viernes, junio 21, 2013

DISONANTE: Cambiar la percepción es cuestión de seguir caminando.


Cambiar la percepción es cuestión de seguir caminando

Judith Guzmán
judith.guzman8@gmail.com


Dele play, escuche y lea:

Tenemos la manía de convertir todo en prejuicio (distinto a lo que es un juicio), no escuchamos lo que el otro quiere decir por tener el hermoso complejo del “yoyismo”, nos damos el poco tiempo de sintonizar un par de letras para unirlas en palabras, cada vez nos quedamos con menos lenguaje y nos extrañan las palabras que se salen de lo que los oídos están acostumbrados, no salimos del: “güei”, “no mames”, “ese trip”, “está bien loco”, y algunas otras palabras que ya son muletillas colectivas y que parece que a nadie le causan tanto ruido como lo que muchas veces le ocasiona a mis oídos.
¿Qué pasaría si anduviéramos por la calle con un espejo enfrente? Viendo nuestros movimientos constantes, nuestra gesticulación y cómo caminamos, lo que ven los otros de nosotros es distinto a lo que cada quien siente de cómo actúa. Simplemente, hace no tanto grabé a un amigo y me dijo que no sabía que en realidad él hablaba como se escuchó haciéndolo, obviamente no le dije que lo estaba grabando así que fue algo muy natural.
Si alguien o algo nos estuviera reflejando cómo nos comportamos sería como ver en un sueño una realidad que existe, que prevalece en si y dentro de si para hacernos pasajeros del día, de la noche, de los instantes a los que se enfrenta un yo que circula por el mundo, nuestra propia historia vista a nuestros propios ojos. ¿Si viéramos cómo actuamos todo el tiempo a caso detendríamos lo que hacemos?
La realidad no sólo conspira en las energías sensoriales de cada individuo, creo yo que la realidad es una cuestión más física, donde todo depende del lugar donde estés parado. Así, sencillo.

            Estos días he estado en un constante cambio, tan violento como cualquier otro caos que cae en catarsis y deja de tener un sentido de “revolucionario” y pasa a ser una verdadera “Revolución”, ese cambio es una apuesta a la reconstrucción, que si la colectividad la tomara estaría separándose en dos líneas: los que viven y los que sobreviven.

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