Juan Cirerol el profeta del cristal y el
anarco-corrido
Alfredo Padilla
“Cuando anduve
como perro/ de mí todos se burlaban/ me daba un chingo de agüite/ que todos me
pisotearan/ hasta que un día me humillaron/ se comieron sus palabras…”
Se percibe a lo lejos la tonada de
una canción descompuesta, un hibrido entre Bob Dylan y Ramón Ayala, acordes que
recuperan los compases de Los Barón de Apodaca o Los Alegres de Terán, una
bucólica exasperada que inmortaliza a Bukowski y al gran cocodrilo Efraín
Huerta; la voz aguardentosa ahogada en tarros de cerveza, una expresión que a
bocanadas de humo le entona una melodía a los perros sedientos de amor y a su
vida desventurada de pobreza y marginación, a todos aquellos serviles bípedos,
andariegos y nómadas de asfaltos y polleras ardientes. El foro puede ser
cualquiera, ya sea en Toluca, Sonora, Tijuana, Guadalajara, Ciudad Victoria
Tamaulipas, La Condesa o el barrio chino del Distrito Federal, cualquier lugar
ávido de desequilibrio y redención es idóneo para el anarcocorrido. La entrada
a sus recitales no supera los treinta pesos, a Juan Cirerol no le suele
zarandear el lucro; entre el acorazado publico se dejan avistar como
apariciones figuras de la elite musical popular como Carla Morrison, Paulina
Lasa, Leika Mochán o Natalia Lafourcade, además de escritores célebres
sedientos de existencia armónica de la talla de Óscar Benassini, Diego Enrique
Osorno y Luis Humberto Crosthwaite. Entre el vacío sonoro y la falta de
propuestas reales que sufre la escena musical mexicana, Juan Cicerol se
proclama como la promesa más joven dentro de la música regional.
Juan Antonio Cirerol Romero nació
el 8 de junio de 1987 en Mexicali Baja California, empezó a relacionarse
con la música a los trece años al escuchar los discos de un compañero cercano a
quien le robaba cassettes de los Beatles y de Nirvana. Hasta que un día se le
acaeció pedirle la guitarra a su prima para sacar a medias las canciones
previamente escuchadas. Cirerol narra que siempre le gustó la música, en
especial la batería, pero su familia no podía costear una, así que concluyeron
regalándole una guitarra eléctrica.
En la adolescencia fundó una banda
de punk con su actual guitarrista Martín del Prado, con ella hicieron un
Tour por algunas ciudades de Estados Unidos como San Francisco, en ese
desplazamiento, Cirerol se percató de que ese genero fragoso no era lo suyo. Se
sentía falso.
Su abuelo, quien era vaquero y
trabajaba en Texas, escuchaba country norteño. Él fue quien le transmitió la
“música vieja” un dejo de melodía vernácula. Aunque Juan Cirerol se definió
siempre como un rockero con gustos afines al cántico norteño. No podía tocar el
género por su postura radical, pero en el fondo supo como ejecutarlo a la
perfección.
El Juan Cirerol que conocemos a la
sazón surge cuando su madre se fue a vivir a Puebla y a su regreso le trajo un
instrumento de cuerdas de Paracho. Un mediodía bajo los influjos del alcohol se
relajó en su habitación con un cigarro de mariguana y compuso cuatro canciones
que subiría después a Myspace, el resultado fue la conquista musical que
presenciamos ahora, la toma de un mercado permeable y presuntuoso,
congestionado de conjuntos norteños que componen narco-corridos en octosílabos.
En la actualidad Juan Cirerol y
Martín del Prado definen su música como una suerte de folklore mexicano de
Baja California. La lírica se dirige mucho a Mexicali y a la cultura
popular mexicana, de esta manera, la eufonía que engendra se comparte como un
carácter de intercambio cultural. Denominado anarco-corrido.
Juan Cirerol es quizá el músico más
lozano y fresco en la escena Country con apenas un disco titulado Ofrenda al
Mictlán, que tiene un sonido auténtico y poderoso, quizá por su producción
sencilla y grasosa, el disco se puede conseguir en el portal de Vale Verga
Discos www.valevergadiscos.com y en
su Myspace www.myspace.com/jhuancirerol
también se le puede leer en su blog personal www.claroquenomorire.blogspot.com
que contiene poemas o relatos cortos de su autoria influenciados todos por el
escritor norteamericano Charles Bukowski.
Sus canciones son provocadoras y
están llenas de epigramas que provocan carcajadas interminables, otras son
pesarosas y afectuosas, unas más incitan al bailoteo y a chupar caguamas.
Pareciera que Juan le sigue cantando a esa morra que se fue pero que sigue
merodeando en su mente. En “Trucha porque no hay tiempo”, Juan canta doloroso: Recuerdo
otra vez/hablando con papel/buscando una razón perfecta/para volverte a ver.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí