Teatro y juguetes
Luis Enrique Anguiano
Cuánto
amor a la nación en estas fechas, chingá, de verdad cuánto amor le profesamos a
este país tan maravilloso que a pesar de estar hecho una mierda sigue siendo
maravilloso; se lo profesamos pisteando, gritando, en las cajas de las
camionetas todos pedos con sombrero y tequila en mano, con balazos al aire y
“viva México cabrones” a pesar de que no estemos en una conferencia internacional
o una reunión de la ONU.
Festejamos
con la novia, el novio o ambos si nos da el tiempo. Nos echamos un tequila, un
pozole y un palo antes de ir a dormir. Cuánto amor cálido a la patria y cuanta
frivolidad para con nosotros mismos y nuestro círculo inmediato.
Pero
no todo está perdido. Al menos seguimos recordando los rostros de las y los que
nos dieron patria, aunque mejor no entremos en preguntas sobre fechas de
nacimiento, lugares, proezas y todas esas cosas por las que se supone los
debemos recordar.
Teatro,
pura farsa. Nosotros, los juguetes que adornan la escena en que se desarrolla
la obra.
El
grito de anoche fue el último grito de Calderón, el “presidente de la unidad y
el empleo”. El de las “manos limpias”… Vergüenza le debió dar al desgraciado
salir y decir “Viva México” ante toda esa gente con todo el desastre que fue su
administración.
¡Ah!
Por cierto ¿Saben a dónde se va a vivir Calderón toda vez que acabe su mandato?
¿A alguna colonia nice del DF, su
natal Morelia o a algún ranchito en Guanajuato? Si ninguna de las anteriores te
parece una posibilidad o sabes que no es cierto, felicidades, estás informado
de los planes de Calderón de salir del país en cuanto entregue la banda
presidencial. Sus palabras exactas son que “no prevalecen las condiciones de
seguridad para tal efecto” seguirá las huellas del maestro Salinas: huirá cuanto
sea necesario y regresará cuando sepa que tiene las espaldas bien cubiertas.
Por
otro lado, parece que a los legisladores alguien les paga por perjudicarnos aprobando
reformas para las que ni siquiera estamos preparados ¿Cómo quieren que
festejemos la vida de nuestra nación cuando ellos han ayudado a que se vaya
acabando? A uno le van negando derechos, le van robando la cobija presupuestal,
le cambian planes de estudio de mierda por otros más mierderos, hacen reformas
laborales que hacen prácticamente obsoletos a los sindicatos y luego quieren
seguridad suficiente para seguir viviendo en este país.
Hay
varias máximas que la vida de todos deberían seguir, sobre todo dos. La
izquierda: no muerdas la mano que te alimenta. Y la derecha: no cagues en el mismo
lugar donde comes. Bueno, quizás esta última sea más difícil de seguir que la
primera, pero supongo que me entienden y a dónde me dirijo; los dirigentes (ya
no digamos los políticos) de nuestro país están bien acostumbrados a morder la
mano que les da de tragar y a estar cagándola en su propio plato (1) salen al
público diciendo que hacen lo contrario todo el tiempo y que trabajan para que
así sea (2) mientras en la realidad se quejan porque tales cosas ocurren y
nosotros somos los que pagamos el plato (3).
Dicho
de otra forma, son actores que tienen una vida que nosotros desconocemos (1)
que salen a escena a encarnar un personaje distinto a ellos (2) en una obra en
la que cualquier otro con un nivel de habilidad suficiente podría hacer el
mismo papel manteniendo la misma distancia entre el personaje y su persona (3).
Teatro a todas luces.
Todos
tenemos a un conocido o amigo que presume de algo, por lo general alguien que
está más bien limitado de miras (si no, no lo presumiría, vaya). Y todos
tenemos alguna anécdota de cuando ese amigo conoció una opción mejor que lo
suyo y le callamos la boca o comprobamos que su estrechez de criterio es algo
que él ha elegido tener: “Que mi pinche Blackberry está bien perrón ¿Qué es
esto? ¿Android en un Samsung Galaxy? ¿Y qué chingados pued… Aaah!” A esa escena
me refiero.
Nos
podemos enorgullecer de que nuestro presidente electo es joven, es guapo, es un
padre de familia que tiene una esposa muy deseable y unas hijas que van para
allá que vuelan, que está que se pudre en dinero, que no se viste con cualquier
cosa y que no se codea con cualquiera. Pero se ve, se nota, él no es de esas
personas que tienen “la cultura del esfuerzo” sino que llegó a donde está por
otras cuestiones.
Sabemos
que es como nosotros y por eso desconfiamos de él. Vemos su foto de
licenciatura y en su cara podemos leer todo menos “un día voy a ser
presidente”.
Y
un día vemos las ponencias de Angela Merkel o Jens Stoltenberg y vemos que no
son ningunos pendejos. Que saben dónde están parados y de lo que son capaces, que
no llegaron ahí por el azar. Ellos son los titiriteros de otros “títere-teros”
como el nuestro.
El
día que haya un presidente en el que pueda leer el esfuerzo, las ganas de
aprender, el deseo de la transparencia y el bien común, entonces en ese momento
me sentiré motivado a gritar “Viva México” porque será consecuencia de una
reforma en la vida social mexicana, pero apuesto a que ese momento quizás nunca
llegue.
Dijera
Mefistófeles “como has sido antes, serás después” así que una noche al año de
pretender, no nos quitará que el resto del año seamos unos blandengues.



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