martes, marzo 02, 2010

Soportar un mundo canalla

Foto: "Briagoberta". Francisco E. Muñóz


Por: Alfonso Morcillo

Iniciaré este texto diciendo que es de mañana y que bebo una cerveza. Abrí el refri y lo único que había era una par de cervezas. Una botella de tinto lucía vacía sobre la mesa. No tengo resaca. Creo que estoy un poco lúcido.
Luego de salir a comprar el periódico y desayunar regreso y me siento aquí y continúo la escritura. Pienso en el alcohol y en mí, en nuestra relación de ya más de 20 años.
Hace un par de días Juan Villoro hacía una apología de Bajo el Volcán, de Malcolm Lowry, a 100 años de su nacimiento.
Hace un par de meses Nexos editó un número especial sobre alcohol.
Hace un año colaboré con unos textos en una antología en homenaje a Bukowski llamada Borrachos Fest.
Hace un par de años la revista Generación editó un librito llamado Alcohol y creación en el que incluyeron una crónica mía sobre la cantina Orizaba, en el dizque barrio chino de la ciudad de México.
Hace unos días vi a un amigo, flaquísimo. Dicen por ahí que está enfermo del hígado y que quizás pronto muera. Sus padres mandaron a por él y él se gastó el dinero del vuelo en más alcohol y seguro drogas.
Hace un par de años, ya casi tres en realidad, me detectaron esteatosis. ¿Qué cosa rara es eso? La enfermedad previa a la cirrosis. También conocida como hígado graso, la esteatosis tiene tres niveles, leve moderado y severo. En los casos severos la cirrosis es inminente junto con todas sus derivaciones.
Varios de mis amigos beben hasta el hartazgo. Los miro. Yo me cuido, solo un poco.
He dejado el vodka y el tequila y el whisky y el mezcal para ocasiones excepcionales. Bebo cerveza y tinto un par de veces a la semana y no 6 de 7 días como hace unos años.
Hace poco, en la celebración por el aniversario de la editorial Alamadía dieron mezcal Pierde almas. Con eso terminé por perder la ecuanimidad que tenía. Luego de un rato en que perdí la noción regresé en mí y tuve alucinaciones. Como si me hubiera comido un peyote o metido un ácido. Veía el escenario a lo lejos, como flotando, repleto de plantas que colgaban. Una alucinación creada con mezcal.
No les cuento la resaca del otro día. Mi resistencia y tolerancia alcohólica han disminuido. Ignoro la evolución de mi enfermedad pues he dejado de comer alimentos grasos y garnachas y como más verduras y bebo más agua.
Pero si he de ser sincero debo confesar que extraño los días en que podía pasar ebrio hasta una semana manteniendo la lucidez y el paso recto. Podía escribir y leer con una cerveza en mano, ver películas, salir a caminar, ir a fiestas sin perder la compostura.
El día de hoy sigo admirando a quien puede mantenerse caminando de manera recta al salir de una cantina con 2 mil pesos menos. Admiro la lucidez de quienes escriben desde su ebriedad y la claridad de sus ideas expresadas al hablar sin que se les trabe la lengua.
Admiro la resistencia de sus hígados y páncreas y riñones. He pensado en que debería haber trasplantes de hígado por riñones en intercambio. Yo te doy un riñón sano a cambio de un hígado.
Estando sobrio he padecido las peores pesadillas. Se me han incrementado las neurosis y los padecimientos por estrés. Sobrio me alejé de muchos amigos, aunque ebrio perdí a otros tantos. No he sentido aquello de que tienes amigos sólo cuando pones los tragos y cuando estás en la miseria ni quien te invite un taco.
Si calculo vivir 70 años estoy a más de la mitad de mi vida. Será bastante tortura y castigo tener que pasar otros 32 años sobrio. Tendré que irme buscando la forma de soportar a este mundo canalla desde la sobriedad. O mejor aún. Buscar el modo en que permaneciendo ebrio y lúcido muera de manera rápida y pronta, expedita. Pero eso no lo decido yo, en todo caso. Que el alcohol guíe nuestros pasos, y no precisamente al matadero.



*El texto y la foto vienen inclúidos en el número 23-"Alcohol(icos) & Borrachos" de la revista Clarimonda -soul rebel-, la cual aparecerá próximamente.

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