sábado, julio 28, 2012

SONITUS: Juan Cirerol el profeta del cristal y el anarco-corrido



Juan Cirerol el profeta del cristal y el anarco-corrido

Alfredo Padilla


“Cuando anduve como perro/ de mí todos se burlaban/ me daba un chingo de agüite/ que todos me pisotearan/ hasta que un día me humillaron/ se comieron sus palabras…”
Se percibe a lo lejos la tonada de una canción descompuesta, un hibrido entre Bob Dylan y Ramón Ayala, acordes que recuperan los compases de Los Barón de Apodaca o Los Alegres de Terán, una bucólica exasperada que inmortaliza a Bukowski y al gran cocodrilo Efraín Huerta; la voz aguardentosa ahogada en tarros de cerveza, una expresión que a bocanadas de humo le entona una melodía a los perros sedientos de amor y a su vida desventurada de pobreza y marginación, a todos aquellos serviles bípedos, andariegos y nómadas de asfaltos y polleras ardientes. El foro puede ser cualquiera, ya sea en Toluca, Sonora, Tijuana, Guadalajara, Ciudad Victoria Tamaulipas, La Condesa o el barrio chino del Distrito Federal, cualquier lugar ávido de desequilibrio y redención es idóneo para el anarcocorrido. La entrada a sus recitales no supera los treinta pesos, a Juan Cirerol no le suele zarandear el lucro; entre el acorazado publico se dejan avistar como apariciones figuras de la elite musical popular como Carla Morrison, Paulina Lasa, Leika Mochán o Natalia Lafourcade, además de escritores célebres sedientos de existencia armónica de la talla de Óscar Benassini, Diego Enrique Osorno y Luis Humberto Crosthwaite. Entre el vacío sonoro y la falta de propuestas reales que sufre la escena musical mexicana, Juan Cicerol se proclama como la promesa más joven dentro de la música regional.


Juan Antonio Cirerol Romero nació el 8 de junio de 1987 en Mexicali Baja California, empezó a relacionarse con la música a los trece años al escuchar los discos de un compañero cercano a quien le robaba cassettes de los Beatles y de Nirvana. Hasta que un día se le acaeció pedirle la guitarra a su prima para sacar a medias las canciones previamente escuchadas. Cirerol narra que siempre le gustó la música, en especial la batería, pero su familia no podía costear una, así que concluyeron regalándole una guitarra eléctrica.
En la adolescencia fundó una banda de punk con su actual guitarrista Martín del Prado, con ella hicieron un Tour por algunas ciudades de Estados Unidos como San Francisco, en ese desplazamiento, Cirerol se percató de que ese genero fragoso no era lo suyo. Se sentía falso.
Su abuelo, quien era vaquero y trabajaba en Texas, escuchaba country norteño. Él fue quien le transmitió la “música vieja” un dejo de melodía vernácula. Aunque Juan Cirerol se definió siempre como un rockero con gustos afines al cántico norteño. No podía tocar el género por su postura radical, pero en el fondo supo como ejecutarlo a la perfección.
El Juan Cirerol que conocemos a la sazón surge cuando su madre se fue a vivir a Puebla y a su regreso le trajo un instrumento de cuerdas de Paracho. Un mediodía bajo los influjos del alcohol se relajó en su habitación con un cigarro de mariguana y compuso cuatro canciones que subiría después a Myspace, el resultado fue la conquista musical que presenciamos ahora, la toma de un mercado permeable y presuntuoso, congestionado de conjuntos norteños que componen narco-corridos en octosílabos.
En la actualidad Juan Cirerol y Martín del Prado definen su música como una suerte de folklore mexicano de Baja California. La lírica se dirige mucho a Mexicali y a la cultura popular mexicana, de esta manera, la eufonía que engendra se comparte como un carácter de intercambio cultural. Denominado anarco-corrido.
Juan Cirerol es quizá el músico más lozano y fresco en la escena Country con apenas un disco titulado Ofrenda al Mictlán, que tiene un sonido auténtico y poderoso, quizá por su producción sencilla y grasosa, el disco se puede conseguir en el portal de Vale Verga Discos www.valevergadiscos.com y en su Myspace www.myspace.com/jhuancirerol también se le puede leer en su blog personal www.claroquenomorire.blogspot.com que contiene poemas o relatos cortos de su autoria influenciados todos por el escritor norteamericano Charles Bukowski.
Sus canciones son provocadoras y están llenas de epigramas que provocan carcajadas interminables, otras son pesarosas y afectuosas, unas más incitan al bailoteo y a chupar caguamas. Pareciera que Juan le sigue cantando a esa morra que se fue pero que sigue merodeando en su mente. En “Trucha porque no hay tiempo”, Juan canta doloroso: Recuerdo otra vez/hablando con papel/buscando una razón perfecta/para volverte a ver.


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