Por Jordi Cebrian (Barcelona, España)
Os invito a explorar un
aspecto poco comentado de la gente que habita Springfield y de su pasión por
las drogas, legales e ilegales. Exploraremos los secretos más ocultos y
psicoactivos de esta familia y los de su entorno familiar, social y laboral.
No hay serie en televisión
con tantas referencias psicoactivas. Y es de rigor que empecemos comentando
algunas de las muchas referencias cannábicas que contiene.
Marihuana
En Springfield la cannabis
está, desde sus orígenes, muy presente. No es de extrañar, dado que el fundador
del pueblo, el ilustre Jeremías Springfield, cuando llegó a los terrenos que
luego constituirían la ciudad, se dirigió así a los colonos que le seguían:
"En este lugar construiremos una nueva ciudad, donde podremos celebrar
nuestros cultos libremente, gobernar justamente, y cultivar vastos campos de
cáñamo para fabricar sogas y sábanas".
Muchas son las muestras de
la tradición cannábica de Springfield. Tenemos constancia, por ejemplo, de que
el alcalde Quimby, en un armario de su despacho oficial, tiene una planta de marihuana
a la que hemos visto regar a escondidas. Al conductor de autobús, Otto, la
chaqueta le huele permanentemente a hierba. El director del colegio, Skinner,
reconoció en un episodio: "En Vietnam fume toda clase de yerbas". La
policía de Springfield no se escapa de inhalar cannabis: en un episodio en el
que efectúan una redada contra un ciego que consume marihuana medicinal, toda
la policía, empezando por el jefe Gorgori, acaban en casa del ciego, con los
otros polis, fumando porros, y bailando al son de Bob Marley. Y eso pese a que
el museo de la Policía en Springfield incluye en una de sus secciones un
ejemplo de fiesta hippy con figuras de cera, donde podemos ver jóvenes con
melenas escuchando música, fumando hierba y metiendo bebés en el horno, conforme
a una vieja leyenda urbana antidrogas.
Pero si centramos la
atención en nuestra familia preferida, los Simpson, veremos que también allí
está presente la afición cannábica. Vimos a Homero y a Marge, de jóvenes, en
fiestas donde se usaban bongs. Incluso hay motivos más que fundados para
sospechar que cultivan marihuana. En un episodio, Lisa, disgustada porque unos
promotores quieren cortar un árbol centenario, se presenta un día en el comedor
de casa, donde Homero, Bart y Marge están comiendo, y dice, refiriéndose a su
cruzada ecologista: "¡Ya estoy harta! ¡Voy a hacer algo!", y sale de
casa. Homero, asustado, le dice a Marge: "¡Va a denunciar lo de las
drogas!", a lo que Marge, enfadada, le contesta: "¡Homero! ¡Nosotros
no tenemos drogas!". Entonces Homero, un poco paranoico, mira a un lado y
a otro y dice: "¡Ah, sí, es verdad! ¡No tenemos drogas!", con tono de
disimulo. Este cultivo clandestino explicaría los viajes a Holanda que, según
otro episodio, hace Homero de tanto en tanto, si bien se da a entender que en
realidad su vicio secreto son los tulipanes, cuando es sorprendido por una
cámara de seguridad cuando los devora compulsivamente escondido en el lavabo.
En varías ocasiones los
guionistas se burlan de la pretendida nocividad del cannabis. En una ocasión,
el señor Burns rememora que en su juventud se infiltró en Greenpeace para poder
denunciarles a la policía. Al desenmascarar sus planes, mientras los verdes son
detenidos, les muestra un bong y confiesa: "Ja, ja... Y tenéis que saber
que durante todo este tiempo sólo he fumado inofensivo tabaco". En otro
momento, en una película de McBain, se muestra una reunión de mafiosos, donde
el capo di tutti li capi presenta a sus colegas una nueva droga de diseño,
irresistible, que van a lanzar al mercado negro, y dice de ella, para
estupefacción del resto de capos, que es "diez veces más adictiva que la
marihuana".
Y la parodia adopta aires
de profecía cuando en un capítulo de la serie vemos que, en el futuro, Lisa se
ha convertido en presidenta de Estados Unidos. Bart, que se ha convertido en
una especie de posthippy reciclado y bueno para nada, le pide: "Legalízala
de una vez...", y Lisa concede.
Homero
y los estados alterados de conciencia
No es sólo la marihuana.
Homero siente atracción irresistible hacia los estados alterados de conciencia.
Y no me refiero sólo a la combinación narcótica de cerveza Duff, sillón y
televisión quemaneuronas, que por sí sola daría para otro artículo, sino a
experiencias psicodélicas y místicas. "¡Drogas! Conocen mis debilidades",
dice Homero cuando unos isleños del pacífico le preparan un té con hierbas. Es
en esa misma isla donde se aficiona a lamer sapos alucinógenos, que le dilatan
las pupilas y le inducen un estado contemplativo. Esos isleños, acostumbrados a
vivir entre drogas, sucumbirán en cambio a las tentaciones del alcohol que
Homero introduce en la isla, y que hasta entonces desconocían. Les vuelve
violentos, adictos y asociales.
Por otra parte, uno de los
más elaborados viajes místicos que aparecen en la serie es el que tiene lugar
cuando Homero, en la Fiesta Nacional del Chile, degusta unos explosivos chiles
picantes de manicomio guatemalteco. Transportado de inmediato a un paisaje
psicodélico, Homero inicia un viaje chamánico. Se le aparece una tortuga, su animal
totémico, que lleva escrito en el caparazón: "Sígueme". Homero se
impacienta siguiendo un animal tan lento, y acaba acelerando el viaje de la
tortuga con un tremendo patadón que la manda por los aires.
Homero
como narcotraficante
Al margen de sus experiencias
con drogas, legales e ilegales, Homero es a menudo quien, de manera activa,
contribuye a difundir las sustancias psicoactivas entre los ciudadanos de
Springfield. No podemos olvidar un gran invento de Homero, el
"tomaco", el resultado de mezclar semillas de tomate y tabaco en una
misma plantación y abonarla con residuos radioactivos. El resultado fueron unos
tomates que contienen nicotina y que resultan tremendamente adictivos para
quien los prueba una sola vez, tanto que las grandes multinacionales
farmacéuticas pugnan por robarle la patente genética. En otro momento mezcla
una cosecha de peyote que sus primos cultivaban para su autoconsumo con unos
zumos de fruta que se distribuyen por la ciudad. Resultado: todo Springfield
tiene experiencias alucinógenas.
Homero es también el
inventor de un cóctel tremendamente adictivo, el "llamarada Moe",
cuyo ingrediente secreto es "jarabe para la tos, marca Krusty". Dado
que el componente tradicional de los antitusígenos no narcóticos es el dextrometorfano,
lo que el célebre cóctel provoca es el conocido coloque por DXM. Aunque, dado
que el jarabe es de la marca Krusty, bien conocida por su publicidad engañosa,
bien podría tratarse de codeína, un opiáceo presente en jarabes para la tos. En
otro episodio, Homero y su padre se convierten en distribuidores de una
sustancia afrodisíaca, fabricada clandestinamente en una bañera, y que deja al
Viagra en mantillas. La gente les quita de las manos la sustancia hasta que
empiezan los problemas con la ley.
Pero cuando de manera más
directa se enfrenta Homero a la Prohibición es cuando se convierte en
traficante de bebidas alcohólicas, en el momento en que, rescatando una vieja
ley del pasado, Springfield adopta la "ley seca". Homero entonces se
convierte en un adalid de la libertad de emborracharse y se dedica a distribuir
alcohol de contrabando, arriesgándose a sufrir la pena que la ley impone en
estos casos: ser expulsado del pueblo mediante una gran catapulta, una ley no
demasiado más absurda que nuestras actuales legislaciones antidroga.
Marge
y sus coloques
Marge no se queda atrás en
cuanto a conductas adictivas. La hemos visto beoda en varias ocasiones, así
como víctima de la ludopatía cuando se legaliza el juego en Springfield. Cuando
los servicios sociales se les llevan a los chicos, tras pasar un test de drogas
da positivo de crack y PCP. Ella afirma que se trata de un error y afirma ser
adicta sólo al amor a su hijo e hijas ("Love for my Son and
Daughters", y dice: "Sí, sólo necesito un poco de LSD".
Corresponde claramente a un viaje por ácido la experiencia de Marge en la
cocina al beber un vaso de agua contaminada durante una pugna entre vecinos en
Springfield. La cocina empieza a derretirse ante sus ojos y los
electrodomésticos parecen cobrar vida. Marge, reconociendo la experiencia,
exclama, entusiasmada: "¡Oh, otra vez se escurren las paredes!"
Los
pequeños de la casa: Bart, Lisa y Maggie
De la pequeña Maggie sólo
conocemos una adicción, su chupete. Eso sí, el episodio donde más activa se la
ha visto ha sido precisamente cuando lideró una rebelión de alumnos en la
hiperestricta guardería donde requisaban los chupetes a los críos, para que no
dependieran de ellos.
Lisa, durante un viaje al
parque de atracciones de la cerveza Duff echa un trago del agua por la que
están navegando en una atracción, lo que le hace perder del todo la conciencia,
entra en un estado de delirio etílico durante el que ve danzar elefantes rosas,
en una parodia de la escena de Dumbo en que el elefante y el ratón se
emborrachan, y se cree la reina de los lagartos. Por otra parte, sabemos que
durante una experiencia en un tanque de aislamiento sensorial experimentó
intensas alucinaciones.
Bart, por supuesto, no se
queda corto, y en alguna ocasión ha bebido más de la cuenta. Es por culpa de
que las cámaras de televisión le filman borracho que la sociedad de Springfield
se ve en la obligación de restaurar la "ley seca". En otra ocasión,
Bart y Milhouse se atreven a probar el "Fresisuis especial", sólo
azúcar, del minisúper de Apu, y sufren una sobredosis de glucosa que los vuelve
hiperactivos.
¿Es
eso todo?
En absoluto, la lista de
referencias es interminable. Krusty se declara por dos veces adicto al
Percodan. El señor Burns está encantado con sus pastillas contra el dolor que
tienen por nombre Te Daré Amor, y en otro episodio se declara adicto a la
morfina. El abuelo Simpson vende las pastillas que debe tomarse a adictos
necesitados. Durante todo un episodio Bart aparece bajo los efectos del
Focusyn, una parodia del Ritalin, un fármaco profusamente recetado por los
médicos para tratar a niños hiperactivos, pues favorece su capacidad de
concentración. Barney, el borrachín del pueblo, se bebe en un episodio el
contenido de dardos tranquilizadores para animales. Los doctores inhalan sus propios
anestésicos. El dentista comparte el ácido nitroso con toda la familia Simpson
y acaban todos con la risa tonta. Y podríamos seguir y seguir...
Conclusión
Los Simpson, es sabido,
son una imagen deformada de la sociedad norteamericana y, por ende, de la
nuestra. Al igual que se satirizan en sus episodios prejuicios como la
homofobia, el fanatismo o la pasión por las armas de fuego, se parodian también
las percepciones, los miedos y los deseos ocultos que las drogas provocan en la
sociedad. Lo que hace tan real a Springfield es que las drogas y lo psicoactivo
existen y, por tanto, se muestran. Por contraste con el mundo triunfante de lo
políticamente correcto, donde las drogas no existen y donde nadie necesita
colocarse, Los Simpson equivalen a un soplo de aire fresco. Desafío a encontrar
un producto televisivo destinado al consumo familiar y ampliamente seguido por
niños, jóvenes y adultos, que contenga tal cantidad de referencias al mundo de
las drogas y que plantee cuestiones referidas a la Prohibición con la
causticidad con que lo hace ésta. Colegas, os espero en el bar de Moe.
*Publicado anteriormente en la revista Cáñamo (España).
En el siguiente enlace podrás encontrar más textos sobre la prohibición de las drogas, las razones, reflexiones en torno a ello, reacciones y demás, del mismo autor: "Sobre drogas y libertad".




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