lunes, marzo 25, 2013

EL LIBRERO: Anoche caminé con un zombi, Juan Mendoza.



Nuestra vida son las fiestas

Manuel Noctis


A diferencia del realismo mágico, el realismo sucio ratifica la podredumbre, la miseria, la degradación y el espasmo en que las sociedades nos hemos sumergido, en el realismo sucio el ser humano deshumanizado y perverso se sitúa como principal protagonista de una historia enferma llena de rencores, excesos y desolaciones mundanas, en el realismo sucio todo sucede tal cual como se ve, se oye, se toca o se palpita, y los cuentos de Juan Mendoza reunidos en este libro de Anoche caminé con un zombi tienen mucho de ello en acción.
Sin pretender etiquetar este libro bajo este subgénero de la literatura, presiento que la mayoría de estos cuentos se estructuraron al calor de un espasmo bucólico aguardentoso, psicotrópico y soñoliento after party, tal vez me equivoque y solamente se hayan escrito en cada una de las encomiendas al baño mientras las heces surtían efecto demoledor, como se menciona en el primer cuento Su padre ha muerto.
Sea como esto fuere, es claro que hay un desapego a la cotidianeidad de la vida en cada una de las narraciones, los personajes o, el personaje en sí mismo, ufana un terrible desencanto por la condición social totalizante y mediadora de las conductas sociales. Es evidente que lo primero que salta a la vista es un lenguaje desbordante altamente antipoético, como dirían los puristas, pero demasiado emparentado a la condición social en que vive y se desenvuelve la población clase mediera no solamente del Distrito Federal o del Estado de México, sino de todos los suburbios, como lo mencionaba antes.
Y es en estos suburbios donde la vida mundana trasnochadora de sus personajes hacen su perfecta aparición, entre gordas, putas, travestis, polipuercos, drogas, alcohol, sexo, ruido, mucho ruido, barullo y en varias ocasiones un compás musical que acompaña las acciones o que delimitan las circunstancias, es decir, muchas veces ese soundtrack que se escucha en la narración no se complementa o es fallido y ello influye en el camino de la narración.
En algunos de los textos se muestra la indeterminación de esta condición de vida que “nos ha tocado vivir”, anteponiendo circunstancias que quizá jamás hubiésemos querido que se transformaran, la incondicionalidad desdeñánte del futuro incierto que todo lo cambia, ese paso de la juventud en éxtasis (sin que esto suene a comercial librero) hacia la madurez que no termina por completarse y entonces la realidad de un puñetazo nos lanza al sitio en el que nos encontramos, como sucede en el cuento Caminera 2.
Durante la lectura de este compendio de cuentos es inevitable la risa provocada por un humor negro y ácido, constantes, hay muchos pasajes inesperados, asuntos impensados y por ende sorpresas malditas, burlescas e indecorosas como se muestran en el cuento Lost in Hotel, en donde el bochorno y justificación ante tal situación indecorosa se disuelve ante la calentura que embarga.
Pero Juan Mendoza no solamente hace parecer que el mundo es una mierda y le importa madres lo que hay afuera o fluye a su alrededor, sino que además se da el lujo de lanzar una severa crítica a la intelectualidad contemporánea (y todas las intelectualidades), quienes no han entendido que mucho de lo que “proponen” en sus obras y discurso soslayan en la mediocridad y mamonería rampante, ya que un borrachín puede ser más contundente en sus actos que un performer de alta categoría y caché.
Todos estos elementos brindan un plus concreto a la narración, rompiendo ese viejo esquema de la estructura concreta, prosódica y lineal que marcan los caminos de la estulticia literaria, acá eso importa un comino, el libro es una gran vecindad donde cada uno de sus personajes habla de acuerdo a las peripecias que les atañen, el hilo conductor pareciera no conducir a un rumbo determinado, pero qué importa, pareciera decir el autor, puesto que el futuro es incierto y además le "vale madres".
Lo último que podría decir es que este libro es una gran fiesta, pues como dijera uno de los personajes: “todo empieza y termina en las pachangas. Nuestra vida no es una fiesta. Nuestra vida son las fiestas” y en ello nos encontramos con su lectura.


Anoche caminé con un zombi
Juan Mendoza
Ed. Verso Destierro (2011)


*Texto leído en la presentación del mismo libro el día sábado 23 de marzo en el bar La Junglería (Morelia, Mich). Evento organizado por la revista Clarimonda.

Si te interesa conseguir el libro escríbenos al mail: revistaclarimondagmail.com

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