lunes, noviembre 19, 2012

EL LIBRERO: Tormenta de Sangre, Arthur Alan Gore & Chico Migraña



Unos tragos de vodka con lo más inn 
de la farándula rocanrolera



Manuel Noctis


I.
Yo soy de los que piensa (y cree con devoción) que el Rock hecho en casa (o séase a.k.a Mexicanopal) desde hace muchos años se encuentra bajo los síntomas de una rara enfermedad de la que difícilmente encontrará una cura. Motivo: bandas y rocker’s se han encargado de expandir su mal. Pero no por eso dejo de aplaudir ciertos proyectos emergentes que se descubren en el underground de las distintas urbes de este territorio –tan- manchado de sangre.
Lo que si me (re)salta a la vista (y me atrae por completo) son los múltiples performance’s y situaciones –de lo más absurdas, chistosas y hasta bochornosas- que les suceden tras bambalinas a esos exponentes del rock (igual nacional como del extranjero). Por lo cual les vengo a platicar de un librito que me rolaron vía internet (y que por fin lo tengo físicamente), titulado Tormenta de sangre y que presagia en la misma portada lo que acontecerá dentro de su maldito interior: Crónicas off record: Galletitas para Dios y 19 secretos muy bien guardados del rock y el pop.

II.
¿Chismes de farándula? ¿Crónicas de dos groupies rocanroleros? ¿Historias salvajes tras bambalinas? ¿Historias que cambiarán la faz de la tierra? Pues nooo, no que a mi entender pueda precisarse (¿o sí?). El libro Tormenta de sangre (México, DF. 2010), escrito por Chico Migraña & Arthur Alan Gore es un compendio de crónicas sobre sucesos y eventualidades –personales de los autores- tras bambalinas, en conciertos, entrevistas y borracheras con varias figuras del rock, el heavy metal y una que otra personalidad popera. Después de leerlo pensé que si estas historias fueran contadas por Paty Chapoy, serían de lo más agradables (aunque quizá atraerían nuevos públicos rockeros, lo aseguro… así es la banda) y jamás tomadas en cuenta por una persona como su humilde servidor, por el simple hecho de no resultarme ningún interés visto desde su persona. Creo que para este tipo de cosas importa mucho desde dónde, quién y cómo vienen contadas las historias –lo que le da el plus a este libraco-.
El Chico Migraña en una de sus crónicas menciona: “lo más importante de la presentación en vivo de una banda es todo lo que hay detrás de ella, tras bambalinas” –repetitivo, pero cierto-; y eso es lo que sucede y se presenta en este libro: las historias que resultan atrás de un escenario o desde la –casi- mítica personificación de un rockstar, el alumbramiento y desnudez de los mitos que los rodean y sobretodo la humanización de esos “semidioses” que a veces parecieran intocables. Uno de los elementos importantes y destacables de estas crónicas –precisamente- es quizá –indirecta o inconscientemente- poner en entredicho la “majestuosidad” de las estrellas del rock y sus derivados… por ejemplo, ver a un Rob Halford (reconocido vocalista de heavy metal) desflorarse –literalmente- por unas galletitas (bien bonitas y riquicuquis); al Alex Lora parando el monstruoso tráfico de la Ciudad de México mientras corre tras sus perros que se le escaparon de casa; al Juan Brujo (vocalista de la banda de death metal Brujería) vendiendo discos en el Chopo; o la historia que se suscitó en el Vive Latino del año 2000, donde el Marcovich escondido en un baúl, según la astucia de la ñora Marusa, “trato de estropear” una presentación de Jaguares (cuando todavía no pensaban en un regreso –económico-, perdón mítico con los Caifanes); o por ejemplo, enterarse que uno de los novios atribuidos por la televisión de espectáculos a Belinda no era más que uno de estos personajes quien se había entrevistado con ella, el cual fungió por unos minutos como el susodicho para que la niña saliera airada de la prensa, etc. Porque si bien, en lo personal, nunca me ha gustado mitificar a ciertos personajes (inflar más a las “vacas sagradas”), porque a fin de cuentas son simples mortales, de carne y hueso, igual que tú, yo y los demás (aspecto de Chico Migraña no muy de mi agrado: llamarlos “ídolos” y proclamarse “fan”).
Chico Migraña & Arthur Alan Gore
Otra de las cosas resaltables, es la que nos cuenta Arthur –desde su visión acertada como periodista (actualmente trabajando para revistas como Gótica, Marvin, entre otras, además con su nombre de mortal Arturo J. Flores en Playboy México)- sobre la banda Christian Death (banda de death-rock-gótico fundada en 1979 por el mítico Rozz Williams), porque ¿cuántos de nosotros hemos visto por ahí a chicos dark’s-góticos auto-limitándose en ciertos aspectos de la vida cotidiana? Auto-limitantes como bailar, participar socialmente activos, ir a lugares diferentes a sus gustos, etc. Y en esa crónica se deja al descubierto cómo los integrantes de dicha banda (en una de sus estadías en el DeFectuoso) participan en la marcha de los electricistas, se van a bailar salsa a una cantina y se ponen borrachos con tequila, o sea, what is the fucking problem con todo esto? Ah, pero mientras tanto acá en las Tribus siempre dilucidando torpemente por estas cuestiones (no toda la bandera oscura, claro) porque hay que llevar un lineamiento en la conducta (esto sucede en todos los ámbitos, pero hay que romper con ello). El libro tiene como agregado aliciente unas ilustraciones muy interesantes de Carlos Carapía y el prólogo es de Hugo García Michel, quien fuera director de la revista La Mosca en la Pared.
En fin, para quienes nos gusta la música y todo lo que sucede tras de esta, es muy recomendable este libro. De verdad pasarán un momento grato con su lectura, porque tiene su toque especial de humor y sarcasmo; Rogelio Villarreal (editor contraculturoso de la revista –ahora- online Replicante) menciona que es un recurso tan válido utilizar la ironía y el sarcasmo como un elemento de la crítica, y estos chicos de verdad lo hacen muy bien. Por eso no son chismes de farándula, ni historias cualquiera, son crónicas off record donde se deja ver que las “estrellas” también se echan peditos, babean la almohada cuando duermen y también les tiemblan las patitas en el escenario. Así que no esperen más, sáquenle del cochinito, róbenle unos pesos a sus padres o invéntense el negocio de la "Señorita Universitaria" y consíganse este librito que bien merece un espacio en sus lecturas. 

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