lunes, julio 22, 2013

INLETRADO: El roba libros


El roba libros

Jonathan Ávila Guzmán


El pasado 19 de julio, el sitio de noticias poco convencionales Pijama Surf publicó una nota muy interesante sobre un chico anónimo en China que decidió robar libros para encontrar sentido a su vida, el botín resultó en 8000 libros robados, lo interesante del caso era su motivación por encontrar un sentido a la vida, pero además de que los libros robados después los vendía para solventar algunos gastos.
Ese debate no es nuevo, pero si me ha despertado gran interés sobre todo por una entrevista que le realizó Daniel Barrón a Fabrizio Mejía Madrid en su programa Arte Afuera en Rompeviento.tv, en donde Mejía Madrid incitaba a sus lectores a robar sus libros.
El robo de libros es un acto que se hace desde muchos años y con poca culpabilidad hacia la persona que lo hace. La primera vez en que escuche de la palabra "expropiación" fue durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuando al encontrarme a un amigo me dijo que aprovecharía el abarrotamiento del lugar para "expropiar" algunos libros.
Hasta nuestros días el robo de libros no es tan común, o al menos no se revela con gran novedad en los medios, pero es cierto que es de uso común en todos los lectores, al menos un libro de tu colección debe de ser expropiado, o si no, aun no se presenta la oportunidad.
La expropiación de los libros es un acto de justicia ante el atropello de editoriales que ven en el libro un producto rentable y de altos precios, por ejemplo, la editorial Alfaguara ofrece libros de calidad media y con costos que ascienden a más de los doscientos pesos, habrá quienes digan que el libro lo vale, pero es increíble que una calidad no muy alta y con ventas exorbitantes tenga un costo de tales dimensiones.
El robo bibliográfico deberá de ser un reto para muchos, pero no debe de ser mal visto, el robo es un acto perverso pero también, y más específicamente en el caso de los libros, un acto de justicia y resistencia hacia aquellas empresas editoriales que juegan con los bolsillos de lectores ávidos por llenar sus mentes de esa información tan valiosa que es un libro.
Y mientras el mundo gira, esperemos que a los viejos perezosos mal llamados diputados, no aprueben una reforma hacendaria que en su interior trae el vicio del impuesto en libros, pero eso si, hasta el saber saldrá caro.

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