domingo, diciembre 09, 2012

EL IZCUINTLE: Beatlenoias



Beatlenoias

Luis Enrique Anguiano Torres


Conozco a uno o dos beatlemaníacos, de esos fans de hueso colorado de los eternos de Liverpool® a pesar de que nunca les he preguntado por qué son así o qué es lo que hace que quieran con tanto fervor a esa banda.
Me llama mucho la atención, sobre todo porque no he visto que haya fans tan acérrimos de los Stones (banda con la que se supone que siempre tuvieron pique) o de perdis un pinche tianguis cultural dedicado a Blur o Led Zeppelin.
Una amiga, por ejemplo, que tiene un local de venta de cosas “hechas por manos morelianas y un poco más” alguna vez me comentó que buscaba una licencia para vender en cierto tianguis. La vendimia era de puros souvenirs sobre Beatles y mi amiga tenía que pagar una buena lana. Lo que se me hacía raro era cómo puede haber un tianguis tan monotemático pero, bueno, ya quién sabe cuántos artículos llevo escribiendo sobre cosas de mi vida y nadie dice nada. Igual y es porque ni me leen.
Uno de los Birolpipol® que conozco es, obviamente, el legendario Joaquín Pardavé Durán, el maravillanciquérrimamente rockcientoúnico locutor de la Radio del Sistoma –orraight– que nos deleita con su carrasposa voz y sus exóticos diálogos con el osito.
Bueno, lo que se dice así, conocer conocer la verdad no lo conozco. Nunca lo he visto en público y alguna vez llegué a ver alguna fotografía suya. Tampoco le he llamado a cabina, ni siquiera le he escrito un cabrón correo. No negaré que me da hueva y no, no tengo nada contra él, simplemente me parece un terrible locutor. Sí, terrible, malo, malísimo, chafa, la concha de su madre de pinche mal labor radiofónica.
“Pero si tiene tres programas y unos 460 años al aire” podrán decirme. Sí, eso no lo niego, tendrá su trayectoria pero eso no lo hace mejor. Vaya, Ernesto Alonso quién sabe cuántos años estuvo haciendo telenovelas y no le conozco productos decentes. Paco Stanley llevaba ya una década en la televisión con la ínfima calidad con la que empezó para terminar muriendo de “suicidio por arma del narco de la camioneta que viene atrás”. El mismo Raúl Velasco que jamás mejoró su pinche “Siempre en domingo” o sea, helloooouuu, que pases mucho tiempo trabajando en medios no es sinónimo de que seas bueno.
Ahí tienes a Juan Rulfo, por ejemplo, que sólo escribió dos libros y es considerado una joya. Tampoco es tan malo, conozco gente peor que Joaquín al micrófono. Nada más que ellos se retiraron de la radio en cuanto cumplieron con los créditos de la materia de medios de comunicación.
¿En qué la riega nuestro estimadísimo nubecino para que haya caído de la gracia de este ilustre joven? Pues en varias cosas. Comete silencios, se pone a monologar o a dialogar con el de los controles o su pinche amigo imaginario, tiene una voz muy apagada, una locución muy monótona y algo que en lo personal considero un error garrafal propio de principiantes: se pone a leer –al aire– sin –siquiera– haber repasado el texto e inclusive llega al borde de no decir que es suyo.
Me di cuenta una vez que “reseñaba” la vida de Syd Barrett, me parecía muy familiar lo que estaba diciendo y me di cuenta que estaba leyendo un texto que yo ya había leído meses atrás. Me sentí desilusionado y a partir de ahí le perdí el respeto.
Cuando Joaquín está al aire puedes saborear la puntuación de los textos que a veces trae: finales inesperados, finales que no llegan, puntos confundidos por comas y así.
El punto que me interesa es que más de una vez el afamado Birolpipol® ha leído fuentes sin contrastar, lo que equivale en el mundo de la argumentación a decir “me lo contó un pajarito” haciendo, quizás, más entretenido su programa pero quitándole toda la posibilidad de tratarse de una fuente seria para que los rockeros obtengan datos.
Los Beatlemaniacos de a verdad saben, o viven, una cosa bien cierta: el mundo de sus ídolos está plagado de leyendas urbanas. Comenzando por aquella que dice que en la portada del Sgt. Pepper’s están las claves para leer sobre la muerte de Paul McCartney quien no es él sino un doble y que el original murió hace tiempo (Se nota que la gente que cree eso no conoce la parábola del barco de Ulises).
A lo primero, señoras y señores, se le llama sobreinterpretación. Sí, o sea, McCartney aparece de espaldas, eso no quiere decir absolutamente nada. O que si en X aparición se comportaba raro ¿Eso qué? Los Beatles siempre consumieron muchas drogas, era lógico que salieran con ese tipo de jaladas.
Lo segundo no termino de explicármelo. No, la suplantación de Sir Paul no, sino cómo la gente es capaz de terminar creyendo semejantes tonterías a lo largo de 5 décadas (desde ese punto de vista no sería descabellado pensar en la beatlemanía como una religión) pero puedo decir que tengo identificado el comienzo: gracias a gente como Joaquín “Morrison” Pardavé que ni siquiera ha tenido el tacto de acotar sus fuentes como cosas que de repente él lee y que no deben ser tomadas al pie de la letra.
Es lo que en la teoría del conocimiento se denomina “proliferación del conocimiento aleatorio” o sea, datos inútiles que te pueden servir para cotorrear en una fiesta y ya. Por cierto, un saludo a Joaquín, a la Granja Mona y a todos los retrofans, nubecinos y birolpipol que leen “El Izcuintle” cada domingo gracias a Clarimonda.

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