Borges
o el mito de sí mismo:
Un
acercamiento narrativo de Pablo Paniagua
Edgard
Cardoza Bravo
John Lehninger, extremista del verbo, cruel censor de los
grandes maestros de la literatura a través de polémicas conferencias, muere
asesinado de varias puñaladas a la salida del evento de título el
inextricable Borges, mientras su ejecutor vocifera “Viva Borges”. En
anteriores ocasiones habían sido ya motivo de su incordio autores tan diversos
como William Shakespeare o Juan Rulfo, sin que sus aseveraciones hubieran
provocado algo más que acalorados disentimientos de opiniones. ¿Qué causó tal
reacción extrema? Es la pregunta que genera el desarrollo de los
acontecimientos posteriores en La novela perdida de Borges, libro
del español radicado en México, Pablo Paniagua.
La
mexicana Aurora –borgeana apasionada-- y el español Jorge Luis, ambos
estudiantes de Letras en la Universidad
Complutense de Madrid, testigos de tal hecho de sangre, han escuchado casi al
final de la disertación de Lehninger lo que ya consideran como la más que
probable causa de su muerte: la revelación de un cuantioso secreto: la
existencia del manuscrito inconcluso –69 páginas-- de la que sería la única
novela del autor argentino (que después se sabrá, está en poder de un
violinista suizo con residencia en Guanajuato, México). A partir de esa
conjetura y de tal cifra, el 69, número de la imagen-semejanza del hombre hacia
todas sus réplicas posibles, inicia un juego de espejos perversos que sólo
concluirá con el hallazgo –en Guanajuato capital-- del documento revelado por
Lehninger. La abominación es desde ahora el sello distintivo de los personajes
involucrados en la historia. Todos tienen su copia pervertida en algún lado: el
supuesto asesino (un pelirrojo de tez lechosa) que se replica como amiba podada
hacia todos los lugares posibles a donde se muevan los protagonistas de la
novela; o Borges mismo emergiendo de sus ficciones para asumir al fin los que
fueron sus demonios vitales en un par de cuerpos paralelos, Jorge Luis el
estudiante marihuano metido a detective y el escritor polaco-argentino Witold
Gombrowicz. Hasta la bellamente frígida Aurora sólo es ella plenamente al
practicar un trío amoroso con su cachondísima gemela paralítica y Jorge Luis,
que es ya Borges mismo resarciendo póstumamente sus prejuicios de índole
sexual. Al paradigma bíblico creced y multiplicaos el argentino opone su
teoría de que los espejos y la cópula son abominables porque multiplican la
imagen de los hombres. Durante su vida terrena Borges huyó siempre de su
corporalidad pecaminosa hacia un pasado de glorias fingidas, verbigracia su
famoso Poema conjetural, en donde supuestas y pretéritas prolongaciones
suyas como Francisco Laprida (muerto en 1829), signador de la independencia
argentina, y su copia de la edad media italiana, personaje del Purgatorio
de Dante, el Capitán Buonconte di Montefeltri (muerto en 1289), son lanzados al
infinito a conquistar identidades paralelas tras filas de anagramas de números
signados por el azar. En ésta, su novela imposible, estación apócrifa de sus
laberintos existenciales, al fin emerge el Borges triunfante como varón, de su
ser asexuado.
Los
personajes de La última novela... abominan de Borges sobreandando sus
pasos, ensayando algunos de sus recursos literarios y fijaciones metafísicas:
el protagonista por momentos se siente Borges redivivo flotando entre muros de
laberintos conceptuales, creando nuevos tiempos que se mueven en dimensiones
sostenidas por la casualidad. Es en la laberíntica ciudad de Guanajuato donde
el Borges fingido y su Ariadna de marras encuentran el ovillo para sellar sus
búsquedas particulares: él consigue saciar sus fantasías sexuales y ella logra
apoderarse del apetecido manuscrito. La novela trata, entre otras cosas, de
recrear los principales temas de la escritura borgeana: los espejos, el
laberinto como concepto y estructura creativa, el hombre duplicado, la
circularidad del tiempo, y el sueño que desborda su realidad irreal e irrumpe
de pronto en la vida del hombre. Somos un soñar sin soñador y cada uno de
nosotros es un símbolo de ese sueño, señala el argentino. Finalmente
resulta que la aventura novelada por el iberomexicano ha sido un sueño.
Tejidas
entre los renglones del libro, en voz de sus personajes, Paniagua se permite
además algunas insolencias en contra las tan celebradas virtudes narrativas de
Jorge Luis Borges. El malogrado personaje Lehninger en la última conferencia de
antes de su muerte, manifiesta que el estilo Borges de escritura es sólo
pedantería disfrazada de erudición y según su teoría, son sus trucos y
juegos de artificio lo más destacado de su marrullera expresión. El
mismo Jorge Luis ficcional asegura que son falsas las razones aducidas por el
argentino para nunca abordar la creación de una novela (¿para qué decir en
quinientas páginas lo que puedo decir en diez?). En sus palabras, el motivo
evidente es que Borges es absolutamente inhábil para construir los personajes
que constituyen el verdadero sustento de la novela. El cuento narra historias
sin más pretensiones que ventilar la imaginación del narrador, la novela crea
personajes imbuidos de realidad imaginativa para fingir la vida real que Borges
es incapaz de recrear en su cuentos
Si
hubiera algo que reclamarle al autor de La última novela de Borges,
serían ciertos juegos retóricos que no agregan nada a la historia y más bien
actúan de distractores del asunto principal, como lo escrito en el
fragmento 16 (pérdidas perdidas en la pérdida de una perdición perdida más
allá de la pérdida no deseada), o quizás la aparentemente fácil resolución
final del libro a través del sueño de su protagonista, que por otra parte es
justificable porque como se apunta anteriormente, el tema del soñador soñado es
un elemento cardinal en la escritura borgeana.
El
principal acierto de esta novela es su estructura, parcelada, pero guardando un
cuidadoso equilibrio con sus trozos complementarios. Los personajes se desdoblan
en la búsqueda de sus calcas posibles, mas vuelven siempre a su porción originaria
a la hora de ajustar lo creíble ficticio y el decurso temporal de la historia.
El Eje, Jorge Luis Borges, siempre está muy claro, es la voz omnisciente que
contiene, ordena lo fractal, comunica la identidad al conjunto, en los momentos
en que la dispersión quiere hacerse presente.
La
novela perdida de Borges, de Pablo Paniagua, es la
búsqueda, con un alto grado de verosimilitud –la verdad de la simulación al
interior de sí, el elemento de oro— de la novela imposible, ahora cierta desde
los terrenos de la ficción, del afamado autor argentino.
*Pablo Paniagua, La novela perdida de
Borges, Indie Editorial, México, 2011.


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