jueves, mayo 03, 2012

Violeta, La Puta


Las primeras luces de Buenos Aires te sorprenden en algún prostíbulo de lujo.  Y allí esta ella, que tras el disfraz de comehombres esconde la mujer que se anima a esbozar las contradicciones y la tristeza que le castigan el alma mientras otros disfrutan de su cuerpo.


Por Ignacio Osorio y Javier Fili
[Buenos Aires, Argentina]


Es conocido que a la prostitución se la considera la profesión más antigua y una de las actividades que más dinero mueve a nivel mundial con más de 12 mil millones de dólares anuales. Unas 4 mil millones de mujeres y chicas menores de edad en todo el mundo dan sus primeros pasos en la actividad año tras año.

Comúnmente conocidas como “putas”, son todavía un tema de discusión para las autoridades argentinas. Sin una zona definida para que puedan trabajar libremente, las redes mafiosas dedicadas a la trata de personas secuestran y hacen “desaparecer” a estas chicas. Otras son traídas de países limítrofes con la promesa de un trabajo, pero pronto el sueño termina convirtiéndose en pesadilla. Las proveen de identidades falsas para explotarlas, obligándolas a trabajar en condiciones infrahumanas. Algunas en departamentos privados, otras en sucuchos camuflados con nombres como “whiskerías” o “cabarets”. Expuestas a contraer todo tipo de enfermedades, son maltratadas, abusadas, e incluso asesinadas brutalmente.

Madrugada de jueves. Noviembre en Buenos Aires, Capital Federal. Humedad, calor, deseo de aventura, lujuria, ansia de historias sobre este submundo. Destino: Olazábal Sex, un prostíbulo ubicado en el barrio porteño de Belgrano. Luego de caminar unos cinco pasos por el pasillo del PH, una puerta invita a acomodarse en unos sillones de cuero marrón, muy confortables. La iluminación es tenue. Algunas lámparas dicroicas alternan con las típicas luces rojas. Música ambiental, relajante. Minutos después, se escucha una voz dulce, proveniente  de esas escaleras tipo caracol, que pide compañía. Al elevar el rostro ella está ahí, esperando. Body rojo semitransparente, pegado a un cuerpo delgado, bien formado, ropa interior al tono, pechos firmes, cintura esbelta.

Ella es Violeta, nombre que adoptó hace dos años cuando comenzó en este negocio. Al ingresar a su cuarto, la oscuridad es interrumpida por la luz negra colocada en el techo. Un espacio íntimo, acogedor. La cama, un somier de dos plazas y media que supura sexo, desenfreno y codicia. Piso de madera, que sorprendentemente no rechina al desplazarse. Es nueva en el lugar, tiene tan sólo un día de antigüedad. Sus ojos color café miran con desconfianza, sonríe tímidamente y esboza algunas respuestas.

-¿Por qué estás acá? – refiriéndose al prostíbulo.
-Porque es un trabajo.
-¿Y antes?
-Antes trabajaba.
-¿De qué?
-De lo mismo.
-¿Siempre de puta?
-Siempre.
-¿Cómo vivís esto de entregar tu cuerpo?
-Lo tomo como un trabajo. Para mí es un trabajo, es un trabajo. Necesito la plata y es un trabajo más.

Puta rutina: el día a día…

-¿Cómo se materializa el acto? ¿Divorciás tu cuerpo de tu deseo, fantasía, jugando un papel?
-Si lo juego, es porque es el trabajo.
-Porque hay alguien que busca del otro lado.
-Claro. Acá mi trabajo es complacer al cliente.
-Y en eso de trabajar, de complacer, ¿qué hay en vos que se complace?
-A veces algo, yo también la paso bien (sincerándose).
-¿Nunca te enamoraste de un cliente?
-No, de un cliente no.
-O sea que acá entrás y dejás tu corazón aparte...
-Claro, mi corazón está en otro lado.
-¿Con los hombres que pasan por acá, nada?
-Nada, son objetos. Es placer y nada más.
-Para ellos...
-Para mí también.
-Pero no hay lazo afectivo que te ate.
-No, o sea, todavía no me pasó, no sé si me pasaría.

Sus comienzos, los motivos…

-Disculpá que insista, ¿pero antes que hacías?
-Nada, antes no trabajaba directamente.
-¿Estás en pareja?
-Estaba, él me mantenía.
-¿Estabas enamorada?
-No (cortante).
-¿Nunca te enamoraste?
-No, nunca (con seguridad).
-¿Tenés hijos?
-Tengo una...
-¿La tuviste porque estabas enamorada?
-No, fue por accidente.
-¿Un romance?
-Sí, estaba de novia. Hacía 5 meses que estábamos en pareja. Pero creo que nunca estuve enamorada. Esa persona terminó haciéndome muchísimo daño.
-¿Qué pasó? ¿No te cuidaste? ¿A propósito?
-Fue sin querer.
-Entonces, nunca te enamoraste…
-No, creo que no.

La insistencia vence su cortante silencio y se permite revelar algunas intimidades. Prende su primer cigarrillo, allí surgen las contradicciones.

-Yo tenía 15 años, 14 cuando quedé embarazada.
-¿Y entonces?
-Nada, cuando nació empecé a criarla, solita.
-En el medio nunca te enamoraste de nadie...
-Sí, me he enamorado. ¿Para qué vamos a mentir, no? Sí, me enamoré, me enamoré y muchísimo.
-¿Qué pasó con tus amores?
-Nada, era casado, o es casado.
-Estás enamorada todavía (con tono burlón). ¿De un hombre casado que te rompió el corazón a pedacitos?
-Me mata...
-¿Cuántos años tiene él?
-35 años.
-¿Tiene hijos?
-Uno.
-¿Lo ves?
-No, no lo veo. O sea, lo veo muy cada tanto y lo veo nomás.

Le pone nombre…

-¿Cómo se llama el hombre al que amás?
-No, no importa el nombre.
-Dale, si nunca se va a enterar. Ponele como quieras.
-Un nombre cualquiera – duda por unos instantes y responde – se llama Diego.
-¿Sabe que estás enamorada de él?
-Sí sabe, siempre lo supo.
-¿Y no lo molestás, no lo seguís?
-No, para nada. Él está casado, tiene su vida y yo no puedo meterme ahí.
-¿Pero no buscás a alguien con quien concretar?
-Capaz que no... yo soy una persona a la que no le gusta el compromiso. No me gusta que me jodan, y capaz que por eso no lo quiero soltero.

Características del hombre ideal…

-¿Qué hacés cuando tenés un tiempo libre?
-Salgo a bailar. Me gusta mucho salir, salir a bailar por Palermo (remarca).
-Y ahí hay chongos a morir...
-Sí, pero voy a bailar, no voy a buscar algo.
-¿Vas a divertirte?
-A bailar, a divertirme. Jamás me interesó engancharme a alguien adentro de un boliche.
-¿Y qué tipo de hombre te gusta?
-Me gustan los hombres morochos, altos, grandotes.
-¿Y el carácter?
-Tranquilo, tranquilos en todo sentido. Y bueno, que me dé mucho cariño (con tono meloso).

En su familia fue la única mujer, le tocó ser la menor de 4 hermanos. Mientras fuma su segundo cigarrillo, Violeta se quiebra y reconoce la falta de afecto en su infancia.

-Te gusta ser receptora de mimos...
-Si, por ahí soy una persona que le falta mucho cariño, entonces...
-¿Qué relación tenés con tu familia?
-Buenísima, buenísima. Tenemos buena relación, pero no es muy afectiva. No son de estar todo el tiempo demostrando.
-¿Y saben a qué te dedicás?
-No, no saben nada, ninguno.
-¿Diego?
-No, no, que no sepa (alterada). Yo creo que me mata. Mi problema nada más es que estoy enamorada y quiero estar con él. Yo sé que si esa persona se arriesga a estar conmigo, yo dejo todo.
-¿Tenés miedo de que se entere?
-Que se entere él, y mi hija, el día de mañana mi hija. Pero bueno, no lo tienen que saber (resignándose).

Para ella sería mejor que Violeta no esté acá, que no se sepa que es Violeta, que no haya necesidad de temer al rechazo.

-¿Y luego, a la mañana temprano?
-Mi casa.
-Divorcio absoluto.
-Totalmente.

Cuenta que vive en San Miguel, provincia de Buenos Aires, junto a su hija de 10 años, su cuñada y su sobrina. Violeta trabaja de noche y cuida a las chicas durante el día. Cuando sale de su trabajo aprovecha para descansar y compartir el tiempo que le queda con su hija. Ya se la nota mucho más relajada a esta altura. Reconoce que tiene límites, que no hace cualquier cosa por el dinero y confiesa unas cuantas verdades de la profesión.

-Tenemos que pensar que el laburo de puta es “amargo”.
-Sí, sí que es amargo, pero es un trabajo. Están las que dicen “yo lo hago por mi hijo, por la plata”, es mentira. La que lo hace es porque le gusta la plata fácil.
-¿Y a vos te gusta el dinero?
-Me encanta la plata. Y que no hay trabajo también es mentira. La que no quiere ser prostituta se busca un trabajo y lo consigue.
-Como vos.
-Como yo, pero me gusta ganar más plata de lo que ganaba, de lo que ganaba trabajando bien.
-¿Y luego?
-No pienso en el futuro, pienso en el hoy, en que tengo que pagar muchas deudas y nada más.
-¿Y esas deudas por donde pasan?
-Tengo muchas, muchas deudas. El colegio de mi hija y algunas cositas, boludeces, que cuando empezás a pagar se te va toda la plata.
-¿Y querés salir de acá?
-Sí, yo quiero. Pagar mis deudas y salir. Volver a ser lo que era antes.

Violeta era camarera en un pool de provincia, ese era su “trabajo bien”. Pese a haberlo negado anteriormente, ella tiene una meta, el sueño de un futuro diferente.

-Quiero tener una buena vida, tener algo mío, algo que me deje plata y no seguir siendo puta. No sé, ponerme un kiosco en mi casa.
-Al menos no puta para todos…
-¡Para nadie! (retruca)
-Para él – refiriéndose a Diego –.
-Bueno (sonríe), pero yo no le voy a cobrar a él. La palabra puta implica plata, pero para él no.
-Su mujer, su todo.
-Todo (afirma efusivamente).

Se define como una persona divertida y muy comprensible, que siempre dice lo que siente. Contradictoria en sus palabras, solitaria acarrea con determinación una gran pena en su alma. Sincera, reconoce que ella se prostituye porque le gusta la plata fácil y la necesita para saldar cuentas pendientes. Pero Violeta es una persona que sueña con otra cosa. Una persona que parece amar intensamente, aunque sienta que el amor es algo imposible para ella. Con temores, pero aferrada al cariño de su hija, espera un futuro junto al hombre de su vida. Anhelando ser un todo para alguien, aunque eso signifique fantasía. Un sueño que ella misma se encarga de colocar en la categoría de imposibles al obsesionarse con un hombre comprometido y no animarse, paradójicamente, a conocer otros.

Contradicciones, trampas, callejones sin salida, sueños rotos, renuncias… Rompecabezas que componen la vida de tantas Violetas. Tantas, que pudiéramos ser todos los habitantes de este planeta. Tantas como miradas en los espejos podamos  tener. Tantas, como el número de nuestras propias caídas.

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