por Carlos Rojas (Caliche Caroma)
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| Foto: Raúl López Mendoza, tomada del "Cambio de Michoacán" |
Habíamos acordado
que nos encontraríamos en la tienda de la esquina, allá con Don Acá, quien
vende las chelas tibias y los cigarros a $2.50. Ya eran tres meses desde que
decidimos formar el grupo de cumbias, la chamba había salido y ahora hasta una
combi chocolate nos compramos, así ya podemos hacer giras y una que otra vez
sirve de cantón. Al principio nuestras jefas nos dijeron que mejor nos
pusiéramos a trabajar como Dios manda, pero no hay que ser, pinches chambas
jodidas, nomás puro explotar, está más chingón hacer la music pá bailar. El grupo fue un exitazo, nuestra primera presentación a media calle,
aquí en la Santa Cruz ,
las morras baile y baile y nosotros que nos las pelábamos pá caerle a bailar
con ellas, pero luego, ¿quién tocaba? La neta es que ni tocamos tan chido esa
vez, pero la banda ya andaba bien pasoneada y se movían con cualquier cosa, eso
sí, se puso mejor cuando nos dimos un gallo con guamas, hasta un rock satánico les
tocamos.
Si, ya tres meses,
y hoy por primera vez íbamos a tocar en el Centro Histórico, por eso era la junta en la tienda de Don Acá, teníamos
que ver qué avión con el repertorio,
algo prendido y ponedor. Ensayamos cada dos días, ahí en la casa del Pitirijas,
de paso nos quemamos a su jefa que está bien buena, nomás no le vayan a decir,
es su jefecita. Querían que tocáramos
dos horas, ¡hijos de su puta madre!, dos horas por mil varos, pero algo es
algo. Esos gueyes del ayuntamiento, nomás buscando la oportunidad para
metértela de a perrito. Según que es para ayudar a las propuestas
independientes, como nosotros, que pá salir adelante, ¡hijos de la chingada!,
lo único que les sale por delante a esos perros es pura verga. Por mil varos,
en la colonia nos pagan cuatro mil la hora, y eso que se están muriendo de
hambre. En fin, ya habíamos aceptado, y es que no es lo mismo tocar acá en el
barrio que en el centro histórico de la ciudad de Morelia, allí donde siempre
hay un puto desmadre de turistas jotos, inspectores babosos y vendedores con
permiso para estar chingando.
Todavía me acuerdo
la última vez que estuvimos en el centro, cuando fuimos a San Francisco por lo
del concurso de Toritos de Petate, agarramos nuestros instrumentos y le dimos
al puro estilo de banda mix, junto con el
apache, la maría y dos tres
teporochos del barrio, éramos la pura sensación, aunque el del torito andaba
bien tinaco y se le echó encima a una viejita que nomás iba pasando. El pedo
del saco fue que la banda de otras colonias no querían quedarse atrás y se
hicieron los madrazos, nos robaron los instrumentos, pero nosotros nos robamos
otros, a mano. Esta vez no será así, pondremos a bailar a toda la raza con los
puros exitosos pegajosos y no habrá competencia, bueno, los payasos cholos, la
mafia de los viejitos bailadores y esos tamboreros de la cerrada de San Agustín.
Acá tenemos algo más chido. Y es que aunque son tres meses, nos sabemos todas
las cumbias sabrosonas: la del garrote, la de los luchadores, Simón, suavecito
suavecito, quién pompo, el listón de tu pelo y un chingo más. Hasta unos
regueetones nos aventamos, las de Dady Yankiee y una que otra de Calle 13 y
Amandititita. Y si les cuento que nos pusimos a componer unas rolas, y que nos
sale un hip hop bien chingón que lo hicimos cumbia, dice más o menos así:
Todo
el cielo cae en mi espalda
Tranquilo,
despacio, me forjo la calma,
No
hay nada de malo con este vicio.
Son
sólo los otros no entienden el ritmo.
Destapa
la tella, saca las caguamas,
El
bla bla de la banda no quita las ganas,
Hay
mucha gente muriendo en el mundo,
Con
esto del hambre yo ya no me apuro.
Mota,
coca, alcohol,
Dios
y las fantasías
Así
es aquí afuera
Paga
que nadie fía.
Cómo la ven, chida,
¿no? Así es bandita, con algo de suerte y hasta en el canal de las estrellas
salimos, o mínimo en el de acá de Mugrelia.
Chale, ya es bien tarde y estos gueyes no llegan, seguro se están haciendo bien
pendejos en sus chantes, ese es el pedo con la banda, no se aplica. En la
última tocada el de los teclados llegó bien crosti y que se guacarea en medio vals
de los quince años, hijo de cinco putas, el papá casi nos corre, si no es
porque la quinceañera se metió por nosotros nos hubieran corrido a la verga. Ya
al final de la fiesta tuve que darle su regalito a la muchacha, qué cosas tiene
la vida. Pero eso sí, ora sí les voy a decir que nada de andarse cruzando, o
pedos, grifos, cocos, chemos, pastillos, chaqueteados, cogidos o lo que sea,
pero nomás una cosa a la vez, porque es el Centro, la meritita Plaza de Armas.
Aunque la neta siempre será mejor tocar para los tuyos, para tu raza, y no a
esa bola de fresquis bon que se la
pasan dando vueltas a la plaza, a ver qué
hay. ¿Cómo se llama el grupo? Los
Changungas All Stars. ¿Sí dí? Y aun no han llegado, sirve que me echo otra
chela.
*Texto publicado en la edición impresa Clarimonda #22: Barrio.


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