jueves, marzo 28, 2013

Jesús el correcto: Una guía de películas para Semana Santa.




Por Javier Angulo


La figura de Jesús en el cine ha tenido tantas variantes que sólo era cuestión de tiempo para que alguien saliera con la jalada de Jesucristo Cazavampiros (2001). El primer hippie de la humanidad podrá tener la trascendencia de un meme regular en estos días, pero no siempre se ha visto bien lo de tomarlo tan a la ligera. Ahí donde Scorsese y Buñuel se ganaron el odio de la Iglesia por sus respectivas adaptaciones de Jesús a la pantalla grande, hubo quienes prefirieron retratarlo como el héroe mágico y bien parecido que vive en la imaginación de las familias que observan la moral y las buenas costumbres, es decir, gente que paga boleto. Es el Jesús de los evangelios hechos película, el que llega cada Semana Santa a la televisión por cable para protagonizar historias filmadas con el cuidado de quien no quiere ofender a los parroquianos. Aunque no siempre lo logre.

Es curioso cómo un judío que nació en la región Palestina terminó por parecerse más a Marco Antonio Solís que a Yasser Arafat, pero así resultan las cosas cuando se suavizan con fines de mercado. Después de todo, hasta los Beatles tuvieron que ponerse traje, y eso que eran más grandes que Jesús (según ellos)*. La verdadera apariencia de este personaje ha dado para muchos debates a través de los siglos, y no es de extrañar que alguien prefiera mantenerse neutral al respecto. Lo raro es hacer una película en que nunca se ve la cara del protagonista. La cinta El Redentor (1959), producida por el padre Patrick Peyton, se enmarca en una curiosa etapa del cine en que Jesucristo aparecía de espaldas, a lo lejos, o como una sombra, pero nunca de frente. De esta manera se enfatizaba la naturaleza divina del personaje, y se eliminaba el riesgo de poner un actor que al final no se la rife.


Y es que para hacerla de Jesús, te dejas el alma en ello o no la haces. Hay toda una tradición de actores que dejaron la vara muy alta al interpretar semejante papelote. Por otro lado, están los que al menos lo intentaron. Para la mexicana El mártir del Calvario (1952) se cuenta que el actor Enrique Rambal se sometió a un régimen de alimentación y ejercicio que le permitió cargar la cruz de madera, y esta no era de la más corriente. Lástima que al final su Jesús resultó muy solemne, con un acento español que lo hacía sonar como el cura del pueblo queriendo darte una lección. Trece años más tarde, ese aire majestuoso del Cristo de película llegó a la cúspide con La historia más grande jamás contada (1965), una superproducción con Max Von Sydow, el mismo padre Merrin de El Exorcista (1973), dando cátedra de cómo se interpretaba al Yisus imponente y sabio en esos años.


Otra historia grandilocuente es Rey de Reyes (1961), filmada durante el auge de las épicas hollywoodenses como Ben Hur (1959) y Cleopatra (1963). Aquí el imperio romano se deja ver en toda su fastuosidad, con un excelente Herodes como contraparte del Jesucristo más blanco que ha salido en una película. Eso sí, el Jesús gringo luce inspiradísimo, con mucha energía y unos improbables ojos azules que se te clavan como cuchillos en el alma. Un actor que transmite poder hasta cuando comparte sólo un pan para doce personas. Si le quitas todos los millones de dólares a la producción de Rey de Reyes, puede que te alcance para filmar Jesús Nuestro Señor (1971). Este es un clásico del cine mexicano por cable que no tuvo empacho en exhibir toda una procesión de pelucas, barbas postizas y actuaciones de tres al cuarto durante casi dos horas. Claudio Brook fue el encargado de subirse a la cruz y pronunciar la famosa y en este caso paradójica frase “perdónalos padre, no saben lo que hacen”. Ideal para amantes del cine cutre.


La sugerencia de la casa para quien ya considera echarse una buena peli de Cristo próximamente, es la mini-serie Jesús de Nazaret (1977) dirigida por Franco Zeffirelli. Aunque verla en su totalidad implica un maratón de seis horas, se trata de una producción impecable, con un Jesucristo setentero más apegado a su lado humano y mirando siempre al infinito, como en trance. Las actuaciones, la escenografía y una trama con muchas aristas la colocan entre las mejores biopics del hombre que dividió la historia, mejor incluso que La Pasión de Cristo (2004). Por otra parte, en esta temporada de reflexión y espiritualidad también es importante recordar al Jesús de John Turturro, que no es el nazareno, pero juega a los bolos como el demonio.


*Para mí ese puesto sería, en todo caso, de Jimi Hendrix.


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