domingo, julio 14, 2013

EL IZCUINTLE: Güeyeando, que es gerundio.


Güeyeando, que es gerundio

Luis Enrique Anguiano Torres


Uno de los rasgos más característicos del mexicano es –cómo pinches no- el güeyeo: se ha teorizado bastante sobre ésta práctica y ríos de tinta y pixeles han corrido hablando sobre el tema. Si la memoria no me falla, y parafraseándolo con su “cito de memoria, así que puede que no lo esté haciendo bien”, Carlos Monsiváis hablaba que probablemente guardaba su origen en la igualdad de condiciones de los dos bueyes que jalan una yunta.
Los dos bueyes se encuentran bajo el mismo yugo, ambos en la misma ruta y bajo el mando del mismo agricultor. Un mismo motor, dual core agrario. Decirle a otro “buey” era, para Monsiváis (recalco que no estoy del todo seguro si fue él quien teorizó todo lo anterior pero la memoria dicta que sí) llamarle a otro “buey” o “güey” era reconocer una igualdad de circunstancias. Una fraternidad astada y atada a un yugo de madera.
Decirle a otro “güey” pues, es reconocerlo como un igual.
No sé ustedes, pero a mí me basta y me sobra –para fines prácticos– con ésa definición porque hasta donde la experiencia me permite ver, es casi del todo cierto.
La escena que les voy a contar se desarrolla en la fila de acceso a un concierto de Roger Waters en el Distrito Federal. En la fila van dos señores maduros, ambos de cabello ya entrecano, uno con chamarra de mezclilla de letras bordadas y un logotipo: Alan Parsons Project. El otro de vestimenta un poco más ordinaria.
A escasos centímetros de ellos, un joven y apuesto aspirante a columnista de revista contracultural escuchaba de manera etnográfica la cantidad de güeys que se decían el uno al otro. No era una cantidad asombrosa, digamos en el rango de lo normal. Hice un pequeño experimento, les pregunté si ese era el acceso que decía en mi boleto, el de la chamarra normal me respondió “Sí, es éste, joven. Va bien” para voltear con su compañero y decir “Sí güey, y el del pinche jetta…”
¿Por qué a mí no me güeyeó? Porque no compartía su circunstancia. Debió ser el acento, igual y la edad, igual y lo que sea, pero no ameritaba yo que ese cuarentón amante del rock suave me güeyeara.
¡Cielos! Hasta mi papá me ha dicho así. Mi hermana me dice así. A mi novia se le sale de repente decirme así. ¿Por qué? Porque comparto la circunstancia de todos ellos. Mis amigos, igual. Bueno, con algunos nos decimos cosas peores pero ya es cosa de los Average Crew® insultarse y llevarse pesado. No nos decimos “güey” no. Los Average® nos decimos “Pinche perra” o “Puta sifilítica, hazme un paro pinche niño cagón”.
Cosa curiosa (y quizás esto es la respuesta al episodio de la fila del concierto) no entiendo que desconocidos con los que no comparto mi rango de edad me güeyeen o yo güeyearlos. Si llego con un señor “en onda” un hippie ya de edad o algún rocker que comenzó a vivir tarde por lo general uso otro apelativo como “hermano” o inclusive el muy tibio “amigo”. Ya en el último de los casos igual y hasta “vato” o de plano ninguno y todo se queda en un “Disculpa ¿Cómo llego a la cantina del Cito?”
No sé por qué me incomoda terriblemente güeyear a alguien que no está en mi circunstancia o no parece compartirla; Desconocidos me han dicho, pidiendo ride por ejemplo, “Te vas derecho y llegas a tal entronque güey” o “Nel güey, por acá no llegas a Sinaloa” y son gente más o menos de mis años. Pero cuando se trata de alguien muy joven –las peripecias de los veinteañeros– o muy mayor que me dicen “sí güey…” no me queda de otra que ignorar esa palabra. En el peor de los casos pongo cara de “Puta madre, ganó Peña Nieto” y pedir que por favor no me hablen así.
Alguna vez compartí casa con un taxista. Un señor ya sesentón, con un hijo en secundaria. Cuando llegó a la vecindad y le estaba yo mostrando en la cocina qué cosas eran mías, él comenzó a güeyearme. “Sí güey, para que no haya confusiones… Sí güey, poner nombres a los tópers del refri… Sí güey, yo trabajo en el Sitio Anaya…” hasta que al tercera o cuarta güeyeada le dije “Disculpe si esto no le parece, pero si por favor se abstuviera de decirme güey me llevaría mejor con usted” ya nada más puso cara de pendejo y me dijo “Sí, no hay problema ‘mano…”
El chiste era que el señor ese quería sentirse en onda conmigo o quería que sintiera yo que la circunstancia era la misma. No, no era la misma por estar viviendo en la misma casa. La circunstancia no es la pinches misma aún si los dos escucháramos la misma música (por cierto, cuando se fueron de ahí, su hijo me robó “Famous Monsters” de los Misfits). La circunstancia no era la misma porque él tenía sus problemas, yo los míos y nada tenía yo que andar haciendo en sus cosas. Igual y estoy siendo muy duro con un señor que sólo quería fraternizar.
Creo que a estas alturas del relato –aplauso a quienes llegaron hasta éste párrafo– el punto queda bastante bien explicado: güeyear es un acto simbólico de decir “yo comparto tu circunstancia” pero, como la oración misma lo dice, no lo puedes decir a cualquiera. No puedes ir por la vida güeyeando a todos, es irresponsable y es estúpido. Hay que elegir a la persona y, ahora sí, güeyeando que es gerundio.

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