por Carlos Camaleón
En realidad el establecimiento como disciplina y la ejecución del arte-acción en este país, es en sí misma un problema de comprensión generacional. Un tema complejo, debido a la desinformación general entre las nuevas generaciones de artistas y pseudoartistas(1) (asumidos como ejecutantes) que presentan manifestaciones ligadas al arte-acción. Por supuesto que es pertinente señalar que sí existe una documentación y teorización del performance en México, aunque su organización, clasificación y divulgación no ha sido muy completa. Esto, aunado a la presentación constante de parte de estos artistas y pseudoartistas, provoca la confusión, tanto de los artistas como del público asistente a los espacios en que se desarrollan las acciones.
Los principales antecedentes históricos del performance están relacionados a los cambios vanguardistas devenidos del desarrollo tecnológico y científico que influencian al arte, estos cambios en la percepción y concepción de la realidad a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, transforman las ideas sobre el tiempo y espacio absolutos y secuenciales, cosa que queda claro para los dadaistas, futuristas, estridentistas, expresionistas y surrealistas, para quienes ésta influencia es de vital importancia, siguiendo quizá la idea de Duchamp de la descontextualización de los objetos. En 1895 se crea, por ejemplo, el cinematógrafo que impactó tremendamente al fundador del movimiento dadaista Tristan Tzara, que llego a decir: "Todo lo que se llamaba arte parece que se vuelve paralítico mientras que el cineasta enciende las mil bujías de sus proyectores". El mismo principio de la relatividad planteado por Einstein en 1905 transforma tiempo y espacio y provoca la disolución de la creencia en "verdades absolutas", así como plantea también la simultaneidad de las acciones y movimientos en el espacio, concediendo tiempos perceptibles relativos a los sujetos involucrados en dichos movimientos particulares, lo cual trae para conceptos artísticos como: acción, tiempo, espacio, movimiento, magnitud, y otros, una claridad subjetiva, justificada desde una postura científica.
Para cuando surge el efímero pánico fundado por Alejandro Jodorowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor a principios de los sesenta, se plantea que "estamos asistiendo a la agonía de una cultura aristotélica y al parto doloroso de un nuevo mundo no-aristotélico, no-euclidiano, no-newtoniano" con lo que se instaura una ruptura en la narrativa teatral y se crea una simultaneidad temporal de acciones escénicas. Cuando gente como Juan José Gurrola, Abraham Oceransky o Felipe Ehrenberg realizan acciones (o happenings, según sea el caso) durante los 60's, se propicia una época de grupos y colectivos llamados a fundar una tradición de performers en México, entre ellos están: Grupo SUMA (1971), Peyote y Cía (1973), Tepito Arte Acá (1973), Taller de Arte e ideología TAT (1974), La Perra Brava- Grupo Colectivo (1976), Grupo Mira (1977), Grupo Germinal (1977), No-Grupo (1977), Grupo Marco (1978), Poyesis Genética (1981), Grupo Polvo de gallina negra (1983), Atte. La Dirección (1983), entre otros.
Los artistas setenteros dejan las instituciones, teatros, foros, academias y museos para salir desbordados a la calle, las plazas, explanadas, centros nocturnos y cafés, no por nada al performance se le ha dado el apodo de ser la “puta de todas las artes” mientras que en las siguientes dos décadas los artistas buscarán revitalizar sus acciones dando una justificación académica, regresando a los museos e instituciones, sigue constante la idea de seguir “afuera” de lo institucional. El nombre de Performance viene de una palabra en inglés, que se traduce como acto o acción, pero antes se han usado otros términos como Happening, acto poético, efímero, entre otros; y después también, además de términos asociados como arte acción, instalación, atmósfera, video performance y un largo etcétera. Así mismo se le llama performer al ejecutante de esta disciplina, que ya ha sido postulada para ser un arte en sí misma, y junto con el diseño se disputa la clasificación de la décima arte.
Primeros encuentros…
A partir del histórico encuentro organizado por Cuauhtémoc Medina en el Museo de Arte Carrillo Gil en 1990, comienza el interés de generar espacios para el performance. En 1992 se realiza el primer mes del performance en el Museo Universitario del Chopo, organizado por Hortensia Ramírez, Gustavo Prado y Eloy Tarciso, y a partir de 1993 el Festival de Performance se realiza en el X-Teresa Arte Actual, aunque su futuro es desconocido. Lo que es una realidad es que en una ocasión (2001) fue pésimo. La carencia de propuestas al tema designado este año por X-Teresa (la vida en otro planeta) era notoria. Algunos europeos no pasaron de una cuantas rutinas de danza o de un concurso de belleza interplanetario (simpático sin duda) y en el caso de Brasil, les bastó con bailar un poco de zamba desde el zócalo al museo y jugar con un balón de fut. Aunque me enteré de que el encuentro volvería a realizarse el año pasado, la verdad no me interesó asistir, esta carencia de propuestas originales es sumamente preocupante. En este y otros espacios la interrogante entre el publico es común, al enfrentarse a la presentación de tantas confusiones artísticas, que le son reveladas como "novedad" alternativa o vanguardista (tristemente no se recuerda ya la añeja consigna estridentista: ¡viva el mole de guajolote!) Y parece que este arte, de una larga trayectoria histórica y de antecedentes internacionales, es "nuevo" de generación en generación (...)
¿Cómo entonces enfrentar uno como público a La Fura des Baus, De la Guarda, o Ko Murobushi, Bartolomé Ferrando, Strange Fruit, Lunatics, Joan Brossa, y decir "esto también puede ser performance...”?
Además de los encuentros antes mencionados podemos citar la semana del performance en la ENAP en donde participaron Melquiades Herrera, Mónica Mayer, 19 Concreto y el grupo SEMEFO; el Primer Encuentro de Performance de la Delegación Tlalpan con la participación de Descerebra2, La Mojiganga Blanca y Carlos Eduend con los Celestial Dancer, el Encuentro Nacional de Performance realizado siempre dentro de las actividades del Festival Internacional de Ciencia Ficción y Fantasía de la Ciudad de México organizado por los Goliardos, con la participación de grupos o individuos como Armando Ayala, Almas Perdidas, Armando Vega Gil, Bela Kinski, Niña Yhared (1814), entre otros oscuros; la Muestra de Performance de La Sangre de las Musas, monotemática como la del X-Teresa, que se ha llevado a cabo en espacios distintos (Circo Volador, Salón México, Hotel Virreyes, Monumento a la Revolución y Dada X) y que ha tenido artistas como: el grupo dionisos de Mariana Mercado, Novantrolounge, Zotz, Francisco Morales "El Cerebro", Isaac Gutiérrez del Circo Gótico de Puebla y Rocío Boliver "La Congelada de Uva". Así pues, los performance salen de los eventos meramente performanceros y llegan a distintos tipos de eventos entre los que recuerdo Festival de la Diversidad Sexual, Encuentro Nacional de Organizaciones del movimiento Gótico-Dark (Concilio en Puebla), Feria Metropolitana del Libro, Festival de Arte y Literatura Alternativa, Convención de Comics TNT, Festival Imaginero, Festival Internacional Cervantino, Festival México OFF, Festival de las Artes UVM, además de llegar hasta presentaciones de libros, revistas, inauguraciones de exposición, etc.
EL PROBLEMA DE LA DEFINICION DEL PERFORMANCE
En la plática sobre performance que ofreció Laura de la Mora en el Museo de Arte Moderno hace algunos años, uno de los tópicos que se comentó fue: ¿qué chingaos es un performance...? a lo que la especialista amablemente respondió que en realidad el performance es una disciplina de las artes plásticas no un subgénero del teatro cuyas diferencias y puntos de encuentro ya había comentado Pablo Mandoki en las mesas redondas celebradas en la cantina "El puerto de Veracruz". Sin embargo la confusión persiste ya que prosiguen artistas y pseudoartistas presentando cosas, a tal grado que ellos y el público mismo llegan a pensar la tremenda cosa de que "cualquier cosa es performance". Así, han llegado rumores sobre teorías españolas que postulan al Sub comandante Marcos como el mayor performancero de América Latina, o de aquella acción en 1992 en que la Asamblea de barrios (una organización vecinal) se detiene en la Avenida Juárez ante un grupo anti-motines cuando los de la asamblea gritan: ¡Vamos a pasar!, acto seguido un dirigente le grita a la multitud ¿Verdad que vamos a pasar? A lo que todos contestan: ¡Sí! Enseguida miles de manifestantes caen al suelo y se quedan tirados, inmovilizados, como si en verdad estuvieran muertos.
¿La realidad en sí, la vida, serían performance?
Reflexionemos un momento, mientras recordamos escenas de la ciudad de México: algunos niños de la calle en Reforma lanzando pelotas o fuego, a los que andan con su mona en el metro tirándose sobre un bulto de vidrios de botellas rotas, a las señoras gordas que andan desnudas atravesando la calle mentándole su madre a todos por igual, o al tipo que canta covers horribles del rock de los sesenta con voz entrecortada en Coyoacan, en silla de ruedas que tiene un cartelillo que reza: "contrataciones al teléfono..." Es una cuestión difícil de responder. Entre los artistas dedicados a difundir y concientizar de algún modo a los interesados que deseen practicar esta disciplina tenemos a Pancho López (Museo de Arte Carrillo Gil), Lorena Wolfer (Centro Nacional de las Artes) y Elvira Santamarina que estuvo un buen tiempo en X-Teresa. Lamentablemente, muy pocos artistas ejecutantes de performance tienen un concepto claro de performance, desde luego no me refiero a un concepto uniforme entre artistas, ni a una versión absoluta, sino que para sí mismos no tienen ni siquiera un esquema subjetivo que les explique lo que están haciendo.
Bueno, según algunos especialistas y artistas, el performance ha sido reconocido y consolidado como género, además de documentado de distintas maneras, como la del CENIDIAP, donde la maestra Sylvia Navarrete ha logrado un acervo de artistas desde los años 50's, el trabajo de Mónica Mayer, Víctor Lerma, Luis Orozco, Laura García y el propio X-Teresa. En la escena oscura, se ha vulgarizado tanto el “concepto de performance” que se montan obras pequeñas, se ensayan incluso (pecado a ojos de los grandes maestros de esta disciplina), y se llevan a cabo produciendo pena a los espectadores, debido a la baja calidad de dirección y actuación, respaldada en “es que no es teatro, es performance”.
Convencionalmente, los artistas del performance refieren que un performance no es teatro, requiere un concepto previo más no un guión para su ejecución, es decir, no es llegar a hacer cualquier cosa. Luego de tener este concepto previo, se realiza la acción con resultados impredecibles y únicos. Para la mayoría, un performance es irrepetible y efímero.
Entre las piezas que recuerdo por cumplir con estas reglas básicas esta aquella de un artista coreano que se une a una mujer en Nueva York con una cuerda, la idea es no separarse en un año y filmar todos los días lo que pasa, las reacciones inesperadas en su vida cotidiana sin romper el cordón que los une a unos metros de distancia. Este performance es transgresor, invade la realidad, no necesita un teatro ni foro alguno, pero tiene concepto previo inensayable, tiene la intención de irrumpir y además es impredecible. También recuerdo una de la Congelada de Uva en que se envuelve en plástico, descubriendo sólo su cara y el sexo, coloca una bola blanca a su lado que gira como un mapamundi, empieza a quitarse los vellos púbicos uno a uno con una pinza sin generar gestos de dolor y los pega en la bola que gira. Luego el público también pasa a quitarle vellos con las pinzas. Eso, es disciplina, eso es tener un concepto previo, las reacciones son irrepetibles, el performance es único.
En contraste, recuerdo a una mujer vestida con ropas estrafalarias, hojas de árbol decorando su cabeza, delira, tal vez está drogada, gira en medio de la avenida Cuauhtémoc bailando con una escoba a medio día, los autos pasan y reaccionan cada uno a lo que ven, de manera distinta. Aquí, con una mujer anónima, no tenemos un concepto previo, no hay una finalidad artística, es sólo una escena extravagante de la vida cotidiana, que si bien fuera expuesta, podría pasar por performance si no respetamos lo mencionado líneas arriba.
Estos ejemplos nos dan clara idea de las diferencias entre lo que es un performance y lo que puede confundirse con un performance. En la escena oscura, muchas veces, gente vestida y maquillada como algún personaje, medio baila con alguna rola y realiza círculos, prende velas y tal vez recita algún poema, canta o se desnuda. Eso no es un performance, eso lleva un guión, no un concepto, eso se ensaya, se planea, nunca confronta la realidad y busca un escenario, no transgrede la realidad, no es efímero, es repetible, es en sí, ni mal teatro, ni mal performance, si acaso una teatro danza mal realizada.
Para concluir, considero pertinente que los artistas asuman la teorización del performance así como su planteamiento conceptual, pues la justificación de la realización actual del arte-acción o performance mexicano, es bastante relativa. Aquí y ahora. Buenas Lunas.
(1) Un pseudoartista es aquel que plantea sus “performance” sin saber siquiera a lo que se refiere, planteando prácticamente que cualquier cosa en “escena”, podría ser un performance sin ninguna base teórica ni artística para plantearlo.
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*Texto publicado en la edición Clarimonda #25: Lesbico&Gay.
(Checala en el siguiente link: http://issuu.com/noctambulis/docs/clarimonda_25_lesbico_gay )

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