Avisos
Importantes
La
vuelta poética del animal doméstico
Maglutz y Madariaga
Nada
de incrustaciones de
Daniel Wence busca principalmente el juego secuaz, un espacio lúdico para el
lector, al tiempo que cuestiona, mediante los movimientos de la pasión, la
identidad como sentimiento unitario. El poemario se presenta como una forma del
erotismo y como una invitación constante, a pesar de su título, a la
incrustación.
A finales del siglo XVIII
al lector no se le reconoció una participación activa por sólo considerarlo una
especie de dispositivo que procesaba y reproducía la información de una
totalidad tiránica, la otredad era asimilada teniendo como único objetivo la
osadía de hacerle “justicia” al escritor. Entrado el siglo XX se afirmará que
la escritura es la destrucción de la voz de quien escribe, pues será leído. Al
respecto Roland Barthes concluye: “El nacimiento del lector se paga con la
muerte del autor”, luego de asegurar que el papel del receptor ha de ser activo
de modo que tenga intervención directa en el proceso de significación.
El texto enuncia esta
pugna de intencionalidades al presentar por un lado, a modo de título, un
enunciado imperativo que representaría la lectura como la satisfacción al mito
de la filiación, Nada de Incrustaciones como las voluntades declaradas
de un padre, un Demiurgo; por otro, una invitación a leer desapegándose de los
supuestos fines declarados del autor, hecho que se manifiesta en una invocación constante a la participación
del lector a lo largo del texto, paso primero hacia la ausencia de quien
escribe. Teniendo en cuenta que cuando un hecho pasa a ser relatado
la voz pierde su origen y el autor entra en su propia muerte, podemos suponer
que la exigencia que puede implicar el título del texto, es una definición irónica de la propia escritura
pues todo discurso es en sí mismo un sin fin de incrustaciones. El título
resulta, pues, una pista fallida, juego que terminará en negación y
desconcierto, desembocando en la
apertura total del libro.
Apostar por la vuelta poética
del animal doméstico es entonces una afirmación que posiblemente anuncie la
voz poética en Llegada, tomando en cuenta la alusión a la presencia de
un otro instalado en el devenir del discurso poético que se coordina con un
otro que es el lector; advenimiento e instalación de una alteridad.
sé que estás
en la ciudad
lo sé
no sólo porque
lo respiro
y el frío más
evidente
asomó temprano
lo sé que estás / lo supe /
(...)
y finalmente quedo preñado de mi
historia que no sería
tal sin tu propio tiempo en que asaltabas mi casa mi
tierra mi sábana
tal sin tu propio tiempo en que asaltabas mi casa mi
tierra mi sábana
En la mayor parte de los poemas que integran Nada de
Incrustaciones, el lector se enfrenta a la ausencia de marcas tipográficas
que suelen determinar el ritmo y el sentido de todo texto poético. En Vayalcalú
vuelve, por ejemplo, se descubrirá la permisión de travesear con los
intervalos y destruir un sentido único. La ausencia de pausas materialmente
marcadas, la aparición de ingeniosos desaliños tipográficos, así como la
disposición no lineal del texto, acercan
el poema a la oralidad y nos recuerdan, a la manera de e. e. cummings (las
minúsculas van por su parte), que el poema puede correr, levitar; gotear; ser
cascada o dirigible, multiplicando de este modo el proceso receptivo.
Resistencia paradójica de darle al poema la forma definitiva de lo impreso. Esta
construcción da la posibilidad de jugar, a manera del jazzista, reiterándose la
invitación al lector, dado que su intervención es necesaria para la ejecución
de la pieza literaria. Dicha incitación se explicíta en Avisos Importantes al
poner de manifiesto el quebranto del previo aviso.
porque me importó que te hundieras
en mi dedo
sin tomar en cuenta
el previo aviso
nada
de incrustaciones
nada
de hundimientos
para qué resultarte ajeno
esta tarde precisamente
si ya sabemos que el desconocido
soy todos
somos pardos / gatos pardos (...)
Sin
embargo, postular la vuelta del lector no quiere decir que en el espacio en que
desarrolla su juego todo esté permitido. El lector se incrusta en la escritura,
más no se sobrepone a ésta, su relación con el texto será del mismo tipo como
se relacionan las personas enunciadas en el poemario, en una especie de fusión
donde tal y como dice la propia voz poética, las voluntades son una, “tu mía
voluntad”, aleasión de personas gramaticales. Se invita a una colaboración
práctica que disminuya las distancias entre lector-escritura y no a una
discrepancia irreconciliable que busque un significado último. Diálogo que no
decreta el cierre de la escritura.
Es
precisamente el erotismo el que tiene por función primera, en voz de Bataille,
poner en entre dicho la estructura del ser cerrado negando la individualidad a
partir de la reconfiguración de un modo de significarse en el que se acepta la
desintegración del yo, su muerte simbólica, aunque sea momentánea, a partir del otro. En Llegada la
relación muerte/erotismo se expresa claramente.
lo sé porque hay rumores
de que vienes a matarme
qué manera de hacer el amor / dame
la muerte
El texto no sólo hace alusión, reiteradas veces, a un estado
de pasión erótico sino que además, como ya hemos mencionado, poniendo en
cuestión la identidad y fusionando los cuerpos individuales, denuncia la unidad
unívoca de la lectura. El que escribe no es orquestador, ni el que lee
autoritario. Ambos han debido someterse al texto, a ese espacio donde se
reconocen e identifican en un paso a la continuidad, a una trayectoria de
sentido.
Para ilustrar veamos Remembranza de mala muerte:
desfigurando los círculos que el
humo de mi boca
pinta con resuellos una
delimitación
entre mi fase terminal y tu
principio
luego brincas la trinchera obsceno.
yo apretujaré tus muslos para
detenerme
para estar adentro en el rincón
donde
los orines y el tabaco hacen del arcoíris
el perfume más hermoso
La plaquette ha disuelto, al ver la lectura como una forma de
convivencia erótica, los elementos de poder en el vinculo texto-lector. La
relación entre ambos no es de utilización sino de reconocimiento al otro,
juntos son participantes de un acto erótico, de la construcción, y al cercenar
sus voluntades dan paso a una
trayectoria de sentido. Existe un compartimiento de multiplicidades donde el
otro, en su participación, me significa infinitamente. Escritura y lectura se
inscriben en una práctica significante en la que el lector tiene la oportunidad
de producir, ejecutar, destruir y reconstruir el texto. Parafraseando La
Llama Doble diríamos que el cuerpo del texto deja de ser una forma y se
convierte en una sustancia multiforme e inmensa en la que, al mismo tiempo, me
pierdo y me recobro, nos perdemos como individuos y nos recobramos como
conjunto en el sentido.
El acercamiento a Nada de Incrustaciones, se hace
posible desde el placer, donde se mojan las partes más nobles, corazón y
dedos, porque amar, igual que la poesía
/ no es sólo jurar / con la mano
abierta igual que el corazón / sino entrar/ salir/ entrar/, incrustación de sentido
ilimitado. La poesía nos saca de la totalidad cerrada. La poesía es
incrustación porque es significado múltiple, y todos tenemos derecho a esta poesía
fluidos, a la poesía trocitos.


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