Trabajo en el que se te aprecia y
trabajo en el que no
Luis Enrique Anguiano Torres
Veía
la tele el otro día. Una conocidísima serie gringa de gran éxito sobre un drug
lord en Nuevo México. Hay una escena, en cierto episodio, en la que la esposa
del protagonista –contadora– necesita volver a un antiguo trabajo y después de
poner al tanto a su ex patrón –amigo suyo– sobre su vida marital y su embarazo
–no planeado– éste le responde de manera bastante interesada “Nos gustaría
tenerte de vuelta, el trabajo que hacías es fantástico”.
Pensé
para mis adentros que no es la única vez que me he encontrado con esa frase. Me
ha tocado ver que la usen en la vida real. Memo, es usted muy buen cocinero –le
dijo don Luis– y nos gustaría que regresara a la plancha. Es usted un muy buen
trabajador ¿Ha considerado en volver con nosotros, a su antiguo empleo? Bueno,
la idea la captan. Al patrón siempre le interesará tener de vuelta a los buenos
elementos porque no sólo mejora la imagen de la empresa en cuanto a la relación
patrón-empleado, también aumenta la calidad y pone el ejemplo ante los otros
subordinados.
Este
tipo de situaciones sólo se darán, obviamente, cuando no hay mucha “distancia”
entre el patrón y el obrero; negocios pequeños, changarros familiares,
franquicias pequeñas, etc.
Ahora,
por otro lado, hay trabajos en donde te ven bien pinche mal si quieres volver a
estar con ellos. Wal-Mart, por ejemplo, donde te preguntan si ya habías
trabajado con ellos casi casi como diciéndote “Danos una razón para no
contratarte” ¿Por qué? Por que saben que si los dejaste fue por algo y ahora
regresas como el perro arrepentido. Porque no tienes otra opción y porque de
seguro sabes cómo tranzártelos. Vaya, que detrás de cada re-aplicación para
Walmart puede que haya una historia no muy agradable. Trabajar para esa empresa
es gacho. Yo lo hice y no lo recomiendo.
De
hecho, me he dado cuenta que es un indicador de mal trabajo el tener que usar
un uniforme y dentro de las prendas del uniforme hay algo como un mandil, una
gorra, un botón de esos grandotes que se pegan a la altura del pecho.
Un
gorrito. Si tienes que usar un pinche gorrito deberías preguntarte por qué
diablos quieres ese pinche trabajo. Ve a los trabajadores del McDonald’s,
Burger King o Cinépolis. Simplemente ve sus rostros: es el tipo de trabajo que
alguien debería tener en la prepa o la universidad, no algo con lo que puedas
mantener a la familia o tu fuente principal de ingresos.
¡Piensa!
¿Crees que alguien se acercará a decirte en algún momento, “oye, nos gustaría
tenerte de vuelta porque nadie cortaba los boletitos para entrar a la sala como
tú lo hacías”? No. No, no y no. Si usas un uniforme y un gorrito o gorra
simplemente no estás en un trabajo decente.
Ya
tan sólo por el hecho de usar un pinche sombrerito pendejo deberías renunciar.
En
los trabajos en los que estás porque “eres bueno en algo” nunca usarías un
uniforme. Por ejemplo, ve las fotos de los empleados de Google o de Microsoft:
van a laborar vestidos como les da su pinche gana porque es el trabajo de cada
uno lo que realmente importa. Para Rastrojonald’s no es relevante la manera en
que preparas las hamburguesas: ellos te dicen cómo debes prepararlas. En ese
tipo de trabajos aún no se implementan los robots-meseros o
robots-despachadores porque simplemente hay variables que requieren de la
pericia humana para ser resueltos (Un asalto, por ejemplo, o un incendio
menor).
O
sea, que si pudiera, el pinche gerente podría reemplazarte por un robot. Cosa
que no haría el director de una escuela, un periódico o una revista cultural
–¡Hola Noctis!– porque son trabajos en donde el tipo de trabajo depende
directamente de la cualificación que posea el trabajador. Vale la persona y el
trabajo como extensión de la misma.
En
México no tenemos una cultura laboral muy arraigada y muchas veces somos
incapaces de diferenciar entre trabajos de un tipo y otro. Yo, en lo personal,
prefiero no hacer tratos con empresa alguna en la que tenga que usar un pinche
gorrito o tenga que obedecer un manual para tratar a los clientes.
Periodista.
Locutor. Limpiavidrios. Albañil. Arquitecto. Estilista. Narcotraficante.
Profesor. Doctora. Payaso. Chacha. Futbolista. Impresor. Político o parásito
del erario público. Dicen por ahí que el trabajo dignifica y ennoblece:
entonces yo me pregunto ¿Qué tanta dignidad y nobleza te puede traer limpiar
las palomitas del asiento de alguien que estuvo viendo una película?
Nadie
te reconocerá los pequeños detalles con que haces valer tu chamba en una
situación laboral de gorrito y mandil. Puede que te asciendan, pero siempre te
quedará la duda de qué tanto estas sirviendo a la comunidad o cuál es tu
posición en ella.
Podrás
ser gerente estatal de alguna franquicia, pero la satisfacción de un cheque con
5 cifras no se compara a un comentario como “Oye, a mi amiga le encantó la
manera en que pintaste su sala” o “No manches, este artículo te quedó bien
chingón”.
No,
no se compara.



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