domingo, marzo 24, 2013

EL IZCUINTLE: Estados Unidos Meritocráticos.



Estados Unidos Meritocráticos

Luis Enrique Anguiano Torres


Se supone que la meritocracia, de acuerdo con la pinche Wikipedia-sabelotodo, es una forma de gobierno que está basada en el mérito. Bueno, yo tenía entendida otra cosa y era la escalada de posición de acuerdo, precisamente, al mérito personal. Como esta es mi columna y aquí se hace lo que yo digo entonces nos vamos a apegar a mi definición que, por sí misma y de acuerdo con la postura de Feyerabend sobre el anarquismo epistemológico (qué contrariedad mencionar a ese güey para decir que se está de acuerdo con él) mi definición vale lo mismo que lo que diga la pinche Wikipedia.
Ahora, hay que preguntarse, qué madres es el mérito y, es curioso, porque el mérito es la cualidad que hace que uno sea merecedor de algo. Qué pinche raro: la meritocracia es el reconocimiento del mérito y el mérito es la cualidad por la que se te debe reconocer algo. La lógica circular es la mejor lógica porque es circular.
Entonces, la meritocracia es el ascenso de posición en la escala social basándose exclusivamente en el mérito ¿Quedamos? Bien. Pues ocurre que en nuestro país hay un chingo de eso. Por donde lo veas. El sistema de educación, por ejemplo, es una oda a triunfo gracias al mérito: ¿A quiénes mandan a las olimpiadas del conocimiento, por ejemplo? A los que tienen mejores calificaciones. A los morros que todos los días han estado llegando temprano. A los que hablan mejor y un largo pinche etcétera.
¿Realmente merecen los pinches escuincles que de verdad los manden a olimpiadas nacionales sobre la matemática? Hablar sobre los pecados del sistema educativo es harina de otro costal. Diría “eso merece un artículo aparte” pero sobre el tema hay libros, revistas, artículos, películas, foros de debate, páginas de internet y otro largo pinche etcétera. Pero sí, la verdad es que a veces pueda estar equivocado el mérito por el que se elige a sutano o a fulano para participar en tal evento: te mandan a competir en geografía porque llegas todos los días temprano, te mandan a competir en español porque cumpliste con todas tus tareas, te mandan en matemáticas porque eres el único pendejo que sigue el método propuesto por el profesor.
¿Lo ven? El mérito, creo yo, aparte de que puede ser insuficiente también puede estar equivocado. Puedes ganar una posición privilegiada por algo que no se acopla al sistema en el que estás. Es un non-sequitur, un no se sigue. Pero que en nuestro caso de estado-nación controlado por el narco funciona a las mil maravillas. Véanlo, está por todos lados: el sistema partidista, el sistema educativo. Inclusive en el sistema político tenemos ilustres ejemplos de gente que está ahí por su capacidad, valor civil, propuestas y posturas políticas en bikini, como es el caso de cierta senadora perredista que ni siquiera fue buena para cambiarle las fechas a una propuesta de hace algunos años que le canibalizó al PAN. No cabe duda que sus atributos físicos son suficiente mérito para darle una postura privilegiada en, no sé, alguno de los establecimientos nocturnos que abundan en el periférico moreliano, no así en un puesto de representación popular como se supone que es el Congreso (aunque prácticamente todos los que están en esa hoguera de vanidades son unas piltrafas del mérito social).
Nuestro país es una meritocracia que ha errado el rumbo. Paradójicamente, terminamos eligiendo a las personas por lo que son en sí y no por la medida en que el mérito se acopla al requerimiento: chichis talla 36D = puesto en el senado, copete engominado y rostro juvenil = presidente de la nación, lamebotas = procurador de la república, etc.
Todavía fuera una meritocracia de verdad, se las valgo, pero ni siquiera a eso llegamos.
Y a todo esto ¿Cuál es el pinche problema porque las cosas sean como son en nuestro país? Que no existe la cultura del verdadero esfuerzo, es a lo que me refiero. Es como si de repente todos nosotros tuviéramos un valor intrínseco que podemos usar como moneda de cambio para movernos en la urdimbre social y no, no se trata de eso. Tenemos otros ejemplos o hay lugares en los que si no has cursado la maestría, mínimo, no te dan un puesto de servidor público como profesor o policía.
Quizás pareciera que estoy confundiendo el mérito con el compadrazgo, pero en nuestro país una cosa y la otra son prácticamente lo mismo.
De hecho ocurre en muchos lugares. Parece que está en las células de nuestra generación el que tengamos que ser reconocidos gracias al mérito. Existen las medallas al mérito. Toda nuestra historia personal, de cierto modo, se puede reducir en estar delante de todos. En darle jaque al rey, dijera Alex Lora.
Desde muy pequeños hemos venido comprando el boleto de que si no estás en el primer lugar vales riata. Sé el número uno, somos los números uno, sé reconocido, tú puedes ser famoso, que nadie te gane en ventas, puedes ser millonario, tenla de 25 centímetros y conviértete en el ídolo de las mujeres, sé un buen padre, sé un buen hijo, Dios te está viendo y te puede castigar y toda una sarta de barbaridades que le vienen holgadas a la voz de Ramón Ayala cuando dice “de lo que pasó en este mundo, nomás los recuerdos quedan, ya muerto voy a llevarme nomás un puño de tierra”. Lo adecuado, creo yo, sería acostumbrarnos al hecho de que no seremos grandes. Deberíamos, más bien, empeñarnos en ser buenos.

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