domingo, septiembre 16, 2012

EL IZCUINTLE: Teatro y juguetes



Teatro y juguetes

Luis Enrique Anguiano


Cuánto amor a la nación en estas fechas, chingá, de verdad cuánto amor le profesamos a este país tan maravilloso que a pesar de estar hecho una mierda sigue siendo maravilloso; se lo profesamos pisteando, gritando, en las cajas de las camionetas todos pedos con sombrero y tequila en mano, con balazos al aire y “viva México cabrones” a pesar de que no estemos en una conferencia internacional o una reunión de la ONU.
Festejamos con la novia, el novio o ambos si nos da el tiempo. Nos echamos un tequila, un pozole y un palo antes de ir a dormir. Cuánto amor cálido a la patria y cuanta frivolidad para con nosotros mismos y nuestro círculo inmediato.
Pero no todo está perdido. Al menos seguimos recordando los rostros de las y los que nos dieron patria, aunque mejor no entremos en preguntas sobre fechas de nacimiento, lugares, proezas y todas esas cosas por las que se supone los debemos recordar.
Teatro, pura farsa. Nosotros, los juguetes que adornan la escena en que se desarrolla la obra.
El grito de anoche fue el último grito de Calderón, el “presidente de la unidad y el empleo”. El de las “manos limpias”… Vergüenza le debió dar al desgraciado salir y decir “Viva México” ante toda esa gente con todo el desastre que fue su administración.
¡Ah! Por cierto ¿Saben a dónde se va a vivir Calderón toda vez que acabe su mandato? ¿A alguna colonia nice del DF, su natal Morelia o a algún ranchito en Guanajuato? Si ninguna de las anteriores te parece una posibilidad o sabes que no es cierto, felicidades, estás informado de los planes de Calderón de salir del país en cuanto entregue la banda presidencial. Sus palabras exactas son que “no prevalecen las condiciones de seguridad para tal efecto” seguirá las huellas del maestro Salinas: huirá cuanto sea necesario y regresará cuando sepa que tiene las espaldas bien cubiertas.
Por otro lado, parece que a los legisladores alguien les paga por perjudicarnos aprobando reformas para las que ni siquiera estamos preparados ¿Cómo quieren que festejemos la vida de nuestra nación cuando ellos han ayudado a que se vaya acabando? A uno le van negando derechos, le van robando la cobija presupuestal, le cambian planes de estudio de mierda por otros más mierderos, hacen reformas laborales que hacen prácticamente obsoletos a los sindicatos y luego quieren seguridad suficiente para seguir viviendo en este país.
Hay varias máximas que la vida de todos deberían seguir, sobre todo dos. La izquierda: no muerdas la mano que te alimenta. Y la derecha: no cagues en el mismo lugar donde comes. Bueno, quizás esta última sea más difícil de seguir que la primera, pero supongo que me entienden y a dónde me dirijo; los dirigentes (ya no digamos los políticos) de nuestro país están bien acostumbrados a morder la mano que les da de tragar y a estar cagándola en su propio plato (1) salen al público diciendo que hacen lo contrario todo el tiempo y que trabajan para que así sea (2) mientras en la realidad se quejan porque tales cosas ocurren y nosotros somos los que pagamos el plato (3).
Dicho de otra forma, son actores que tienen una vida que nosotros desconocemos (1) que salen a escena a encarnar un personaje distinto a ellos (2) en una obra en la que cualquier otro con un nivel de habilidad suficiente podría hacer el mismo papel manteniendo la misma distancia entre el personaje y su persona (3). Teatro a todas luces.
Todos tenemos a un conocido o amigo que presume de algo, por lo general alguien que está más bien limitado de miras (si no, no lo presumiría, vaya). Y todos tenemos alguna anécdota de cuando ese amigo conoció una opción mejor que lo suyo y le callamos la boca o comprobamos que su estrechez de criterio es algo que él ha elegido tener: “Que mi pinche Blackberry está bien perrón ¿Qué es esto? ¿Android en un Samsung Galaxy? ¿Y qué chingados pued… Aaah!” A esa escena me refiero.
Nos podemos enorgullecer de que nuestro presidente electo es joven, es guapo, es un padre de familia que tiene una esposa muy deseable y unas hijas que van para allá que vuelan, que está que se pudre en dinero, que no se viste con cualquier cosa y que no se codea con cualquiera. Pero se ve, se nota, él no es de esas personas que tienen “la cultura del esfuerzo” sino que llegó a donde está por otras cuestiones.
Sabemos que es como nosotros y por eso desconfiamos de él. Vemos su foto de licenciatura y en su cara podemos leer todo menos “un día voy a ser presidente”.
Y un día vemos las ponencias de Angela Merkel o Jens Stoltenberg y vemos que no son ningunos pendejos. Que saben dónde están parados y de lo que son capaces, que no llegaron ahí por el azar. Ellos son los titiriteros de otros “títere-teros” como el nuestro.
El día que haya un presidente en el que pueda leer el esfuerzo, las ganas de aprender, el deseo de la transparencia y el bien común, entonces en ese momento me sentiré motivado a gritar “Viva México” porque será consecuencia de una reforma en la vida social mexicana, pero apuesto a que ese momento quizás nunca llegue.
Dijera Mefistófeles “como has sido antes, serás después” así que una noche al año de pretender, no nos quitará que el resto del año seamos unos blandengues.

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