miércoles, octubre 24, 2012

LOS IRREVERSIBLES: Sentina de cada esquina



Sentina de cada esquina

J. G. G.


Dedicado a: Yau

 “Somos los marginados del Diablo,
el fuego no quema nuestros cojones,
los hace más gordos y peludos”
J. G. G.

El submundo de la prostitución; el de cambiar el pene por algo más lucrativo, o mantenerlo para dar un dos por uno con tetas y polla para ganar un billete de 50… Son la subcultura exclusiva al subnormal.
Van en contra de ella, de la cultura; le meten todo por el culo. No están comprometidos para una perfección o para un bien social, más bien están descomprometidos, y manipulan su cuerpo a una especie de posmodernismo y representación. Rompen el cuerpo de Dios y lo hacen imperfecto, le cambian las piezas para sobrevivir de una manera moderna. Son los tipos modernos del presente, y también son transexuales.
«—Somos la verga del mundo, nene… Pero metida. Jajajá. Por eso estamos a la contra cultura. Esta mierda es simple: jode más de lo que te han jodido a ti. Y antes que nada: COBRA, menos de lo que vales. Nadie paga más de lo que mide su polla o la tuya. jaja…»
Como en la televisión se tiñen el pelo de rubio, pero estas putas tienen pinta de putas y aparentan ser putas. La farsa de decencia la dejan para los políticos y los católicos. Usan harto polvete en el rostro para maquillar todo el cansancio, el dolor de culo y el hedor a semen en los labios… No vale la pena llorar por su vida, porque su vida no vale nada. Tampoco vale la pena rendirse, eso es de maricas blandos…
Están podridas, estropeadas, descompuestas, pervertidas, depravadas y corrompidas a la vista de la sociedad podrida, estropeada, descompuesta, pervertida, depravada y corrompida... Y no les importa; la sociedad es su cliente. Desde taxistas hasta oficinistas. Todos quieren la misma mierda. Toda la sociedad puede estar a la contra, pero disimuladamente. Estamos podridos TODOS y no va a cambiar, nada va a cambiar; es la rutina del mundo.
«Las putas siempre serán putas y los perros siempre serán perros»

José Zarzi, "Perroborracho".

Las hijas del diablo

Era uno de esos meses de frío en el culo y en los bolsillos; supongo que era Enero. Los anuncios de «FELIZ NAVIDAD» en la puerta principal del Hotel Central aun seguían ahí, embarrados como moscas. Tal vez si hubiera pasado la noche de navidad en ese hotel. . .
Eran Marce y Trini; lo peor en belleza, pero lo mejor en orales y con las mejores tetas operadas de toda zona metropolitana. Todas las noches se pavoneaban afuera del Hotel Central, eran la esencia de aquel lugar. Todo estilo y toda ofensa a la decencia y al buen gusto. Nunca encontraras algo mejor por 50 bolas. Ni tampoco algo peor. Dos tipos inteligentes que encontraron su lugar en la vida: Ser putas.
—Ese condenado cerdo me metió tres litros de semen en la garganta. Un jodido billete para que te ahoguen en venidas. ¡Que se jodan!
—Nadie paga más, nena. Quieren pito y quieren tetas, quieren todo. La última vez, quería cagar por la boca, un tipo me la metió del culo a los dientes…
—Y dicen que nosotras somos las hijas del diablo…
—Bueno, mana. Al menos ya tienes lo de la comida de mañana. Agradece. 
—¿Agradecer? ¿A quién?... ¿A Dios? ¿A ese jodido microbusero? ¡Estas pendeja! No tengo por qué agradecer. Vienen y me joden, y quieres que les diga: Gracias, entra cuando quieras… ¡Carajo!
—No hables de Dios así, te ha dado todo.
—Olvídate, nena. A ti y a mí, ese hijoputa de Dios es el que más nos ha jodido…
Un taxi aparcó enfrente de ellas, un tipo gordo y trajeado bajó. Estaba ebrio, víctima fácil... El tipo se dirigió a la entrada del hotel bamboleando su enorme cuerpo y rascándose su enorme culo. Se detuvo antes de llegar y tiró medio litro de vómito. Trini y Marce se le acercaron.
—Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida, gordito… —dijo Marce.
—¿A alguna de ustedes le gustaría tener 25 centímetros de fierro en el coño?  —Gorjeó el culogordo y vomitó medio litro más. Se derrumbó en la acera.
—Chúpale el culo a tu madre, gordito. . .
Revisaron los bolsillos del obeso desplomado; un celular y una cartera... Tomaron sólo el efectivo y se alejaron un poco. Esperaron a que la noche pasara, el tipo no se levantó, tal vez ya nunca necesitaría ese dinero. Se fueron al amanecer y regresaron la siguiente noche a ser jodidas y a joder. Era su empleo, tal vez son más dignas que un obrero. Tal vez ninguno de los dos tiene dignidad. Tal vez la dignidad no este en las calles, ni en los jodidos.     
FIN

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