Por Andreu Llorente
[Tortosa, Barcelona, España. 1985]
Ya desde pequeño, y posiblemente por mi ubicación
geográfica (vivo en un pueblito a 200 Km . de Barcelona) mi visión sobre la
marihuana ha sido, desde mi punto de vista, poco o nada distorsionada
o manipulada por fuentes gubernamentales o represivas. Lo cierto es que en mi
pueblo gran parte de los jóvenes (y no tan jóvenes) se cultiva sus matas para
el autoabastecimiento. Este hecho, aunque no esta dentro ni fuera de la ley
(puesto que en España esta permitido el consumo en sitios privados de la
marihuana y sus derivados, como el hachís), esta fuertemente extendido y
arraigado. La ley no es concreta sobre este tema: uno puede consumir en su
casa, pero no puede comprar, vender, o poseer esta sustancia en la vía pública.
Entonces surge la pregunta: ¿como voy a consumir en mi casa, si no tengo donde
comprar de forma legal, y además no puedo andar por la vía pública con esta
sustancia?
La alternativa más eficaz, más segura, más extendida
y más agradable (puesto que el fumarse tus propias matas es como comerse los
alimentos cultivados por uno mismo) es el autocultivo. No esta muy clara la
situación legal, pero viendo los cientos de casos sobre sentencias que han
absuelto a pequeños, medianos y hasta grandes cultivadores (gente con mas de
100 plantas) me atrevo a afirmar que cultivar marihuana en España SIN FINES
LUCRATIVOS (es decir, sin la intención de venderla) no es un delito. Lo máximo
que puede ocurrir es la destrucción del cultivo, y en el peor de los casos, una
sanción administrativa, es decir, una multa. Cuando se trata de un delito de
venta, el asunto cambia totalmente, puesto que el estado si que penaliza la
venta y la apología del consumo de la marihuana con multas desorbitadas e
incluso penas de cárcel.
La marihuana, como cualquier sustancia alteradora
del estado de conciencia, no se puede prescribir para cualquier persona por
varias razones. La primera y más fundamental es que el THC
(Tetrahidrocannabidol), que es el principal alcaloide de la marihuana, no
afecta de la misma manera a todas las personas. Lo que a mi me puede producir
sensación de relax, placer o inspiración, a otro le puede afectar de forma
totalmente distinta. Esto no ocurre solo con la marihuana, sino que pasa
exactamente lo mismo con cualquier otro fármaco (desde barbitúricos y
medicamentos corrientes, hasta drogas de síntesis, pasando por plantas mágicas
como hongos alucinógenos y cactus que contienen mezcalina).
La situación acá en Venezuela, y en gran parte
de Suramérica, es muy distinta. La simple posesión de un pedazo de
esta sustancia le convierte a uno en un criminal, en un delincuente. Son muchos
los motivos y las interpretaciones que se pueden tomar al
respecto. Personalmente creo que uno de los principales problemas es que
en Suramérica en general, la marihuana se equipara con la cocaína, debido
a la forma en que se distribuye. La venta de marihuana es un gran negocio,
debido básicamente en que hay unos países productores que la cultivan y la
distribuyen de forma clandestina. Se han creado redes de narcotráfico con la
marihuana, al igual que con la cocaína.
Es más. Me atrevo a decir que las grandes redes de
narcotráfico trabajan indistintamente con una u otra sustancia, con el único
propósito de obtener un beneficio económico a corto plazo. Esto significa una
mercantilización del producto, significa un negocio ilegal a gran escala, que
se tiene que combatir de cualquier forma y a cualquier precio. Otro factor
que determina la satanización en toda América (incluido EEUU) de la planta de
Salomón son los efectos que la hierba sagrada, denominada ganja por los
Rastafaris provoca. Los productos que se le añaden para potenciar los efectos y
para disimular el olor a la hora de hacer el transporte a gran escala es lo que
provoca la mayoría de los efectos indeseados, como paranoia, malestar, ataques
de nervios y surgimiento de malaltias psíquicas o brotes sicóticos. La lista de
adulterantes no tiene fin: pesticidas, insecticidas, amoniaco, orina,
detergentes, productos químicos de cualquier tipo, etc.
Sin duda, estos dos hechos son los que marcan la satanización de esta planta sagrada, tan o más antigua que el hombre. El narcotráfico y la creación de mafias y redes de distribución y los efectos desproporcionados (no debidos a las substancias que contiene en si la planta, sino a todo lo que le añaden) imposibilitan la visión de una legalización o despenalización a corto y medio plazo en América Latina.
*Texto publicado en la edición impresa de Clarimonda #19: Marihuana


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