Lo que es salir con los primos
Luis Enrique Anguiano Torres
La
familia es de esas cosas que naces sin elegir como el color de tu piel, la
forma de tu cara o la propensión al cáncer. Los primos, hijos de los hermanos
de nuestros padres, forman parte de esa fauna, zoológico, agrupación o club
llamado familia y que según se dice es el pilar de la sociedad. Los primos son
como hermanos y hermanas y como tales pueden traer beneficios y maleficios.
Aventuras de todo tipo. O pueden no traer ni madres.
Para
serles honestos, no he vivido en carne propia lo que significa “salir con los
primos” a pesar de lo mucho que me han platicado de esas experiencias. Primera,
porque un tercio de mis primos, de ambas familias, bien pueden ser mis hijos o
aún no acaban la primaria. Segunda, porque los primos que son mis
contemporáneos ya tienen los suyos propios o de plano están trabajando o
haciendo otra cosa. Viviendo su vida, vaya. Así que no, no sé qué cosa es una
fiesta con los primos (a menos de que sea una fiesta familiar y ya sabemos cómo
se ponen esas cosas) así que no, no sé qué diablos es “oye, mi primo sutanito
al rato saca la camioneta, dile a mi primo equis y a mi prima ye que si se
jalan temprano para echar desmadre”.
He
acompañado amigos mientras salen con sus primos. Me he preguntado qué diablos
es tener un primo mayor, por ejemplo; tengo primos a los que les llevo 24 años
y no sé qué cosa es eso.
Hasta
donde alcanzo a percibir es como contar con un hermano mayor. Vaya cosa, aún
para eso es algo difícil pensarlo porque no tengo hermanos mayores. Tengo tíos
a los que ya mero los alcanzo en edad (ja, mal chiste, ellos siempre me ganarán
por la misma cantidad de años) y siendo honestos, ellos me ven de la misma
manera que yo veo a la panda de pubertos que dentro de unos años me tocará ir a
sacar del bote o regañar porque les tenga que prestar para alivianar lo del
tamarindo y la laminería del carro que madrearon. Así que no, no sé qué diablos
es salir bien ebrio con tus primos y estamparte contra otro carro o algún animal.
Mis
dos familias tienen bastantes diferencias. Sé que ni me van a reclamar porque
de plano no me leen. O si lo hacen ni me dicen. En fin, por el lado de mi madre
mis tíos son harto complicados y por el lado de mi padre son bastante
tranquilos, con su carácter cada uno pero bastante tranquilos en general. Soy
muy sereno para la familia de mi jefa y soy un desastre para la familia de mi
jefe. Ni hablar, mis primillos en ambos lados son una ristra de demonios que me
ven como si fuera su piñata: pregunten a mi madre y aunque soy el que más
primos jala en las reuniones, es para que me terminen madreando y mordiendo o
pegándome con algo y gritándome “¡Endique, endique! vamos a jugaaa’¿sí?” y ahí
me traen como su botarga. Ni siquiera me recompensan con una cerveza, caray.
Por un rato soy el carrusel de la familia y ni un meritorio alipus que me
sirvan. Pero no me quejo, aunque sigo sin saber qué diablos es salir con los
primos.
Ahora
que recuerdo, un par de veces ocurrió, hace muchos años cuando tenía poco más
de la mitad de la edad que tengo ahora. Con dos primas y un primo nos salimos a
dar la vuelta y en una ocasión llegamos a los golpes con Iván, revolcándonos en
el suelo de la plaza principal y dándonos una breve moquetiza. Pero ese día no
hubo ni cervezas ni nada, éramos unos pubertos. Eso ha sido lo más cercano a
“salir con los primos” que he tenido en mi vida. Es algo que quizás nunca sepa
por varios principios inviolables: cada grupo familiar es diferente así que una
improbable salida con una hipotética agrupación de los primos con los que
comparto edad o generación no necesariamente será como hasta ahora me ha tocado
ver.
Otra
cuestión es que tengo más primas que primos ¿por qué? No sé, pero sí, tengo más
primas que primos y de mi edad –hasta donde sé– ellas son como 7 y nosotros
somos como 3 contando por ambos lados, así que imaginen una salida en donde hay
más mujeres que hombres. Un grupo desigual por así decirlo. Tener que andar
ahuyentando algún galán o tener que andar ayudando al otro pinche galán. No no,
de repente todo eso se antoja bastante complicado y neta que no me imagino en
un escenario así.
Nadie
tiene carro y sólo yo soy el que toma como a Dios no le gusta pero le divierte.
A momentos pienso en todas las de aventuras que me estoy perdiendo por no tener
varios primos con diferencia de algunos años y con caracteres similares al mío
porque esa es la mitad de la historia: de nada sirve que tengas 10 primos de tu
mismo signo zodiacal chino si todos andan en cosas distintas. A veces envidio a
los que me cuentan con ese orgullo heroico de cómo terminaron en equis o ye
situación gracias a la acción o inacción de sus primos. A veces, sólo a veces,
porque la mayoría del tiempo pienso que estoy agradecido de quien soy, de qué
cosas tengo y aunque no es lo ideal sé que es mejor que mucho de lo que me ha
tocado ver.
Nunca
sabré qué diablos es irme de farra con mis primos y quizás ellos nunca sabrán
qué chingados se siente ser el costal de madrazos de una bola de lechugas con
piernas. A veces es chido y, por si tienen la duda, se siente como ser papá
pero sólo a ratos que es una doble bendición. Lo bueno de jugar con tus primos
en el patio es que tus probabilidades de chocar el auto de tu tía se reducen a
cero.



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