Por Manolo
Espinosa
| Foto: Manolo Espinosa |
Su
boca sólo decía: “Jesús” y “Catalina”, Y mientras Hablaba así recibí su cabeza
en mis manos, contemplando la divina bondad y diciendo: “Yo lo quiero”………………………
Cuando
lo enterraron, mi alma reposó en paz y tranquilidad, rodeada de un olor a
sangre tan intenso que no podía soportar la idea de lavar esa sangre que había
caído sobre mí.
SANTA CATALINA DE SIENA
Durante
esta agonía, el alma se inunda de inexpresables delicias.
SANTA TERESA DE AVILA.
La noche es mi desnudez
las estrellas son mis dientes
me arrojo sobre los muertos
vestido de blanco sol.
Me arrojo sobre los muertos.
Bataille, Lo imposible
Hoy, el sentimiento erótico se encuentra ligado de
manera indisoluble a la noción de pecado, gracias a algunas desafortunadas
circunstancias históricas, la libertad para gozar de nuestro propio cuerpo es
limitada, vivimos en una sociedad vigilada por grupos ultraderechistas activos,
surgidos del pensamiento medieval (el Yunque, PROVIDA, Los Legionarios de
Cristo, el Opus Dei, la
Vela Perpetua , etc.),
infiltrados políticamente en las cúpulas gobernantes, herederos de la
mejor tradición inquisidora, representantes de las buenas consciencias,
cofrades de la moral puritano-oscurantista, defensores a ultranza de sus agremiados, sin importar que se trate de
depredadores sexuales y/o delincuentes de cuello blanco (Norberto
Rivera, Marcial Maciel, Serrano Limón, etc.) quienes mediante su discurso,
desde el púlpito y desde el poder, rechazan sistemáticamente cualquier
iniciativa relacionada con el cambio de mentalidad, con ejercicio responsable
de la sexualidad, como la anticoncepción y la lucha contra el sida,
autoproclamándose públicamente como los nuevos mártires, cuya sagrada misión en
esta tierra consiste en alejar de las garras del demonio (Eros) y de las llamas
del infierno (el goce sexual fuera del matrimonio) a las almas de sus
indefensos feligreses. La represión sexual
proclamada y “practicada” por ellos, representa una contradicción genética que
se ha vuelto incluso en su contra, el voto
de castidad auto impuesto por instituciones religiosas como la iglesia
católica se ha convertido en una autentica bomba de tiempo:
Entre los sacerdotes
actualmente en activo, un 95% de ellos se masturba, un 60% mantiene relaciones
sexuales, un 26% soba a menores, un 20% realiza prácticas de carácter
homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual, y un 7% comete abusos sexuales
graves con menores[1]
Entonces ¿de
qué nos defienden?
¿Cómo surge el deseo?
Del latín: Voluptas, atis-El Placer. “La voluptuosidad única y suprema del amor
radica en la certidumbre de hacer el mal, y que tanto la mujer como el hombre
saben que en el mal se encuentra toda
voluptuosidad”. Baudelaire.
Sabemos que la naturaleza transgresora de las relaciones interpersonales son el inicio de una
dinámica lúbrica que se establece
entre dos seres. Encontramos en el acto trasgresor (una mirada persistente, la
invasión del espacio del otro, el roce entre los cuerpos, el acto involuntario
de la caricia, un beso forzado) la eventualidad de la acción, la liberación
energética, la posibilidad de tocar el cielo con la yema de los dedos, la sublimación del ser.
Esos pájaros que sobrevuelan las nieves acompañan
probablemente al jesuita rumbo a la habitación de B. gritó. (Imagino al mismo
tiempo su desnudez, los senos, las caderas, la pelambre), la figura de sapo del
verdugo, la lengua roja: y ahora los cuervos, el sacerdote siento que mi
corazón se agita lentamente, tanto que toco la intimidad de las cosas[2]
Dialéctica erótica
Tesis: La virgen, las aterradoras visiones del pecado
carnal, la persecución, la doncella y el temor de que su intimidad, su
desnudez, quede al descubierto, la virtud, el espasmo. La santa, la obsesión
por la pureza, el éxtasis divino, el miedo a caer, el vértigo.
Antítesis: Él, la parte maldita, la oscuridad, la
embriaguez, el prostíbulo, la perversidad. Él, báculo, falo, Dios.
Síntesis:
Orgasmo.
Devenir:
Lubricidad.
Eros, en la antigüedad fue considerado una deidad, las
sociedades faloliticas fueron una constante hasta antes de que el culto
cristiano se consolidara mediante la sustitución simbólica del falo por la
cruz, de la orgía por la monogamia, de la lujuria sacra por el pecado terrenal,
del goce por el arrepentimiento. Sin embargo Eros permanece. En diferentes
culturas y en distintas épocas se han realizado ceremonias iniciaticas
primigenias relativas a la carnalidad y al amor, incluso en nuestros días, el
rito matrimonial representa la legitimación de la perversidad, el sacrificio de
la virginidad ante el maleficio de la carne, paradójicamente, este ceremonial
es realizado por un sacerdote, supuestamente “limpio” de pecado, pero que al
mismo tiempo ostenta el poder (fálico, económico, divino) que le permite
verificar las condiciones de la unión conyugal. No obstante la carnalidad queda
relegada, reprimida, circunscrita a los límites monótono-matrimoniales de la
repetición infinita y “hasta que la muerte los separe”, pero sólo con fines reproductivos en aras de ejecutar la
noble labor de perpetuar la especie.
¿Y el orgasmo?
(Intento
de) Extirpación quirúrgica del deseo
El orgasmo simboliza la síntesis tangible del devenir
erótico, un acto sacrílego proscrito por una moral occidentalizada, que ha
intentado expulsarlo del paraíso carnal, para convertirlo en ese oscuro objeto
del deseo, confinándolo en las mazmorras inquisitoriales de la conciencia y la
(doble) moral, de donde surge con la fuerza contenida en las entrañas
voluptuosamente volcánicas de lo impúdico. Negarlo es como negar la existencia
humana: el imperio de los sentidos.
El acotamiento del deseo mediante el precepto
paradigmático de la fidelidad, representa un intento de extirpación quirúrgica
(por demás abominable y contranatura) de la fuerza vital del ser, el deseo es
lo que nos mueve y lo que nos ha permitido ser
humanos.
Durante el acto erótico se manifiesta la propia
esencia del SER, los opuestos se unen, Eros y Tanatos, bien y mal, vida y
muerte, óvulo y esperma, el éxtasis y la angustia. En una ocasión me encontré
con una cita del escritor mexicano Guillermo Fadaneli, donde afirmaba lo
siguiente: “estoy dispuesto a cambiar con un simio, el derecho que tengo de
acceder a Internet, por su ausencia de angustia ante la muerte”, de lograrlo no
sólo perdería la angustia, habría conseguido extirpar el deseo mediante la supresión
sensorial (retornando al estado homínido primigenio que algunos ya ostentan:
PGR, Clero y Burócratas en México) y la tan anhelada involución letárgica que
los pastores buscan para su rebaño: México
siempre fiel.

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