jueves, febrero 14, 2013

Julio Ruelas: un decadentista de mirada lúgubre.


Por Francisco Bautista Rangel


Julio Ruelas
Para 1886, surge en Francia un acontecimiento literario que habrá de impregnar y hermanarse a otras disciplinas del arte, específicamente, la gráfica, pintura y escultura; se trata del manifiesto simbolista publicado por el poeta Jean Moréas (1856-1910), quien definió las premisas de una intuitiva, pero galopante corriente estética que se proclama contraria a la «enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». En efecto, los declarados simbolistas y futuros adeptos a este movimiento, dirigieron su atención a los significados más ocultos que les ofrecía su respectiva etapa histórica, la cual venía desarrollándose en aras de un tardo-Positivismo cada vez más pragmático, cuya sociedad se adhirió a la doctrina del materialismo a fin de proyectar la imagen de un refinamiento civilizado a su vez que artificioso.
Los simbolistas advirtieron en las ideas de progreso y avance técnico, nuevas formas de aniquilación para el hombre, por tanto, acudieron al espíritu, la metafísica y la psique humana  como rumbos que les permitieran encontrar la verdadera esencia del individuo, esta búsqueda quedó concretizada en imágenes de mundos misteriosos, personajes idílicos o siniestros, evocaciones y cruzamientos de épocas; lo subjetivo fue el telón de fondo para el simbolismo pictórico, sin detrimento en la calidad plástico-formal de sus representaciones.   
Destaca al interior de este periodo artístico, el mexicano Julio Ruelas (1870-1907); reconocido por su trabajo como ilustrador de primer orden, sin embargo, es también digna de mérito su labor como dibujante y pintor de temas muy personales. A la edad de 21 años, Ruelas gana una beca para viajar a Alemania y estudiar en la Academia de Artes de Karlsruhe, en dicho país, su vena artística manifestará una fascinación ante la fantasía, el erotismo y lo espeluznante, ello se debe al roce tan estrecho que sostuvo con la obra de Goethe y, especialmente, con el personaje de Fausto, asimismo, supo apropiarse del lenguaje visual simbolista, siendo Arnold Böcklin su pintor predilecto. En 1895, regresa a México y funge como profesor en San Carlos, institución donde conoce a la élite cultural y artística del momento. Posteriormente, ingresa a las filas de la Revista Moderna, cuyo primer número, fue editado en 1898 teniendo a Jesús Luján como mecenas; las columnas de dicha publicación reunían lo más granado del ámbito literario, hablamos de Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera y muchos otros.

"El reposo del trovador", Julio Ruelas.

Seis años más tarde, Justo Sierra le brinda una pensión para volver Europa y radicar en París, ahí aprenderá a dominar con maestría la técnica del aguafuerte, no obstante, cae enfermo de tuberculosis siendo ésta la causa de una muerte temprana en 1907.
Antes de su arribo a Francia nos llegan obras como Piedad, tinta ejecutada en 1901 donde se plasma a un Satán meditativo, de semblante lo más cercano a la frustración; Ruelas desentraña del averno a quien fuera el ser de mayor jerarquía y belleza creado por Dios mismo, previo incluso al libro del Génesis, Lucifer es considerado en la tradición judeocristiana, aunque no siempre de modo unívoco, el ángel concebido del fuego divino, el cual, fue desterrado a los abismos junto a un séquito de ángeles rebeldes luego de haber trasgredido la autoridad y omnipotencia de Dios.
La Sagrada Biblia, menciona en sentido connotativo la existencia de Lucifer en el libro profético de Isaías (14:12-14): « ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”»
Quizás desencantado de la convicción religiosa, esta imagen de Satanás es muestra de la exigencia técnica de su autor, cada línea se corresponde perfectamente generando efectos que dirigen la mirada en direcciones oblicuas, propias de una composición estática y dinámica a la vez; los detalles en las zonas más sombreadas compensan el terminante aspecto monocromático de la obra. Víctima del engreimiento y la deslealtad, las tremendas alas, así como las serpientes, recuerdan la gracia perdida y transformada en maldición, se observa también una aureola rota sobre el hombro izquierdo, así como un sitial retorcido de espinas en señal de penitencia y, al mismo tiempo, hacen pensar en el sacrificio de Jesucristo.
Los simbolistas desnudaron la naturaleza maligna que habita en todo ser humano, siendo el lenguaje artístico la vía para darle forma y significado, para ellos, el mal se presenta seductor e irresistible desatando una lucha de fuerzas, ésta es la experiencia que determina la conducta humana, sin embargo, la maldad es superable al punto de lograr la comunión entre el alma y el espíritu divino; finalmente, el mal procede del bien a la espera de ser redimido o destruido. 
  
"Piedad", Julio Ruelas.

Una vez establecido en París, Ruelas emplea su capacidad de observación no a la realidad concreta, sino al inconsciente. Otro de los tópicos más utilizados en la estética simbolista fue la mujer-quimera, ejemplo de ello es la obra El reposo del trovador, aguafuerte realizado en 1907; la escena está conformada por el harapiento músico callejero que reposa a las afueras de un cementerio; como una lectura del lado puramente oscuro e irracional del hombre, quedan al descubierto entidades perversas y reprimidas ante el hastío de todas aquellas normas generadas por la sociedad y las religiones. De esta compleja unión de temores y creencias inmemoriales, se aprecia la figura amenazante de una vampiresa, personificación universal estancada entre la vida y la muerte, de ahí su carácter diabólico-bestial de apremiante obsesión por los fluidos sanguíneos, es decir, donde corre la energía vital. Las viñetas de seres macabros que enmarcan la composición, acentúan el estilo tan recurrente de Ruelas para usar los ornamentos y romper el orden común del espacio.   
En la Europa decimonónica, el mito sobre la existencia de vampiros se extendió prontamente debido a la literatura de George Gordon Byron (1788-1824) y Jean-Charles Emmanuel Nodier (1780-1844), ambos precursores del Romanticismo. Más adelante se conocieron los textos de Pierre Jules Théophile Gautier (1811-1872), Alexandre Dumas (1802-1870), Paul Henri Corentin Féval (1817-1887), Ernest Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (1814-1873), entre otros. Todos ellos compilaron en poemas, cuentos y novelas, criaturas taciturnas y sobrenaturales, no obstante, es en la obra Drácula de Abraham Stoker (1847-1912), escrita en 1897, donde la literatura de horror alcanza su cúspide.
Para este momento la categoría de «lo bello» en el arte, desvía el rigor académico, reiteradamente simétrico y purista de las formas, hacia una liberación aún más explícita de las pulsiones y paradojas del cambio de siglo, esto es: la belleza que se halla en la fealdad, la vacuidad, el pánico y el hedonismo, lo cual indica ya cierta renovación de pensamiento y sensibilidad aplicada a los temas, recursos e intencionalidades del artista.
Sin duda, Julio Ruelas dejó un acervo inconcluso de obras, únicamente existentes en su mente colmada de faunos, demonios, amantes, líricas visuales… Al cabo de su muerte, la Revista Moderna publicó notas póstumas que resumen la atrayente personalidad de este ilustre protagonista del arte mexicano: «Siempre de negro hasta los pies vestido, […] pasó Ruelas por el arco triunfal de sus 36 años, para desplomarse en la noche, en una noche prematuramente asesina, cuya traición no tuvo piedad de la hermosura de la juventud ni del valor de la inteligencia creadora».

BIBLIOGRAFÍA
·         Bayer, Raymond. Historia de la estética, Fondo de Cultura Económica, México, 2003.
·         El espejo simbolista. Europa y México 1870-1920, Museo Nacional de Arte, CONACULTA / INBA, México, D.F., 2004.
·         Fernández, Justino. Arte moderno y contemporáneo de México. El Arte del siglo XIX, Tomo I, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F., 2001.
·         Fernández, Justino. Arte moderno y contemporáneo de México. El Arte del siglo XX, Tomo II, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F., 2001.
·         Guía Museo Nacional de Arte, México, CONACULTA / INBA, México, D.F., 2006.
·         Historia del Arte Mexicano. El Arte del siglo XIX, II., Tomo 10, SEP-SALVAT, México, D.F.,  1986. 
·         Historia del Arte Mexicano. El Arte del siglo XIX, III., Tomo 11, SEP-SALVAT, México, D.F.,  1986. 
·         Lemaire, Gérard-Georges. Simbolismo, Ediciones Polígrafa, Barcelona, 1997.
·         Little, Stephen. …ismos. Para entender el arte, Ediciones Turner, Madrid, 2004.
·         Tovar y de Teresa, Guillermo. Repertorio de artistas en México (3 tomos), Ediciones BBVA BANCOMER, México, D.F., 1996.

FUENTES ELECTRÓNICAS
·         http://es.wikipedia.org/wiki/Creencias_sobre_vampiros
·         http://es.wikipedia.org/wiki/Vampiro
·         http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/inmediato/inm_ortiz01.html

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