Por Manuel Noctis
Hoy
es uno de esos días que sin pretenderlo me permiten escribir este breve
artículo. Habiendo tantos temas y tantas cosas que tratar me he decidido por
aprovecharme una vez más de las cosas comunes que a fin de cuentas en todos los
medios y lugares se va a mencionar.
Hoy
se celebra el Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor. Conmemoración
promulgada por la UNESCO con el objetivo de fomentar la lectura y la industria
editorial. Aprobada en París el 15 de noviembre de 1995, la propuesta fue creada por la Unión Internacional de Editores (UIE)
para preservar su actividad y fomentar la cultura y derecho de la propiedad
intelectual. Desde
entonces se celebra en un centenar de países el día 23 de abril por la simple
coincidencia en los fallecimientos de los escritores Miguel de Cervantes, Inca
Garcilaso de la Vega y William Shakespeare (aunque existen distintas
informaciones que refutan estas coincidencias).
En
el 2001 la UNESCO propuso nombrar anualmente a una ciudad como la capital
mundial del libro y en ese año fue Madrid quien se llevó el crédito. Posteriormente
se nombró a Alejandría (2002), Nueva Delhi (2003), Amberes (2004), Montreal (2005),
Turín (2006), Bogotá (2007), Amsterdam (2008), Beirut (2009), Liubliana (2010),
Buenos Aires (2011), Ereván (2012) y hoy le toca turno a Bangkok. Aunado a
esto, hay países que han adoptado su propio día del libro, como los casos de
Londres e Irlanda con el llamado World
Book Day (celebrado el primer martes de marzo), y Chile, quien lo celebra
el día 29 de noviembre, en correspondencia con el natalicio del escritor Andrés
Bello.
En
México la celebración anual también se da y se presenta en sus distintas variantes. Muchas Instituciones culturales, y
hasta políticas, deciden realizar una serie de actividades entorno a esto: mesas de discusión, de lectura, talleres, presentaciones de
libros y además el obsequio de libros editados por estas mismas Instituciones,
y otros de ínfima calidad de contenido, propuesta y edición (no precisamente editados
por ellos). Algunas pocas cosas de lo que se oferta en esta fecha contiene algo realmente de valor (destacable), muchas más son rellenos agridulces para justificar “el gasto”, otras
más pasan sin pena ni gloria.
En
última estancia, para que me entiendan, la celebración en torno al libro
finalmente resulta a medias o de plano se va al traste. Es bien sabido –y ya lo
he mencionado en otras ocasiones- el ínfimo y triste porcentaje de lectura en
nuestro país (no se diga en nuestro estado). ¿De qué o para qué sirve la celebración del libro si al cabo la
mayoría de esos libros que se obsequian van a parar a los viejos y descuidados
libreros de la gente? Por ello se regalan, porque no hay un interés real por el acercamiento a la lectura, al reconocimiento y valorización de un libro. Las editoriales y escritores que
andan en busca del éxito terminan regalando su trabajo, con la esperanza de ser
leídos y soñar con un día estar escribiendo en las grandes ligas tras un
escritorio que de vista al mar. ¿Para qué una celebración del libro con
lecturas y charlas al aire libre si al final de cuentas quienes ocupan esas
mesas son los escritores u editores –en su mayoría- amigos de algún funcionario
en turno, o pero en su caso, que escucharán personas que no querían estar ahí pero que se encontraron con ello y no había más que sentarse a escuchar algo que cuando se levantes ya se les habrá olvidado?
La
celebración del libro no es más que un pretexto comercial y de consumo –como
todos los días internacionales que celebran algo-, aunque en este caso no se
compra mucho libro, como ya lo dije arriba, normalmente se regala, y para la
contabilidad y estadísticas de insumos en lectura eso no cuenta, no tiene valor agregado, porque la
mayoría de esos libros no se adquieren por voluntad propia. En fin, esta
Celebración Internacional del Libro no es más que otro pretexto soso para que
las Instituciones educativas, políticas y culturales desempolven los montones de viejas cajas de libros que
han mantenido durante años en bodegas, ya que sólo así son capaces de difundir
ese material y, porque de otra manera, seguirían pudriéndose bajo candado.


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