lunes, julio 08, 2013

EL JUGUETE RABIOSO: Suciedad, cine, depravación; La existencia bajo el proyector


Suciedad, cine, depravación; La existencia bajo el proyector

Alfredo Padilla



“Le pido al cine lo que muchos estadounidenses
 le piden a las drogas psicodélicas.”
Alejandro Jodorowsky

El hecho de ver cine, en lo personal, es un acto que apela a los artilugios de la fullería y el engaño, creo irreductiblemente, en que resignarse a las ilusiones más soeces por medio de una pantalla de 9×19.7 o de un televisor convencional, es una completa argucia, invoco en todo caso a los embates de la pragmática. Sin embargo, amo tercamente la estética del film, su lenguaje, su fotografía y sumontaje.
El cine, además de ser una fuente de entretenimiento –reparando en la obviedad-, es una droga del-etérea, un vicio que me ha incomunicado con el resto de la humanidad. Recuerdo que cuando era joven y taimado, me inicié en la adusta religión de ver al menos una descomedida película todos los días, de aquel efebo pasón de cine obsceno, rememoro mis inaugurales flirteos con Harris Glenn Milstead, actor y cantante estadounidense, especialmente conocido por su caracterización como la drag-queen Divine, quien participó en 18 escabrosos metrajes de la mano de directores sediciosos como Michael Schroeder, Alan Rudolph, Paul Bartel, Malcom Whitehead, y el actor, escritor y fotógrafo John Watters, con quien Divine trabajó como actor fetiche en nueve largometrajes: Roman Candles (1966), EatYourMake Up (1968), Mondo Trasho (1969), MultipleManiacs (1970), The Diane LinklettterStory (1970), Pink Flamingos (1972), FemaleTrouble (1974) y Polyester (1974).
De esta dupla Divine-Watters se acentúa Pink Flamingos considerada como una de las cintas más insinuantes del cine empírico, en donde Divine es la "persona más inmunda del mundo". Por esta razón, una pareja heterosexual que suministra heroína en los colegios y roba bebés para dárselos en adopción a parejas lesbianas, tiene envidia de su título, y hace todo lo posible por quitárselo.
 Recuerdo el guión de Pink Flamingos como una Biblia misma de mi pasado barroco: “Te quiero más de lo que quiero a mi propia mierda”, “puede comer mierda por lo que a mí respecta, Miss Sandstone... O tragarse cualquier otra cosa que le apetezca. No ha asumido que no me interesan sus problemas”. John Waters es un director que pone en vergüenza al propio Ed Wood, su cine es imperfecto y alborotador, dos adjetivos que en mi sensatez, representan la principal carta de presentación de un filmmaker.
Después de Watters aparecerían guionistas y directores de la misma calaña, en mis tiempos de patinetas y desencanto, de cuando no podía consumar ni un puto olie, en la época en que teñía mi cabello de coloraciones y perfeccionaba el onanismo, surgieron Harmony Korine y su máquina de escribir para componer el libreto de Kids (1995), película dirigida por el fotógrafo y cineasta Larry Clark, que consiguió exhibir justo lo que un joven de 20 años ambicionaba ver a través de una roñosa pantalla de cine en los años 90, drogados hasta el culo y con la lengua de una rubia entre las piernas.
            La película lo tiene todo: Skateboarding, malversaciones, drogas y sexo casual. El argumento se centra en la historia de Telly, un joven de 17 años que suele acostarse sin protección con sus amigas vírgenes. Casper, -el mejor amigo de Telly-, es quien representa el mayor índice de perdición en las drogas. Una pareja ideal para mostrar la realidad social de los Estados Unidos. La trama principal se da cuando Jennie –amiga de Telly-, confiesa que es portadora del virus del SIDA, y que fue Telly quien le ha transmitido dicha enfermedad. Toda esta confabulación indivisamente condimentada con exquisitas referencias a los trabajos cinematográficos de Martin Scorsese y Gus Van Sant, de quienes sus Goodfellas (1990) y Elephant (2003) respectivamente, no me dejarían dormir en años.
            Posteriormente volcó el cine-clona-zepam de Werner Herzog y mi himeneo deslumbrado con Klaus Kinski, coprolálico actor alemán adicto al sexo y la perfección, de un carácter irascible, especialista en hacer enemigos. Kinski trabajó al lado del director alemán en cinco metrajes: Aguirre, Der Zorn Gottes (1972), Woyzeck (1979), Nosferatu: Phantomder Nacht (1979), Fitzcarraldo (1982) y Cobra Verde (1987). Herzog relata en el documental Meinliebster Feind (1999) esa relación de amistad-amor-odio que llegó incluso al enfrentamiento físico y las amenazas de muerte por parte de ambos.
Una de las secuencias más poéticas y horripilantes que se haya filmado en la indisoluble historia del cine, proviene justamente de La Tragedia de Franz Woyzeck, cinta basada en la obra teatral berlinesa de Georg Büchner en donde Woyzeck es un soldado sumiso, cuya esposa permanece en casa junto a su hijo recién nacido. El soldado gana algo de dinero extra con servicios especiales para su capitán, y la cooperación en experimentos del “Señor Doctor”, dichos experimentos exigen de él una dieta de frijoles y el consumo de pastillas privativas, lo que lo convierten en un ser cada vez más débil. Cuando se entera de que su mujer lo engaña con el cabo de su compañía, enloquece, la asesina y a la postre se suicida.
La escena final está dotada de una belleza imprescindible, Woyzeck (Klaus Kinski) asesta con un cuchillo de cocina el cuerpo de Marie, (Eva Mattes), en los parajes de un fastuoso paisaje teutón, en donde únicamente el murmullo de un riachuelo irrumpe el temperamento del soldado, que acuchilla con furor a su mujer al compás de la música de Fidel Quartett Telč y Harald Maudy.
No fue hasta una mañana del actual tercer milenio en que conocí a uno de los cineastas que más ha influenciado en mi trabajo. Mientras un cúmulo de personas saltaban de las Torres Gemelas al momento en que éstas ardían en llamas, yo vislumbraba a través de la pantalla grande la obra tardía de un rabioso argentino radicado en Francia, su obra está entregada a la provocación, de una violencia sublime y un guión envidiable.
            No tengo recuerdos de alguna otra película que me haya quitado el habla por completo y me hiciera evacuarme en mis pantalones, un metraje de una belleza sobrehumana como lo es Carne (1991) short film o carta de presentación de Gaspar Noé en el cual presenta la historia de un carnicero francés (Philippe Nahon) que vive solo con su hija luego de ser abandonado por la madre de ésta. Un día la niña tiene su primera regla y corre hasta la carnicería de su padre, que, al ver la sangre, cree que la pequeña ha sido violada. Éste sale enfurecido de la tienda y termina agrediendo a un inocente. La niña es internada y él encerrado en prisión. Al salir, años después, intentará empezar una nueva vida junto a otra mujer que queda embarazada. Ambos se van a vivir fuera de París con la madre de ella. Harto de su situación familiar, su actual trabajo y agitado por pensamientos de violencia y destrucción, termina agrediendo brutalmente a su mujer. Esa misma noche se decide a retornar a París, donde se propone empezar de nuevo. Sin embargo, el mundo con el se que topa mientras recorre la ciudad en busca de trabajo lo predispondrán a la violencia.
            Comparecerían inmediatamente un sin número de artistas visuales, directores de cine y libretistas a cubrir el papel de dealer particular de mis madrugadas en vigilia, artífices insubordinados como Dusan Makavejev, KoenMortier, György Pálfi, Steve Mcqueen, Paul McGuigan, Sean Ellis, Jonas Åkerlund, Leos Carax y Richard Bates Jr. Entre otros, cuyos nombres sólo entorpecen la coordinación de este texto y hacen escalar mi ego. John Cassavetes decía que el cine es una investigación sobre nuestras vidas. Sobre lo que somos. Sobre nuestras responsabilidades –si las hay- Sobre lo que estamos buscando. Yo que soy un perdido, aún espero en esta pesquisa, en este acto de existir en el cine, tropezarme conmigo.


“Yo no soy un perverso soy un curioso de esta fuerza enorme que está en mí.” Alfredo Padilla es narrador, periodista cultural y orgulloso papá de André. Estudió comunicación en San Luis Potosí. Escribe sobre literatura, música y cine para varias revistas y periódicos del país. Twitter: @_PadillaAlfredo.

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