[Los estados alterados y su relación con la
literatura]
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| Phil Lewis, "Sanitas". |
Por Manuel Noctis
I
La
relación entre el arte y diferentes sustancias que tienen la capacidad de modificar la conciencia –las
cuales han actuado de una manera específica en la forma de explicar, comprender
e interpretar el mundo (Hugo F. Tangarife Puerta, 2010)-, ha sido tema de
discusión a través de la historia del arte. Hay quienes mencionan que la
utilización de cualquier sustancia no es en definitiva un recurso para la creación,
incluso pensarían que resulta contraproducente, como lo menciona Damien Hirst: “el arte tiene que ver con la vida, la droga
no. La droga es una vía de escape (…) Como artista te encuentras delante de una
tela vacía y es la cosa peor del mundo”. En esta misma sintonía Aníbal
Tobón en su artículo Líneas alteradas menciona
que “una sola ‘línea’ de buena poesía
puede ser más psicotrópica y estimulante que cien gramos de cocaína”. (Guillermo
Fadanelli en este caso pensaría tajantemente todo lo contrario). Sin embargo, hay que resaltar que un
gran porcentaje de creadores y en particular de escritores han utilizado en
algún momento sustancias para alterar esa percepción. De alguna manera la droga
ha ejercido de musa celestina para sus visiones/creaciones. Pero ¿a qué se debe
esta relación paradigmática? Según Vilma Torselli “la droga evita la inhibición y libera la creatividad de la barrera del
racionalismo, y quizás por esto en el mundo del arte y la cultura ha tenido
muchos profetas, muchos teóricos y –sobretodo- muchos practicantes”, lo
cual iremos apreciando a continuación.
II
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| Los poetas malditos por Enri Fatin-Latour |
Los considerados Poetas Malditos como Baudelaire, Rimbaud
y Verlaine hicieron de la bohemia su particular estilo de vida. Estos engendros
de la vida parisina marcaron una época importante para la literatura y el arte
del siglo XIX. Su destreza influenció movimientos pictóricos como el Fauvismo
(característico por el empleo provocativo del color), y además experimentaron
en su creación con sustancias como el alcohol, el hachís y el opio. Su
acercamiento a estas sustancias se debió, quizá, a que las drogas formaban
parte de lo prohibido, lo cual resultaba muy atrayente. Baste recordar que su
uso fue durante un largo periodo asociado a determinadas clases sociales y
tempranamente a los círculos de la creación. El ejemplo claro de esta
experimentación se presenta en el poema Hachís
de Baudelaire, donde describe una situación relacionada con esta sustancia:
“Te quedarás mirando/ un rato
sospechosamente largo/ las nubes azuladas que emanan de tu pipa/. Sentirás cómo
la idea de una lenta/ continua y eterna evaporación se evapora de tu mente/… y
una singular ofuscación te hará creer que eres tú quien se evapora y atribuirás
a la pipa el extraño poder de fumarte” (Bolaños, 2007: 117).
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| Colage "Generación Beat" |
En la década de los
cincuenta, en un Estados Unidos sumergido en guerras sin explicación y una vida
vista desde el retrovisor, apareció la Beat
Generation con los consabidos William S. Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg
encabezando la cuadrilla, quienes llagaron para poner a la cultura estadunidense
de cabeza y sobre todo a los más conservadores de la poética con el grito en el cielo. Esto debido a sus
múltiples excentricidades, y sobre todo, a sus experimentaciones estructurales
en la escritura de su poesía. Los Beats
comenzaron a practicar la creación poética de una manera directa y totalmente explícita
con sustancias psicotrópicas como la marihuana, mezcalina, peyote, ácido
lisérgico y LSD. “Una bolsa de
marihuana, un viejo Cadillac con cinco dólares de gasolina en el tanque,
Charlie Parker a todo volumen, un papel en blanco y el sol que se sumergía en
una carretera desolada era todo lo que necesitó este brote de autores para
cosechar una de las épocas más pintorescas de la literatura” (Alejandro
García, 2011). No está por demás la
mencionada historia de que Ginsberg escribió su extenso poema Howl (Aullido) –principalmente la
segunda parte- bajo los efectos del peyote. Esta experimentación con sustancias
psicotrópicas se debió fundamentalmente a la incursión pretensiosa que tuvieron
con el “viaje espiritual”; una forma de vida enraizada en la meditación bajo el
influjo de las drogas, los viajes paradisiacos e incluso como una manera
directa y concreta para allanar las ideas mediante la escritura libre y
auténtica –de ahí que varios de ellos siempre proclamaran que la escritura no
debía sufrir alteraciones (modificaciones en su estructura y escritura)-. Lo
cual siempre caracterizó a sus obras, matizándolas como literatura “escandalosa”,
por su crudeza en el lenguaje.
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| Aldous Huxley |
En los sesentas los Beats dieron
paso a la Cultura Hippie, y de estos
al movimiento y Arte Psicodélico. Una
etapa de gestación y expresión de la psique. Donde lo que se pretendía era abrir un camino distinto en la exploración
de formas de expresión, enfocadas a investigar los fenómenos internos del
inconsciente a través del uso de las drogas (Hugo F. Tangarife Puerta,
2010). Este movimiento se vislumbró principalmente por la creación pictórica/plástica
(caracterizada por la utilización de colores fuertes, exaltados, con gran
movimiento y soltura, tratando de reproducir y transmitir la experiencia), pero
la experiencia psicodélica parte de los escritos publicados por Aldous Huxley
(mucho antes de su conjunción como movimiento), que relatan la experiencia con
LSD y psilocibina, y más tarde se le agregarían personajes como Timothy Learry
(master de la contracultura), Ernst
Jünguer, Henry Miller, Thomas de Quincey, entre otros. Quienes relataron en sus
obras gran parte de las experiencias evocadas por estas sustancias. El químico
e intelectual (también contracultural) Albert Hofmann menciona al respecto: “Los primeros autoensayos no médicos fueron
realizados por escritores, pintores, músicos y personas interesadas en las
ciencias del espíritu (…) Se desarrolló un género artístico especial, que se ha
hecho famoso con el nombre de arte psicodélico (…) Las obras del arte
psicodélico no se crearon durante la acción de la droga, sino sólo después,
influenciado por lo experimentado”. Una encuesta realizada por el doctor S.
Krippner a 91 artistas en 1961, dejó como resultado que las sustancias más
utilizadas eran el LSD, tomada por 84; marihuana, por 78; DMT, por 46; peyote,
por 41; mezcalina, por 38; y hachís, por 31 (Marchán, 1974).
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| Charles Bukowski |
También en Estados Unidos se presentó un caso excepcional; el viejo indecente Charles Bukowski y su férrea
relación con el alcohol. En una entrevista que le realizara el actor Sean Peen
en 1987 (para la revista Interview) menciona:
“el alcohol es posiblemente una de las
cosas más grandiosas que llegaron a la Tierra (…) la llevamos bien, últimamente
se ha vuelto muy destructivo con la mayoría de la gente. Pero yo no soy uno de
ellos. Yo hago todo mi trabajo creativo mientras estoy intoxicado (…) Es una
liberación, porque básicamente yo soy muy tímido (…) y el alcohol me permite
ser éste héroe” (Revista Generación,
traducción de Francisco Jaymes, 2003). Ésta
relación paradigmática le llevó a escribir centenares de poemas y múltiples
escritos narrativos, además de varias novelas, donde es muy clara y notable la
alusión al alcohol, los bares y toda la situación marginal que esta bebida
provoca y desencadena. Un elemento “mítico” que deambula en la historia de
Bukowski fue cuando le detectaron una úlcera maligna provocada por el consumo
excesivo de alcohol, le advirtieron de las consecuencia fatales, lo cual no le
impidió que siguiera escabulléndose por sus veredas. Actualmente, en este mismo contexto, menciona
Carlos Martínez Rentería que una de las
lacras más pusilánimes del mundillo cultural la constituyen aquellos que creen
que por el simple hecho de drogarse y ponerse hasta la madre ya son
"Bukowskitos", esto le ocurre a centenares de jóvenes que se creen
grandes autores sólo porque andan de pedotes, nada más falso (Fanzine La Vacaloka, 2012).
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| José Agustín y banda de La Onda |
A México se trasladó la
psicodelia y los jipitecas se
encargaron de expandir ese rango de la experimentación con las drogas. Con este
suceso y el desemboque social a la represión proveniente de la dictadura del
PRI se gestó la Literatura de la Onda,
un movimiento formado por jóvenes que pretendían una ruptura con la literatura
tradicional a través de un lenguaje más abierto y franco. Entre los destacados
estuvo José Agustín, Gustavo Sainz, René Avilés Fábila y el irredento
Parménides García Saldaña. Este grupo se caracterizó por sus constantes
alusiones al sexo, la guerra de Vietnam, el Rock and Roll y las drogas, sin llegar a tomar religiosamente los
postulados básicos de la psicodelia, adoptaron muchos rangos de la
contracultura, especialmente (…) el lenguaje (…) De esta manera se formó la
onda (…) jóvenes mexicanos que habían filtrado los planteamientos jipis a
través de la durísima realidad del movimiento estudiantil –del 68- (José
Agustín, La contracultura en México,
1996). Estos jóvenes –de su tiempo- se inmiscuían con drogas como el peyote,
los hongos, los ácidos y sobretodo el alcohol. Menciona José Agustín en su
texto “Mis viajes por la contracultura”: Yo
era pedote nada más, hasta que de pronto me vi envuelto en Terribles Broncas
Emocionales y juzgué adecuado entrarle a los alucinógenos como vía terapéutica
y para exorcizar mis demonios (…) me metí kilos de mota y cientos de ácidos,
hongos, peyote, aloliuqui, mescalina, silocibina, DMT, STP, MDMA, y a veces
“coca” y “anfetas” (Carlos M. Rentería, José
Agustín; diez años por la contracultura, 2006). El otro extremo fue Parménides García Saldaña, hijo de padre
comunista y desfachatado de la condición social “políticamente correcta”. A
menudo se reventaba con alcohol y anfetaminas. Armaba escándalos: a Carlos
Fuentes le hizo un pancho en su famoso coctel La Ópera; a Octavio Paz le
recriminó –en las oficinas de Vuelta- el
no haberlo incluido en una de sus antologías de escritores jóvenes, a su madre
trató de matarla. En su libro originalmente titulado El callejón del blues (después Víctor Juárez lo tituló En algún lugar del rock) deja clara la
evidencia de la desfachatez y locura que ya presentaba (provocada por su
atascada manera de consumir drogas); varios textos son incoherentes y demasiado
“viajados”. Parménides estuvo constantemente recluido en cárceles y manicomios,
hasta que murió debido a una pulmonía.
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| Guillermo Fadanelli |
Actualmente existen varios
escritores mexicanos que no precisamente experimentan su creación con las
drogas, pero que si mantienen una relación afectiva y consagrada con ellas,
principalmente con la cocaína y el alcohol. Estos escritores son sobre todo los
que emergieron del movimiento underground:
la Literatura basura, el periodismo charter-posthumano, la contracultura. En sus
textos es muy recurrente que se hable de estas sustancias y de todo lo que les
despierta la bohemia, los bares, las cantinas y todo lo que tenga que ver con
la vida nocturna y las realidades paralelas.
III
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| Edgar Allan Poe |
Decía William Blake que “el camino de los excesos lleva al palacio
de la sabiduría”, y muchos de estos engendros literarios experimentaron por
ese camino, deambularon a pies descalzos y muchos de ellos pudieron llegar al
otro lado. Muchos otros se quedaron en el camino, como el excelso caso de Edgar
Allan Poe, quien murió –aún sin precisarse- a causa del alcohol y las drogas.
Ante todo este panorama pudiéramos pensar –y concluir- mencionando que varios
de estos escritores –quizá- no llegaron a escribir una sola línea rescatable
justo en el momento de sus estados alterados, en el punto álgido de su delirio,
pero también habría que ser consientes con la idea de asegurar que sin la
experiencia y emoción provocada por estas sustancias muy posiblemente no
habrían construido las obras que los respaldan más allá de su época, porqué, ¿quién
asegura que la sobriedad garantiza un talento?









Creo que dejé de ser tu acosadora para convertirme en tu fan. Me gusta la manera en que hilaste tus ideas, se nota que te documentaste sobre el tema.
ResponderBorrarUn abrazote desde Saint Jhonny River Ranch