domingo, noviembre 25, 2012

EL IZCUINTLE: Bloqueos, tecleos y pasones



Bloqueos, tecleos y pasones

Luis Enrique Anguiano Torres


El bloqueo de escritor es algo a lo que muchos tememos. Vaya, todo aquel que se dedique a escribir con la intención de ser leído por otros en algún momento sufrirá de este mal. Es bien gacho, créanme, sobre todo cuando hay una fecha de entrega o el texto debe cumplir con ciertos requerimientos como es el caso de una pinche nota o una columna para una revista contracultural.
El bloqueo del escritor ocurre más o menos cuando agarras el teclado o el lápiz/pluma y deseas escribir algo pero del título no pasas. A veces, peor, ni al perro título llegas.
“Meh” te dices “al rato se me ocurre algo” y sales y echas una caminada, una chela, una bailada, una cena, te das las tres o te das una línea, regresas a caminar, te vas a las maquinitas, hablas por el teléfono con tu mamá, lees, ves películas, dibujas, intentas reparar algo, intentas romper algo. Regresas al teclado o la pluma y valiendo madres la pinche sobada, tu mente sigue árida como el Kalahari o la entrepierna de la seño Laura.
Y es que es un error bien común pensar que el bloqueo del escritor se aliviana con un toncho, un chemo, una chora, un chocho, un roche, una tacha o una chela. No, nada de eso. Ni con una buena taza de café tu cerebro se acelera y empieza a dar frutos. Nadie tiene un remedio concreto para el bloqueo del escritor y es que, contrario a la opinión popular, estos bloqueos pueden tener un chingo de orígenes que van desde la frustración laboral hasta los pedos existenciales estilo Pixar (“Un día salvas al universo y al otro estás tomando té con María Antonieta y su hermanita") y, naturalmente, como cada pinche problema es diferente y cada cabeza es un mundo, las soluciones pueden venir de diferentes momentos y presentarse de las más distintas formas.
Recuerdo que en una Feria del Libro, en una ponencia que dieron Jis, Trino y Rius, comenzaron a hablar de qué era lo que les alivianaba la mente cuando tenían mucha chamba. Fue una revelación escuchar en vivo a Ruis agradecer a Trino por introducirlo al mundo de los “porritos y los honguitos” –esas fueron sus palabras exactas– mientras el otro güey decía que su principal fuente de inspiración eran las chaquetas furtivas y luego una sangría bien helada.
Así de cajeta es esto, mis muchachos, el bloqueo de escritor no es tan terrible como parece. Simplemente no se te ocurre nada y ya. Simplemente tienes la obligación de escribir algo y no se te viene nada a la mente y ya. Simplemente te corren del trabajo y ya ¿Te parece grave el asunto? Bien, entonces ve, fúmate un buen gallo o date una raya y regresa a intentar escribir a ver qué sale. No dudo que haya gente a la que le funcione; Carl Sagan se echaba sus toques y era un excelente divulgador, o la cantidad de alcohol que ingerían Bukowski y Hemingway como alimento para el cerebro. Pero eso no quiere decir que funcione para todos.
Hay güeyes –me consta– que a falta de creatividad para escribir o dibujar basta con que se echen a dormir a pierna suelta y a moco colgando, cuando despiertan es como si les hubieran apretado un botón de “reset” en las profundidades del cerebelo.
Pero no, no, en absoluto el bloqueo del escritor es malo. Todos lo han llegado a sufrir. Hay gente que se azota por la falta de ideas y de palabras para nombrar esas ideas –yo diría que el bloqueo del escritor es más lo segundo que lo primero– a veces sirve como una pausa obligada para mirar a nuestros adentros (“No lo entiendes ¿Ves este sombrero? Soy la señora Nesbit”) y quizás darnos cuenta de otras cosas.
Una breve anécdota: durante la universidad, tenía un vecino que era refanático de la pinche banda, era de casi diario tener que escuchar sus chingaderas mientras hacía la tarea, yo le echaba la culpa de que no me dejaba trabajar en paz y cuando hacía la tarea en casa de mis padres la veía con mejores ojos que cuando la hacía bajo la influencia del Coyote y su Banda.
Un día mi vecino se fue. Se mudó el güey. Se llevó su instalación y me dejó sin internet y yo seguía sin trabajar a gusto. Me di cuenta de algo bien simple: aguantaba la música pitera de aquel vato nada más porque le mangaba yo el internet y él ni se daba cuenta, así que la música no era el problema sino que yo realmente ya no me sentía motivado en esa escuela. Por más que intentara escribir notas sobre temas novedosos, terminaba cayendo en lo mismo siempre: era incapaz de escribir en tanto estuviera allá.
El bloqueo del escritor no siempre es difícil de sortear. Hay que buscarle.
A veces, aunque no lo crean, la manera más efectiva de deshacerse de esa madre es ponerse a trabajar. Dijera un profe que tuve “si esperas a que te llegue la inspiración, entonces ahí te vas a quedar” y ahora reconozco que el pinche Pedro tenía toda la razón del mundo.
En el graffiti, por ejemplo, muchos morros se desesperan porque a la tercer pinta ya quieren que salga algo increíble cuando la verdad es que pintar bien, así lo que se dice pintar bien, requiere de tiempo, práctica y talento. Si no tienes talento, hagas lo que hagas, fumes lo que fumes y bebas lo que bebas, simplemente no vas a salir de ahí ¿Por qué? Fácil, porque nada o casi nada de lo que hay afuera te dará lo que no tienes.
El bloqueo mental no es tan grave. Por ejemplo, sirve para escribir una nota sobre el bloqueo mental faltando segundos para que cierre la hora de recepción en Clarimonda.

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