Por Francisco Enríquez Muñoz
—Fantasías sexuales: en las horas más agudas del
insomnio, cuando solas se pierden en un húmedo calor y nada las tranquiliza,
muchas mujeres heterosexuales elaboran complejas historias mentales donde
terminan encamándose con otras mujeres (sobre todo, con amigas). De hecho,
muchas de ellas estarían puestas y dispuestas a trasladar esa fantasía a la
realidad. Pero muy pocos hombres heterosexuales se imaginan a sí mismos jugando
a los espadazos con otros hombres. Lo gay, aun en términos ficticios, parece
ser algo que no cabe dentro del cerebro homofóbico. Es lo mismo que impide a muchos
varones aceptar y disfrutar caricias en el ano, aunque se las proporcionen sus
parejas femeninas. Se trata de un condicionamiento cultural que implica tanto a
las damas como a los caballeros. Recuérdese que tanto ellas como ellos llegan a
emplear las palabras «marica», «maricón» y/o «puto» como insultos.
—Un poco de historia
gay y lésbica: no existe en latín una palabra para designar a un gay. La
palabra “homosexual” suena como si fuera latín, pero fue impresa por un
psicólogo austriaco a fines del siglo XIX: Karl-Maria Kertbeny. Nadie al principio
del mundo romano parecía advertir que el hecho de que se eligiese a un compañero
sexual de su mismo sexo era algo más significativo que el hecho de que se prefiriesen
los ojos azules o las personas de estatura baja. Ni los individuos gays ni los
héteros parecían asociar ciertas características con la preferencia sexual. De
los hombres gays no se pensaba que fueran menos masculinos que los hombres heterosexuales
y de las mujeres lesbianas no se pensaba que fueran menos femeninas que las
mujeres heterosexuales. Había aceptación total por parte de la plebe de este
tipo de conducta homosexual. El punto exacto que quiero subrayar aquí es que no
existe en absoluto ningún esfuerzo consciente en el mundo romano, la cultura en
la que nació el cristianismo, para proclamar la homosexualidad como algo
anormal o indeseable. Algo muy diferente de las sociedades siguientes, en donde
a menudo se ve a los sujetos gay como inferiores.
—Con amor y/o
para la reproducción: a las mujeres (héteros o no) se les ha enseñado que
tienen una naturaleza tierna, bondadosa, dócil, maternal y sensible, y por lo
tanto deben actuar coherentes a esa naturaleza. También se les ha enseñado que
la lujuria queda reservada para los hombres (héteros o no). Pero a ellas y a
ellos se les ha dicho, al menos una vez, que deben tener encuentros sexuales
con amor y/o para la reproducción. Lo contrario sería malo, pecado. Por eso
están tan estigmatizadas las relaciones homosexuales o cualquier otro mecanismo
de placer corporal (masturbación, felación, cunnilingus,
coito anal, coito vaginal con condón) cuyo único fin sea el orgasmo.
—Porno gay:
en realidad, un mundo aparte, con actores, directores, obsesiones, categorías,
estéticas y productoras propios. Ocasionalmente, algunos actores héteros han
intervenido en cintas gay XXX (o al menos bi), como el famoso John Holmes.
También algunos actores gays, como Jeff Striker, han participado en filmes XXX mainstream (o convencionales, es decir, heterosexuales).
—Bears: una propuesta algo alternativa dentro de la porno gay es un
subgénero para “osos” (bears),
hombres gordos o corpulentos, peludos y con barba.
—Fashion: las divas de
la escena gay, como Village People, Freddy Mercury o James Dean, popularizaron
el fetiche por uniformes ajustados hasta volverlos fashion (chidos, de moda).
—Masturbación
femenina: ésta, con o sin ayuda de manos ajenas o artefactos, es una escena
corriente en la mitología de la porno mainstream.
La masturbación masculina se limita a la porno gay.
—Les/lesbi:
material sexualmente explícito que contiene un poco de lesbianismo. Si uno
quiere ver películas XXX y/o fotografías XXX que única y exclusivamente
contengan lesbianismo, debe buscarse la frase Lez Only. Curiosamente, las escenas de lesbianismo XXX están dedicadas
al público heterosexual. (¿A qué hombre heterosexual no le gusta ver que dos
chicas, bonitas y buenotas, se besan y se acarician? Y diversos estudios han
demostrado que a la mayoría de las mujeres heterosexuales le estimula más ver
actos sexuales lésbicos que ver actos sexuales héteros.)
—Janine: la
pornstar Janine (apodada la “Reina Virgen”
por sus fans) siempre se ha negado a actuar con hombres.
—Pornplay: juguetes para adultos
(sobre todo, dildos, consoladores y muñec@s). Un subgénero XXX de esto es el strap-on, que es el uso femenino de un
dildo que se sujeta al bajo vientre con un arnés o una especie de bragas.
Algunos actores héteros se han dejado sodomizar por llamativas mujeres bi que
traen puesto ese artefacto en varios filmes porno.
—Toys no boys: orgías donde sólo hay
mujeres que traen consoladores y penes postizos.
—Coito anal:
eufemísticamente conocido como backdoor,
“puerta trasera”. Términos sinónimos: sodomía (en “honor” a la ciudad de
Sodoma, que el desquiciado dios Yahveh destruyó por medio de una lluvia de
fuego), predicación o enculada. En el universo XXX es considerado coito anal
cualquier inserción de juguetes sexuales por el ano (ya sea éste masculino o
femenino).
—Marilyn
Chambers: ella fue la primera pornstar
en afeitarse la juntura de las piernas para lucir y presumir el aro que llevaba
puesto en los labios de la vulva. Las mujeres (héteros o no) que se afeitan el
cuerpo lo hacen para sentirse bien desnudas (limpias y bellas). Las zonas que
ellas suelen rasurarse son las axilas, las piernas y todo aquel vello que no se
considera propio del sexo femenino pero que puede aparecer por las hormonas: el
abdomen, los pezones, la espalda, las nalgas.
—Cunnilingus: el récord de actrices
en una escena lésbica XXX nos transporta a 1993, el año que se filmó Sorority Sex Kittens, donde aparecen
veinticinco bellezas practicando el cunnilingus
en cadena, formando un gran círculo de labios contra labios. El cunnilingus es una práctica sexual
estándar en la porno mainstream y
prácticamente obligada en la lésbica.
—Tribadismo:
ésta es la práctica sexual lésbica que consiste en frotar una vulva contra otra
vulva. Del griego “tríbo”,
frotamiento o rozamiento. En España y México se le denomina coloquialmente
“hacer la tijera”.
—Feminismo:
éste es un movimiento que busca defender la dignidad y los derechos de las
mujeres. Las feministas consideran que existe una indebida supremacía de lo
masculino en la sociedad y que, por lo tanto, la mujer se encuentra en una
posición de desventaja respecto al varón en los planos económico, político y
social. Su aspiración es lograr que se modifiquen las instituciones y la
realidad por entero en busca de la igualdad de los sexos. A finales de los años
70, los grupos feministas se movilizaron contra la pornografía, pues
consideraban que era un elemento central en la opresión de las mujeres. «¡La
pornografía es la teoría; la violación, la práctica!», exclamaban. Su
definición de la pornografía era «la representación del sometimiento sexual de
las mujeres, por medio de imágenes o palabras» y precisaban que ahí estaban
incluidos las pinturas, las fotografías, las películas, las esculturas y los
libros que presentaban mujeres gozando de una humillación o una violación; o
mujeres sometidas, torturadas y golpeadas; o mujeres colocadas en posturas
sexuales serviles, de sumisión o de exhibición. No aceptaban ninguna excepción,
aunque sus oponentes hayan subrayado que, aplicado al pie de la letra, el
feminismo podría condenar hasta al lesbianismo. Los grupos feministas, sus
argumentos más elaborados, sostenían que «los hombres tratan a las mujeres en
función de la representación que de ellas tienen. Y es la pornografía la que
les da esta representación.» Su fanatismo provocó un ataque a todo lo
sexualmente explícito que, indirectamente, amenazó la vida del arte e incluso
de las investigaciones médicas. Hoy en día, desgraciadamente, muchas mujeres
siguen creyendo que todas las mujeres no sienten atracción por las películas
XXX porque prefieren escenas más románticas. Pero las feministas defienden sus
derechos, o tratan de igualarse en todos los aspectos con los hombres, a través
de la exposición audiovisual de su propio placer sexual; es decir, crean algo
más profundo que Sex and the City y
algo menos repetitivo que la tradicional porno hardcore. Un buen ejemplo de esto es el largometraje Dirty Diaries (2008), que es una
antología de doce historias cortas dirigidas por doce mujeres (feministas,
claro) y que gozó de una subvención pública de 69,000 dólares concedida por el
Instituto Sueco del Film. La porno feminista nace con el trabajo de Candida
Royalle, quien, después de trabajar unos cuantos años en el mundo de la porno hardcore hétero, la mainstream, en 1984 funda la compañía cinematográfica Feme Produccion,
cuyas obras XXX más representativas son Three
Daughters (1986) y Revelation
(1993). Según la crítica feminista, el cine XXX mainstream refuerza los estereotipos de género y también los
estéticos. Y esto es absolutamente cierto: la trama narrativa directa, sin
mediaciones, el alto nivel de violencia que se registra durante el coito heterosexual,
los penes enormes, las tetas voluminosas, el orgasmo femenino condicionado por
el hombre, el orgasmo masculino exhibido casi siempre fuera del cuerpo de la
mujer, como no queriendo desperdiciar el semen ahí dentro y así revelando la
absoluta falta de compañerismo, complicidad o mínimo afecto hacia ella. Pero
también es absolutamente cierto que el cine XXX mainstream juega con todos los elementos de Poder
masculinos/femeninos socialmente estipulados; en otras palabras, se toman todos
y cada uno de los mitos sexuales (la mujer diosa-diva-madre-virgen-vampira, el
salvajismo masculino, el dios Falo, la vagina chorreante, etcétera) y, al
final, resulta que las verdaderas protagonistas son las actrices, las cuales
dan, por encima de cualquier otro ingrediente, el éxito o el fracaso de la
película. De modo que si la mujer (su representación explícita) del producto
porno es sujeto del deseo, el hombre (su representación explícita) es el objeto
en tanto aparece como un instrumento o medio para el cumplimiento de la
fantasía entre el espectador (hombre o mujer) y la actriz. Innegablemente, una
actriz XXX no aparece sólo al servicio de la mirada masculina. Con todo, la woman porn (porno feminista) se enuncia
como la pornografía hecha por mujeres para mujeres, es decir, adaptada al
“gusto femenino”. Algunas de sus características consisten en suavizar las
escenas sexuales hard, no usar los
primerísimos planos durante el metesaca y realizar películas con argumentos.
Esta postura es totalmente válida; el problema es que esa postura puede caer en
la solución represiva abogando por la censura y en eso se asimila a las
vertientes antipornográficas más conservadoras. La pornografía feminista corre
el riesgo de convertirse en un nuevo esquema regulatorio de un tipo de mujer
que quizá terminará disciplinando y menospreciando mujeres (sobre todo, a las
que se excitan sexualmente con la falta de argumentos, con los primerísimos
planos y con la mujer gritona y multiorgásmica de una película XXX mainstream). Al preservar lo que se ha
denominado el “gusto femenino” y no simplemente el “gusto de algunas mujeres”,
se universaliza una sola posición frente a tantas otras posibles.
—Swingers: intercambio de parejas
donde todo se puede combinar: tríos, cuartetos, orgías, voyerismo,
masturbación, felación, cunnilingus,
negros, blancos, héteros, bi, homos, trans, en la misma cama, en camas
distintas, en la misma habitación, en habitaciones distintas, etcétera,
etcétera.
—Pecado:
conservadores homofóbicos y líderes religiosos pederastas nos dicen que el
placer sexual es cosa del diablo, que es algo que uno jamás debe probar. Y que,
a menos que uno sea heterosexual, esté casado y lo use para tener hijos, el
coito es pecado.


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