lunes, abril 15, 2013

INLETRADO: Inseparables, la crónica y la nota roja.



Inseparables, la crónica y la nota roja.

Jonathan Ávila Guzmán


Hace algunas semanas me encontraba caminando en medio del centro de la ciudad de Morelia, bella capital del hoy mancillado estado de Michoacán. En medio de aquellas moles de piedra que custodian las plazas públicas, descubrí una pequeña librería vieja en donde tuve la fortuna de adquirir una crónica de Carlos Monsiváis sobre la nota roja en México, titulado Los Mil y un demonios.
Durante mi estancia en aquella hermosa ciudad a la cual añoro volver en busca de una nueva historia, fui creando grandes ideas, y entre ellas, logré formar pequeñas crónicas de sucesos cotidianos que iba captando con mis sentidos: el camino de la gente, las charlas de café en la esquina, el payaso a las afueras de la Catedral o cosas de ese vivir en una pequeña pero muy concurrida ciudad como lo es Morelia.
Sin embargo, uno de los cuestionamientos que hice durante mi estancia, fue un breve apunte que yo percibía en la crónica que hoy circula, y sobre todo, en un género literario que aun no es reconocido como tal, y que es el periodismo.
Los periódicos de todo tipo, se han convertido en periódicos amarillistas y sensacionalistas que no pasan de dar cifras y mostrar la cabeza del decapitado que no muestra la portada del día. Pareciera que con la actual situación que atraviesa el país, fuera el momento glorioso del repunte de la nota roja, pero no esa nota que se limita a contar casi de forma literaria, la increíble muerte, sino de una nota roja que pareciera romper con los límites del respeto al derecho individual.
Otra de las inseparables de la nota roja, es la crónica. Hoy, la crónica está deformándose con la nota roja, no como aquella que narra Monsiváis, en la cual habla de una nota hermosa y literaria que convierte al periodista no en un simple redactor, sino en un escritor que le entrega sus mejores dotes literarios a algún lector voraz que espera llenarse con esa nota del día.
Juan Villoro, habla de los cronistas como los grandes narradores de la realidad actual, sin embargo, me atrevo a decir que la nota roja ha llegado a invadir el ámbito literario, con cifras y crueles realidades, los cronistas se toman el papel institucional de narrar números y no las historias de aquellas sensibles personas que son asesinadas en México a diario.
También hay que aclarar que existen cronistas que se han tomado un papel en serio, y por ende su posición como narradores, es el de contrarrestar esa poca sensibilidad a los sucesos de terror que ocurren en nuestro país, y que la televisión se ha encargado de crear, sí, la televisión es culpable de una insensibilidad de masas.
Por tal motivo, retomo mis críticas y las reflejo en un elogio a los cronistas contemporáneos, porque son ellos quienes por medio de esas historias desgarradoras, se encargan de hacer ver la otra cara de éste conflicto de violencia que está aquejando a nuestro continente.
La nota roja necesita ir cambiando, y es por medio de la crónica, que se podrá lograr ese cambio de perspectivas, los reporteros de nota roja, hoy cronistas del México contemporáneo, deben investigar como reporteros y escribir como escritores literarios, tomando en cuenta que no todo debe ser un surrealismo noticioso, sino un proyectar esa realidad tan devastadora, pero que debe crear una sensibilidad entre los lectores para poder, y no mirar a la nota roja, como el enemigo de la moral y ética periodística.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí