domingo, julio 29, 2012

EL IZCUINTLE: Lo que es salir con los primos



Lo que es salir con los primos

Luis Enrique Anguiano Torres


La familia es de esas cosas que naces sin elegir como el color de tu piel, la forma de tu cara o la propensión al cáncer. Los primos, hijos de los hermanos de nuestros padres, forman parte de esa fauna, zoológico, agrupación o club llamado familia y que según se dice es el pilar de la sociedad. Los primos son como hermanos y hermanas y como tales pueden traer beneficios y maleficios. Aventuras de todo tipo. O pueden no traer ni madres.
Para serles honestos, no he vivido en carne propia lo que significa “salir con los primos” a pesar de lo mucho que me han platicado de esas experiencias. Primera, porque un tercio de mis primos, de ambas familias, bien pueden ser mis hijos o aún no acaban la primaria. Segunda, porque los primos que son mis contemporáneos ya tienen los suyos propios o de plano están trabajando o haciendo otra cosa. Viviendo su vida, vaya. Así que no, no sé qué cosa es una fiesta con los primos (a menos de que sea una fiesta familiar y ya sabemos cómo se ponen esas cosas) así que no, no sé qué diablos es “oye, mi primo sutanito al rato saca la camioneta, dile a mi primo equis y a mi prima ye que si se jalan temprano para echar desmadre”.
He acompañado amigos mientras salen con sus primos. Me he preguntado qué diablos es tener un primo mayor, por ejemplo; tengo primos a los que les llevo 24 años y no sé qué cosa es eso.
Hasta donde alcanzo a percibir es como contar con un hermano mayor. Vaya cosa, aún para eso es algo difícil pensarlo porque no tengo hermanos mayores. Tengo tíos a los que ya mero los alcanzo en edad (ja, mal chiste, ellos siempre me ganarán por la misma cantidad de años) y siendo honestos, ellos me ven de la misma manera que yo veo a la panda de pubertos que dentro de unos años me tocará ir a sacar del bote o regañar porque les tenga que prestar para alivianar lo del tamarindo y la laminería del carro que madrearon. Así que no, no sé qué diablos es salir bien ebrio con tus primos y estamparte contra otro carro o algún animal.
Mis dos familias tienen bastantes diferencias. Sé que ni me van a reclamar porque de plano no me leen. O si lo hacen ni me dicen. En fin, por el lado de mi madre mis tíos son harto complicados y por el lado de mi padre son bastante tranquilos, con su carácter cada uno pero bastante tranquilos en general. Soy muy sereno para la familia de mi jefa y soy un desastre para la familia de mi jefe. Ni hablar, mis primillos en ambos lados son una ristra de demonios que me ven como si fuera su piñata: pregunten a mi madre y aunque soy el que más primos jala en las reuniones, es para que me terminen madreando y mordiendo o pegándome con algo y gritándome “¡Endique, endique! vamos a jugaaa’¿sí?” y ahí me traen como su botarga. Ni siquiera me recompensan con una cerveza, caray. Por un rato soy el carrusel de la familia y ni un meritorio alipus que me sirvan. Pero no me quejo, aunque sigo sin saber qué diablos es salir con los primos.
Ahora que recuerdo, un par de veces ocurrió, hace muchos años cuando tenía poco más de la mitad de la edad que tengo ahora. Con dos primas y un primo nos salimos a dar la vuelta y en una ocasión llegamos a los golpes con Iván, revolcándonos en el suelo de la plaza principal y dándonos una breve moquetiza. Pero ese día no hubo ni cervezas ni nada, éramos unos pubertos. Eso ha sido lo más cercano a “salir con los primos” que he tenido en mi vida. Es algo que quizás nunca sepa por varios principios inviolables: cada grupo familiar es diferente así que una improbable salida con una hipotética agrupación de los primos con los que comparto edad o generación no necesariamente será como hasta ahora me ha tocado ver.
Otra cuestión es que tengo más primas que primos ¿por qué? No sé, pero sí, tengo más primas que primos y de mi edad –hasta donde sé– ellas son como 7 y nosotros somos como 3 contando por ambos lados, así que imaginen una salida en donde hay más mujeres que hombres. Un grupo desigual por así decirlo. Tener que andar ahuyentando algún galán o tener que andar ayudando al otro pinche galán. No no, de repente todo eso se antoja bastante complicado y neta que no me imagino en un escenario así.
Nadie tiene carro y sólo yo soy el que toma como a Dios no le gusta pero le divierte. A momentos pienso en todas las de aventuras que me estoy perdiendo por no tener varios primos con diferencia de algunos años y con caracteres similares al mío porque esa es la mitad de la historia: de nada sirve que tengas 10 primos de tu mismo signo zodiacal chino si todos andan en cosas distintas. A veces envidio a los que me cuentan con ese orgullo heroico de cómo terminaron en equis o ye situación gracias a la acción o inacción de sus primos. A veces, sólo a veces, porque la mayoría del tiempo pienso que estoy agradecido de quien soy, de qué cosas tengo y aunque no es lo ideal sé que es mejor que mucho de lo que me ha tocado ver.
Nunca sabré qué diablos es irme de farra con mis primos y quizás ellos nunca sabrán qué chingados se siente ser el costal de madrazos de una bola de lechugas con piernas. A veces es chido y, por si tienen la duda, se siente como ser papá pero sólo a ratos que es una doble bendición. Lo bueno de jugar con tus primos en el patio es que tus probabilidades de chocar el auto de tu tía se reducen a cero. 

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