Erotismo de
más, lector incapaz.
Alejandro Ávila Guzmán
Se le conoce como atentado terrorista a todo
aquel ataque de un grupo hacia intereses personales, regularmente violentos, o
al menos eso dicen algunas vagas definiciones blandengues que uno se puede
encontrar en el internet, nunca podemos confiar en ellas como quisiéramos pero
igual las citamos.
De esa manera, como atentado terrorista, y
con temor a ser tildado de conservador, veo que fue la revolución sexual que se
dio durante las últimas décadas del siglo pasado, en donde el conservadurismo
se vio afectado y sectores de ultraderecha tuvieron bajas en sus filas, no
porque se cambiaran de bando, sino porque se les infartaron ante tal suceso.
Es bien cierto que los tabúes del sexo ya no
son lo que eran antes, aunque Juan de Zumárraga ya no prohíba libros en nombre
de dios y se los quede para su biblioteca personal, existen las prohibiciones y
las impresiones ante la lectura de “lo prohibido”.
Sin embargo también tenemos hechos muy
interesantes, contrarios al lenguaje erótico y el juego sexual de la literatura, como es la sobreexposición del ser humano a un liberalismo como es
el tema sexual, de repente nos sabemos de cabo a rabo el cuerpo humano, nos
muestran a la mujer desnuda, nos dejan vulnerables ante la realidad y se nos
pasa desapercibida la sazón de un buen juego de imaginaciones.
No es que esté en contra del erotismo, sino
que llego a pensar en que la fuerte puntualización de las formas puede llegar a
causar aburrimiento, de repente nos encontramos con que el Marqués de Sade es
muy descriptivo en sus narraciones eróticas y por lo tanto ya no hay forma de
hacer a nuestro antojo una descripción literaria que nos permita hacer nuestra
la historia.
La imaginación es determinante para la
literatura, y con mayor preferencia hacia el lector, quien se encarga de hacer
suya la historia, saborearla, hacer con ella lo que me plazca y solo porque el
autor tuvo la delicadeza de así hacerlo.
Sin embargo cuando el autor es descriptivo de
más y no deja el juego de las imaginaciones para el lector, la lectura puede
resultar poco atractiva o demasiado simple para el lector, y no porque la
lectura sea mala, sino porque la dinámica bilateral de “tú me das herramientas
y yo las utilizo” se deja de lado y parece que solo tenemos que digerir lo que
se nos ofrece.
Por último quiero apuntar que le quería
llamar pornoterrorismo a esta redacción pero simplemente ya es un término
utilizado por otros y con diferentes ideas, pero es bien interesante la
utilización y coincidencia de la misma, en fin, solo quería apuntarlo. Hasta la
próxima.



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