domingo, abril 07, 2013

EL IZCUINTLE: La esperanza del pinche consuelo.



La esperanza del pinche consuelo

Luis Enrique Anguiano Torres


Como algunos saben, no sólo formo parte del staff de Clarimonda; estoy involucrado en otros grupos, otros proyectos y también hago cosas por mi cuenta. Pues bien, escribo esto desde un estado entre etílico (porque pinches quiero, tampoco crean que un problemilla de estos me iba a estar quitando el sueño) otro de autoreflexión y un “puta madre ¿por qué estoy tan pendejo?” que me cuelga de la cabeza con tanto peso que a momentos creo que hay algo que me jala de la cabeza.
Bien, el problema en cuestión… Y que conste que no me considero ningún profesional pero sí lo suficientemente mayorcito como para no andarla regando a ese nivel… Fue que cometí el error de expresar una opinión personal a título del proyecto. Vaya, un error muy muy básico, de principiantes prácticamente. Las consecuencias no se hicieron esperar, en menos de 10 minutos había yo recibido lo que en toda la semana no recibí de comentarios simplemente por mostrar una opinión “retrógrada y machista”.
Vaya, me fue mal, pero peor aún: al equipo le fue mal sólo por mi metedura de pata. Nadie es perfecto y, como dijera el güey de Alex Lora “no siempre se puede tener la razón”, sólo dos que tres pinches necios que conozco opinan lo contrario: que toda opinión personal es válida y que el cambio de postura ni siquiera es una posibilidad.
Ahora, esta situación tiene varios matices desde donde la vean: primera ¿a quién le estás soltando la llave de tu proyecto? Y es que en estos lares se supone que todos somos mayores de edad o ya estamos en edad de entender. De discernir, de pensar de manera clara, que debes de ser, mínimo, un pinche adolescente o un puberto para saber en qué parte de los internets te estás metiendo.
¿Qué es lo que debes decir? ¿Cuál es el límite del respeto en un medio en el que la capacidad de elección del contenido prima por sobre otras cosas? Existen páginas porno y no por eso todas las visitan, existen páginas de ultraviolencia y no todos entran en ella, existen los “barrios bajos” y no todos saben cómo o por qué motivo entrar. En el internet la cosa es elegir y saber elegir ¿Pero qué pasa cuando esa elección se rompe y te encuentras con algo que tú no elegiste ver? Comienza la protesta. Y es perfectamente entendible; estás ahí por una razón y la razón de repente desaparece. Comienzas a preguntarte dónde chingados está y qué chingados estás haciendo ahí.
No voy a profundizar en la polémica, eso no interesa ya y este no es un medio en el que se mastique lo que ocurre en otro proyecto. Suficiente se habló ya en los comentarios como para ponerle una raya más al tigre, excusarme, disculparme, meditar o algo así. Creo que tuve algún motivo para decir lo que dije y asumo con responsabilidad los resultados de tal expresión, nada más que se me olvidó que para decir lo que pienso está esta columna que a veces no llega el día que debe, mientras que en los demás se deben de decir otras cosas.
Lo que me tiene con el Jesús en la boca era que el equipo llegó a meter las manos por mí –cosa que agradezco porque en ese momento no estaba yo al pendiente de la pantalla– y la cosa se pudo contener, más o menos ¿Qué pasó? Que no eliminamos comentarios, se asumió la culpa y yo, en lo personal, sí me siento arrepentido de haber expresado una conjetura por demás arriesgada sin siquiera haber pedido una segunda opinión. Ya ni siquiera del equipo, de alguien más.
Vaya, que fue un comentario de lo más visceral. Yo por esa parte achacaría al público el hecho de no saber discernir entre un yerro individual y una postura formal del staff respecto a tal o cual cosa. Por ese lado pienso que quizás no fue tan grave el hecho de que las cosas hayan salido como hayan salido. De que va a terminar afectándonos, eso es un hecho; al momento de redactar estas líneas es imposible saber cuántos seguidores y cuántos suscriptores se perdieron o, siquiera, cuál será la manera en que el alcance de la página se vea mermado.
A la petit-crude moral, súmenle un hecho que a mí particularmente me parece terrible: el haber caído en el error que alguna vez se señaló. Y es que, de verdad, me pareció un error terrible el hecho de que a otro proyecto de cuyo nombre no quiero acordarme porque me caen bien mal (como pista les diré que se identifican por un astronauta haciendo una seña militar) fue que alguien salió a atacar a un chavo que se quejaba porque no le habían entregado una cortesía para un concierto. En ese momento me pareció un error garrafal. Irrepetible. Un pecado.
Y esta ocasión terminé haciendo algo parecido. Meter la pata y poner en tela de juicio el formato en que se maneja el proyecto. Vaya, no agredimos a nadie más y nos disculpamos en la medida en que fue un acto sin mayor premeditación que la de un güey que se levantó de malas y fue una barbaridad lo primero que se le ocurrió decir.
En fin, dijera el pinche Alex Lora “no siempre las cosas son como debieran ser, no siempre se puede tener la razón”. La cagué y la única esperanza de algún consuelo (nombre tomado de un perfil de alguien que no conozco) es que las disculpas hayan sido aceptadas. Yo, por mi parte, voy a tener que aprender a pensar doble antes de poner el teclado en el recuadro textual del proyecto ajeno. Ni modo.

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