domingo, diciembre 30, 2012

EL IZCUINTLE: El graffiti es una farsa, segunda parte.



El graffiti es una farsa, segunda parte.

Luis Enrique Anguiano Torres


Recuerdo cuando en el lejano mes de Julio, en el taller impartido por el estimado Arthur Alan Gore sobre cómo ser un escritor freelance, uno de los temas era “¿Es válido ordeñar dos veces la misma vaca?” Bien, no recuerdo que el Arthur lo haya mencionado pero tendré la sensibilidad de tocar este tema por segunda vez y no seguir el mismo tren de pensamiento. Y si lo hago, ni se darán cuenta, total, aquella nota ya pasó.
Bien, desde que yo recuerdo ha habido plagios en el graffiti. Así como hay plagios en la música, la moda, el cine, la pintura, el “arte”, el diseño, el “diseño”, etc. De hecho recuerdo que mi primer boceto, las primeras letras que hice, fueron tomadas de unas bombas anónimas que vi en la revista “Graffiti Arte Popular” y metamorfoseadas en unos globos amarillos que decían Jiki.
Más allá de eso, jamás volví a plagiar algo. Ni las firmas, ni las formas, ni nada. Veía dibujos y me latían y trataba de emularlos pero puedo jactarme de que en mi historia grafiteril jamás me fusilé una pieza y la hice pasar por mía.
No puedo decir lo mismo de todo mundo. No todos tienen la dignidad con la que intento cargar mi banderín. He visto un poco de todo en este mundo pero lo que no deja de asombrarme es cómo la gente practica el plagio pensando que uno es pendejo y que jamás se dará cuenta.


Está bien, está bien. Yo sé, pequeño “graffer” falto de imaginación y sentido común, que no tienes ninguna obligación para conmigo, no. Pero al menos ten un poco de decencia y, no sé, córtate los dedos o algo. Si de plano eres incapaz de hacer algo original (de seguro no sabes lo que significa esa palabra) entonces dedícate a otra cosa porque ¿sabes? Lo único que provocan los plagiadores es enaltecerse como las personas faltas de talento que son. Sí. Así. Que vengan con su rollo de la expresión, que digan que esto o lo otro, que en realidad era un tributo, que no era la intención… Whatever.
Una subdivisión en el graff es el mal-llamado, malparido, “arte inspiracional” ¿Qué es esa madre? Pues básicamente plagio. En Morelia tenemos muchos practicantes de “arte inspiracional” (¿inspiracionalistas?) y no falta que, de cuando en cuando, aparezca alguna joven promesa, una centella adolescente que deslumbre con su desempeño en los muros para que luego los demás terminen dándose cuenta que estuvo copiando.
¿Por dónde comenzar? Recuerdo que alguna vez estábamos en casa de un amigo de farras y compañero de carretera, bebíamos caguama (gerundio: caguameando) cuando  otro amigo, compañero de la crew, llega y nos presenta a una de esas centellas. Le decían –o se hacía llamar– Ghost. Y bueno, al día siguiente fuimos a pintar. Unos días después le estaba echando un ojo a mi revista de graff (no se puede ser toy si no tienes una revista de graff) y me di cuenta de algo: unas letras eran bastante similares a las que había hecho el Ghost. De hecho, eran las mismas. El mismo color, el mismo outline. Todo. Era la misma pieza. En la primer oportunidad que tuve, le pregunté a aquel morro “Oye güey ¿y esas letras tú las diseñaste?” me dijo “Simón, yo fui” y la pedradota no se hizo esperar “Güey, tienes que enseñarme a viajar en el tiempo, no mames ¿Cómo le hiciste para que tus letras aparecieran en la Rayarte del mes pasado?
El morro se puso blanco. No sabía qué contestar. Y no hacía falta, no esperaba yo una respuesta. Los demás se enteraron en ese mismo rato y el resto fue historia.
El Ghost también lo fue. Jamás volvió a pintar.
En otra ocasión encontré a la novia de un amigo, frente a la barda ya fondeada y todo, pasando las hojas de una de esas revistas que solía comprar. La morra (por respeto no diré su nombre) estaba buscando alguna pieza que plagiar y reclamar como suya.
El problema principal con esta madre del plagio dentro del graff es que sus practicantes, sobre todo los toys, siempre andan chingando con eso de que “es una expresión, es lo que yo traigo dentro, son mis sentimientos, no me limites pinche cerdo”. O sea, güey, si el graffiti es lo que intentas expresar entonces dime porqué expresas algo que se le ocurrió a alguien más ¿Eso tienes en la cabeza? No lo dudo.
Recuerdo que en alguna ocasión, también ojeando una revista de graffiti, me encontré con tres diseños iguales hechos por gente diferente. Era demasiado, realmente. El dibujo en cuestión era un niño pelón, sobre un triciclo, extendiendo la mano a un lado y presionando una lata de aerosol. En uno tenía dientes plateados, eso lo recuerdo bien, pero había sido hecho por tres personas diferentes ¿Qué hicieron los de la revista? Los pusieron juntos. De seguro el “rey” que inventó ese diseño se daría cuenta del triple-play que le hicieron a su querido monigote.
De hecho, una de las pintas que está sobre la Ventura Puente, en Morelia, y que se ha hecho más o menos famosa entre el público moreliano es autoría de un writer europeo.
Es cierto, vivimos en la era del remix. En la era del copypaste. En la era del meme. Pero, cabrón, hágannos un favor y dejen de piratear cosas. Neta. Nos hacen ver mal. Se hacen ver mal y lo único que provocan es enaltecerse como la gente pendeja, sin imaginación ni creatividad y mucho menos talento que en realidad son. O sea, disimulen un poco ¿no? Pónganse a pensar que algún día alguien se va a dar cuenta de lo que hicieron y la van a pasar muy mal.

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