Por Francisco Bautista Rangel
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| Julio Ruelas |
Los simbolistas
advirtieron en las ideas de progreso y avance técnico, nuevas formas de
aniquilación para el hombre, por tanto, acudieron al espíritu, la metafísica y
la psique humana como rumbos que les
permitieran encontrar la verdadera esencia del individuo, esta búsqueda quedó
concretizada en imágenes de mundos misteriosos, personajes idílicos o siniestros,
evocaciones y cruzamientos de épocas; lo subjetivo fue el telón de fondo para
el simbolismo pictórico, sin detrimento en la calidad plástico-formal de sus
representaciones.
Destaca al
interior de este periodo artístico, el mexicano Julio Ruelas (1870-1907);
reconocido por su trabajo como ilustrador de primer orden, sin embargo, es
también digna de mérito su labor como dibujante y pintor de temas muy
personales. A la edad de 21 años, Ruelas gana una beca para viajar a Alemania y
estudiar en la Academia de Artes de Karlsruhe, en dicho país, su vena artística
manifestará una fascinación ante la fantasía, el erotismo y lo espeluznante,
ello se debe al roce tan estrecho que sostuvo con la obra de Goethe y,
especialmente, con el personaje de Fausto, asimismo, supo apropiarse del
lenguaje visual simbolista, siendo Arnold Böcklin su pintor predilecto. En
1895, regresa a México y funge como profesor en San Carlos, institución donde
conoce a la élite cultural y artística del momento. Posteriormente, ingresa a
las filas de la Revista Moderna, cuyo primer número, fue editado en 1898
teniendo a Jesús Luján como mecenas; las columnas de dicha publicación reunían
lo más granado del ámbito literario, hablamos de Amado Nervo, Salvador Díaz
Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera y muchos otros.
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| "El reposo del trovador", Julio Ruelas. |
Seis años más tarde, Justo Sierra le brinda una pensión para volver Europa y radicar en París, ahí aprenderá a dominar con maestría la técnica del aguafuerte, no obstante, cae enfermo de tuberculosis siendo ésta la causa de una muerte temprana en 1907.
Antes de su arribo
a Francia nos llegan obras como Piedad, tinta ejecutada en 1901 donde se
plasma a un Satán meditativo, de semblante lo más cercano a la frustración;
Ruelas desentraña del averno a quien fuera el ser de mayor jerarquía y belleza
creado por Dios mismo, previo incluso al libro del Génesis, Lucifer es
considerado en la tradición judeocristiana, aunque no siempre de modo unívoco,
el ángel concebido del fuego divino, el cual, fue desterrado a los abismos
junto a un séquito de ángeles rebeldes luego de haber trasgredido la autoridad
y omnipotencia de Dios.
La Sagrada Biblia,
menciona en sentido connotativo la existencia de Lucifer en el libro profético
de Isaías (14:12-14): « ¡Cómo caíste del cielo, oh
Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las
naciones. Tú que decías en tu corazón: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a
las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me
sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré
semejante al Altísimo”».
Quizás
desencantado de la convicción religiosa, esta imagen de Satanás es muestra de
la exigencia técnica de su autor, cada línea se corresponde perfectamente
generando efectos que dirigen la mirada en direcciones oblicuas, propias de una
composición estática y dinámica a la vez; los detalles en las zonas más
sombreadas compensan el terminante aspecto monocromático de la obra. Víctima
del engreimiento y la deslealtad, las tremendas alas, así como las serpientes,
recuerdan la gracia perdida y transformada en maldición, se observa también una
aureola rota sobre el hombro izquierdo, así como un sitial retorcido de espinas
en señal de penitencia y, al mismo tiempo, hacen pensar en el sacrificio de
Jesucristo.
Los simbolistas desnudaron la naturaleza maligna que habita en todo ser humano, siendo el lenguaje artístico la vía para darle forma y significado, para ellos, el mal se presenta seductor e irresistible desatando una lucha de fuerzas, ésta es la experiencia que determina la conducta humana, sin embargo, la maldad es superable al punto de lograr la comunión entre el alma y el espíritu divino; finalmente, el mal procede del bien a la espera de ser redimido o destruido.
Los simbolistas desnudaron la naturaleza maligna que habita en todo ser humano, siendo el lenguaje artístico la vía para darle forma y significado, para ellos, el mal se presenta seductor e irresistible desatando una lucha de fuerzas, ésta es la experiencia que determina la conducta humana, sin embargo, la maldad es superable al punto de lograr la comunión entre el alma y el espíritu divino; finalmente, el mal procede del bien a la espera de ser redimido o destruido.
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| "Piedad", Julio Ruelas. |
Una vez
establecido en París, Ruelas emplea su capacidad de observación no a la
realidad concreta, sino al inconsciente. Otro de los tópicos más utilizados en
la estética simbolista fue la mujer-quimera, ejemplo de ello es la obra El
reposo del trovador, aguafuerte realizado en 1907; la escena está conformada
por el harapiento músico callejero que reposa a las afueras de un cementerio;
como una lectura del lado puramente oscuro e irracional del hombre, quedan al
descubierto entidades perversas y reprimidas ante el hastío de todas aquellas
normas generadas por la sociedad y las religiones. De esta compleja unión de
temores y creencias inmemoriales, se aprecia la figura amenazante de una
vampiresa, personificación universal estancada entre la vida y la muerte, de
ahí su carácter diabólico-bestial de apremiante obsesión por los fluidos
sanguíneos, es decir, donde corre la energía vital. Las viñetas de seres
macabros que enmarcan la composición, acentúan el estilo tan recurrente de
Ruelas para usar los ornamentos y romper el orden común del espacio.
En la Europa
decimonónica, el mito sobre la existencia de vampiros se extendió prontamente
debido a la literatura de George Gordon Byron (1788-1824) y Jean-Charles
Emmanuel Nodier (1780-1844), ambos precursores del Romanticismo. Más adelante se
conocieron los textos de Pierre Jules Théophile Gautier (1811-1872), Alexandre
Dumas (1802-1870), Paul Henri Corentin Féval (1817-1887), Ernest Theodor
Amadeus Hoffmann (1776-1822), Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (1814-1873), entre
otros. Todos ellos compilaron en poemas, cuentos y novelas, criaturas
taciturnas y sobrenaturales, no obstante, es en la obra Drácula de
Abraham Stoker (1847-1912), escrita en 1897, donde la literatura de horror alcanza
su cúspide.
Para este momento
la categoría de «lo bello» en el arte, desvía el
rigor académico, reiteradamente simétrico y purista de las formas, hacia una
liberación aún más explícita de las pulsiones y paradojas del cambio de siglo,
esto es: la belleza que se halla en la fealdad, la vacuidad, el pánico y el hedonismo,
lo cual indica ya cierta renovación de pensamiento y sensibilidad aplicada a
los temas, recursos e intencionalidades del artista.
Sin duda, Julio
Ruelas dejó un acervo inconcluso de obras, únicamente existentes en su mente
colmada de faunos, demonios, amantes, líricas visuales… Al cabo de su muerte,
la Revista Moderna
publicó notas póstumas que resumen la atrayente personalidad de este ilustre
protagonista del arte mexicano: «Siempre
de negro hasta los pies vestido, […] pasó Ruelas por el arco triunfal de sus 36
años, para desplomarse en la noche, en una noche prematuramente asesina, cuya
traición no tuvo piedad de la hermosura de la juventud ni del valor de la
inteligencia creadora».
BIBLIOGRAFÍA
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II, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F., 2001.
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Guía
Museo Nacional de Arte, México, CONACULTA / INBA,
México, D.F., 2006.
·
Historia
del Arte Mexicano. El Arte del siglo XIX, II.,
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1986.
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Historia
del Arte Mexicano. El Arte del siglo XIX, III.,
Tomo 11, SEP-SALVAT, México, D.F.,
1986.
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Lemaire, Gérard-Georges. Simbolismo, Ediciones Polígrafa,
Barcelona, 1997.
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Little, Stephen. …ismos. Para entender el arte, Ediciones Turner, Madrid, 2004.
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FUENTES
ELECTRÓNICAS
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http://es.wikipedia.org/wiki/Creencias_sobre_vampiros
·
http://es.wikipedia.org/wiki/Vampiro
·
http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/inmediato/inm_ortiz01.html




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