De paralímpicos y ofensas políticas
Luis Enrique Anguiano
Detesto
cada que veo a Lolita Ayala decir “personas con capacidades especiales” o
“adultos en plenitud”. Aparte de que la señora me colma la paciencia haciéndola
de madre o abuela amorosa, sus expresiones políticamente “correctas” me parecen
igual de ofensivas que las incorrectas por la simple y sencilla razón de que
estás apuntando a que la persona es discapacitada pero lo dices de forma que
suene bonito.
Con
mis amigos tenemos algunos chistes locales a propósito de eso, por ejemplo que
“X tiene la capacidad diferente de la arterioesclerosis múltiple” o “tiene la
capacidad diferente de no oír ni hablar”. Mala onda pero es cierto que puedes
mofarte de un discapacitado aún si lo dices de la forma bonita.
En
lo personal utilizo ese término cuando no hago alusión a una persona en
concreto, por ejemplo en el caso anterior cuando menciono el término sin pensar
en algún personaje en particular. Si me quiero referir a alguien que tiene una
“capacidad diferente” lo hago por su nombre, no por el estado en que se
encuentra su salud.
Ahora
¿Por qué es erróneo usar el término lolitayalaesco de “capacidades diferentes”?
Pues porque ellos no tienen mayores capacidades que las que tenemos o podemos
desarrollar las personas con “capacidades no diferentes”. O sea, no conozco a
nadie que esté en silla de ruedas y tenga visión de rayos X o alguien que tenga
que usar muletas y pueda transformarse en un dragón. Es cierto que los ciegos
tienen un oído y un tacto bien cabrones pero nada que nosotros no podamos
desarrollar si usamos un antifaz negro por algunos días.
No
seamos arrogantes, sus capacidades y las nuestras son exactamente las mismas,
así que decirles “con capacidades diferentes” es casi como decir “no te voy a
decir pinche pendejito tarugo, te voy a decir retrasado… No! Mejor te diré que
estás impedido y ya”. La corrección política está de más por que sigues
señalándolos y sigues marcando la diferencia para contigo, sólo que con
términos menos agrestes.
Que
quede bien claro que comulgo con la idea de Oscar Pistorius (ya se la saben, el
vato sin piernas que corrió en los pasados olímpicos) de que hay personas que
no se pueden declarar discapacitados porque hacen perfectamente lo que todos
nosotros a pesar de que les hagan falta partes a su cuerpo.
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| Foto EFE | Vía Heraldo.es |
Recuerdo
a un señor que, a falta de manos, tocaba la guitarra con los pies en cantos de
alabanza a la iglesia cristiana a la que pertenece. También recuerdo a otro
señor que con sólo la mano izquierda tocaba la guitarra y era una riata, ese
cuate toca mucho mejor de lo que yo alguna vez lo haré. Pero ojo: ambos
practican una suerte de “tapping” que es una técnica, si bien algo difícil de
dominar, que ofrece resultados por menos sorprendentes ¿Han visto a maestros
del tapping que no son discapacitados? Son unas pistolas de grueso calibre al
usar la guitara y los dos “ejemplos de superación” que mencioné hace unas
líneas quedan francamente empequeñecidos. De hecho a Óscar Pistorius le costó
mucho trabajo clasificar para los 400 metros porque en realidad no es tan
rápido, sus prótesis son de rigidez constante (lo siento nene, las prótesis no
pueden ser hechas de tendones y músculos) a pesar de que le quitan como 15
kilos de peso para alguien de su altura y complexión.
Los
paralímpicos y los otros no podrían juntarse en un solo magno evento Olímpico
porque los atletas paralímpicos por lo general hacen marcas inferiores a los
no-paralímpicos. Para que se den una idea de lo que hablo: el lanzamiento de
bala en los paralímpicos ronda los 10 metros, mientras que en los
no-paralímpicos la marca mundial se ubica en 23. Así que, sí, sería una pasadez
poner a competir a atletas de rendimientos muy distintos.
Nos
mostramos bien orgullosos de que en los paralímpicos nos va mejor que en los
no-paralímpicos. Felipe Calderón no se toma fotos con ellos, los periódicos no
dan primeras planas y la cobertura televisiva es más bien pobre.
Lo
confieso, no soy un gran aficionado de los deportes: en silla de ruedas o en
dos piernas un partido de básquet me importa poco a menos que esté yo entre los
jugadores. Lo mismo con el fútbol, con el baseball, etc. Las únicas cosas que
soporto ver sin jugar es el frontennis o pelota vasca y el voleyball de playa
femenil.
Para
mí existe la gente que no puede subir escaleras y están los güeyes que
simplemente no pueden mantenerse despiertos durante una clase de lingüística
¿De cuál de los dos nos burlamos? ¿Del que no puede levantarse de su silla y
darnos unos chingadazos o de aquel que sí puede aunque tenga reprobadas todas
las materias?
Eso
me recuerda, pasado poco tiempo de la matanza de Tlatelolco en el ’68 hubo una
reunión en la Cámara de Diputados en la que se discutían temas relacionados con
el sangriento episodio, Gilberto Rincón Gallardo (que estaba mal de sus extremidades
por cuestiones de nacimiento) subió de manera dificultosa al podio para
criticar las acciones tomadas recientemente, mientras desde su silla un joven y
barbudo Diego Fernández de Cevallos le gritaba “Estás paralítico pero del
cerebro” a pesar de ser correligionario suyo en el PAN.
Me
pregunto ¿Le hubiera gritado lo mismo a Stephen Hawking?



pues lo que mas le molesta a los paraliticos es que los trates los marquen y/o cataloguen como tal, lo mismo pasa con los ñoños, yo tenia una amiga que era una super nerda y siempre la trate como a cualquiera (no como una zorra) y pasaron 2 o 3 o 10 años y la encontre, me dijo lo que mas me gustaba de ir a la secu contigo es que siempre me trataste como una zorra mientras los demas me veian como un fenomeno por llevar 10 en todas las materias
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