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| Foto: Izhar Mero |
Por El Organismo
“En veces a mi también se
me hinchan los huevos”, la frase del taxista cimbró mi ensimismamiento justo a
unas cuadras de las entrañas cosmopolitas del centro de La Paz. De
inmediato pedí la parada, entregué el efectivo y mejor ignoré el contexto
de su parloteo. No importaba. Iba decidido a incursionar en un vertiginoso
mar, para algunos, de obscenidad. Por una noche sería una pieza más del
ajedrez, en uno de los escaques del bajío. El
Rodeo, bar por excelencia cuando se tiene una pena, un vacío o una necesidad
amorosa; sin embargo, otro asunto me llevaba a internarme a ese orbe: Revista
Pirata #12.
El sentido de la
palabra "pirata" tiene una peculiaridad en el argot del
sudcaliforniano (Baja California Sur). Desde el norte de la península hasta la
orilla sur, “pirata” denota todo aquello que podemos relacionar con la
locura, con algo poco convencional, inexplicable para la cotidianidad del
animal domesticado. “El pirata”, es aquel que no ha sido amansado en la figura
de hombre de bien.
Apresuré el
paso esquivando el puesto de churros ubicado entre la frontera del
comercio informal y las empresas establecidas de la calle. El mercado Madero
revolvía el olor a combustible quemado de los peseros con una esencia
exquisita a fritangas: empanadas, sopes, tostadas. Ya era tarde: las
08:30 de la noche. A esa hora comenzaba el evento. El silbato
de una mujer policía me indicó que podría pasar sin amenaza alguna de los
choferes de rostro cansado y con el anhelo de terminar su jornada del viernes
(14 de diciembre) quizá con la acostumbrada ballena.
Un hombre alto de zapatos
de tacón y minifalda, emperifollado con su atuendo de trabajo, doblaba la
esquina mientras un boleador de zapatos miraba, con una interrogación en sus
cavidades oculares, el caminar del sujeto con bolsa. Bajé unas pequeñas
escaleras, casi corriendo. A mi izquierda, al costado del Luna Bruja, estaba mi destino. Los setentas no se han marchado en
el Rodeo. Es una cápsula de patrones tan antiguos, tan humanos, que no es
difícil sentirse en casa. Es ver el pasado y la historia de una ciudad.
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| Foto: Izhar Mero |
“Es casi una falta
administrativa estar aquí”, dijo sarcástico al dar inició con el suceso Octavio
Escalante. Las risas no se hicieron esperar. El fundador de
Pirata escogió el bar Rodeo como escenario por la pose de la revista y con
el objetivo de irrumpir el centro, lugar –que en su
opinión- está decayendo.
“El centro de la ciudad se
está cayendo en cuanto al comercio, esta es una oportunidad para invadirlo
de otra manera, con otro tipo de eventos, como invadieron nuestra ciudad
con mercadotecnia. Hay que familiarizarnos con estos ambientes”, declaró.
Luna Bruja, Misión,
Viejo Este, La Voladora y La Cabañita, son algunos de los centros nocturnos que
nombró para explorar. “La presentación del fanzine trasgrede a ese
protocolo acostumbrado pero no quiero fracturarlo”, agregó.
Pirata es una pequeña
publicación, un fanzine artesanal que nace en la capital de Baja California Sur
reuniendo a todos aquellos de la contra cultura de las letras. Fue “creada con
el objetivo de publicar lo que escribíamos con la libertad que te permite un
juguete propio”, declaró el culpable del proyecto: Octavio
Escalante, recién egresado de la Universidad Autónoma de Baja California
Sur (UABCS) de la Licenciatura de Literatura.
Es una colección de
poemas, cuentos y textos no definidos, con la finalidad de exponer a
quienes no tienen la oportunidad en el ámbito, “aunque los escojo según mi
voluntad, y pudiera parecer aleatoriamente, en el fondo tienen un corte similar
que yo no he decidido”, añadió.
Arturo Fisher, "El
Waka", integrante del Centro Social Otro Mundo, reconoció la labor del
joven egresado de la UABCS y dijo que Pirata es una opción para toda la
"palomilla", una creación para todos que reúne a escritores
sudcalifornianos. Por su parte, Rodrigo Rebolledo elogió la valentía del
proyecto y lo calificó como un ente vivo, que cambia con el paso de los años.
En el número 12 un
ilustrador asaltó las páginas, dando cabida a quienes deseen participar con su
ingenio para continuar con el impulso de los artistas sudcalifornianos: EK
López. Es un espacio para ellos.
Luego de agradecer la presencia
de los “piratones”, la rocola inició su trabajo. Expulsó unas cuantas notas
musicales y (sin querer) una competencia musical comenzó entre los
viejos inquilinos del bar y los escritores, pintores y activistas
reunidos. Todo podría resumirse en una lucha, canción a canción entre Jenni
Rivera y el Rey Lagarto o un son norteño bailador contra un nostálgico Pink
Floyd…
Si quieres conocer a
Pirata, entra AQUÍ.



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