Beatlenoias
Luis Enrique Anguiano Torres
Conozco
a uno o dos beatlemaníacos, de esos fans
de hueso colorado de los eternos de Liverpool® a pesar de que nunca les he
preguntado por qué son así o qué es lo que hace que quieran con tanto fervor a
esa banda.
Me
llama mucho la atención, sobre todo porque no he visto que haya fans tan
acérrimos de los Stones (banda con la que se supone que siempre tuvieron pique)
o de perdis un pinche tianguis cultural dedicado a Blur o Led Zeppelin.
Una
amiga, por ejemplo, que tiene un local de venta de cosas “hechas por manos
morelianas y un poco más” alguna vez me comentó que buscaba una licencia para
vender en cierto tianguis. La vendimia era de puros souvenirs sobre Beatles y
mi amiga tenía que pagar una buena lana. Lo que se me hacía raro era cómo puede
haber un tianguis tan monotemático pero, bueno, ya quién sabe cuántos artículos
llevo escribiendo sobre cosas de mi vida y nadie dice nada. Igual y es porque
ni me leen.
Uno
de los Birolpipol® que conozco es, obviamente, el legendario Joaquín Pardavé
Durán, el maravillanciquérrimamente rockcientoúnico locutor de la Radio del
Sistoma –orraight– que nos deleita con su carrasposa voz y sus exóticos
diálogos con el osito.
Bueno,
lo que se dice así, conocer conocer la verdad no lo conozco. Nunca lo he visto
en público y alguna vez llegué a ver alguna fotografía suya. Tampoco le he
llamado a cabina, ni siquiera le he escrito un cabrón correo. No negaré que me
da hueva y no, no tengo nada contra él, simplemente me parece un terrible locutor.
Sí, terrible, malo, malísimo, chafa, la concha de su madre de pinche mal labor
radiofónica.
“Pero
si tiene tres programas y unos 460 años al aire” podrán decirme. Sí, eso no lo
niego, tendrá su trayectoria pero eso no lo hace mejor. Vaya, Ernesto Alonso
quién sabe cuántos años estuvo haciendo telenovelas y no le conozco productos
decentes. Paco Stanley llevaba ya una década en la televisión con la ínfima
calidad con la que empezó para terminar muriendo de “suicidio por arma del
narco de la camioneta que viene atrás”. El mismo Raúl Velasco que jamás mejoró
su pinche “Siempre en domingo” o sea, helloooouuu, que pases mucho tiempo
trabajando en medios no es sinónimo de que seas bueno.
Ahí
tienes a Juan Rulfo, por ejemplo, que sólo escribió dos libros y es considerado
una joya. Tampoco es tan malo, conozco gente peor que Joaquín al micrófono.
Nada más que ellos se retiraron de la radio en cuanto cumplieron con los
créditos de la materia de medios de comunicación.
¿En
qué la riega nuestro estimadísimo nubecino para que haya caído de la gracia de
este ilustre joven? Pues en varias cosas. Comete silencios, se pone a monologar
o a dialogar con el de los controles o su pinche amigo imaginario, tiene una
voz muy apagada, una locución muy monótona y algo que en lo personal considero
un error garrafal propio de principiantes: se pone a leer –al aire– sin
–siquiera– haber repasado el texto e inclusive llega al borde de no decir que
es suyo.
Me
di cuenta una vez que “reseñaba” la vida de Syd Barrett, me parecía muy familiar
lo que estaba diciendo y me di cuenta que estaba leyendo un texto que yo ya
había leído meses atrás. Me sentí desilusionado y a partir de ahí le perdí el
respeto.
Cuando
Joaquín está al aire puedes saborear la puntuación de los textos que a veces trae:
finales inesperados, finales que no llegan, puntos confundidos por comas y así.
El
punto que me interesa es que más de una vez el afamado Birolpipol® ha leído
fuentes sin contrastar, lo que equivale en el mundo de la argumentación a decir
“me lo contó un pajarito” haciendo, quizás, más entretenido su programa pero
quitándole toda la posibilidad de tratarse de una fuente seria para que los
rockeros obtengan datos.
Los
Beatlemaniacos de a verdad saben, o viven, una cosa bien cierta: el mundo de
sus ídolos está plagado de leyendas urbanas. Comenzando por aquella que dice
que en la portada del Sgt. Pepper’s
están las claves para leer sobre la muerte de Paul McCartney quien no es él
sino un doble y que el original murió hace tiempo (Se nota que la gente que cree
eso no conoce la parábola del barco de Ulises).
A
lo primero, señoras y señores, se le llama sobreinterpretación.
Sí, o sea, McCartney aparece de espaldas, eso no quiere decir absolutamente
nada. O que si en X aparición se comportaba raro ¿Eso qué? Los Beatles siempre
consumieron muchas drogas, era lógico que salieran con ese tipo de jaladas.
Lo
segundo no termino de explicármelo. No, la suplantación de Sir Paul no, sino cómo
la gente es capaz de terminar creyendo semejantes tonterías a lo largo de 5 décadas
(desde ese punto de vista no sería descabellado pensar en la beatlemanía como
una religión) pero puedo decir que tengo identificado el comienzo: gracias a
gente como Joaquín “Morrison” Pardavé que ni siquiera ha tenido el tacto de
acotar sus fuentes como cosas que de repente él lee y que no deben ser tomadas
al pie de la letra.
Es
lo que en la teoría del conocimiento se denomina “proliferación del
conocimiento aleatorio” o sea, datos inútiles que te pueden servir para
cotorrear en una fiesta y ya. Por cierto, un saludo a Joaquín, a la Granja Mona
y a todos los retrofans, nubecinos y birolpipol que leen “El Izcuintle” cada
domingo gracias a Clarimonda.



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