Bloqueos, tecleos y pasones
Luis Enrique Anguiano Torres
El
bloqueo de escritor es algo a lo que muchos tememos. Vaya, todo aquel que se
dedique a escribir con la intención de ser leído por otros en algún momento
sufrirá de este mal. Es bien gacho, créanme, sobre todo cuando hay una fecha de
entrega o el texto debe cumplir con ciertos requerimientos como es el caso de
una pinche nota o una columna para una revista contracultural.
El
bloqueo del escritor ocurre más o menos cuando agarras el teclado o el lápiz/pluma
y deseas escribir algo pero del título no pasas. A veces, peor, ni al perro
título llegas.
“Meh”
te dices “al rato se me ocurre algo” y sales y echas una caminada, una chela,
una bailada, una cena, te das las tres o te das una línea, regresas a caminar,
te vas a las maquinitas, hablas por el teléfono con tu mamá, lees, ves
películas, dibujas, intentas reparar algo, intentas romper algo. Regresas al
teclado o la pluma y valiendo madres la pinche sobada, tu mente sigue árida
como el Kalahari o la entrepierna de la seño Laura.
Y
es que es un error bien común pensar que el bloqueo del escritor se aliviana
con un toncho, un chemo, una chora, un chocho, un roche, una tacha o una chela.
No, nada de eso. Ni con una buena taza de café tu cerebro se acelera y empieza
a dar frutos. Nadie tiene un remedio concreto para el bloqueo del escritor y es
que, contrario a la opinión popular, estos bloqueos pueden tener un chingo de
orígenes que van desde la frustración laboral hasta los pedos existenciales
estilo Pixar (“Un día salvas al universo y al otro estás tomando té con María
Antonieta y su hermanita") y, naturalmente, como cada pinche problema es
diferente y cada cabeza es un mundo, las soluciones pueden venir de diferentes
momentos y presentarse de las más distintas formas.
Recuerdo
que en una Feria del Libro, en una ponencia que dieron Jis, Trino y Rius,
comenzaron a hablar de qué era lo que les alivianaba la mente cuando tenían
mucha chamba. Fue una revelación escuchar en vivo a Ruis agradecer a Trino por
introducirlo al mundo de los “porritos y los honguitos” –esas fueron sus
palabras exactas– mientras el otro güey decía que su principal fuente de
inspiración eran las chaquetas furtivas y luego una sangría bien helada.
Así
de cajeta es esto, mis muchachos, el bloqueo de escritor no es tan terrible
como parece. Simplemente no se te ocurre nada y ya. Simplemente tienes la
obligación de escribir algo y no se te viene nada a la mente y ya. Simplemente
te corren del trabajo y ya ¿Te parece grave el asunto? Bien, entonces ve,
fúmate un buen gallo o date una raya y regresa a intentar escribir a ver qué
sale. No dudo que haya gente a la que le funcione; Carl Sagan se echaba sus
toques y era un excelente divulgador, o la cantidad de alcohol que ingerían
Bukowski y Hemingway como alimento para el cerebro. Pero eso no quiere decir
que funcione para todos.
Hay
güeyes –me consta– que a falta de creatividad para escribir o dibujar basta con
que se echen a dormir a pierna suelta y a moco colgando, cuando despiertan es
como si les hubieran apretado un botón de “reset” en las profundidades del
cerebelo.
Pero
no, no, en absoluto el bloqueo del escritor es malo. Todos lo han llegado a
sufrir. Hay gente que se azota por la falta de ideas y de palabras para nombrar
esas ideas –yo diría que el bloqueo del escritor es más lo segundo que lo
primero– a veces sirve como una pausa obligada para mirar a nuestros adentros
(“No lo entiendes ¿Ves este sombrero? Soy la señora Nesbit”) y quizás darnos
cuenta de otras cosas.
Una
breve anécdota: durante la universidad, tenía un vecino que era refanático de
la pinche banda, era de casi diario tener que escuchar sus chingaderas mientras
hacía la tarea, yo le echaba la culpa de que no me dejaba trabajar en paz y
cuando hacía la tarea en casa de mis padres la veía con mejores ojos que cuando
la hacía bajo la influencia del Coyote y su Banda.
Un
día mi vecino se fue. Se mudó el güey. Se llevó su instalación y me dejó sin
internet y yo seguía sin trabajar a gusto. Me di cuenta de algo bien simple:
aguantaba la música pitera de aquel vato nada más porque le mangaba yo el
internet y él ni se daba cuenta, así que la música no era el problema sino que
yo realmente ya no me sentía motivado en esa escuela. Por más que intentara
escribir notas sobre temas novedosos, terminaba cayendo en lo mismo siempre:
era incapaz de escribir en tanto estuviera allá.
El
bloqueo del escritor no siempre es difícil de sortear. Hay que buscarle.
A
veces, aunque no lo crean, la manera más efectiva de deshacerse de esa madre es
ponerse a trabajar. Dijera un profe que tuve “si esperas a que te llegue la
inspiración, entonces ahí te vas a quedar” y ahora reconozco que el pinche
Pedro tenía toda la razón del mundo.
En
el graffiti, por ejemplo, muchos morros se desesperan porque a la tercer pinta
ya quieren que salga algo increíble cuando la verdad es que pintar bien, así lo
que se dice pintar bien, requiere de tiempo, práctica y talento. Si no tienes
talento, hagas lo que hagas, fumes lo que fumes y bebas lo que bebas,
simplemente no vas a salir de ahí ¿Por qué? Fácil, porque nada o casi nada de
lo que hay afuera te dará lo que no tienes.
El
bloqueo mental no es tan grave. Por ejemplo, sirve para escribir una nota sobre
el bloqueo mental faltando segundos para que cierre la hora de recepción en Clarimonda.



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