domingo, julio 21, 2013

EL IZCUINTLE: ¡Puta madre…


¡Puta madre…

Luis Enrique Anguiano Torres


¿Qué sería de nuestras vidas sin los putos corajes? ¡Ah! El enojo, una de las emociones primarias más incomprendidas pero a la vez más disfrutables.
Este es el escenario: llegas a tu casa y encuentras a tu novia con otro güey. No tu mejor amigo, no. Un güey que nunca habías visto. ¿Es el del camión? ¿Trabaja en la paquetería? ¿Lo vi una vez en la pinche cola del banco?
*La cara de sorpresa de ese güey no se aparta de tu vista. Sorprenden que te ponga cara de sorpresa, bien sabía que existes*
¿Quién putas es este güey que tiene a tu bizcocho en el sillón? ¡Es tu sillón, güey, es tu puto sillón, el que le había gustado a Clara! No mames. Güey, no mames.
La ves a ella con cara –ahora sí, más o menos válida– de que nunca te había visto. Le gritas a ella. Le gritas a ese imbécil. Te encabronas. Descubres que no es lesbiana de verdad sino que por algo estaba contigo. Vaya, que ni siquiera le gustas. O, podrá escudarse después en el hecho de que fue cosa de la curiosidad.
Miente.
Esa víbora te está mintiendo.
Ese hijo de su puta madre, pinche bastardo…
Así que era eso
¡¿Cómo es posible que…!?
Y ¡Zaz! Los confrontas. Amenaza a ese hijo de puta con lo que tengas a la mano ¿O qué? ¿Vas a negociar con ese imbécil? No, claro que no. Ojalá y fueras su igual y pudieras cortarle la pinche aorta, dejándolo en el suelo, muriéndose.
-La imagen se congela con un parpadeo ligero y un poco de intermitencia. Se queda fija. Hay un resplandor un poco extraño y un sujeto aparece por un lado de la pantalla-
“El enojo ¡Ah! El pinche enojo. Es en esos momentos de desconcierto, cuando las cosas salen mal, que llega… ¡El enojo!” dice el presentador con la expresión de un padre que anima a su hijo a echarle ganas a su partido de esta tarde. Continúa con entusiasmo. “Díganme ¿Cuándo fue la última vez que sintieron ese ardor en el estómago? ¿Cuándo fue la última vez que sintieron ganas de estamparle el florero en la cara a ese hijo de puta? Si usted tiene *señala a la cámara* más de cuatro semanas que no grita un nombre o un apellido, precedidos por el adjetivo pinche y continuados por sus respectivos hijo/a de su puta madreeeeeeeehhhh… Entonces NO está viviendo la furia”
La mera mera verdad es que todas, todas las personas, de vez en cuando experimentamos el deseo de romperle los dientes a alguien o estrellar un mazo contra algún objeto. Todos. Alguien que diga que no sería un pinche poser o un mentiroso, debería estar enajenado totalmente para no sentir un enojo así.
Nunca escuché “St. Anger” pero creo que tal cosa se puede disfrutar con otros géneros y otros autores. Beethoven, Burzum, Storm, Cannibal Corpse, Lupita D’Alessio…
Bueno, dejando nombres por un lado, la verdad es que la ira puede ser bastante disfrutable. Por ejemplo, cuando se te poncha la llanta de tu BMW F5 color rojo rubí. Te bajas queriendo asesinar a alguien pero no te queda de otra mas que sacar al gato de la mochila y ponerte a darle vueltas a los birlos. Es bien pinche sabroso, cómo no, hacer catarsis con el enojo recién exprimido. Sea provocado por alguien más o no.
Catarsis. Catarsis madafaker que nos hace sacar a flote varias situaciones. Acabar con varias situaciones ¡Cielos! Uno de mis momentos favoritos durante la universidad era cuando los trámites no me salían bien y tenía que ir yo personalmente a hablar con los encargados de algún área. Exigirles. Llegar con el “Oye cabrón ¿Dónde está mi acta?”
Bueno, la verdad es que nunca le llamé cabrón a un administrativo. Me tocó ver a gente que lo hacía, pero yo nunca. Por lo general me conformaba con tirar una vista hacia el suelo, apretar los puños y preguntar “¿Qué más necesito?”.
La muina me llegaba hasta los molares, me sentía moribundo. Me sentía con ganas de explotar y cargarme a, no sé, unos 13 o 14 mil ciudadanos nada más por el puto coraje de que el contralor no estaba al día con mis documentos. A más de uno le ha ocurrido eso de querer asesinar a la persona que no puede darle mate al trámite.
Al mal paso darle de putazos. Esa es mi reforma para el tradicional dicho.
El enojo o la ira, por tratarse de emociones primarias, están enclaustradas en nuestros huesos de la misma manera en que está la supervivencia. Son instintos terriblemente básicos. Vaya, inclusive en los pinches cómics, hasta el puto loco en turno que desea explotar el planeta está de malas. Andando de buenas no lo haría. Lex Lutor no amenazaría con acabar a Superman si anduviera de buenas. No. Nada de eso. Nein.
La ira es un sentimiento primario. Básico. Cuando lo experimenten no sientan que sufren, no, porque en ese momento son gorilas llenos de músculo, cerebro e ira y son capaces de tomar el control de la situación. Cada que nos encabronamos es una puta oportunidad. Aprovéchenla, no sean idiotas. Agarren un hueso, griten y…
*comienza “Así habló Zaratustra* de Strauss…*
La verdad –y el enojo– os hará libres.

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