatorianos, sin respuesta favorable alguna. Pero no desistí, y con orgullo (gracias a Nietzsche), seguí escribiendo en mi libreta, en servilletas, en papeles sueltos, en las bancas de la escuela, en las hojas de los trabajos que mis maestros me revertían por irreverencia, en los exámenes cuando no estudiaba (nunca estudié para un examen en toda mi carrera escolar) y en las manos de mis compañeras, cundo estas me lo permitían a razón de que yo les explicaba que un día sería aquel famoso que apreciarían por televisión, y que el hecho de escribirles en la mano les sería de gran orgullo y satisfacción posteriormente.

Hasta una novela escribí y publiqué, se llama Dani Morgan: ente de la oscuridad, y un chingo de errores son los que se aprecian en su lectura más que la historia misma. No contento con ello me involucré como dj (lo mío seguía siendo la música). De ahí lo de Noctis. Llegaron bandas como Hocico, The Cure, Bauhaus, Sisters Of Mercy, Lacrimosa, Stoa, y otras más. Y apareció Clarimonda: mi musa, mi chica, mi amante, mi vida, mi señora y guía espiritual, mi todo, mi peor es nada, gracias a la lectura de un fragmento de La muerta enamorada de Théophile Gautier. La que me ha brindado todos los placeres mundanos, hedonistas, irreales, subjetivos, psicotrópicos, noctambularios y erotómanos.

Hace unos años, en el bar La Vecindad (que después se convirtió en Limbo y ahora en Kitsch), solía subirme al escenario para cantar unas rolas con mi amigo el Mil y su banda Matanzas Club. Eso me permitía estar más enrolado en la música. Dejé de hacerlo cuando mi chica en ese entonces invitó a sus padres al lugar. Después seguí con mi faceta (o andaba de faceto) de dj, programando rolas en bares, fiestas y hasta bodas. Lo abandoné prontamente (esta también es otra historia). Pero jamás desistí de la connotación musical y siempre tuve al tanto géneros en los cuales quería yo desenvolverme, desde el metal, hasta el electrodark y el darkwave, el ambient y el punk, lo experimental y lo cumbianchero al hip hop, el reggae y el ska, incluso la música clásica. Pero nada me salió.

Una vez un buen amigo (al que aprecio mucho y con el cual me gustaría reencontrarme) me prestó un libro de Heriberto Yépez (que aún tengo en mi poder) y en una de sus páginas encontré escrita a lápiz una frase breve, de la cual no tengo referencia alguna quién la haya escrito, pero que, sin pretenderlo, parece resumir todo lo que anteriormente estuve comentando, y reza así: En realidad yo soy un músico –más bien un músico frustrado- atrapado en un cuerpo de escritor.

Amen de este cuerpo incróspito para la música. 

viernes, abril 05, 2013

LA MASCARADA: Al filo de la navaja.



Al filo de la navaja
(Aforismos sin precedentes en situaciones imperiosas)


Manuel Noctis



Éstos son mis principios; si no le gustan, tengo estos otros…
Groucho Marx


Pásele compadre; al fin que el compromiso crítico siempre se traspapela.
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Lo que pasa es precisamente que algunos de los músicos no saben hacer otra cosa más que tocar; otros ni siquiera eso.
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Los músicos jóvenes –sobretodo quienes van empezando- también deberían preocuparse por saber hablar y expresarse. Hay a quienes les pones un micrófono en frente –bajo el escenario u entrevista- y no tienen ni la más remota idea de qué decir o qué contestar.
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Muchas veces los promotores creen que para sus eventos traen músicos de la luna, y ellos se sienten que viajan en la misma nave.
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Muchos de los artistas o creadores jóvene (sobre todo los “alternativos” o de visuales), acuerdan sus obras en situación acomodaticia, no se sabe con quién, pero al parecer sólo sus amiguitos tienen acceso directo a ello, los demás, hay que andar tras de sí para que correspondan.
* * *
A fin de cuentas todos los suplementos culturales terminan en la misma situación bochornosa; no provocan un rompimiento en el tratado de temas y discursos convencionales.
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En Michoacán los terrenos de la poesía son muy blandos, incluso demasiado pantanosos… muy pocos son los poetas que tienden puentes para sobrepasar esos embrollos y no verse atrapados en las fauces de los cocodrilos que ahí habitan.
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Hay un séquito de poetastros medianamente (in)conformes en nuestro México, que se felicitan entre ellos, se emborrachan entre ellos, se ganan las becas entre ellos, se van de gira entre ellos, se publican entre ellos… ¿Qué más harán entre ellos? 
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Actualmente la burocracia es el territorio de los poetas.
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La poesía está muriendo, el EGO de los “poetas” la está matando.
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Qué fácil, sencillo y vacío es hacer una “revista” literaria hoy en día; juntar una centena de cuartillas, sin formato alguno, ponerle una tapa y guardar en PDF, para posteriormente subirlo a ISSUU, pegar el link en los muros de Facebook y listo. ¡Ay, ternuritas! Los fanzines mínimamente implican un poquito de creatividad y búsqueda de información constante.
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Hay personas que lanzan piedras desde sus trincheras; hay quienes se levantan muy temprano para acomodarlas en el camino; hay quienes se esperan a que pases para lanzarla sin que tú lo veas; pero ¡cuidado! No se les vaya a revertir en su andar. He aquí una máxima de Zaratustra (Nietzsche): “Sólo los idiotas siguen tropezando con las piedras y con la gente”.
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Qué “bonito” es saber cuando alguien habla de nosotros; más cuando ellos mismos se jacten en que lo sepan todos los demás. ¡Amén!
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Tener dos cuentas en Facebook para tus proyectos, tener dos páginas más para los mismos proyectos, tener además tu cuenta personal para promocionar dichos proyectos, invertirle 20 horas al día a todos, y que a final de cuentas nadie te lea… ¡eso no tiene madre! Perdón, precio.
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Del dicho al hecho; Antes: “De dientes pa’fuera”; Ahora: “De facebook pa’fuera”.
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Facebook te "recomienda" que te suscribas a personas que ni conoces: mujeres voluptuosas y semidesnudas. Pero a la vez te censura por subir una foto con sentido erótico o decir algo "altisonante”. Sin duda alguna el juego de la doble moral (o la correspondencia cínica hacia los estratos). ¡Qué estupidez!
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No cabe duda que la política es como la mierda; en cualquier lugar que uno la pise apesta igual.
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Todos los símbolos de grandeza y fortaleza de las ciudades, semióticamente son símbolos de autoritarismo y sumisión (también son divisionales); se hacen grandes y fuertes para que uno eleve la vista y los admire… como consecuencia inalcanzables.
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Todos cometemos errores; lo que pasa es que nos andamos fijando siempre en los de los demás para no sentirnos solos en nuestra ignorancia.
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He visto a los peores medios (“alternativos”) de comunicación en mi generación: repetidores de palabras y discursos, re-editores de noticias de los “grandes” medios, que por pretender estar en todos lados terminan siendo una parodia de sí mismos... y, son ellos los que terminan en el dominio de las masas. ¡Alabado sea el Señor!
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Siempre he sentido una repulsa instintiva hacia aquellos que efectúan un favor esperando de antemano el tuyo. No preciso tanta insensatez.
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Puedes beber y beber litros de alcohol y eso no te hará más sabio o inteligente, yo mismo me he bebido hasta lo imbebible y nada me ha quitado lo mediocre hasta el momento.
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Qué importa dónde lo digas; lo interesante es quienes te escuchen.

viernes, enero 25, 2013

LA MASCARADA: Viaje místico a Tapalpa.



Viaje místico a Tapalpa

Manuel Noctis


Cuando me hicieron la invitación para ir a conocer el maravilloso y enigmático pueblo de Tapalpa, en la sierra de Jalisco, nunca me imaginé que en el camino sucederían tantas situaciónes extraordinarias, “señales intrapersonales” como le denominamos aquella noche. El viaje inició “mal”. Después de una larga noche festejando a uno de mis hermanos por su cumpleaños, el despertador marcaba las 7 am, pero, me fue difícil despertar y no supe cómo pero me volví a quedar dormido. Era un día sábado 16 de diciembre (2006) y tenía que salir –supuestamente- antes de las 10:30 am para llegar a buena hora a Guadalajara. Pero cuando nuevamente pude despertar me di cuenta que ya eran las 10 y como pude me bañé, semiarreglé la maleta y salí rumbo a la Central de Autobuses en Morelia. Abordé el autobús de las 11:45 am y me fui.
Llegué alrededor de las 3 pm, pero no fue sino hasta las 5 que por fin pude encontrarme con Carolina, una de las personas con quien emprendimos ese viaje –y quien no me creía que realmente iría-. Muy confiados nos fuimos hacia la “otra” Central (la vieja), el último camión que iba hacia Tapalpa salía a las 6 pm. Entre tráfico, cosas que llevar y descuidos llegamos cinco minutos después y el camión ya había salido. ¡No manches! Mencionó Caro. Entre disgustos y lamentaciones decidimos marchar de regreso hacia una especie de centro botanero en el centro de la ciudad, para comer algo ya que había salido desde Morelia sin probar alimento alguno. Nos instalamos; botana y chelas llenaron la pequeña mesa.
Ya estando ahí aprovechamos para platicar sobre proyectos, nuestras respectivas vidas artístico-culturosas –contarles cómo nos conocimos, durante uno de los eventos de La Otr@ Fil, meses antes en el bar Barra de Tómas sería cuestión de otra crónica-, sobre las prominencias de la revista Clarimonda y presentaciones, hasta que un amigo de Caro se presentó muy emocionado invitándonos a un rave, con la premisa de festejar el fin de año y pues ¡Chido, vamos no! pues ya hace rato que ansiaba ir a uno, les absolví,. Llegamos al lugar –a unos cuantos kilómetros del rancho Los Potrillos-, sólo había una cabina con un Dj y música de todos los géneros, nada de música característica de un rave. Además de muchos fresitas bien vestidos y relamidos. Nos mirábamos continuamente como diciendo ¡Qué pedo! ¿Y el rave? Lo interesante fue que también había una enorme hielera como de 3 x 2 mts. Llena totalmente de chelas, de las cuales podíamos disponer a nuestro antojo.
Cuando decidimos marcharnos, aprovechando que eran gratis, me clavé dos chelas en las bolsas delanteras de mi pantalón, dos en las de atrás y otras dos en las manos, ¡Pues es gratis no?, mencioné y mis amigos rieron, agregando ¡No manches Noctis, te pasas! Subimos a la camioneta y nos dirigimos a una taquería dizque muy famosa en un lugar de cuyo nombre no quiero recordar. Llegamos y ya no había nada, entonces comenzamos a sospechar, indirectamente, sobre mi presencia-malasuerte, pero no hicimos suficiente alarde.
Ya nos íbamos del lugar y se me ocurrió ir al baño (esos malditos baños que no me abandonan), así que regresé a la taquería y como disimulando le pregunté al señor que atendía si tenía tacos ¡No güerito, ya no hay! Me dijo “güeeeeriiitooo” –en ese entonces me re-encabronaba que me dijeran así-. ¿Puedo pasar a su baño? Le pregunté. ¡Si güerito, pásele! De nuevo me dijo así, me molesté un poco y, entre güerito y güerito me metí al baño. Mientras fluían mis deshechos fecales me percaté que ahí, en el baño, tenían las rejas con refrescos y recordando que uno de los amigos traía una botella de “Reyes” –me tenía que acoplar a su ambiente-, que me clavo dos Pepsis dentro de mi pantalón y me salí como si nada, dándole las gracias al señor taquero que tan amablemente me había dicho ¡güerito! Me subí a la camioneta, saqué los refrescos y una vez más todos al unísono: ¡No manches Noctis, lacra! Lo que pasó después no importa mucho, pues sólo nos dedicamos a tomar “Reyes”, platicar muy poco, ahogar un Hammster en chela –por un descuido juguetón del dueño-  e ir a dormir como a las 3 de la mañana para, ahora sí, salir temprano hacia Tapalpa.
Eran las 10:30 am cuando desperté con esa amarga sensación a crudo, como dicen los de Panteón Rococó. ¡Chin güey, ya es bien tarde! Les dije y se levantaron todos. Para la cruda iríamos por unos licuados ¡Bien cabrones! Dijo Caro, ¡De esos que te dan pa’ arriba! Y ahí vamos, domingo 17 de diciembre a las 12 del medio día y cuál fue nuestra sorpresa que ya no había famosos licuados, ¡Pinche Noctis salado! Me dijeron –ahora sí- atrevidamente los presentes. ¿Quéeee? ¡Yo no tengo la culpa de que a las 12 del día quieran encontrar unos pinches licuados, yo por eso les dije que unos tacos de barbacoa o algo así! Mencioné. Y pues ni modo, yogurts, yakult’s y jugos compramos en la tienda, ahora sí nos fuimos rumbo a la central, donde por fortuna encontramos camión de salida muy pronto. Ya despuesito la bronca fue que me dijeron que el camión hacía 3 horas de camino, yo dije ¡No manches, es como regresar a Morelia! Pero bueno, ya íbamos.
Como a las 2 horas de trayecto se escuchó un ruido extraño y el camión se detuvo, creímos que se le había ponchado una llanta y me dice Caroline ¡Noctis, llegando te vamos a bañar en el río para que te purifiques! (Jajaja) la inevitable risa. Por “suerte”, sólo se le había tronado el regulador de velocidad que traen en las llantas. Continuamos el camino. En Tapalpa nos instalamos en unas cabañas a las afueras del pueblo, realmente cerca del centro de la población. La vista era beautiful-nice, con sus paisajes muy coloridos, agradables y disfrutables, aunque con mucho viento frío.
Compramos aguas, refresco, papas y emprendimos camino hacia las famosas Piedrotas que se encuentran postradas a unos kilómetros del pueblo, enormes piedras que como se dice por ahí ¿Quién pudo llevarlas hasta ese lugar? ¡Quién sabe, pero ahí están! Realmente es sorprendente mirar a tu alrededor y encontrarte a estos “gigantes” de piedra. La historia de cómo llegamos ahí la resumo: hacía mucho sol, mi amiga decía que llegaríamos caminando, a unos cuantos minutos yo ya quería pedir un taxi (jaja, pero no se lo dije, además no había por esos rumbos) y de pronto apareció un buen hombre en su combi, muy jipi él, quien se dirigía al rumbo y nos echó un aventón.
Nos instalamos para botanear y echar la chelita, mientras platicábamos algunas cosas se nos fue acercando una manada de vacas con sus críos, al principio no le tomé importancia pero llegó un momento en que era imponente la manera que nos miraban; nosotros sentados en el piso y ellas que se acercaban cada vez más, hasta el punto en que nos rodearon, nos veían fijamente. Yo no aguante tanta fijación, creí que nos atacarían o algo así, fue algo desconcertante, por primera vez un animal de esta índole me había intimidado tanto, ¡Le corremos? Mencioné, ¡Aguanta Noctis! Me contestó Caro. ¡No manches cabrón, esa vaca está enorme! Y comenzó a reírse pero de mí. Las vacas sólo nos observaban fijamente, sin mayor complicación; a mí me pareció una eternidad el acecho vacuno.
Hasta la fecha no he podido entender por qué me provocaron tanta intimidación, cuando de niño en el rancho de mi abuelo pasaba la mayor parte de mi tiempo observando sus animales. Ese momento fue como si me estuvieran revelando algo a lo que yo no estaba preparado, algo que con lo que toda la tarde me estuvieron atormentando, con eso de ¡Le corremos, le corremos! De regreso agarramos otro aventón hacia el pueblo, inevitablemente Caro me dijo: ¡Ya ves Noctis, tú eres el mal pedo, tú traes la mala suerte! Aún desconcertado reía, pensando en todo lo sucedido hasta el momento y por primera vez me la estaba creyendo.   
Una vez bañados, cambiados y perfumados, salimos al centro de Tapalpa. Ya estaba oscuro y el camino empedrado nos hacía tropezar a cada rato. Cuando íbamos entrando al centro me di cuenta que ese pueblo era realmente como me decían: un lugar mágico, lleno de misticismo, donde se han filmado infinidad de películas como… El Arracadas, con Chente Fernández; un pueblo muy parecido a lo que es Pátzcuaro o Erongarícuaro aquí en Michoacán (guardando todas las proporciones entre uno y otros). Quedé maravillado con Tapalpa, además del apreciable cielo estrellado, con esa sensación de poder alcanzar las estrellas (eso me sonó a una canción) y tocarlas de tan poca distancia que denotaba este pueblo ubicado en la sierra de Jalisco.
Después de cenar, reconocer un poco el pueblo y comprar unas chelas, más chelas, regresamos a las cabañas. Ahí platicamos ya más tranquilos. La charla era muy amena, la noche muy cálida, hasta que a Caro se le ocurrió entrar al baño y al momento de prender la luz… que se apaga todo. ¡No mames, un corto! Caro volteó a verme y le dije ¡Yo no fui! Soltamos la risa inmediatamente. ¡Ya ves pinche Noctis, todo nos ha pasado desde que llegaste! ¡Tú traes la mala suerte! Estuvo comiquísimo (José Agustín pater-noster de la nostre counterculture, dixit). Entonces me tocó ir a conseguir unas velas con los demás acompañantes, y así pasamos la noche, con luz a medias, muchas risas, pocas cervezas, una de “Reyes” sin tomar (no había refresco) y fucking música de Robbie Williams, porque no había más en el celular.
A la mañana siguiente sólo fuimos a comer algo al centro y regresamos a Guadalajara. Terminé saliendo como a las 7 de la tarde rumbo a Morelia. En el trayecto comencé a sentir un poco de melancolía, era algo raro, estaba extasiado y se sentía una especie de bajón. Comencé a comprender muchas cosas, pensando que desde un principio el no levantarme temprano y llegar tarde a Guanatos, que nos dejara el autobús a Tapalpa en primera instancia, ir a un rave y no hallar nada parecido, no encontrar tacos buenísimos, tampoco encontrar licuados famosísimos, que se nos anduviera ponchando una llanta, el acecho de las vacas locas, que se nos fuera la luz en la cabaña, etc. etc. etc. me hicieron pensar que entonces realmente se había tratado de un viaje místico a Tapalpa, lugar que aguarda mis entrañas, pues ese baño en la cabaña no se me fue vivo (chiste local).

viernes, enero 11, 2013

LA MASCARADA: Encuentros y desencuentros con el circo



Encuentros y desencuentros con el circo

Manuel Noctis


El espectáculo se desarrolla en una pista circular, un mandala, una representación del mundo, del universo. La misma puerta es a la vez entrada y salida. Eso quiere decir que la meta es el origen. Sales de la nada, llegas a la nada.
Alejandro Jodorowsky. La danza de la realidad.

El Circo, a través de los tiempos, se ha caracterizado por ser un espacio donde la “familia aún puede convivir de manera plena y sana”. Siempre como sinónimo de alegría y festejo. Donde se desbordan las emociones de una manera cómplice con el espectáculo, distinto a como sucede en el futbol, por ejemplo, donde muchas veces esas emociones desembocan en un punto cercano a la barbarie, como lo menciona Denis Diderot: Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso. Este sentido recíproco entre público y espectáculo lo comenta más factiblemente Víctor Inzúa Canales en su texto “El circo en la cultura”: Parte de su naturaleza radica en la emoción que provoca al espectador. Llega un momento en que no se es espectador, sino participante: en el riesgo del trapecista, en el desplante del domador, en la alegría del payaso. Luego entonces, el espectáculo del circo se modula finalmente para provocar estados de ánimo precisos en los asistentes, ése es su arte. Alternan diversión, risa, susto, admiración, terror. El espectador llega a ser cómplice de los artistas, salen de sí mismos, de su ser cotidiano y se identifican con artistas, bohemios y súper-dotados, etc. (Revista Generación, no.60).
Pero desde hace tiempo también, el Circo, se ha convertido en el punto de controversia por la condición del espectáculo con animales que muchos de estos manejan; sean perros, gatos, mandriles, elefantes, llamas, camellos, ponys, caballos, tigres, leones o hasta boas, tortugas y demás, es algo que para las consciencias críticas debería desaparecer dentro de los actos que se muestran bajo la carpa. Al respecto de la participación animal, en su texto “Soy un clown místico” nos comenta Jodorowsky: Cuando vemos trabajar en la pista hermosos caballos, elefantes, perros, pájaros y toda clase de fieras, comprendemos que la conciencia puede domar nuestra animalidad, no reprimiéndola, sino dándole oportunidad de realizar tareas sublimes. La bestia, al saltar a través de un aro en llamas, vence el temor a la perfección divina y se sumerge en ella. La fuerza del elefante se pone al servicio de la construcción. Los felinos aprenden a colaborar. (La danza de la realidad, 2001). 
Podremos estar de acuerdo o no con esas palabras, pero ante todo, lo que sí sabemos y hay que tomar en cuenta es sobre las condiciones precarias en que mantienen a los animales, el sufrimiento y desgaste que les representa viajar de clima en clima; se sabe de animales abandonados, de relaciones truculentas entre Zoológicos y Circos para arreglar las ventas de animales, se sabe de muchas cosas que le han restado prestigio y, sobre todo público. Yo no estoy de acuerdo con el uso de los animales para sus shows, incluso no estoy de acuerdo con ningún espectáculo que tenga como actores importantes a los animales. Esto podría ser un tema extenso de discusión, sin embargo aún con todo ello el gusto personal por el Circo ha estado siempre presente, más allá de estas cuestiones, porque deviene ampliamente por otras circunstancias, una –quizá la más importante- tiene que ver demasiado con mi infancia. No pretendo contarles lo que hacía cuando niño, pero si me gustaría compartirles algunas situaciones que me llevaron a involucrarme directamente con La Gran Carpa, lo más rescatable de estos encuentros y desencuentros:
1. Viví hasta los 14 años en un pueblo cercano a Morelia y, recuerdo bien cuando llegaban los circos, todos los chavitos de la primaria nos lanzábamos al terreno o lugar donde se instalaban y ayudábamos a montar las carpas, con sus tubos y lonas pesadísimas, a cambio de un par de boletos para la función estelar, cosa que a veces ni nos daban.
2. En una ocasión llegó un circo con las famosas “Patinadoras Salvajes”, dos chavas hermanas de quienes prácticamente nos enamoramos todos los chaquetos pubertianos. Hubo cuates que incluso fueron a todas las funciones con tal de verlas. Yo un domingo me vestí una camisa nueva (porque los domingos estrenábamos la ropa nueva), me puse perfume de mi padre y me lancé con la pandilla al circo, pero ¡oh decepción! Ese día no salieron las patinadoras, una de ellas se había lastimado un tobillo la noche anterior. Una lástima, porque no las volvimos a ver jamás (si alguien las ha visto avisen, ahorita tendrán unos 30 o 32 años).
Típico cartel de "El Circo de Capulina".
3. Una ocasión un circo llegó con el hipnotizador, nadie teníamos la remota idea de qué se trataba el asunto, hasta que un tío recién llegado de los United States nos lo contó porque lo había visto allá. Cuando fui a verlo pasé junto con 19 personas más para que nos hipnotizaran, fui el único al que no pudo hipnotizar el señor este, pero me hice tonto, no abrí los ojos, hasta que el hipnotizador pidió que imitáramos a un gato: maullar y caminar como tal, lo cual me pareció demasiado estúpido, abrí los ojos y corrí a las gradas con mis papás.
4. Una tarde mientras comíamos (normalmente entre las 2 y las 3 de la tarde en las calles no se veía gente caminar, la mayoría en el pueblo comía a esa hora) se escuchó un ruido de avión muy bajo, era una avioneta que circulaba por los aires de mi pueblo, quien anunciaba la magnánima presentación del circo Atayde Hermanos, al cual siempre había querido ir. De la avioneta además soltaban varios papelillos, estaban aventando boletos para la función. Esa fue la primera vez que vi demasiados chavitos en la calle a las 2:30 de la tarde, atentos a los boletos que circulaban por los aires. Y la primera vez que pude ir a un Circo en Morelia.
5. De ahí muchos circos fueron y vinieron, a muchos los vi, a otros no, la decadencia circense comenzaba a hacerse presente, al menos en mi pueblo, y para mi infortunio. El primer caso fue cuando se corrió el rumor de que uno de los circos había abandonado a un oso en el pueblo, el cual estaba matando las gallinas, perros y hasta vacas de los habitantes. Se creó toda una ola de expectación alrededor de todo esto… obvio, sólo fue invento del pueblo.
6. Otro infortunio fue cuando una noche mi madre nos mandó a mi hermano y a mí a buscar a mi padre, quien se andaba poniendo una borrachera con sus amigos. Mientras lo buscábamos alguien nos corrió el rumor de que lo había visto por el circo que estaba instalado en ese momento, nos dirigimos hacia allá y efectivamente lo encontramos sentado y dormido muy cerca de donde tenían a los ponys originales de la Barbie (eso decían). La cosa es que se rumoró que mi padre había sido secuestrado por La Encantadora de Serpientes, no lo sé, aún no me atrevo a preguntarle.
7. Otra situación fue cuando vinimos a Morelia, a las instalaciones de la antigua Feria, a ver a otro circo, en esa ocasión llegamos con varios de mis tíos, primos y amiguillos que se nos pegaron. Ya cuando terminó la función abordamos coches y camionetas y llegamos a nuestras casas, el infortunio fue que uno de mis primos insospechadamente había sido abandonado, mi tía lloraba y el tío inmediatamente se regresó a Morelia por él, afortunadamente lo encontró ahí sentadillo afuera del estacionamiento. Mi primo cuenta que durante las horas que estuvo ahí solillo se le acercó una de las trapecistas, quien le dijo que si no se quería ir con ellos, que lo cuidarían, a lo cual él le respondió que no, que prefería ordeñar vacas y hacer quesos a andarse descolgando de un columpio.
8. Lo que me alejó por muchos años del circo fue cuando se rumoró que el señor Capulina (que dios lo tenga en su santa gloria) abusaba sexualmente de los chavitos en su camerino, por lo cual mis padres pensaron que en todos los circos pasaba lo mismo y ya jamás me volvieron a llevar a un show.
Pasaron varios años para re-encontrarme con un Circo, fue como motivo de un regalo de cumpleaños. Obviamente los nervios, risa y adrenalina estuvieron a flor de piel durante todo el show, lo único desagradable fue que la chica que me invitó no dejó de hablar de los pectorales de los arte-marcialistas chinos. La última vez que asistí al Circo, fue en un pueblo en Oaxaca, era un circo pequeño, el trapecista era el domador y a la vez el payaso. Lo sorprendente y crítico fue cuando sacaron a un león desnutrido, sin jaula, reja ni nada que nos resguardara de aquel animal. No suelo nunca acostumbrar sentarme en la fila de hasta adelante, pero esa vez ahí estaba. Durante el show el león perdió un poco la atención y desvió su mirada justo hacia donde yo me encontraba, me miró fijamente por largo tiempo y, por primera vez estuve cerca de sentir lo que es orinarse en los pantalones. Actualmente aún sueño la mirada directa y penetrante de ese león desnutrido, a final de cuentas una fiera salvaje desprendida de su hábitat.

viernes, noviembre 30, 2012

LA MASCARADA: Fraguando la noche…



Fraguando la noche…

Manuel Noctis


Sé, de antemano, que cuando escriba de ello, todo se mirará mejor: la nostalgia es un arma que embellece nuestros recuerdos.
Rafa Saavedra, La noche soy (Crossfader, 2009)

Una infinidad de bares y antros han ido y venido en la ciudad de Morelia. Dentro de toda esta gama y oferta que nos ha presentado la noche (y también el amanecer), algunos pocos han pasado a ser los puntos de encuentro para las minorías: la banda underground, emergente, pacheca, culturosilla, alternativa y hasta fresoide. En donde el “libre” esparcimiento y las manifestaciones culturales independientes han tenido un desemboque, la mayoría de las veces efímero, pero no por ello significativo. Varios de estos lugares se convirtieron momentáneamente en nuestros refugios, en nuestros foros, en nuestros recintos, donde confluimos directa e indirectamente con todas las posibilidades que nos brindaba la noche misma.
Es así como rememoro algunos de estos lugares (la mayoría del primer cuadro de la ciudad), los que me habitaron inicialmente (en una primera etapa) y que frecuenté continuamente; siempre acompañado de un buen amigo, aunque nunca faltaba encontrar alguien conocido ahí o, simplemente hacerme de más aliados de batalla.
En este correr de los años la vida nocturna me llegó un poco tarde. La escena musical alternativa me transportó directamente al mundillo que se vive cuando “las sombras dominan al día”, como decía el camarada Braulio Cárdenas (+), fundador de la tienda Black Wear. Los constantes tokines de rock, metal y posteriormente electrodark me garantizaban poder salir de casa y fraguar la noche, pero todo de una manera discreta y moderada; era mi época preparatoriana. No fue sino hasta los inicios universitarios (por ahí del 2004) cuando me re-encontré vivamente con la señora noche; yo, un wanna be poet neo-romántico (apócrifo lector empedernido de Edgar Allan Poe) comencé a transitar –junto con el Colectivo Sangre de Erato- por la cantina-bar La Leyenda, que se encuentra frente al Bosque Cuauhtémoc. Requerí ese lugar porque anteriormente había asistido a algunos eventos electro-performanceros, y además nos facilitaban el espacio para poder discutir en torno a nuestro quehacer poético pañalero.
Nos congregábamos todos los jueves (o martes?) durante algún par de meses con los que conformábamos este colectivo, todos estudiantes de Letras (UMSNH), entre ellos Daniel Wence, poeta –y gran amigo- con quien durante cuatro años conformamos el equipo de la revista Clarimonda, y César Andrade, músico que de metalero pasó a formar parte de las bandas de reggae Roots Purhé, Audiorootstika y actualmente Jammital; de estos encuentros salió la memorable presentación “Sin máscaras de inocencia” (título desprendido de un poema de nuestra amiga Brenda Oronoz), nuestra primera intervención poética en público, con una célebre pareja de gringos eufóricos por nuestras infames cantaletas en el entarimado.
Con el tiempo el colectivo se disolvió y por azares del destino nos encontramos con el desaparecido bar Zöy, que se ubicaba contra esquina del Jardín de las Rosas. Un lugar donde se congregaba en su mayoría comunidad metalera, esto porque la banda –que traía una vocalista muy guapa y además con espléndida voz- tocaba varios covers ruidosos y pesados, nada despreciables para quienes después de una buena chela disfrutábamos de hacer el slam.
A ese lugar asistía con dos amigos (Wence, que continuaba en la batalla y “La Doña”, que recién se agregaba al contingente) y continuamente podíamos debrayar con el público presente sobre música, charlar de bandas heavy’s, intercambiar discos, compartir los tokines; de ahí mismo obtenía la revista Revés que dirige el amigo Paco Valenzuela (ahora en digital). En ese lugar se presentaron situaciones memorables como cuando salimos hasta las chanclas tratando de enseñar a alburear a “La Doña”, discerníamos sobre las características lingüísticas del albur frente a la Biblioteca Pública (hasta la fecha aún no aprende); en otra ocasión después de haber participado con lectura poética en una puesta dancística con el grupo Iberia, nos fuimos a “celebrar” y esa noche, bajo los seudónimos de Foco y Cocodrilo (luego les platicó por qué nos llamamos así) versamos improvisadamente lo siguiente: Bebiendo y gozando en esta noche/ La gente pasa y nos maldice/ Pero que importa/ Si no saben ni lo que dicen/ Refundidos en este bar/ Cantando y pidiendo canciones/ Queriendo de encanto/ Cagarnos hasta en los calzones../ Y que venga la tierra y nos trague/ Que venga el cielo y nos consuma/ Que venga el infierno y nos escupa/ Que venga la vida y nos llore/ Arrodillada ante el alcohol que no nos confunde:/ Que nos lleva a una realidad más sincera/ Perdidos en un bar cualquiera. Otra más fue cuando recién regresando de una fiesta del pueblo en Plaza del Limón, Mich. (en la frontera con Jalisco), nos abastecimos de chelas y plática (contra)culturosa, para terminar con el trip de cómo serían nuestros respectivos funerales el día que nos cargara la huesuda (yo pedía siempre una canción de Lacrimosa). Dice el escritor tijuanense Rafa Saavedra que “La noche abre sus piernas y penetramos en ella. Suave y directo como una estrella porno experimental” (Crossfader, 2009); nosotros a esas alturas ya estábamos bien metidos en el espasmo de sus (in)flujos.
El mismo Wence vivía en la calle de Juan José de Lejarza, a dos cuadras de la Av. Lázaro Cárdenas. Ahí nos reuníamos todos los viernes desde las 7 pm para iniciar el viacrucis nocturno, posteriormente nos íbamos caminando al bar Zöy, pero una noche en ese trayecto nos encontramos a Víctor (que en ese tiempo traía el proyecto de Night Visions, ahora dueño del bar Fuxion –The Wall-), nos invitó a un evento y decidimos acompañarlo. Fue así como conocimos al bendito Vinyl Stereo Bar (disculpen la reverencia), que se ubicaba sobre la misma calle de Lejarza, a una cuadra de la Avenida Madero. En esa ocasión se presentaron varios DJ’s de la escena oscura, pero el bar giraba sobre la música electrónica, principalmente psycho.
Ese día nos hicimos amigos de la mesera del lugar y de inmediato se convirtió en nuestra patrocinadora incansable de noches enteras llenas de alcohol de contrabando o bajo precio y sobre todo de interminables after partys (que se alargaban hasta tres días seguidos) por toda la ciudad, algunos eran un tanto clandestinos, donde se congregaba lo más inn de la fauna alternativa y yuppie (varias veces en el local de Carlos Nieves, antes de que se remodelara para ser Foro 38). También esa noche supimos de la presencia de dos féminas un tanto extrañas, refugiadas en la mesa donde el árbol que había a media pista de baile hacía la mayor sombra del lugar. Eran dos señoras (cuarentonas) de pelo chino esponjado, vestían todo de negro y tenían colmillos vampirezcos, las vimos dos o tres veces más, siempre sentadas en ese mismo lugar, mirándonos fijamente, pero nunca supimos que rollo con ellas (¿de verdad existían o era nuestro éxtasis nocturno?).
Después de esa noche de electro oscuro no dejamos de frecuentar el lugar durante algunos años, todos los viernes caíamos ahí (en algunas ocasiones también los sábados), donde ya nos aguardaba un lugar reservado por la amiga mesera. Ahí se reunía mucha de la banda que ahora está dispersa en distintos ámbitos musicales (principalmente en el rock), también se desprendieron varios proyectos artísticos (colaboraciones entre unos y otros), colectivos se concretaron, ideas fluyeron, toques se quemaron… Hubo riñas entre crews (donde una ocasión me tocó auxiliar a un herido), hubo roces con la ley (también despreocupados con la ley); ahí conocí al buen amigo Java (q.e.p.d.) de la vieja guardia en la escena oscura, quien era el encargado de seguridad del lugar, nos achacaba constantemente en el patio donde estaban los baños, era muy flexible ante nuestro desmadre, siempre nos daba una oportunidad de reingresar a la pista, a otros si los sacaba del lugar.
De ahí también salieron situaciones memorables, como cuando en nuestro delirio creímos que debíamos $8000 pesos por un cartón de cervezas que nos habíamos tomado y no sabíamos que hacer, según no completábamos el dinero (andábamos bien saycofly’s); otra cuando me rompí un diente con un huevito de chocolate tratándolo de cachar con mi boca después de aventarlo al aire; cuando bajamos literalmente rodando por la calle (sí, rodando como pelotas) hasta llegar a la casa de mi amigo Wence; cuando un amigo “jugando” golpeó al otro en la cara con su celular; las volteretas y desgastes físicos en las míticas “hurracarranas” (que le dieron paso al “finicuteo”); o cuando una de nuestras amigas en un desplante se cortó la muñeca con una botella que ella misma rompió en la mesa (la sangre inundó la barra del lugar, donde fue auxiliada por nuestra diler mesera); en fin, situaciones en el extremo suicida se presentaban continuamente. Al respecto menciona el mismo Rafa Saavedra que “en la noche brillamos (casi) todos. No hay dioses, sino caóticas relaciones casi familiares que nos revelan lo incestuoso de su origen. Interactuamos bajo normas no establecidas, seguimos ciertas jerarquías y políticas de la convivencia no siempre (pre)visibles, participamos sin ser, a veces, sujetos activos. Nos enredamos en ella y tratamos de sobrevivir con el menor daño posible. La noche es, entonces, un peligro.
Aún determinado a esto, ya fuera solo o acompañado, el Vynil vino a representar mi lugar de esparcimiento concreto, donde descubrí infinidad de sensaciones, ideas, personas, bebidas… donde trastoqué mis alcances creativos, donde vislumbré mis fracasos, donde soslaye los temores y miedos, donde Zaratustra me contuvo de un zarpazo. La noche era mía, la manejaba a mi antojo… yo era la noche (no por algo me dicen Noctis).
La transición sistemática personal ocurrió meses después, o quizá años, de asimilar la ausencia del bar Vynil. Algunas personas cambiaron, otras nos re-encontramos y fue en el bar Mukai  (que se encontraba cerca del demolido Seguro Social) donde sucedió de nuevo. Ese lugar fue principal punto de encuentro para la banda rastafari y pacheca (también para malandrines y extranjeros). Los viernes de reggae que organizaba el buen Caras (de la Nesta Crew) sólo eran pretexto para salir nuevamente de casa y pasar unas buenas noches en compañía de gente que en ese tiempo no conocía pero que con el paso de las semanas se convirtieron en buenos amigos, colegas y colaboradores.
Constantemente se realizaban eventos culturales para creadores emergentes; exposiciones, performance; recuerdo al Carlos Rojas alias “Toallín” o “Caliche” (ex integrante de Olubathá y bandas como Matanzas Club y Los Cocodrilos Verdes) realizando a cada rato cualquier cosa que se le ocurría. Una ocasión acompañamos al MC Bubba (ahora Inquilino) en la presentación de su primer CD, nosotros presentamos la edición de Clarimonda dedicada a la marihuana. De ahí nos encontramos también con los del colectivo Chac Mool (el buen Chinito, que antes de ser rasta era homie, y antes de ser homie era metalero); la banda Meketrefes (especie de continuación de la mítica Dulcinea) ya hacía mucho ruido, los Skautomatiks y Macehual comenzaban a sonar. Eran constantes esas memorables noches que regresábamos caminando a casa junto con los carnales de la extinta banda Roots Purhé, mientras ellos componían una canción yo me cenaba unos tacos (en la Av. Guadalupe), así ellos incrementaban rolas para sus shows y yo incrementaba mi desgaste de flora intestinal.
Una ocasión llegó la AFI (o era PFP? Qué importa, son la misma cosa) a realizar un operativo, era el Día Internacional de la Juventud y a muchos de nosotros nos madrearon, nos ultrajaron, nos violentaron, pero los muy torpes no interrumpieron la noche. A varios amigos les prometí que escribiría de eso y así lo hice, la crónica se publicó en el suplemento cultural Letras de Cambio, que dirige el amigo Víctor Rodríguez (la puedes leer AQUÍ) y varia banda agradeció el gesto. Pero también con el tiempo menguó el debraye, la banda chaca frecuentaba cada vez más el lugar, solamente iban a fumarse un porro, tecatearse y hacerla de tos a alguien. Los constantes reclamos, desmadres en la calle, las discusiones, empujones y acaloradas broncas en la puerta dieron al traste con el lugar. Así terminaba ese bar y también se terminaba una serie de residencias y muros habitables convertidos en bares, los cuales me contuvieron en mis desplantes junto con una célebre fauna más que a partir de ahí se dispersó y que ahora se congrega indistintamente por la gama de antros y bares que hay en la actualidad.
Finalmente, me doy cuenta del desparpajo y el embrollo en que nos hemos encauzado durante estos últimos años. Y ante todo esto me pregunto: ¿Qué antros o bares frecuentaré en un futuro medianamente cercano? ¿Me ofrecerán realmente lo que a mis necesidades requiera en ese entonces? ¿Requerirán de la exigencia que las nuevas generaciones puntualicen? ¿Llegará algún día un antro o bar que realmente amalgame a toda la fauna comprendida dentro del underground o seguirán en el ensueño de un sector mayoritariamente juvenil proclive a los excesos? No lo sé, nunca me ha satisfecho la idea de vislumbrar ese futuro (quizá ese futuro ya está aquí y no nos hemos dado cuenta), pero bueno, a final de cuentas hay una cosa que rescatar de todo esto, y no es más que la cantidad de imágenes insólitas almacenadas de cada uno de nuestros instantes en estos lugares. Por lo cual espero que la pila (o mis entrañas) me garantice muchos años más para deambular por las venas exquisitas que la fatalidad nocturna nos ofrece a diario y así seguir aglomerando estas vicisitudes que una rata de alcantarilla puede deambular.