lunes, abril 01, 2013

EL IZCUINTLE: Mi amigo nigeriano.



Mi amigo nigeriano

Luis Enrique Anguiano Torres


Antes de proseguir, déjenme decirles que no tengo ningún amigo en Nigeria ni conozco a alguien de ese país. Elegí ese nombre a propósito de la canción que hicieran los Residents de acuerdo al llamado fraude nigeriano.
Para los que llevan demasiado pinche Facebook en sus venas o son lo relativamente jóvenes como para haberlo vivido, el fraude nigeriano se dio por montones a principios de este nuevo siglo. Algunos de ustedes, quienes aún revisen sus polvorientas bandejas de correo, se darán cuenta que de repente llegan correos a nombre de alguna empr… ¡Meh! ¿Para qué les sigo diciendo? Ni siquiera los abren.
El chiste del pinche fraude nigeriano era que te hacían creer que te habías sacado la lotería en ese país, que un pariente tuyo lejano había muerto en un accidente en ese país y había dejado una gran herencia, que resultaste ser acreedor de una enorme cantidad de billetes que te regaló un millonario nigeriano –de seguro un mandingo ex actor porno– o alguna marihuanada por el estilo. Para poder tú recibir el susodicho premio (que siempre era un buen montón de millones de dólares) tenías que hacer un pago por adelantado para que te liberaran la lana: pagarle a aduanas, al banco, demostrar ante la empresa que tenías capacidad de solvencia, etc.
El chiste era que, una vez que habías pagado ¡Bam! Adiós. Hasta la vista, hasta luego, hasta nunca. No se vuelve a saber más de ellos.
Recuerdo que por allá del ’99 fue que vi un reportaje en la tele sobre este tipo de fraudes. Lo había hecho una reportera de televisa que ya luego haría otro reportaje sobre un centro de arte urbano en el DF (No se pierdan la siguiente edición de Clarimonda sobre el arte urbano. Tendremos invitados de lujo) y, bueno, en aquel entonces la versión más extendida de tal estafa era la de un tal príncipe nigeriano que necesitaba huir de su país y se mochaba con un porcentaje de su riqueza si se la guardabas por un rato en lo que llegaba al tuyo. O sea, a México.
Supongo que varios de esos güeyes debieron forrarse de lana hace década y media en países en los que apenas estaba germinando la brecha tecnológica. Qué cagado que para ser un país “al día” se tenga que romper con una dimensión social vuelta problema como es el dominio tecnológico.
Les decía, pues pinche estafa nigeriana a la fecha se sigue dando y aún hay gente que la cree. Hace poco había leído de un fulano que le compró a un negro marroquí o algo por el estilo una bolsa de basura llena de billetes que él había tintado para sacarlos del país. Le había dicho que los dejara remojando en una solución de no sé qué líquido durante un día y listo, se les caería el color negro y tendría unos fajos de dólares listos para ser depositados en el banco. El nigeriano inclusive le dio un número de teléfono al pendejo que le compró la bolsa “por si no le salía el movimiento” ¿Cuándo pinches le iba a salir? ¿A qué güey se le ocurre que unos papeles dejados en un tipo de ácido toda la noche iban a salir intactos? Para quitarle un tinte tan fuerte a un material tan particular como es el papel moneda y que salga ileso… Bueno, se necesitaría mucho más que dejarlo remojando la noche entera.
Cabe decir que el pendejo de la historia llegó a llamar a su amigo nigeriano para quejarse porque llevaba ya días con el dinero en el ácido y éste no se despintaba. El príncipe nigeriano casi casi le dijo un amable “Sigue intentando, ahí la vemos”. Lo que quedó de tal episodio fue un vato relatando su historia en su blog personal y quejándose amargamente de los amigos nigerianos.
Dijera Carl Sagan: “Es mejor encender una vela que maldecir la obscuridad”, y es que ese idiota tenía el motivo adecuado para quejarse (se lo habían hecho más pendejo que de costumbre) pero el objeto de la queja completamente equivocado (se quejaba del negro en lugar de quejarse de su inteligencia). Ahora, los africanos son más famosos por sus atributos físicos que por sus atributos mentales: no gozan de fama de trinqueteros como los gitanos o los judíos, así que alguien que caiga en una de esas es porque, de plano, está frito.
Antes ser pendejo era fatal: podías morir si no eras lo suficientemente avispado. Te tragaba un oso, caías en un barranco o morías envenenado por alguna planta; viéndolo así, la pendejez es totalmente necesaria en un sentido evolutivo. Hay gente tan torpe que realmente merece que le pasen cosas malas.
Ahora, ninguno de nosotros está totalmente exento de que lo engañen. Todos hemos sido engañados de la manera más simple en algún momento, pero una cosa es ese margen de propensión y otra es ser un inocente que cree que vive en otro tipo de mundo. El fraude nigeriano es un mal relativamente pequeño. Pequeñísimo. Puede dejar en la miseria a una persona que tenía la misma probabilidad de ser devorada por un oso. Así que ¿Qué prefieren? ¿Que sea pobre o que sea un cadáver? No se necesita ser el rey de la sabiduría para ponderarlo. Y hablando de reyes, acabo de recordar que tengo un amigo que pertenece a la realeza de Senegal, está detenido en la aduana y necesita de alguien que pague su multa…

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí