Las empresas te ignoran y eso no puedes
arreglarlo
Luis Enrique Anguiano Torres
Tuve
mi primera computadora a los 13 años, más o menos. Era a blanco y negro y tenía
un olor muy particular. Recuerdo que un día ya no quiso prender y poco después
a casa llegó otra con un flamante monitor de 12” y equipada con Windows ’98.
Esa fue mi rata de laboratorio y víctima durante mucho tiempo; reemplazos,
parches, formateadas. Casi casi todo lo que sé de computadoras lo aprendí
haciendo vivisecciones a mi amiga blanca y azul. Quién sabe cuántas veces mi
madre habrá exclamado “Ya la chingaste otra vez, cabrón…” para un par de días
después ver cómo yo salía triunfante de mi habitación diciendo “Ya sirve otra
vez”.
Soy
el servicio técnico de la familia, pa’cabar pronto. Mi más grande logro hasta
ahora fue revivir un multifuncional que nos regresaron de dos “servicios
técnicos” con una leyenda de “no se puede reparar” ¿El problema? Una pinche
calca con la que se alineaba el scanner se había movido y por eso no
funcionaba.
Hace
un par de años me compraron una Dell Mini por la necesidad de andar para arriba
y abajo. Un día, me puse a pensar qué tan útil sería el bluetooth para meterle
música a mi celular; ahí estoy como güey buscándole la opción de enviar y nada,
no aparecía. Un día la abrí para limpiarle el polvo y me di cuenta que no tenía
módulo bluetooth, pero no porque alguien se lo hubiera quitado sino que ya de
fábrica venía sin esa madre.
Me
percaté que le hacían falta puertos internos. Comencé a pensar que nos habían
engañado como gringos al comprar esa computadora. Investigué y me di cuenta que
el mismo modelo en los EU de A (ojo, mucho ojo) se vende con: sintonizador de
TV digital (pa’ ver la tele cuando quieras) módulo GPS (pa’ si te la roban)
módulo 3G (sí, hasta tiene la pinche ranurita para el chip de teléfono) una
resolución de pantalla acá bien chida de 1366x768 y puerto de infrarrojos.
La
que compré aquí no traía nada de eso. Ni siquiera el perro bluetooth traía. Me
comuniqué con los de Dell y les dije así de “Ey ¿Qué onda? Ustedes venden estas
madres bien equipadas y acá, hagan paro de venderme un bluetooth bien cholo y
acá, yo se lo pongo si quieren, para que me den esquina” y ellos “Nel carnal,
no te lo podemos vender y acá, ya sabes homie, enterprise’s policy, cómprate uno externo bro you know what am saying” y yo así de “Yo digo que chale, esas
madres no van con la onda ¿Cómo que en califas si las venden hasta con
sintonizador para la telera y acá a uno le bajan la ceja nomás porque es
mexican blood?” y ellos “No te podemos dar esquina carnal, no eres bienvenido
en el barrio ya” y me encabroné y les amenacé con el machete y la bala fría de
mi amigo el Ferras y ya nomás se subieron a la troca y me pusieron cara de
“chido one” y se fueron bien tumbados y acá.
Lo
que hizo que casi les diera unos filerazos fue el precio. En EU estaba como 400
pesos más barata que acá. O sea, no era mucho, pero por todo lo que le hacía
falta a la cabrona se me hacía una mentada de madre y luego el pinche “servicio
técnico” puteado tan característico de esas empresas me terminó de encabronar
aún más.
Un
día le falló el disco duro. Aún estaba dentro de la garantía y la llevé a la
tienda donde la compré. En la póliza decía “Si en 12 días no está lista, te
damos una nueva” y les valió madre. Tardaron exactamente un mes en devolvérmela
y el día que lo hicieron me di cuenta que no le habían instalado el sistema
operativo. Estuve a punto de decirle al vato “ojalá que tu primogénito te salga
con cara de camello, cabrón” cuando por fin la tuve de vuelta. Ni hablar,
muchas veces he pasado corajes por parte de las compañías que ponen sus reglas
y ni siquiera ellos las respetan o se la pasan haciéndole manita de puerco a lo
que ya han estipulado nada más para no “perderle”.
¿Mi
conclusión? Que a las empresas no les importamos. Les importa el dinero y les
importa que no les traigas problemas una vez que te convertiste en su cliente.
Les importa no darte un equipo nuevo y les importa aplicar restricciones. Les
importa que no les pongas chips piratas, les importa que no le busques o que no
intentes repararlo. Les importa esto y aquello y todo. Todo menos tú. No les
importas como persona. A veces te dicen simplemente “no” para ellos no trabajar
extra, no porque no tengan la pieza o la forma de arreglar tu problema. Un
ofertador huevón es una de las cosas que detesto en este mundo y es algo que,
cuando me toca, procuro no hacerlo.
Yo
le hecho la culpa de mis males a la industria: mi teléfono no tenía la última
versión del sistema operativo hasta que se la puse de contrabando, mi unidad
óptica sólo leía CD’s hasta que le adapté un quemador, mi computadora tardaba
minuto y medio en iniciar hasta que le puse una unidad de Estado Sólido. A las
empresas les reemputa que uno le mueva a sus aparatos ¿Por qué? No lo sé. Pero
me consta que les encabrona cuando haces algo que te dicen que no hagas.
El
hombre siempre anda buscando la manera de hacer las cosas más suyas: las personaliza, las colorea, les pone etiquetas, les
cambia la tapa o el cofre, le pone llantas más anchas o más bajitas. Todos en
este mundo tenemos derecho a arruinar nuestros juguetes y a hacer que truenen
si eso hace que ganemos conocimiento: una computadora puteada no preocupa. Lo
preocupante es que no te quieran vender una pieza y encima de todo te traten
como el pendejo que creen que eres.


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