Poemas de los signos
Marco Fonz
Ç
No
te quiero contar nada
pero
te digo algo:
Reconstruir
al hombre agazapado en el hombre.
En
el reflejo plateado del odio
descubierto
al fin
mordiendo
al vivaz cadáver.
Un
infarto a contraluz es un insecto en el flotar del tiempo.
De
aire es el esqueleto del tiempo:
una
mano invisible escribe tu nombre en el hielo
la
fama es un ruido insoportable.
El
corazón de la piedra es un lagarto.
Aleteo
furioso del aliento dormido.
Tres
corazones tiene el bosque:
Uno
es nocturno y bestia:
calma
clamor en letras.
De
herramientas imposibles es tu cráneo.
Don
esclarecido: estrella.
Dos
ofensas derretidas en el pecho del siglo.
Un
hocico le nace al día:
carga
su piel al hombro.
***
¡¡!!
La
altura cantaba su canción
mientras
el mar profundo
soñaba
beber café con sobrecargo.
Un
camaleón entre las nubes
cazaba
galletas en el cenicero del mundo.
Y
nadie dijo nada:
un
accidente me dejó sin mí y buscando.
Del
jardín de gotas en un charco nacerá
una
Venus de mugre.
Y
te dice:
Come
la mierda de quien odias.
Amarás
mañana la mano del tormento
y
se presentará ante ti el nudo en la respiración.
Suspenso
en el órgano del aire
nada
tan bruto como el sonido.
Decir
viaje a oscuras y masticar sílabas pardas:
aguarda
el otro autobús
en
una estación del vino.
Pie
en el estribo del irse
canta
sobre la mar dentro del baño de migajas
esperando
poder alimentarte
con
leche de sirena.
*
**
(-)
Ocho
pares de piernas mueven el día:
temblor
en la charola de plata:
todo
es traslación ahora:
más
tristes que nunca:
dos
huecos son sus veranos:
el
vigía de la ciudad ha muerto tuerto:
el
heredero de la vida en su imperio:
suspira
en su balcón humano:
dos
pesos viajan en sus ojos:
una
despatarrada J es su espectro:
pudieron
decir pato antes de reír:
alguien
pagó la cuenta del buen samaritano:
el
humo es un guante de la mano izquierda:
un
cristal viste su reflejo:
murió
joven sin saber que joven era:
el
color del taxi no llegaba:
una
manga simple sacudía la lluvia:
alguien
puso carpetitas en el viento:
se
despierta constante dentro de su cuerpo:
era
otro el bolsillo de los versos:
ocho
pares de piernas trae la noche entre manos:
contemplamos
llegar a los insectos nocturnos:
mordidas
que nos recuerdan la vida.
Esto
es una mancha
lejanamente
late cerca y acecha
al
día se le va su zapato por la coladera.
A
la noche se le atora el tacón en los adoquines.
Tiembla
en beso como esqueleto de mariposa.
El
aire muerde, el aire mastica,
la
ciudad existe en su reflejo.
La
tinta construye: talón, punta, talón, punta.
La
mancha es un recuerdo.
Al
paredón la lluvia.
Se
corta la respiración.
Un
sueño desmayado en el bolsillo.
Un
tren eléctrico en sílaba mi nombre.
El
cansancio es otro camino.
Esto
es un espectro en mi pecho
muerde,
muerde desde adentro.
El
cielo con sus cúpulas
abraza
los chamucos del alma.
Un
irse me da su tarjeta de presentación.
***
?¿
Dos
lechuzas tiemblan bajo mi saco
saco,
tapo mi boca
desesperación
que ladra.
Un
grupo de hombres tiemblan dentro de mí
ahora
no detengo las lágrimas
la
coja percepción alada
baja
del avión: busca con los pechos.
Un
tiburón es mi entender.
Trigo
lejanías como dulces
trigo
destierros en mi entierro.
Un
letraherido sonríe bajo mi bigote
puedo
decir cien nombre de ciudades
y
tres verdes diferentes.
Un
zapato es mi espíritu.
Ejercicio
del fuego en el aro del juego.
Dos
sombreros adornan mis ideas
una
coladera resulta mi boca
cloaca,
cloaca, cloaca
sagrado
sangrado sudor
de
esas chispas sufridas tuve
hierbamala
llueve sobre mi sopa
cimbra
el reencuentros
el
olvido me lo sé de memoria.
Dos
aletas tras mi cerebro
dividen
el aire marino
sobre
una ciudad
cubro
mi boca.




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