Las primeras luces de Buenos
Aires te sorprenden en algún prostíbulo de lujo. Y allí esta ella, que tras el disfraz de
comehombres esconde la mujer que se anima a esbozar las contradicciones y la
tristeza que le castigan el alma mientras otros disfrutan de su cuerpo.
Por Ignacio Osorio y Javier Fili
[Buenos Aires,
Argentina]
Es
conocido que a la prostitución se la considera la profesión más antigua y una
de las actividades que más dinero mueve a nivel mundial con más de 12 mil
millones de dólares anuales. Unas 4 mil millones de mujeres y chicas menores de
edad en todo el mundo dan sus primeros pasos en la actividad año tras año.
Comúnmente
conocidas como “putas”, son todavía un tema de discusión para las autoridades
argentinas. Sin una zona definida para que puedan trabajar libremente, las
redes mafiosas dedicadas a la trata de personas secuestran y hacen “desaparecer”
a estas chicas. Otras son traídas de países limítrofes con la promesa de un
trabajo, pero pronto el sueño termina convirtiéndose en pesadilla. Las proveen
de identidades falsas para explotarlas, obligándolas a trabajar en condiciones
infrahumanas. Algunas en departamentos privados, otras en sucuchos
camuflados con nombres como “whiskerías” o “cabarets”. Expuestas
a contraer todo tipo de enfermedades, son maltratadas, abusadas, e incluso
asesinadas brutalmente.
Madrugada
de jueves. Noviembre en Buenos Aires, Capital Federal. Humedad, calor, deseo de
aventura, lujuria, ansia de historias sobre este submundo. Destino: Olazábal
Sex, un prostíbulo ubicado en el barrio porteño de Belgrano. Luego de
caminar unos cinco pasos por el pasillo del PH, una puerta invita a acomodarse
en unos sillones de cuero marrón, muy confortables. La iluminación es tenue.
Algunas lámparas dicroicas alternan con las típicas luces rojas. Música
ambiental, relajante. Minutos después, se escucha una voz dulce, proveniente de esas escaleras tipo caracol, que pide
compañía. Al elevar el rostro ella está ahí, esperando. Body rojo semitransparente,
pegado a un cuerpo delgado, bien formado, ropa interior al tono, pechos firmes,
cintura esbelta.
Ella
es Violeta, nombre que adoptó hace dos años cuando comenzó en este negocio. Al
ingresar a su cuarto, la oscuridad es interrumpida por la luz negra colocada en
el techo. Un espacio íntimo, acogedor. La cama, un somier de dos plazas y media
que supura sexo, desenfreno y codicia. Piso de madera, que sorprendentemente no
rechina al desplazarse. Es nueva en el lugar, tiene tan sólo un día de
antigüedad. Sus ojos color café miran con desconfianza, sonríe tímidamente y esboza
algunas respuestas.
-¿Por qué estás acá? – refiriéndose
al prostíbulo.
-Porque
es un trabajo.
-¿Y antes?
-Antes
trabajaba.
-¿De qué?
-De
lo mismo.
-¿Siempre de puta?
-Siempre.
-¿Cómo
vivís esto de entregar tu cuerpo?
-Lo tomo como un trabajo. Para mí es un trabajo, es
un trabajo. Necesito la plata y es un trabajo más.
Puta rutina: el día a día…
-¿Cómo se materializa el
acto? ¿Divorciás tu cuerpo de tu deseo, fantasía,
jugando un papel?
-Si lo juego, es porque es el trabajo.
-Porque
hay alguien que busca del otro lado.
-Claro. Acá mi trabajo es complacer al cliente.
-Y
en eso de trabajar, de complacer, ¿qué hay en vos que se complace?
-A veces algo, yo también la paso bien (sincerándose).
-¿Nunca te enamoraste de un
cliente?
-No,
de un cliente no.
-O
sea que acá entrás y dejás tu corazón aparte...
-Claro, mi corazón está en otro lado.
-¿Con
los hombres que pasan por acá, nada?
-Nada, son objetos. Es placer y nada más.
-Para
ellos...
-Para mí también.
-Pero
no hay lazo afectivo que te ate.
-No, o sea, todavía no me pasó, no sé si me pasaría.
Sus comienzos,
los motivos…
-Disculpá que insista, ¿pero
antes que hacías?
-Nada,
antes no trabajaba directamente.
-¿Estás en pareja?
-Estaba,
él me mantenía.
-¿Estabas enamorada?
-No (cortante).
-¿Nunca
te enamoraste?
-No, nunca (con seguridad).
-¿Tenés hijos?
-Tengo
una...
-¿La tuviste porque estabas
enamorada?
-No,
fue por accidente.
-¿Un romance?
-Sí,
estaba de novia. Hacía 5 meses que estábamos en pareja. Pero creo que nunca estuve enamorada. Esa persona terminó
haciéndome muchísimo daño.
-¿Qué pasó? ¿No te cuidaste?
¿A propósito?
-Fue
sin querer.
-Entonces,
nunca te enamoraste…
-No, creo que no.
La
insistencia vence su cortante silencio y se permite revelar algunas intimidades.
Prende su primer cigarrillo, allí surgen las contradicciones.
-Yo tenía 15 años, 14 cuando quedé embarazada.
-¿Y
entonces?
-Nada, cuando nació empecé a criarla, solita.
-En
el medio nunca te enamoraste de nadie...
-Sí,
me he enamorado. ¿Para qué vamos a mentir, no? Sí, me enamoré, me enamoré y
muchísimo.
-¿Qué
pasó con tus amores?
-Nada, era casado, o es casado.
-Estás
enamorada todavía (con tono burlón). ¿De un hombre casado que te rompió
el corazón a pedacitos?
-Me mata...
-¿Cuántos
años tiene él?
-35 años.
-¿Tiene
hijos?
-Uno.
-¿Lo
ves?
-No, no lo veo. O sea, lo veo muy cada tanto y lo
veo nomás.
Le pone nombre…
-¿Cómo
se llama el hombre al que amás?
-No,
no importa el nombre.
-Dale, si nunca se va a
enterar. Ponele como quieras.
-Un nombre cualquiera – duda por unos instantes y
responde – se llama Diego.
-¿Sabe
que estás enamorada de él?
-Sí sabe, siempre lo supo.
-¿Y
no lo molestás, no lo seguís?
-No, para nada. Él está casado, tiene su vida y yo
no puedo meterme ahí.
-¿Pero no buscás a alguien
con quien concretar?
-Capaz que no... yo soy una persona a la que no le
gusta el compromiso. No me gusta que me jodan, y capaz que por eso no lo quiero
soltero.
Características
del hombre ideal…
-¿Qué hacés cuando tenés un
tiempo libre?
-Salgo a bailar. Me gusta mucho salir, salir a
bailar por Palermo (remarca).
-Y ahí hay chongos a
morir...
-Sí, pero voy a bailar, no voy a buscar algo.
-¿Vas
a divertirte?
-A bailar, a divertirme. Jamás me interesó
engancharme a alguien adentro de un boliche.
-¿Y qué tipo de hombre te
gusta?
-Me gustan los hombres morochos, altos, grandotes.
-¿Y el carácter?
-Tranquilo, tranquilos en todo sentido. Y bueno, que
me dé mucho cariño (con tono meloso).
En
su familia fue la única mujer, le tocó ser la menor de 4 hermanos. Mientras
fuma su segundo cigarrillo, Violeta se quiebra y reconoce la falta de afecto en
su infancia.
-Te
gusta ser receptora de mimos...
-Si, por ahí soy una persona que le falta mucho
cariño, entonces...
-¿Qué
relación tenés con tu familia?
-Buenísima, buenísima. Tenemos buena relación, pero
no es muy afectiva. No son de estar todo el tiempo demostrando.
-¿Y
saben a qué te dedicás?
-No, no saben nada, ninguno.
-¿Diego?
-No, no, que no sepa (alterada). Yo creo que me
mata. Mi problema nada más es que estoy enamorada y quiero estar con él. Yo sé
que si esa persona se arriesga a estar conmigo, yo dejo todo.
-¿Tenés
miedo de que se entere?
-Que se entere él, y mi hija, el día de mañana mi
hija. Pero bueno, no lo tienen que saber (resignándose).
Para ella sería mejor que Violeta no
esté acá, que no se sepa que es Violeta, que no haya necesidad de temer al
rechazo.
-¿Y
luego, a la mañana temprano?
-Mi casa.
-Divorcio
absoluto.
-Totalmente.
Cuenta
que vive en San Miguel, provincia de Buenos Aires, junto a su hija de 10 años,
su cuñada y su sobrina. Violeta trabaja de noche y cuida a las chicas durante
el día. Cuando sale de su trabajo aprovecha para descansar y compartir el
tiempo que le queda con su hija. Ya se la nota mucho más relajada a esta altura.
Reconoce que tiene límites, que no hace cualquier cosa por el dinero y confiesa
unas cuantas verdades de la profesión.
-Tenemos
que pensar que el laburo de puta es “amargo”.
-Sí, sí que es amargo, pero es un trabajo. Están las
que dicen “yo lo hago por mi hijo, por la plata”, es mentira. La que lo hace es
porque le gusta la plata fácil.
-¿Y
a vos te gusta el dinero?
-Me encanta la plata. Y que no hay trabajo también
es mentira. La que no quiere ser prostituta se busca un trabajo y lo consigue.
-Como
vos.
-Como yo, pero me gusta ganar más plata de lo que
ganaba, de lo que ganaba trabajando bien.
-¿Y
luego?
-No
pienso en el futuro, pienso en el hoy, en que tengo que pagar muchas deudas y
nada más.
-¿Y
esas deudas por donde pasan?
-Tengo muchas, muchas deudas. El colegio de mi hija
y algunas cositas, boludeces, que cuando empezás a pagar se te va toda la
plata.
-¿Y
querés salir de acá?
-Sí, yo quiero. Pagar mis deudas y salir. Volver
a ser lo que era antes.
Violeta
era camarera en un pool de provincia, ese era su “trabajo bien”. Pese a haberlo negado anteriormente, ella tiene una
meta, el sueño de un futuro diferente.
-Quiero tener una buena vida, tener algo mío, algo
que me deje plata y no seguir siendo puta. No sé, ponerme un kiosco en mi casa.
-Al
menos no puta para todos…
-¡Para nadie! (retruca)
-Para
él – refiriéndose a Diego –.
-Bueno (sonríe), pero yo no le voy a cobrar a él. La
palabra puta implica plata, pero para él no.
-Su
mujer, su todo.
-Todo (afirma efusivamente).
Se
define como una persona divertida y muy comprensible, que siempre dice lo que
siente. Contradictoria en sus palabras, solitaria acarrea con determinación una
gran pena en su alma. Sincera, reconoce que ella se prostituye porque le gusta
la plata fácil y la necesita para saldar cuentas pendientes. Pero Violeta es
una persona que sueña con otra cosa. Una persona que parece amar intensamente,
aunque sienta que el amor es algo imposible para ella. Con temores, pero aferrada
al cariño de su hija, espera un futuro junto al hombre de su vida. Anhelando ser un todo para alguien, aunque eso
signifique fantasía. Un sueño que ella misma se encarga de colocar en la
categoría de imposibles al obsesionarse con un hombre comprometido y no
animarse, paradójicamente, a conocer otros.
Contradicciones,
trampas, callejones sin salida, sueños rotos, renuncias… Rompecabezas que
componen la vida de tantas Violetas. Tantas, que pudiéramos ser todos los
habitantes de este planeta. Tantas como miradas en los espejos podamos tener. Tantas, como el número de nuestras
propias caídas.


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