lunes, septiembre 17, 2012

EL LIBRERO: Nada de incrustaciones, Daniel Wence



Avisos Importantes
La vuelta poética del animal doméstico

Maglutz y Madariaga


Nada de incrustaciones de Daniel Wence busca principalmente el juego secuaz, un espacio lúdico para el lector, al tiempo que cuestiona, mediante los movimientos de la pasión, la identidad como sentimiento unitario. El poemario se presenta como una forma del erotismo y como una invitación constante, a pesar de su título, a la incrustación. 
A finales del siglo XVIII al lector no se le reconoció una participación activa por sólo considerarlo una especie de dispositivo que procesaba y reproducía la información de una totalidad tiránica, la otredad era asimilada teniendo como único objetivo la osadía de hacerle “justicia” al escritor. Entrado el siglo XX se afirmará que la escritura es la destrucción de la voz de quien escribe, pues será leído. Al respecto Roland Barthes concluye: “El nacimiento del lector se paga con la muerte del autor”, luego de asegurar que el papel del receptor ha de ser activo de modo que tenga intervención directa en el proceso de significación.
El texto enuncia esta pugna de intencionalidades al presentar por un lado, a modo de título, un enunciado imperativo que representaría la lectura como la satisfacción al mito de la filiación, Nada de Incrustaciones como las voluntades declaradas de un padre, un Demiurgo; por otro, una invitación a leer desapegándose de los supuestos fines declarados del autor, hecho que se manifiesta en una invocación constante a la participación del lector a lo largo del texto, paso primero hacia la ausencia de quien escribe. Teniendo en cuenta que cuando un hecho pasa a ser relatado la voz pierde su origen y el autor entra en su propia muerte, podemos suponer que la exigencia que puede implicar el título del texto, es  una definición irónica de la propia escritura pues todo discurso es en sí mismo un sin fin de incrustaciones. El título resulta, pues, una pista fallida, juego que terminará en negación y desconcierto,  desembocando en la apertura total del libro.
Apostar por la vuelta poética del animal doméstico es entonces una afirmación que posiblemente anuncie la voz poética en Llegada, tomando en cuenta la alusión a la presencia de un otro instalado en el devenir del discurso poético que se coordina con un otro que es el lector; advenimiento e instalación de una alteridad.

sé que estás en la ciudad
lo sé
no sólo porque lo respiro
y el frío más evidente
asomó temprano
lo sé que estás / lo supe / 
 (...)
y finalmente quedo preñado de mi historia que no sería
 tal sin tu propio tiempo en que asaltabas mi casa mi
tierra mi sábana

En la mayor parte de los poemas que integran Nada de Incrustaciones, el lector se enfrenta a la ausencia de marcas tipográficas que suelen determinar el ritmo y el sentido de todo texto poético. En Vayalcalú vuelve, por ejemplo, se descubrirá la permisión de travesear con los intervalos y destruir un sentido único. La ausencia de pausas materialmente marcadas, la aparición de ingeniosos desaliños tipográficos, así como la disposición no lineal del texto,  acercan el poema a la oralidad y nos recuerdan, a la manera de e. e. cummings (las minúsculas van por su parte), que el poema puede correr, levitar; gotear; ser cascada o dirigible, multiplicando de este modo el proceso receptivo. Resistencia paradójica de darle al poema la forma definitiva de lo impreso. Esta construcción da la posibilidad de jugar, a manera del jazzista, reiterándose la invitación al lector, dado que su intervención es necesaria para la ejecución de la pieza literaria. Dicha incitación se explicíta en Avisos Importantes al poner de manifiesto el quebranto del previo aviso.
porque me importó que te hundieras en mi dedo
sin tomar en cuenta
el previo aviso
nada de incrustaciones
nada de hundimientos
para qué resultarte ajeno
esta tarde precisamente
si ya sabemos que el desconocido soy todos
somos pardos / gatos pardos  (...)

Sin embargo, postular la vuelta del lector no quiere decir que en el espacio en que desarrolla su juego todo esté permitido. El lector se incrusta en la escritura, más no se sobrepone a ésta, su relación con el texto será del mismo tipo como se relacionan las personas enunciadas en el poemario, en una especie de fusión donde tal y como dice la propia voz poética, las voluntades son una, “tu mía voluntad”, aleasión de personas gramaticales. Se invita a una colaboración práctica que disminuya las distancias entre lector-escritura y no a una discrepancia irreconciliable que busque un significado último. Diálogo que no decreta el cierre de la escritura.
Es precisamente el erotismo el que tiene por función primera, en voz de Bataille, poner en entre dicho la estructura del ser cerrado negando la individualidad a partir de la reconfiguración de un modo de significarse en el que se acepta la desintegración del yo, su muerte simbólica, aunque sea momentánea,  a partir del otro. En Llegada la relación muerte/erotismo se expresa claramente.

lo sé porque hay rumores
de que vienes a matarme
qué manera de hacer el amor / dame la muerte

El texto no sólo hace alusión, reiteradas veces, a un estado de pasión erótico sino que además, como ya hemos mencionado, poniendo en cuestión la identidad y fusionando los cuerpos individuales, denuncia la unidad unívoca de la lectura. El que escribe no es orquestador, ni el que lee autoritario. Ambos han debido someterse al texto, a ese espacio donde se reconocen e identifican en un paso a la continuidad, a una trayectoria de sentido.
Para ilustrar veamos Remembranza de mala muerte:  

desfigurando los círculos que el humo de mi boca
pinta con resuellos una delimitación
entre mi fase terminal y tu principio
luego brincas la trinchera obsceno.
yo apretujaré tus muslos para detenerme
para estar adentro en el rincón donde
los orines y el tabaco hacen del arcoíris
el perfume más hermoso

La plaquette ha disuelto, al ver la lectura como una forma de convivencia erótica, los elementos de poder en el vinculo texto-lector. La relación entre ambos no es de utilización sino de reconocimiento al otro, juntos son participantes de un acto erótico, de la construcción, y al cercenar sus voluntades  dan paso a una trayectoria de sentido. Existe un compartimiento de multiplicidades donde el otro, en su participación, me significa infinitamente. Escritura y lectura se inscriben en una práctica significante en la que el lector tiene la oportunidad de producir, ejecutar, destruir y reconstruir el texto. Parafraseando La Llama Doble diríamos que el cuerpo del texto deja de ser una forma y se convierte en una sustancia multiforme e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro, nos perdemos como individuos y nos recobramos como conjunto en el sentido.
El acercamiento a Nada de Incrustaciones, se hace posible desde el placer, donde se mojan las partes más nobles, corazón y dedos, porque amar, igual que la poesía  /  no es sólo jurar / con la mano abierta igual que el corazón / sino entrar/             salir/       entrar/, incrustación de sentido ilimitado. La poesía nos saca de la totalidad cerrada. La poesía es incrustación porque es significado múltiple, y todos tenemos derecho a esta poesía fluidos, a la poesía trocitos. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí