¡Puta madre…
Luis Enrique Anguiano Torres
¿Qué
sería de nuestras vidas sin los putos corajes? ¡Ah! El enojo, una de las
emociones primarias más incomprendidas pero a la vez más disfrutables.
Este
es el escenario: llegas a tu casa y encuentras a tu novia con otro güey. No tu
mejor amigo, no. Un güey que nunca habías visto. ¿Es el del camión? ¿Trabaja en
la paquetería? ¿Lo vi una vez en la pinche cola del banco?
*La
cara de sorpresa de ese güey no se aparta de tu vista. Sorprenden que te ponga
cara de sorpresa, bien sabía que existes*
¿Quién
putas es este güey que tiene a tu bizcocho en el sillón? ¡Es tu sillón, güey,
es tu puto sillón, el que le había gustado a Clara! No mames. Güey, no mames.
La
ves a ella con cara –ahora sí, más o menos válida– de que nunca te había visto.
Le gritas a ella. Le gritas a ese imbécil. Te encabronas. Descubres que no es
lesbiana de verdad sino que por algo estaba contigo. Vaya, que ni siquiera le
gustas. O, podrá escudarse después en el hecho de que fue cosa de la curiosidad.
Miente.
Esa
víbora te está mintiendo.
Ese
hijo de su puta madre, pinche bastardo…
Así
que era eso
¡¿Cómo
es posible que…!?
Y
¡Zaz! Los confrontas. Amenaza a ese hijo de puta con lo que tengas a la mano ¿O
qué? ¿Vas a negociar con ese imbécil? No, claro que no. Ojalá y fueras su igual
y pudieras cortarle la pinche aorta, dejándolo en el suelo, muriéndose.
-La
imagen se congela con un parpadeo ligero y un poco de intermitencia. Se queda
fija. Hay un resplandor un poco extraño y un sujeto aparece por un lado de la
pantalla-
“El
enojo ¡Ah! El pinche enojo. Es en esos momentos de desconcierto, cuando las
cosas salen mal, que llega… ¡El enojo!” dice el presentador con la expresión de
un padre que anima a su hijo a echarle ganas a su partido de esta tarde. Continúa
con entusiasmo. “Díganme ¿Cuándo fue la última vez que sintieron ese ardor en
el estómago? ¿Cuándo fue la última vez que sintieron ganas de estamparle el
florero en la cara a ese hijo de puta? Si usted tiene *señala a la cámara* más
de cuatro semanas que no grita un nombre o un apellido, precedidos por el
adjetivo pinche y continuados por sus respectivos hijo/a de su puta
madreeeeeeeehhhh… Entonces NO está viviendo la furia”
La
mera mera verdad es que todas, todas las personas, de vez en cuando
experimentamos el deseo de romperle los dientes a alguien o estrellar un mazo
contra algún objeto. Todos. Alguien que diga que no sería un pinche poser o un mentiroso, debería estar
enajenado totalmente para no sentir un enojo así.
Nunca
escuché “St. Anger” pero creo que tal cosa se puede disfrutar con otros géneros
y otros autores. Beethoven, Burzum, Storm, Cannibal Corpse, Lupita D’Alessio…
Bueno,
dejando nombres por un lado, la verdad es que la ira puede ser bastante
disfrutable. Por ejemplo, cuando se te poncha la llanta de tu BMW F5 color rojo
rubí. Te bajas queriendo asesinar a alguien pero no te queda de otra mas que
sacar al gato de la mochila y ponerte a darle vueltas a los birlos. Es bien
pinche sabroso, cómo no, hacer catarsis con el enojo recién exprimido. Sea
provocado por alguien más o no.
Catarsis.
Catarsis madafaker que nos hace sacar a flote varias situaciones. Acabar con
varias situaciones ¡Cielos! Uno de mis momentos favoritos durante la
universidad era cuando los trámites no me salían bien y tenía que ir yo
personalmente a hablar con los encargados de algún área. Exigirles. Llegar con
el “Oye cabrón ¿Dónde está mi acta?”
Bueno,
la verdad es que nunca le llamé cabrón
a un administrativo. Me tocó ver a gente que lo hacía, pero yo nunca. Por lo
general me conformaba con tirar una vista hacia el suelo, apretar los puños y
preguntar “¿Qué más necesito?”.
La
muina me llegaba hasta los molares, me sentía moribundo. Me sentía con ganas de
explotar y cargarme a, no sé, unos 13 o 14 mil ciudadanos nada más por el puto
coraje de que el contralor no estaba al día con mis documentos. A más de uno le
ha ocurrido eso de querer asesinar a la persona que no puede darle mate al
trámite.
Al
mal paso darle de putazos. Esa es mi reforma para el tradicional dicho.
El
enojo o la ira, por tratarse de emociones primarias, están enclaustradas en
nuestros huesos de la misma manera en que está la supervivencia. Son instintos
terriblemente básicos. Vaya, inclusive en los pinches cómics, hasta el puto loco
en turno que desea explotar el planeta está de malas. Andando de buenas no lo
haría. Lex Lutor no amenazaría con acabar a Superman si anduviera de buenas.
No. Nada de eso. Nein.
La
ira es un sentimiento primario. Básico. Cuando lo experimenten no sientan que
sufren, no, porque en ese momento son gorilas llenos de músculo, cerebro e ira
y son capaces de tomar el control de la situación. Cada que nos encabronamos es
una puta oportunidad. Aprovéchenla, no sean idiotas. Agarren un hueso, griten
y…
*comienza
“Así habló Zaratustra* de Strauss…*
La
verdad –y el enojo– os hará libres.


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