miércoles, diciembre 28, 2011

El negocio de la Marihuana


Por Andreu Llorente
[Tortosa, Barcelona, España. 1985]



Ya desde pequeño, y posiblemente por mi ubicación geográfica (vivo en un pueblito a 200 Km. de Barcelona) mi visión sobre la marihuana ha sido, desde mi punto de vista, poco o nada distorsionada o manipulada por fuentes gubernamentales o represivas. Lo cierto es que en mi pueblo gran parte de los jóvenes (y no tan jóvenes) se cultiva sus matas para el autoabastecimiento. Este hecho, aunque no esta dentro ni fuera de la ley (puesto que en España esta permitido el consumo en sitios privados de la marihuana y sus derivados, como el hachís), esta fuertemente extendido y arraigado. La ley no es concreta sobre este tema: uno puede consumir en su casa, pero no puede comprar, vender, o poseer esta sustancia en la vía pública. Entonces surge la pregunta: ¿como voy a consumir en mi casa, si no tengo donde comprar de forma legal, y además no puedo andar por la vía pública con esta sustancia?
La alternativa más eficaz, más segura, más extendida y más agradable (puesto que el fumarse tus propias matas es como comerse los alimentos cultivados por uno mismo) es el autocultivo. No esta muy clara la situación legal, pero viendo los cientos de casos sobre sentencias que han absuelto a pequeños, medianos y hasta grandes cultivadores (gente con mas de 100 plantas) me atrevo a afirmar que cultivar marihuana en España SIN FINES LUCRATIVOS (es decir, sin la intención de venderla) no es un delito. Lo máximo que puede ocurrir es la destrucción del cultivo, y en el peor de los casos, una sanción administrativa, es decir, una multa. Cuando se trata de un delito de venta, el asunto cambia totalmente, puesto que el estado si que penaliza la venta y la apología del consumo de la marihuana con multas desorbitadas e incluso penas de cárcel.
La marihuana, como cualquier sustancia alteradora del estado de conciencia, no se puede prescribir para cualquier persona por varias razones. La primera y más fundamental es que el THC (Tetrahidrocannabidol), que es el principal alcaloide de la marihuana, no afecta de la misma manera a todas las personas. Lo que a mi me puede producir sensación de relax, placer o inspiración, a otro le puede afectar de forma totalmente distinta. Esto no ocurre solo con la marihuana, sino que pasa exactamente lo mismo con cualquier otro fármaco (desde barbitúricos y medicamentos corrientes, hasta drogas de síntesis, pasando por plantas mágicas como hongos alucinógenos y cactus que contienen mezcalina). 
La situación acá en Venezuela, y en gran parte de Suramérica, es muy distinta. La simple posesión de un pedazo de esta sustancia le convierte a uno en un criminal, en un delincuente. Son muchos los motivos y las interpretaciones que se pueden tomar al respecto. Personalmente creo que uno de los principales problemas es que en Suramérica en general, la marihuana se equipara con la cocaína, debido a la forma en que se distribuye. La venta de marihuana es un gran negocio, debido básicamente en que hay unos países productores que la cultivan y la distribuyen de forma clandestina. Se han creado redes de narcotráfico con la marihuana, al igual que con la cocaína.
Es más. Me atrevo a decir que las grandes redes de narcotráfico trabajan indistintamente con una u otra sustancia, con el único propósito de obtener un beneficio económico a corto plazo. Esto significa una mercantilización del producto, significa un negocio ilegal a gran escala, que se tiene que combatir de cualquier forma y a cualquier precio. Otro factor que determina la satanización en toda América (incluido EEUU) de la planta de Salomón son los efectos que la hierba sagrada, denominada ganja por los Rastafaris provoca. Los productos que se le añaden para potenciar los efectos y para disimular el olor a la hora de hacer el transporte a gran escala es lo que provoca la mayoría de los efectos indeseados, como paranoia, malestar, ataques de nervios y surgimiento de malaltias psíquicas o brotes sicóticos. La lista de adulterantes no tiene fin: pesticidas, insecticidas, amoniaco, orina, detergentes, productos químicos de cualquier tipo, etc.

Sin duda, estos dos hechos son los que marcan la satanización de esta planta sagrada, tan o más antigua que el hombre. El narcotráfico y la creación de mafias y redes de distribución y los efectos desproporcionados (no debidos a las substancias que contiene en si la planta, sino a todo lo que le añaden) imposibilitan la visión de una legalización o despenalización a corto y medio plazo en América Latina.


*Texto publicado en la edición impresa de Clarimonda #19: Marihuana

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