El roba libros
Jonathan
Ávila Guzmán
El
pasado 19 de julio, el sitio de noticias poco convencionales Pijama Surf
publicó una nota muy interesante sobre un chico anónimo en China que decidió
robar libros para encontrar sentido a su vida, el botín resultó en 8000 libros
robados, lo interesante del caso era su motivación por encontrar un sentido a
la vida, pero además de que los libros robados después los vendía para
solventar algunos gastos.
Ese
debate no es nuevo, pero si me ha despertado gran interés sobre todo por una
entrevista que le realizó Daniel Barrón a Fabrizio Mejía Madrid en su programa
Arte Afuera en Rompeviento.tv, en donde Mejía Madrid incitaba a sus lectores a
robar sus libros.
El
robo de libros es un acto que se hace desde muchos años y con poca culpabilidad
hacia la persona que lo hace. La primera vez en que escuche de la palabra
"expropiación" fue durante la Feria Internacional del Libro de
Guadalajara, cuando al encontrarme a un amigo me dijo que aprovecharía el
abarrotamiento del lugar para "expropiar" algunos libros.
Hasta
nuestros días el robo de libros no es tan común, o al menos no se revela con
gran novedad en los medios, pero es cierto que es de uso común en todos los
lectores, al menos un libro de tu colección debe de ser expropiado, o si no,
aun no se presenta la oportunidad.
La
expropiación de los libros es un acto de justicia ante el atropello de
editoriales que ven en el libro un producto rentable y de altos precios, por
ejemplo, la editorial Alfaguara ofrece libros de calidad media y con costos que
ascienden a más de los doscientos pesos, habrá quienes digan que el libro lo
vale, pero es increíble que una calidad no muy alta y con ventas exorbitantes
tenga un costo de tales dimensiones.
El
robo bibliográfico deberá de ser un reto para muchos, pero no debe de ser mal
visto, el robo es un acto perverso pero también, y más específicamente en el
caso de los libros, un acto de justicia y resistencia hacia aquellas empresas
editoriales que juegan con los bolsillos de lectores ávidos por llenar sus
mentes de esa información tan valiosa que es un libro.
Y
mientras el mundo gira, esperemos que a los viejos perezosos mal llamados
diputados, no aprueben una reforma hacendaria que en su interior trae el vicio
del impuesto en libros, pero eso si, hasta el saber saldrá caro.



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