viernes, octubre 26, 2012

DISONANTE: "Rechinado de dientes"; Un viaje por los sonidos del día.



"Rechinado de dientes"
Un viaje por los sonidos del día.

Por: Judith Guzmán
@judi_jude

Lector, sí solamente nos representamos entre letras, ¿dónde quedaría el sonido de la noche?
sea libre, haga lo que quiera conmigo mientras me lee.
Al final, solo nos representamos entre letras.


Se activa el despertador, lo primero que rompe ese mundo onírico en el que te encuentras es una canción cargada de melancolía. Despiertas con los ojos aún temblorosos por la profundidad del sueño, el sol aún no sale y la cama sigue oliendo a noche. Te quedas ahí, en la penumbra, mirando el techo que soporta a ese dios inexistente y la música transporta lo último del sueño a un lugar que sólo por azar reencontrarás de nuevo. Piensas en todo sin entender nada. La lista de pendientes del día está hecha.


Vuelve a sonar el despertador, son las 5:45 am y es hora de levantarse. Prendes la cafetera que contiene la dosis de activación necesaria, conectas la computadora y abres la regadera. Con el chorro escurriendo por la nuca, el shuffle -ese dios existente- te lleva a reactivar las neuronas. Es un día de supervivencia, de enfrentamiento a la cotidianidad. La voz, el contoneo, todo es permitido a estas horas de la mañana, donde el cuerpo se recupera del viaje sensorial del sueño y comienza a reconocer una realidad tangible.


Ya avanzó el día, el desayuno aparece en presentación de barrita y termo. Los audífonos bien colocados, la mochila en los hombros y la primer hazaña por atrapar la ruta 25. La cabeza se mueve, los ojos se entrecierran, escuchas las notas que te aceleran el paso. Hace sol, ya son las 7:00am y el movimiento matutino comienza a reconocerte como parte de la coreografía. Hay un bajeo con buen groove que suena y esa agresividad en la voz y los sintetizadores te pone con atención a los actos ajenos que puedan consternar ese andar, ese contoneo que no ha terminado desde que saliste de la regadera.


El camión se atiborra de olores, de cabellos engrasados y zapatos lustrosos. No tienes la fortuna de sentarte, pero sí de admirar una variedad ecléctica de manos, que aferradas al tubo, pelean en contra de los arrancones del chofer. Todos son desconocidos que comparten territorio en movimiento por más de un minuto. La calma llega por un momento, nadie habla, cada cabeza tiene su propia dosis de día dentro de ella, cada una pelea por encontrar soluciones a problemas inexistentes; somos extraños que se distancian por kilómetros estando uno al lado del otro.


Viajeros que caen en este tiempo, en este mundo, en esta ciudad y con el cuerpo prediseñado que se nos ha otorgado. Eso somos. Un espacio entre la comida que ingerimos y la mierda que desechamos. Llegas a tu espacio de desenvolvimiento por las siguientes 8 horas, quizás 6 quizás 10, no lo sé. La música se ha puesto en pausa y sigues tarareando la última melodía. El tiempo se escurre.


Vives a expensas del día. Te detienes por instantes, reflexionas quizás, regresas a la parada de autobús. Ahora estás frente al espejo de la mañana, el sol cae, la noche se avecina y no hay más plan que regresar a casa. Retorna el sonido a tus oídos. El camino no es más largo ni más corto, sentado mientras la cabeza golpetea contra el sueño de la tarde, suena en la boca del estomago el hambre por estar fuera de todo y dentro de la nada. ¿Será un hastío? sólo se es una única molécula, un único átomo que se presenta a los ojos de la sociedad, un cumplimiento por dar y generar, un entregar lo que eres a lo que se quiere que seas. No hay más. No hay límite entre la necesidad y el deseo, las líneas rompen el entendimiento y sólo puedes tener algo por seguro: "Todo, tiene un pinche fin".

Se activa el despertador, lo primero que rompe ese mundo onírico en el que te encuentras es una canción, un sonido que te transportará por el resto de tu día. En un convertible, en el camión, pedaleando por las calles, simplemente caminando al destino que a todos nos espera. Moverse es vivir, es desprenderse de lo que se fue antes, recrear. Somos como ese tiempo que se escurría, como ese cigarrillo que se consume aunque no lo fumes, tenemos un lapso y un momento, entre más nos fumemos se consume lo que éramos y jamás se volverá a ser ese cigarro completo de nuevo. 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí