por Rocío
Boliver (Congelada de Uva)
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Pequeños
Ajustes. Evento: Festival “Actos Extremos”. México, City. El Under. Año:
2008. Foto: Fátima Nosano
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Puta…
¡Sí, puta madre! ¡Cómo me prende mear
a la hora de andarme chaqueteando!
Comienzo mentalmente por negarme a
orinar las pantaletas.
- No, no te vayas a mear, mamita. No,
chiquita, no te hagas de la chis en los
calzones; no seas cochina, mami, no te andes escurriendo de la chis.
Ya bien caliente aprieto la panza y
nomás siento como unas gotitas se deslizan por mi vulva.
- Ay nenita ya te miaste! ¡Otro
poquito, tu puedes...apriétale, nena!
Y aprieto hasta sentir un chorrito que
se escurre hasta las nalgas.
¡Ah! nomás me revuelco todita cuando
me mojo y otra vez me digo que ya no, pero ¡cómo que no!
Mi vientre se contrae para soltar
chorritos de miados.
Las pantaletas absorben los miados
pero me empiezo a preocupar por que la pipí traspase mi ropa y luego las
cobijas de la cama y moje el colchón.
Como sé que ya va estar cabrón detener
la chaquetiza de a miados, me desvisto de la cintura para abajo, agarro una sábana y la acomodo sobre la
alfombra de tal modo que yo quede de rodillas frente a la cama, apretando mi
vientre contra el ancho del colchón dejando caer mi pecho sobre la cama.
Con las nalgas al aire, bien paradas y
las piernas juntas me chorreo más y más para sentir la caída de la pipí por
entre mis muslos.
¡Coño! No se porqué pero que pinche
vuelco de sensaciones ¡no mames, riquísimo!
Me retuerzo en la cama y me sigo
meando para que la chis ahora baje en libre caída hasta mojarme las
pantorrillas y los pies, para sobarlos y embarrarme todo el cuerpo.
Me pongo de pie y con las manos y
brazos me masajeo las piernas empapadas y me sigo meando batiéndome el cuerpo.
Quisiera caminar chorreándolo todo, pero no quiero ensuciar, me acuesto de
espaldas y pongo la sábana bajo mis nalgas y ¡huelo! Respiro profundo para
sentir el olor fuerte, rancio... Aprieto más fuerte y un chorro que me brinca
hasta la cara, me hace gemir y sacar la lengua muy afuera hasta sentir como se
jala el frenillo bajo la lengua… la espalda se me arquea. - ¡Ya te measte, mi vida, ya estas bien
mojadita chiquita! ¡Cochina, límpiate los meados, marrana, puerca, ya te
ensuciaste, sucia!
Necesito limpiarme bien, lo mejor que
seque la sábana mojada, para que el lubricante que me sale de la vagina esté baboso,
porque si no, con la miada no resbalan mis dedos sobre el clítoris y se atora
la sobada.
Tengo que estar limpie y limpie la
miada porque se sigue saliendo y se mezcla con los fluidos y los dedos no
deslizan bien.
Ya que no aguanto, me ensarto por el
culo un desodorante ancho y largo y brincotéo sobre mis nalgas con el
improvisado dildo que sale y entra con los sentones y me digo en voz bajita
-¡Órale mamita, chorréate rico, mami, mójate todita, échame tus miados ,
suéltate un chisguete, culito rico; empápame, mi reina.
Dejo salir el chorrote de orines, me
retuerzo todita mientras me vengo y el desodorante se escurre saliéndose del
culo que se abre grande, grande, grande con tamaña venidota. ¡Aghhh!
*Cuento publicado en la edición impresa de Clariminda #24: Aciditos, sección "Campo Nudista".


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