Por Judith Guzmán
15
de marzo 2013. Guadalajara, Jalisco México.
There’s a party in
my head and nobody is invited.
Aún
traigo encima el efecto de toda la energía explosiva de los Tame Impala sobre escenario. No puedo dejar
de mover los hombros, de sentir una necesidad estrepitosa por seguir bailando,
por seguir existiendo en “Solitude bliss”: “una
fiesta en mi cabeza pero nadie está invitado”, así es como sigo percibiendo
la resonancia del concierto. Un evento que se esperaba y cotizaba entre la
escena “alternativa musical” en Guadalajara. Un evento que movió a los
interesados y llevó a la desesperación a los que no tenían boleto. Ese día se
presentó la Mala Rodríguez también en Guadalajara y murió de
infarto por no tener público, aparentemente, pero no me crean, yo estaba en el
viaje sonoro.
Este ha sido el primer “gran” concierto que he pasado
utilizando silla de ruedas. Fue increíble. El concierto llegó a límites
inimaginados, musicalmente hablando, con una gran conexión entre los presentes
detonaban los guitarrazos de Apocalypse dreams o los parones en Music
to walk home by que han hecho de esa noche una unión intima entre coros
del público y músicos.
Cuando inició Be above it nos comprometió a
apreciar a Tame Impala como una obra de arte, así que hablar de ellos con esta
alevosía podría significar una alabanza excesiva pero a mi en lo personal me
hacen estremecer las fibras del cabello, me calientan el estómago y puedo
disfrutar de ellos mientras camino o hago el amor, simplemente su música me
fascina.
Todo se prestó como tenía que ser, como se imaginaba que
sería. Luces psicodélicas sobre morados y rosas, azules y un tanto de rojos, un
sold out que hacía todavía más
esperada la salida de estos hermosos güeritos introvertidos que hablan mejor
con los instrumentos que con las palabras. Definitivamente músicos. Y sin duda
no escatimaron de buen show.
Nos deleitaron con una descomposición de su mismo
material, no siguieron una línea paramétrica, sorprendieron, dejaron sacar todo
el espíritu rocanrolero que embonó a su encore
con Nothing that has happen so far has been y la noche cerró para darle
significancia a todo el ajetreo con unos buenos tacos, porque siempre después
de tanta descarga musical el cuerpo termina cansado, el oído exhausto y el estómago
bien monchero.


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