Estados Unidos Meritocráticos
Luis Enrique Anguiano Torres
Se
supone que la meritocracia, de acuerdo con la pinche Wikipedia-sabelotodo, es
una forma de gobierno que está basada en el mérito. Bueno, yo tenía entendida
otra cosa y era la escalada de posición de acuerdo, precisamente, al mérito
personal. Como esta es mi columna y aquí se hace lo que yo digo entonces nos
vamos a apegar a mi definición que, por sí misma y de acuerdo con la postura de
Feyerabend sobre el anarquismo epistemológico (qué contrariedad mencionar a ese
güey para decir que se está de acuerdo con él) mi definición vale lo mismo que
lo que diga la pinche Wikipedia.
Ahora,
hay que preguntarse, qué madres es el mérito y, es curioso, porque el mérito es
la cualidad que hace que uno sea merecedor de algo. Qué pinche raro: la
meritocracia es el reconocimiento del mérito y el mérito es la cualidad por la
que se te debe reconocer algo. La lógica circular es la mejor lógica porque es
circular.
Entonces,
la meritocracia es el ascenso de posición en la escala social basándose
exclusivamente en el mérito ¿Quedamos? Bien. Pues ocurre que en nuestro país
hay un chingo de eso. Por donde lo veas. El sistema de educación, por ejemplo,
es una oda a triunfo gracias al mérito: ¿A quiénes mandan a las olimpiadas del
conocimiento, por ejemplo? A los que tienen mejores calificaciones. A los morros
que todos los días han estado llegando temprano. A los que hablan mejor y un
largo pinche etcétera.
¿Realmente
merecen los pinches escuincles que de verdad los manden a olimpiadas nacionales
sobre la matemática? Hablar sobre los pecados del sistema educativo es harina
de otro costal. Diría “eso merece un artículo aparte” pero sobre el tema hay
libros, revistas, artículos, películas, foros de debate, páginas de internet y
otro largo pinche etcétera. Pero sí, la verdad es que a veces pueda estar
equivocado el mérito por el que se elige a sutano o a fulano para participar en
tal evento: te mandan a competir en geografía porque llegas todos los días
temprano, te mandan a competir en español porque cumpliste con todas tus
tareas, te mandan en matemáticas porque eres el único pendejo que sigue el
método propuesto por el profesor.
¿Lo
ven? El mérito, creo yo, aparte de que puede ser insuficiente también puede
estar equivocado. Puedes ganar una posición privilegiada por algo que no se
acopla al sistema en el que estás. Es un non-sequitur, un no se sigue. Pero que en nuestro caso de estado-nación controlado
por el narco funciona a las mil maravillas. Véanlo, está por todos lados: el
sistema partidista, el sistema educativo. Inclusive en el sistema político
tenemos ilustres ejemplos de gente que está ahí por su capacidad, valor civil,
propuestas y posturas políticas en bikini, como es el caso de cierta senadora
perredista que ni siquiera fue buena para cambiarle las fechas a una propuesta de
hace algunos años que le canibalizó al PAN. No cabe duda que sus atributos
físicos son suficiente mérito para darle una postura privilegiada en, no sé,
alguno de los establecimientos nocturnos que abundan en el periférico
moreliano, no así en un puesto de representación popular como se supone que es
el Congreso (aunque prácticamente todos los que están en esa hoguera de
vanidades son unas piltrafas del mérito social).
Nuestro
país es una meritocracia que ha errado el rumbo. Paradójicamente, terminamos
eligiendo a las personas por lo que son en sí y no por la medida en que el mérito
se acopla al requerimiento: chichis talla 36D = puesto en el senado, copete
engominado y rostro juvenil = presidente de la nación, lamebotas = procurador
de la república, etc.
Todavía
fuera una meritocracia de verdad, se las valgo, pero ni siquiera a eso
llegamos.
Y
a todo esto ¿Cuál es el pinche problema porque las cosas sean como son en
nuestro país? Que no existe la cultura del verdadero esfuerzo, es a lo que me
refiero. Es como si de repente todos nosotros tuviéramos un valor intrínseco
que podemos usar como moneda de cambio para movernos en la urdimbre social y
no, no se trata de eso. Tenemos otros ejemplos o hay lugares en los que si no
has cursado la maestría, mínimo, no te dan un puesto de servidor público como
profesor o policía.
Quizás
pareciera que estoy confundiendo el mérito con el compadrazgo, pero en nuestro
país una cosa y la otra son prácticamente lo mismo.
De
hecho ocurre en muchos lugares. Parece que está en las células de nuestra
generación el que tengamos que ser reconocidos gracias al mérito. Existen las
medallas al mérito. Toda nuestra historia personal, de cierto modo, se puede
reducir en estar delante de todos. En darle jaque al rey, dijera Alex Lora.
Desde
muy pequeños hemos venido comprando el boleto de que si no estás en el primer
lugar vales riata. Sé el número uno, somos los números uno, sé reconocido, tú
puedes ser famoso, que nadie te gane en ventas, puedes ser millonario, tenla de
25 centímetros y conviértete en el ídolo de las mujeres, sé un buen padre, sé
un buen hijo, Dios te está viendo y te puede castigar y toda una sarta de
barbaridades que le vienen holgadas a la voz de Ramón Ayala cuando dice “de lo
que pasó en este mundo, nomás los recuerdos quedan, ya muerto voy a llevarme
nomás un puño de tierra”. Lo adecuado, creo yo, sería acostumbrarnos al hecho
de que no seremos grandes. Deberíamos, más bien, empeñarnos en ser buenos.



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