lunes, octubre 29, 2012

EL LIBRERO: Barbarie, Carlos Martínez Rentería.



De los bárbaros que deambulan bajo una madrugada que se hace lluvia

Manuel Noctis


Cómo medir la madrugada
cómo saber cuándo es tarde o temprano
tiempo de irse o quedarse
de llegar o morir en ese mismo instante
Carlos Martínez Rentería. Madrugada I

Me encontré con Generación y, posteriormente con Carlos Martínez Rentería hace un par de años. Lo conocí en la cantina La Enramada de esta misma ciudad, durante un Homenaje a Bukowski que el buen Paco Valenzuela junto a su revista Revés realizaron. Ya hace poco le escribí, para la edición de los 22 años de Generación, un texto donde le describo mis encuentros y desencuentros con dicha publicación, por lo tanto, creo inconveniente ahondar en ello. Pero lo comento porque desde aquél momento, durante las entrañables contemplaciones de su vida, supuse que Carlos tendría bajo la manga manojos de textos escritos por él mismo; tantas noches, tantas madrugadas, tantas lluvias y tantos árboles en el camino me suponían igual cantidad de anécdotas y experiencias escritas, por lo tanto me preguntaba constantemente el por qué no tenía nada publicado.
No me sorprendió ahora, años después, el haberme encontrado con Barbarie, mucho menos el que me hayan invitado a presentarlo esta ocasión. Lo que sí me sorprendió en un principio fue el hecho de que Moho, y principalmente Guillermo Fadanelli, publicaran un libro de poesía bajo su sello. Más aún cuando Fadanelli había mostrado y comentado amplia y públicamente su desapego y nulo acercamiento por la poesía. Las razones ya las sabemos, y él mismo lo comenta en la presentación de este libro. No es que me parezca una contradicción, al contrario, da una muestra más del atrevimiento que ha mostrado Moho desde un principio. Atreverse a publicar un libro de poesía dentro de un sello editorial que no mostraba afecto por la misma, es en sí ya un acto de barbarie.
Contextualizo todo esto porque, aunque Rentería no lo sabe, he seguido esos pasos muy de cerca, involucrándome intrínsecamente con lo que ha hecho y ha dejado de hacer; entre lo que se ha dicho y no se ha dicho de una labor editorial, contra-cultural y ahora poética. Porque para quienes nos “encantan” las revistas, sin duda alguna Generación se vuelve un referente porque revivifica en cada una de sus ediciones la creación y la cultura que nos convoca. Pero ¿qué tiene que ver todo ello con Barbarie? Me parece que mucho. Varias de las historias que el libro nos muestra poéticamente, se inician, se desprenden, o vienen a representar lo que fotográficamente se muestra, edición tras edición, en las ya míticas Noches de Generación. Esta “sección de sociales”, incluida en la revista, que no es más que una serie de fotografías, nos cuenta en cada una de ellas una breve historia que simboliza la fragilidad del momento. Por ello en varios de sus poemas, como en algunas fotos, están presentes sus amigos, los que interpretan de manera complementaria la escena y situación contada. Algunos creerían que son estados de concepción bohemia simplemente, pero no es así, más bien creo ahí se manifiesta la contemplación de lo que Carlos augura como los verdaderos bárbaros, los que reniegan ante los dioses y se contraponen a ellos, los bárbaros que se mantienen a flote descubriendo verdades luminosas en la mundana destrucción de sus vidas. Y es ahí, con quienes alcanza el álgido punto de encuentro y desencuentro. Donde fluye el pensamiento concreto. Donde el bárbaro dilucida su estancia con el entorno que le permea. Donde el raciocinio puede ir de la mano con el relajo, o viceversa. Donde se puede vislumbrar el final del vacío y se contrarresta con la creación. Donde se es y no es, a semejanza del otro. Donde la complicidad y la condición humana se superlativan cuando se enfrentan ante la ausencia. Donde esa fragilidad del momento, se contrapone ante la debilidad, porque lo frágil no es igual que lo débil, lo frágil hay que tratarlo con cuidado, porque puede provocar un caos, lo débil aún no adquiere ese rango.
Pero Carlos no se queda ahí y siempre va más allá, porque después de la fiesta viene el after (muchas veces lo mejor), porque después del paraíso nocturno deviene la madrugada. Lugar donde Carlos se muestra totalmente desnudo y abierto, pero no desnudo como cuando apareció así en alguna edición de Generación, ni abierto tampoco de piernas, por ejemplo, sino lo literal, lo que ufana a la condición humana quizá como la concebía Revueltas. Por eso uno intenta llegar antes/ y la verdad de la noche siempre gana la partida, porque el bárbaro espera la madrugada y la asimila como cual madre que acoge a su hijo entre sus brazos (o ahora sí, como cual puta entre sus piernas). Porque la madrugada es el momento idóneo para resarcir al universo, pero no cualquiera llega a ello, sólo el bárbaro en su transitar por las calles, las cantinas, las botellas y la vida misma: amor, desamor, hijos, amigos (aunque parezca contradictorio a su autodestrucción) puede alcanzarlo. Cuando todo te despoja y en silencio –quizá- se contraponen las ideas. En ese punto la madrugada despierta la sensación del encuentro con el mismo, uno mismo, y de ahí deviene la desnudez.
No conforme con ello, el autor le agrega un soundtrack a sus poemas, la cadencia de la lluvia. La lluvia como motivo de reflexión. La lluvia en extremis recreando historias paralelas ante el pensamiento de lo concreto. La lluvia como síntesis del acto sexual: “la lluvia llueve como caudal entre tus piernas”. La lluvia como metáfora del acontecer diario. La lluvia como metáfora de los problemas: le llueve sobre mojado. La lluvia como alarma ante la desprotección. Porque la lluvia es proeza, la lluvia limpia y arremete las costras que nos va dejando la vida.
Y finalmente no se podía dejar de lado la contra, porque sin embargo, algo se mueve… y está ahí presente. Algo circunda la periferia, algo la trastoca. Algo está al acecho, contemplando las vicisitudes de la cultura, algo está permeando y, dentro de ello está Martínez Rentería, un autor atrevido, sutilmente romántico, honesto, desnudo, sicotrópicamente alterado. A final de cuentas, Carlos, Generación y Barbarie de aquí a 50 años (digo 50 sólo por mencionar una cantidad) serán elementos y referentes obligados de la literatura y la cultura misma, porque ahorita están en la cresta de la ola, están en movimiento constante, están revivificando la cultura… más tarde la ola llegará a tierra, y ahí se habrán concretizado todos estos hechos.

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